Accidentes Espaciales Historia del Solyut 11 Tragedias Espaciales



Accidentes Espaciales – Historia del Solyut 11

TRAGEDIA ESPACIAL: El 19 de abril de 1971, la estación espacial permanente Salyut 1 fue puesta en órbita. Fue lanzada al espacio por el lanzador de cohetes Protón, el más poderoso de Rusia. La cápsula Soyuz 10 se acopló con la Salyut unos cuantos días después, pero problemas técnicos con la esclusa de aire impidieron que la tripulación abordara la estación en órbita.

El 6 de junio, un acoplamiento exitoso fue realizado por el Soyuz 11 y sus tres cosmonautas, Georgi Dobrovolsky, el comandante de 43 años, Viktor Patsayev, un ingeniero de pruebas de 38 años, y Vladislav Volkov, el ingeniero de vuelo de 35 años.

Los tres jubilosos cosmonautas pasaron 23 días a bordo del Salyut, estableciendo una marca, mientras en el control de tierra los ansiosos médicos soviéticos controlaban la condición médica de los hombres. Les preocupaban los efectos de la prolongada ingravidez en su condición física. En diez días, los hombres se habían debilitado de manera alarmante, perdiendo mucha fuerza muscular mientras flotaban en el espacio.

Sin la fuerza de gravedad que les hiciera gastar energías, sus músculos se volvieron flácidos. Pero eso no era un gran problema. En la gravedad cero del espacio, los cosmonautas no tuvieron dificultad para mover equipo voluminoso de telescopio y cámara con las puntas de los dedos y realizar asombrosas hazañas de “levantamiento de pesas”.

Patsayeb, el ingeniero de pruebas, incluso plantó semillas en la estación espacial para el primer jardín espacial de la humanidad. El 30 de junio, después de una misión impecable, el comandante Dobrovolsky desenganchó su Soyuz de la estación espacial y encendió los retrocohetes por exactamente dos minutos y medio para iniciar el descenso lento, controlado, a la tierra.

En la sala de control de Tierra los especialistas médicos empezaron a hacer fiestas a los tres hombres que habían batido el récord, previniéndoles por radio de que no trataran de salir de la cápsula al aterrizar porque no tendrían la fuerza para pararse en sus dos pies. Tendrían que ser cargados como bebés hasta que la fuerza muscular volviera a sus miembros. Flotando sin esfuerzo en el espacio, Dobrovolsky se rió: “Nos sentaremos y dejaremos que ustedes hagan el trabajo”.

Al abrirse camino la nave de regreso a la tierra, el contacto por radio se perdió, una interrupción de rutina de la señales de radio, ocasionada por el violento calor y la electricidad estática experimentada por todas las naves espaciales que se queman en su camino de regreso a través de la atmósfera de la tierra.

A 7.000 metros, los paracaídas se abrieron y el Soyuz se balanceó hacia la tierra. A seis metros del suelo de Kazakhstan, poderosos cohetes dieron un estallido final y el Soyuz tocó tierra con la ligereza de una pluma. El equipo de recuperación abrió la escotilla, listo para levantar a los héroes que volvían y llevarlos a los helicópteros que esperaban.

Adentro, los tres hombres estaban muertos.



Las pequeñas centellas explosivas que habían sido detonadas en el espacio para separar al Soyuz, habían abierto de una sacudida la válvula de aire en la escotilla principal. Al iniciar la cápsula el regreso a la tierra, los cosmonautas empezaron a sofocarse lentamente al filtrarse el precioso aire al espacio.

Con los reflejos disminuidos y los músculos gastados por más de tres semanas de ingravidez, el comandante Dobrovolsky había estado demasiado débil para levantar el brazo contra la fuerza de desaceleración y cerrar la válvula.

Menos de seis semanas después, la memoria de los astronautas estadounidenses y los cosmonautas soviéticos recibió un digno tributo. No sólo las tripulaciones de Apolo 1 y del Soyuz 11, sino también los astronautas que habían muerto en accidentes de avión y en misiones de entrenamiento.

El comandante de la misión Apolo 15, David Scott, había descendido a la superficie de la luna el 30 de julio de 1971, sólo dos años después del pionero lunar, Neil Armstrong. La parte más sofisticada de su equipo fue el Lunar Rover, un carro impulsado por baterías que le permitió a él y su tripulante hm Irwin recorrer kilómetros sobre la superficie de la luna. Condujeron hasta el borde del abismo lunar, el Hadley Rule, desde donde se domina un cerro de 360 metros de altura.

Allí colocaron la pequeña figura de metal de un astronauta caído, y una placa con una lista, en orden alfabético, sin importar la nacionalidad, de los ocho astronautas y seis cosmonautas que habían dado su vida por la exploración del espacio.

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