Primera Llamada Telefonica de la Historia



Primera Llamada Telefónica de la Historia
Inventor Alexander Bell

La Revolución Industrial popularizó tanto los avances científicos como sus aplicaciones técnicas; el ferrocarril, la electricidad, el teléfono o las vacunas consiguieron que en la mentalidad de las sociedades europea y americana se estableciese el ideal de progreso continuado y una fe ciega en las posibilidades de la ciencia y la técnica: las exposiciones universales fueron un ejemplo de esta actitud.

Los propios científicos se convirtieron en propagandistas del progreso con la creación de instituciones y sociedades dedicadas a esta tarea, como la Royal Institution, fundada por Rumford en Londres (1799) y animada por científicos como Davy y Faraday.

Pronto se iniciará también una colaboración internacional plasmada en la celebración de congresos como los de estadística (1853), química (1860), botánica (1864) y medicina (1867).

Primera Llamada Telefónica de la Historia

Otro hecho interesante que hay que destacar es el de la conversión de la actividad científica en un acontecimiento de amplias repercusiones sociales, es decir, en un fenómeno sociológico.

Las aplicaciones de la física en la industria, o de la biología en la medicina, provocaron el cambio de actitud de la sociedad frente a los avances científicos.

Los gobiernos que desde el siglo XVI impulsaron la fundación de universidades y academias, iniciarán, a partir del despotismo ilustrado y por influencia de los enciclopedistas, una actuación que se podría calificar de «política científica».

Estas acciones supondrán la extensión de la enseñanza superior, cambios en los planes de estudio y realización de tareas científico-técnicas fomentadas y financiadas por las monarquías del Antiguo Régimen. Academias, observatorios y expediciones científicas se prodigarán en Europa durante el siglo de las Luces.

Una derivación del telégrafo que finalmente tuvo un efecto igual de grande fue el teléfono.

Patentado en Estados Unidos en 1876 por Alexander Graham Bell, y perfeccionado por el inventor Tomás Alva Edison, el teléfono pronto se asentó.



En 1884, la compañía de Bell puso en funcionamiento la primera línea de larga distancia entre Boston y Nueva York.

Las redes de cables, parte vital para las comunicaciones, fueron desarrolladas en varias naciones. Marcar los números sin recurrir a la operadora aceleró el proceso telefónico y, poco después, la mayoría de las grandes ciudades contaron con sus propias redes.

El teléfono en una exposición: Es casi seguro que Bell no se diese cuenta de la inmensa trascendencia de su invento, pero lo cierto es que en el mes de julio de 1876, se celebró en Filadelfia una gran exposición con motivo de la conmemoración de la independencia de Estados Unidos.

Es muy posible que Bell no pensara llevar su invento a dicha exposición, puesto que tal vez consideraba que el aparato, compuesto por un receptor harto rudimentario, un transmisor y un hilo que hacía vibrar la membrana metálica, que Bell ya había patentado con el nombre de teléfono, no era digno de figurar en una exposición de tanto prestigio.

Pero intervino el amor. Efectivamente, Bell fue a la estación de Boston a despedir a su amada que, junio con su padre, se marchaba a Filadelfia.

El joven subió a un vagón, incapaz de contener los impulsos de su enamorado corazón, y así llegó a la capital de Pennsylvania. Luego, pidió por carta a Watson que le enviase el aparato, y logró exponerlo en un rincón

Durante varios días nadie se acercó a conocer su invento. Pero de pronto se produjo el milagro. El mismo  día en que la Comisión se disponía a conceder los diversos premios establecidos, un personaje con gran séquito, nada menos que el emperador Pedro, del Brasil, se acercó a la mesa de Bell.

Lo cierto era que el emperador había conocido al joven Bell cuando éste enseñaba a los sordomudos en su país. Tan pronto como el Emperador reconoció a Bell, lo abrazó, con gran asombro de todos los presentes y, como es natural, todos se interesaron por el inventor y su invento.

El propio Emperador, después de oír unas palabras a través del receptor, exclamo:
—Este aparato habla!

Estas palabras cambiaron por completo la vida y la fortuna de Alexander Graham Bell.



La aludida Comisión estudió el aparato, y de aquella exposición surgieron dos cosas importantísimas en la vida de Bell: su boda con su amada y la intervención de su suegro en las patentes del joven, todo lo cual tuvo como epílogo la producción del teléfono en serie, su perfeccionamiento y su propagación por todo el mundo.

Sólo hubo una amargura en medio de su triunfo:
Bell, que había dedicado gran parte de su juventud a enseñar a vocalizar y hablar a los sordomudos, jamás consiguió que su linda esposa, sordomuda también, llegase a hablar y a oír a su marido, ni por teléfono ni de viva voz.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Las ventajas materiales constantemente crecientes y a menudo espectaculares, generadas por la ciencia y la tecnología, dieron lugar a un aumento de la fe en los beneficios de esta rama del saber y el hacer humanos. Aun la gente ordinaria que no entendía los conceptos teóricos de la ciencia estaba impresionada por sus logros.

La popularidad de los logros científicos y tecnológicos condujo a la extendida aceptación del método científico, basado en la observación, el experimento y el análisis lógico, como único camino a la verdad y a la realidad objetivas. Esto, a su vez, minó la fe de mucha gente en la revelación y la verdad religiosas.

No es por accidente que el siglo XIX llegó a ser una época de creciente secularización, que de manera particular se manifiesta en el crecimiento del materialismo o la creencia de que todo lo mental, espiritual o sentimental era, sencillamente, una excrecencia de las fuerzas físicas.

La verdad había de encontrarse en la existencia material concreta de los seres humanos, no como la imaginaban los románticos, en las revelaciones obtenidas por destellos del sentimiento o de la intuición.

La importancia del materialismo fue asombrosamente evidente en el acontecimiento científico más importante del siglo XIX, el desarrollo de la teoría de la evolución orgánica mediante la selección natural. Sobre las teorías de Charles Darwin podría construirse un cuadro de los seres humanos como seres materiales, que eran parte sencillamente del mundo natural.

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