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Biografía Norma Aleandro: La Historia Oficial Ganadora de un Oscar 

Norma Aleandro, actriz argentinaNorma Aleandro: Al teatro con amor

Al mencionar a Norma Aleandro, a la mayoría de los argentinos les sucede que las imágenes dramáticas de la película “La Historia Oficial” se presentan en sus mentes una tras otras, hasta aquella tan fuerte y poderosa en que la actriz sufría la violencia física de manos de su marido en la ficción, encarnado por Héctor Alterio.

Aquella película que logró alcanzar uno de los máximos galardones del cine internacional, recordemos que obtuvo el Oscar a Mejor Película Extranjera en 1985, ha hecho también que Norma se convirtiera en sinónimo de Argentina para los habitantes de países lejanos al nuestro.

“No me la creo, me parece bueno respetarnos los unos a los otros, y no eso de que se me respete sólo a mí… Además de eso me gustan las miradas frescas; a mí cuando me hablan del temor de trabajar conmigo y qué sé yo cuánto me empiezo a poner mal.

Yo soy tan insegura como cualquier persona que comienza un trabajo”,jura la actriz que le puso el rostro a más de cuarenta películas, la única argentina que estuvo nominada a un Oscar fue en 1987 por su rol en Gaby, película con Liv Ullman y protagonista de La historia oficial, filme de Luis Puenzo que en 1986 se llevó el Osear a la mejor película extranjera, lo que sucedía por primera vez en la historia del cine argentino.

No obstante, a pesar de que muchas veces se cita dicho film de Luis Puenzo Como uno de los trabajos más destacados de la actriz, no podemos eludir su imponente interpretación en roles protagónicos dentro de películas tales como “El hijo de la novia”, “Sol de otoño”, “Cien veces no debo”, “La tregua”, entre la larga lista, que al analizarla podemos comprobar que Norma es una verdadera actriz de raza.

Totalmente polifacética, a lo largo de su carrera, que aún no se detiene, Aleandro ha logrado trasladar su talento entre los más diversos personajes, pudiendo en cada uno concretar el principal sueño del actor: transmitir el mensaje y el sentimiento.

Es que Norma ha podido pasar del drama más profundo, al personaje cómico y ocurrente que nos roba sonrisa tras sonrisa.

En este sentido, en una oportunidad Norma Aleandro comentó: “He sido coherente con mi trabajo; lo he seleccionado siempre mucho.

Con el riesgo de pasarla muy mal económicamente, he hecho cosas que me parecían dignas, y de las indignas he tratado de no hacer nada. He respetado mi trabajo, mi vida y también la de los demás, y eso termina teniendo un peso”.

Considerada un verdadero ícono cultural de la Argentina, Norma Aleandro nació en Buenos Aires el 2 de mayo de 1936, en el seno de una familia de actores, siendo su padre Pedro Aleandro, y su madre María Luisa Robledo. Posiblemente el entorno familiar haya influido fuertemente en la elección de su futuro, pero lo cierto es que quienes conocieron a Norma desde siempre aseguran que nació con la vocación de actriz, al igual que le sucedió a su hermana, conocida con el nombre artístico de María Vaner.

Su amor por la actuación y su talento innato no tardaron en brindarle la primera oportunidad de demostrar que había llegado a este mundo con una misión muy clara. Así fue que con sólo 9 años de edad comenzó a incursionar en el teatro, obteniendo su primer papel en una obra que interpretó junto a sus padres en el recordado Teatro Smart.

A los nueve años, Normita hizo sus primeros papeles en teatro y enseguida se perfiló como una gran revelación. “En general he hecho lo que he querido hacer”, reflexiona tantos años después. Ya juzgar por otras anécdotas, así ha sido siempre. Con tan sólo trece años se negó a una propuesta indecente que le hacían diferentes directores de cine: operarse la nariz. “Estaba de moda porque en el cine americano todas las actrices tenían la nariz pequeña y respingada… Yo sabía que perdía muchísimos trabajos importantes pero jamás lo hubiera hecho; para mí era como sacarme un brazo”, sonríe a la distancia.

Posteriormente, y a medida que los años pasaban, Norma iba perfeccionando su talento a través de una capacitación constante, incluso una vez que logró su consagración. Es que como ella misma mencionó en una ocasión: “Lo que sirve no son los años, sino las técnicas, para ayudar a crear con más libertad y menos angustia”.

Luego de aquel debut, años más tarde la joven actriz despertó el interés de la mayoría de los productores teatrales, quienes no dudaron que convertirla en protagonista de una gran cantidad de piezas clásicas y contemporáneas del teatro. De esta forma llegó con su talento a las salas de importantes teatros nacionales.

El interés y cariño que Norma había logrado despertar en el público le permitió integrar el elenco de “Las dos carátulas”, que se emitía por Radio Nacional. Poco después llegaría su debut en la pantalla grande, siendo parte de la película “La muerte en las calles” de Leo Fleider, en 1957. Aquel fue el comienzo de los más grandes éxitos populares de su vida, que la llevaron en 1985 a protagonizar la premiada “La Historia Oficial”, por la que la actriz ganó el premio del Festival de Cannes a la mejor actuación femenina.


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También la televisión tendría un lugar para Norma, debutando en la pantalla chica en 1959, dentro del ciclo “Historias de jóvenes”. En este ámbito, también participó en ficciones tales como “Romeo y Julieta”, “El amor tiene cara de mujer”, “Cuatro mujeres para Adán”, “La casa de los Medina”, “Alias Buen Mozo”, “Cosa juzgada”, “La mujer en la multitud”, entre otros. No obstante, a pesar de ser tan demandada, Aleandro siempre se hizo tiempo para su más grande amor: el teatro.

El exilio en 1976 la llevó a vivir en España, donde también desarrolló una intensa labor cinematográfica y teatral. Al regresar al país, con la llegada de la democracia, todo volvió a su orden natural, y Norma continúo actuando.
Su consagración internacional por su labor en “La Historia Oficial”, le posibilitó convertirse en una de las pocas actrices argentinas requeridas para filmar en Hollywood.

Hasta el momento, Norma Aleandro ha filmado más de 40 películas, siempre acompañada por elencos de primer nivel, y aún continúa en carrera.

En una oportunidad, Norma reflexionó: “La vida es una aventura donde te pasan cosas buenas, malas, regulares. Cómo manejarse en esas aguas es lo importante. Qué hacer en las tormentas, qué en la calma chicha. El asunto es cómo pilotear el barco. Pero todos estamos navegando”.

Norma parece una señora que rinde culto al hedonismo de las cosas simples, cuando su cerebro libera endorfinas de placer que se expresan en su boca, al sacudir enérgicamente el pelaje de su perra ovejera alemán, Lola. O cuando resignifica el valor de una nube pasajera con exquisito aroma a cedrón.

“¿Sentís? Plantar todos estos árboles y verlos crecer es una de las más bellas peripecias”, confiesa, y le agradece a la casa, su casa, que le dio esa posibilidad. Ahora uno puede imaginarla en el living con techos de doble altura, descalza bailando en círculos con los brazos en alto, al son del sitar de Ravi Shankar, como suele hacer cuando nadie lave.

“El amor lo encontré en él, habla de Eduardo Le Poole, que sonríe desde una foto y hace muchos años que lo disfrutamos juntos”, dice, y se sabe afortunada. Es que según una frase que ahora rescata, encontrar pareja “es tan difícil como ir nadando por el océano y hallar una pulsera, que al pasar, encastre justo en la muñeca”. ¿Y cómo es estar casada con un psicoanalista?

Mi marido es un médico terapeuta que utiliza las neurociencias. Somos amigos hace cuarenta y pico de años, y pareja desde hace treinta y pico de años. Bueno, en casa él no hace de terapeuta y yo tampoco hago de actriz.





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