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LOS SIETE SABIOS DE GRECIA

LOS CLÁSICOS:  Suele decirse que la Filosofía nació en Grecia, y esto es verdad sólo en parte, porque también existe una filosofía egipcia, persa, china, etc., anterior a la helénica. No obstante, es indudable que el pensamiento europeo se ha impuesto, y es la Filosofía Clásica europea la que ha llegado a mayor altura en sus especulaciones, pues las filosofías orientales se confunden y se pierden en consideraciones de tipo religioso y moral.

La primera preocupación del pensamiento griego fue el mundo exterior, y una serie de filósofos anteriores a Sócrates dedicaron su vida a estudiar qué era y de qué estaba hecho el mundo que veían.

Thales de Mileto, que vivió en el siglo VI a. de J.C. fue considerado como uno de los Siete Sabios de Grecia (los restantes fueron 2-Cleóbalo de Lindos, 3-Solón de Atenas, 4-Chilón de Esparta, 5-Pitacos de Lesbos, 6-Bías de Pirene y 7-Beriandro de Corinto).

los siete sabios de grecia

Thales debió ser un personaje extraordinario; astrónomo, geógrafo, físico y filósofo a la vez. Fue el primero en plantearse el problema del auténtico ser de las cosas, y que las cosas no eran lo que parecían ni tal como se presentaban a nuestra vista. A su juicio éliorigen de todo era el agua.

Pitágoras, que fue contemporáneo de Thales, era natural de Samos y fundó una religión con un ideal de vida muy elevado. Sus seguidores vivían en comunidades entregadas al estudio.

Para él los números eran el principio de todas las cosas y redujo a números las magnitudes, desde los fenómenos astronómicos a los musicales, con lo que llegó a vislumbrar una armonía universal. Su doctrina acerca del alma dice que ésta sobrevive después de la muerte y transmigra de unos cuerpos a otros en premio o castigo a su vida anterior, por lo que es preciso una vida austera y conforme con ciertas reglas morales.

Jenófanes, que vivió 500 años a. de J.C, elaboró una idea racional de Dios, a quien concibió como ser único, eterno, inmutable y simple. «Dios, decía, no tiene manos ni pies ni oídos, y sin embargo ve, oye y, sobre todo, piensa.»

Entre los filósofos anteriores a Sócrates está Heráclito, para quien el mundo está cambiando continuamente («nadie puede bañarse dos veces en el mismo río», decía para dar una idea viva del cambio).

Empédocles expuso su teoría de los ciclos consecutivos en el Universo, cuyas destrucciones y reconstrucciones sucesivas se realizan en virtud de las fuerzas opuestas: amor y odio. Demócrito fundó la teoría atómica según la cual todos los cuerpos se componen de átomos, y las cosas cambian por la fuerza de estos átomos en choque. Protágoras fue el primer escéptico, fundador de la escuela sofística, para quien el hombre es la medida de todas las cosas.



Pero desde Sócrates, los filósofos, cansados de contemplar el cosmos, o tal vez al comprobar lo poco que habían logrado saber de sus misterios y estructura, volvieron la mirada hacia sí mismos y se dieron cuenta de que su interior era también un pequeño mundo, un microcosmos. Luego se dedicaron a estudiar la vida interna, el pensar, el sentir y el querer, y descubrieron que lo más importante era la conducta que ha de seguir el hombre para el logro de la felicidad, única meta de la vida.

Aparecen entonces los que pudiéramos llamar los tres grandes de la Filosofía: Sócrates, Platón y Aristóteles. Sócrates, el primer filósofo de quien poseemos noticias exactas, no escribió nada o al menos no dejó libros escritos, pero por sus discípulos, sobre y el que, al contrario, opina que sólo existe el Yo y no el mundo exterior. Cada filósofo crea su propia escuela.

El cometido de la Filosofía, sin embargo, presenta dos facetas: la busca de la verdad, el por qué de las cosas y luego la adaptación de la conducta a un sistema filosófico; proceder conforme el resultado de las verdades encontradas.

Pero la Filosofía no es un discutir y un opinar al estilo de una tertulia literaria, sino un saber ordenado, metódico y firme, que se apoya en principios y verdades suministradas por las otras ciencias.

En un principio la Filosofía abarcaba todo el saber humano y versaba sobre todas las materias, pero cuando el volumen de conocimientos desbordó la capacidad del hombre para comprenderlos todos, no hubo más remedio que cultivar pequeñas parcelas.

Así, primero fue el estudio del Cosmos, del mundo en general, que dio origen a las Matemáticas, cuyo primer gran cultivador fue Pitágoras; a la Geometría, que estudió Euclides; a la Medicina que practicó Hipócrates, etc. Pero estos cultivadores no eran sino filósofos que se especializaban.

Por esta razón, al hombre que abarcaba todo el saber se le llamaba sabio y Pitágoras dijo que él no era «sofos», es decir, sabio, sino «filo-sofos», o sea amante de la sabiduría.

Esta tendencia de la Filosofía a abarcar todos los conocimientos aún prevaleció durante la EdadMedia en que aparecieron las Summas o compendios del saber. Todavía en la Edad Moderna, Deseartes y Leibniz eran grandes filósofos y, a la vez, matemáticos y físicos. En pleno siglo XVII Newton aun expuso su teoría de la gravitación universal como Principios matemáticos de la Filosofía natural.

Pero llegó un momento en que las demás ciencias se apropiaron gran parte de este saber univesal. Unas entendieron sobre la vida y sus manifestaciones, otras sobre los fenómenos de la materia y  otras sobre la cantidad y la forma, etc.

A la Filosofía le quedó el saber abstracto, la especulación fuera del alcance de los sentidos; por tanto, la forma mas elevada de pensamiento, porque está por encima de todas las ciencias y en último término las comprende y las explica todas.



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LOS SIETE SABIOS GRIEGOS

1-Sabio Griego: Tales de Mileto

2-Sabio Griego:Bías de Priene

3-Sabio Griego:Pitaco de Mitilene

4-Sabio Griego:Cleóbulo de Lindos

5-Sabio Griego:Periandro de Corintos

6-Sabio Griego: Quilón de Esparta

7-Sabio Griego:Solón de Atenas

Siete sabios de Grecia, también conocidos como los siete sensatos. Eruditos griegos que vivieron entre los siglos VII y VI a.C. y que se interesaron por la ciencia, la filosofía y la política. Aunque sus identidades difieren según las diferentes versiones, los nombres que suelen aparecer con mayor frecuencia son Bías de Priene, Quilón de Esparta, Cleóbulo de Lindos, Periandro de Corinto, Pítaco de Mitilene, Solón de Atenas y Tales de Mileto.

EL MILAGRO GRIEGO: Aunque los griegos respetaban profundamente el pasado, realizaron una serie de avances, muchos de ellos sin parangón posible, en el transcurso de un solo siglo, entre los años 480 y 380 a.C. Cabe preguntarse cómo sucedió, y algunos especialistas lo denominan el milagro griego. Gran parte de estos logros, aunque no todos, llevan el sello de Atenas.

No todos los pensadores, poetas y artistas del siglo V eran atenienses —prácticamente no hubo ningún científico en esta polis—, y quizá se haya exagerado su papel, porque no contamos con muchos datos de otras ciudades.

Sin embargo, ya en el siglo V muchos griegos reconocían que Atenas era en cierto sentido quien detentaba la jefatura política y cultural. Como decía Pericles, un estadista ateniense, su ciudad servía de modelo al resto de Grecia.

siete sabios de grecia

El rasgo fundamental del milagro griego estriba en su contribución al desarrollo de la potencialidad de la mente humana. Hasta entonces, jamás se habían realizado esfuerzos tan intensos para comprender los problemas más profundos del pensamiento y la vida, y durante mucho tiempo el mundo no vería nada semejante.

Este proceso se desarrolló en un período que rebasa la época clásica propiamente dicha.

En el transcurso de unos cuatro siglos, los griegos inventaron la política, la filosofía, la mayor parte de la aritmética y la geometría (términos derivados del griego) y las ideas sobre el arte aceptadas por los europeos casi hasta nuestros días.



Todo esto representó un avance gigantes co, que marca grandes diferencias entre la civilización griega y la de Mesopotamia o Egipto.

Hay que atribuirlo en gran medida a la importancia que los griegos concedían al análisis racional y consciente del mundo que los rodeaba, circunstancia que no queda anulada por el hecho de que muchos de ellos siguieran creyendo en las supersticiones y la magia. Gracias a su forma de razonar, proporcionaron a los seres humanos una comprensión más amplia del mundo en el que vivían que ningún otro pueblo anterior.

Esto no significa que el pensamiento griego fuera siempre acertado, sino que se cimentaba y se verificaba de un modo mucho más coherente y sólido.

La ciencia constituye un ejemplo destacado. La ciencia moderna se inició en el siglo VI en Jonia, donde un grupo de pensadores empezó a buscar explicaciones al funcionamiento del universo, aplicando leyes y normas en lugar de dioses y demonios.

El filósofo Demócrito llegó a la conclusión de que toda la materia está formada por «átomos», teoría que se adelantaba dos siglos a su tiempo y que no fue aceptada. Por el contrario, los griegos se aferraron a la idea de que la materia está compuesta de cuatro «elementos» —tierra, agua, aire y fuego— combinados de distintas maneras en las diversas sustancias.

Esta teoría no se aproximaba a la verdad tanto como la atómica, pero gracias a ella se desarrolló la investigación, y la ciencia siguió avanzando hasta el siglo XVII d.C. De igual modo, las enseñanzas de Hipócrates (un griego de Cos discípulo de Demócrito) constituyeron la base de la medicina hasta época muy reciente.

Resulta difícil distinguir sus escritos personales de los que simplemente se le atribuyen, pero a juzgar por lo que se decía de él podemos concluir que Hipócrates representa el verdadero inicio del estudio científico de la salud, con observación de los síntomas, los efectos del tratamiento, una serie de recomendaciones sensatas sobre el régimen alimenticio y la distinción entre conocimiento y superstición. El «juramento hipocrático» ha definido la ética médica hasta nuestros días.

Los griegos hicieron aportaciones aún más importantes para el futuro en el terreno de las matemáticas. Este proceso también se inició fuera de Grecia, en Cretona, al sur de Italia, donde vivía el filósofo Pitágoras. Fue una de las primeras personas que empleó el razonamiento deductivo, es decir, la aplicación de argumentaciones puras con una línea lógica a ciertos principios o axiomas.

Este sistema tuvo mucha importancia, no sólo por los avances que produjo en aritmética y geometría, sino porque contribuyó a que otras personas pensaran con claridad y rigor sobre problemas ajenos a las matemáticas.

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