Gobierno de Illia Resumen Historia Revolucion Argentina






Orden Constitucional y Respeto a las Instituciones Democráticas:

 Arturo Illia

El doctor Arturo Umberto Illia (1900-1983), de 63 años, rostro apacible enmarcado por una blanca cabellera y carácter firme, nacido en Pergamino y radicado en la localidad cordobesa de Cruz del Eje, donde ejercía la medicina, tenía una larga trayectoria política en las filas del radicalismo sabattinista.

Fue vicegobernador de Córdoba (1940-1943) y ganó los comicios en esa provincia en 1962, pero no pudo asumir el cargo debido al golpe militar. Balbín atribuyó la postulación presidencial de Illia en 1963 a su condición de ganador en un distrito importante. Pero otra versión supone con más fundamento que el veterano dirigente platense no quiso afrontar un tercer fracaso electoral puesto que nadie apostaba entonces al triunfo de la UCR.

Una política moderada y gradualista: El triunfo fue parcial. La UCRP logró la mayoría del Colegio Electoral gracias al voto de los partidos democristiano, socialista, bloquista y a la Confederación de partidosneoperonistas del interior. La representación proporcional que se aplicaba por primera vez en el Congreso colocaba al radicalismo como primera minoría y obligaba al gobierno a negociar permanentemente.

Los consensos difícilmente alcanzados, además del estilo presidencial parsimonioso y del gradualismo de la política económica, sirvieron a la oposición para desacreditar a Illia, la “Tortuga” de paso lento y a la “partidocracia” como sistema eficaz y anticuado. (Fuente Consultada: Historia del país y su gente María Saenz Quesada)

Los partidos neoperonistas ,principales beneficiarios de los vaivenes electorales resultan estas fuerzas provinciales, dirigidas por antiguos y prestigiosos dirigentes peronistas, pero dedicadas principalmente a los problemas locales. Esto los hace más tolerables para los antiperonistas. Tienen su propia estrategia y prefieren un peronismo sin Perón. Tres de ellos alcanzan La gobernación: en Neuquén, Felipe Sapag, con el Movimiento Popular Neuquino; en Salta, Ricardo Durand, con el Movimiento Federal Democrático, y en Chaco, Deolindo Felipe Bittel, con la Unión Popular. También obtienen 17 diputados nacionales y nueve senadores, y en ocasiones se convierten en árbitros.

Recuperación democrática: El 12 de octubre asumió el gobierno, dando una buena impresión a un pueblo cansado de antiguos boatos: fue el primer presidente que juró su cargo en traje de calle, en lugar de frac. Además, residirá en la Casa de Gobierno de lunes a sábado, y en la residencia de Olivos sólo los fines de semana.

La opinión pública se sorprendió al conocer que el doctor Illia —un político y con treinta y cinco años de ejercicio profesional— recién el año anterior había comprado su primer automóvil, un modesto Bergantín. Designó ministros de neto corte radical: Eugenio Blanco en Economía, Juan Palmero en Interior, Carlos Alconada Aramburu en Educación y Leopoldo Suárez en Defensa, y mantuvo a los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas, el general Onganía, el almirante Benigno Varela y el brigadier Conrado Armanini. Blanco —reemplazado por Juan Carlos Pugliese tras su fallecimiento en agosto de 1964— fue acompañado por un grupo de jóvenes economistas del partido, entre los que estaban Alfredo Concepción, Bernardo Grinspun, Roque Carranza y Carlos García Tudero.

No había transcurrido un mes de gobierno, cuando Illia y sus asesores consideraron conveniente tomar una medida trascendente: la anulación de los contratos petroleros firmados por Frondizi y Guido. En el pensamiento de Illia, “la riqueza del petróleo no puede ser propiedad de nadie sino del pueblo. Es obra deja naturaleza y hay que salvaguardarla”.

La medida le valió un violento incidente con el embajador de los Estados Unidos, que, airado, irrumpió en el despacho presidencial para “alertar” que tal decisión sería mal vista por el Departamento de Estado. “El problema ahora —declaró Illia a The New York Times el 11 de agosto de 1964— es lograr un acuerdo justo y equitativo con las empresas.

Posteriormente, ciertas vacilaciones generaron criterios enfrentados entre los miembros del partido que restaron fuerza a las nuevas negociaciones. Un sector buscó líneas de acuerdo con las empresas y la Comisión Pro Defensa del Petróleo acusó al gobierno de “continuar la entrega de nuestra independencia nacional”, ya que las compañías continuaban en posesión de las áreas concedidas.

Gracias a una coyuntura internacional favorable a los productos argentinos en el mercado mundial, la Argentina entró en un ciclo largo de recuperación, que eliminaría por una década el déficit en la balanza comercial. Si bien el gobierno de Illia no frenó estas tendencias, tampoco las impulsó. Esto es lo que los sectores más desarrollistas le achacaron desde el principio al gobierno radical. El nuevo Establishment necesitaba la apertura económica, la acumulación de capitales y la racionalización del Estado por encima de toda legalidad republicana.

A los ojos militares y desarrollistas, el viejo sistema de partidos era incapaz de asumir estas tareas, por lo que prepararon el golpe mejor planeado y menos violento de la historia argentina. Moldearon a la opinión pública desde años antes del levantamiento por medio de una intensa actividad propagandista, hasta identificar al presidente radical con la modorra pueblerina y la siesta provinciana, al mismo tiempo que enaltecían a los militares como héroes de la epopeya tecnológica y de la grandeza nacional.

Los militares que encabezaron la Revolución Argentina que derrocó al Presidente Arturo Illia establecieron un sistema de gobierno basado en una Junta formada por los tres Comandantes en Jefe de las tres Fuerzas y se dispuso que la Presidencia fuera ejercida por un Presidente designado por la Junta, y con ejercicio de todas las facultades legislativas que la Constitución otorga a Congreso.

El 30 de junio del 1966 asumió el cargo de Presidente designado por ese mecanismo el General Juan Carlos Onganía Durante su gestión surgen los primeros grupos subversivos, los que unidos a la agitación política y socia crean un clima confuso. Se produce el asesinato del ex presidente Pedro Eugenio Aramburu y la aparición de los grupos montoneros.

GABINETE PRESIDENCIAL:
Arturo Umberto Illia
Vicepresidente: Carlos Humberto Perette

MINISTROS
Asistencia Social y Salud Pública: Arturo Oñativia.
Defensa Nacional: Leopoldo Suárez.
Economía: Eugenio A. Blanco y Juan Carlos Pugliese.
Educación y Justicia: Carlos R. S. Aleonada Aramburú.
Interior: Juan S. Palmero.
Relaciones Exteriores y Culto: Miguel Ángel Zavala Ortiz.
Trabajo y Seguridad Social: Fernando Sola.
Secretario de Marina: Manuel A. Pita.
Secretarios de Aeronáutica: Martín Rafael Cairo y Mario Romanelli.
Secretarios de Guerra: Ignacio Ávalos y Eduardo R. Castro Sánchez.

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 8 período 1950-1969 a cargo de César Tcach, Historiador

Hace más de tres décadas que el radicalismo no gobierna el país. El reciente triunfo de la fórmula presidencial radical Arturo Illia-Carlos Perette amerita algunas reflexiones. “Don Arturo” fue el único candidato radical que logró vencer al peronismo en las malogradas elecciones de marzo del año pasado. No pudo asumir como gobernador de Córdoba porque r rondizi anuio las elecciones, pero su éxito electoral le proporcionó un capital político que le permitió imponerse en la lucha interna de la Ucrp. Perteneciente al sector sabattinista del radicalismo, su acceso a la presidencia marca un alto grado de influencia de los radicales de Córdoba en el gobierno nacional.

Los mediterráneos tienen en sus manos el Ministerio de Relaciones Exteriores (Miguel Ángel Zavala Ortiz), el Ministerio de Obras Públicas (Miguel Ferrando), la presidencia de la Cámara de Senadores de la Nación (Eduardo Gamond) y la presidencia del bloque de diputados radicales (Raúl Fernández). Asimismo, Fernando de la Rúa ocupa el cargo de jefe de asesores del Ministerio del Interior y Conrado Storani la Secretaría de Energía. El sector balbinista. empero, retuvo tres ministerios clave: Economía, Educación y Justicia, y Trabajo.

Cuando Illia cerró su campaña en el estadio Luna Park de Buenos Aires, señaló dos cuestiones centrales: la necesidad de una libre competencia electoral para que el peronismo pueda presentarse a elecciones y el imperativo deje subordinar los factores del poder al gobierno civil. Ambas cuestiones son de capital importancia.

La primera remite a la legitimidad de origen de su gobierno. Porque si bien obtuvo el 25,15 por ciento de los votos frente al 19,72 porciento de votos en blanco que obedecían al mandato de Perón, lo cierto es que la proscripción de éste echa un cono de sombras sobre la legitimidad de su presidencia.

La segunda cuestión es también clave: ¿podrá el flamante presidente hacer frente a la nutrida gama de presiones corporativas y, especialmente, militares?

El presidente electo ha resuelto otorgar una amplia amnistía para los apresos políticos y sociales detenidos a raíz del Plan Conintes y otorgar el indulto para los ya condenados. En consonancia con esta postura, se ha puesto fin al estado de sitio. Illia ha decidido, asimismo, dejar en su puesto de jefe del Ejército al general Onganía y no modificar la composición de la Corte Suprema de Justicia.

Empero, su decisión más impactante ha sido la de anular los contratos petroleros acordados por el ex presidente Frondizi con capitales norteamericanos. El 11 de julio, Illia sostuvo en una conferencia de prensa: los contratos petroleros que “fueron otorgados por decreto, serán anulados por decreto”.

La defensa de la soberanía nacional -en la vieja línea del programa radical de Avellaneda- se combina con motivos de orden pragmático: el posible relanzamiento de YPF en colaboración con el italiano ENI (Ente Nazionale Idrocarburi). El embajador norteamericano Mc Clintock sostuvo en declaraciones al diario El Territorio de Posadas que el clima para las inversiones norteamericanas en la Argentina había sido gravemente afectado. Se sabe, además, que visitó personalmente al Presidente con la intención de hacerlo desistir de su actitud.

Otro tema rispido de las relaciones entre el gobierno nacional y empresas extranjeras remite al proyecto de ley de medicamentos. Se han formado dos comisiones. Una, integrada por médicos, bioquímicos y especialistas en farmacología de la Universidad de Buenos Aires, está estudiando la calidad de los medicamentos. Para ello, contrastan sus contenidos con los indicados en los prospectos.

La otra comisión es integrada por contadores y economistas de la UBA, y tiene por objeto comparar costos y precios y controlar la existencia o no de una doble contabilidad por parte de los grandes laboratorios. El concepto básico de la iniciativa gubernamental es que los remedios no son meras mercancías sino bienes sociales. El anuncio del ministro de Salud, Arturo Oñativia, sobre el posible congelamiento del precio de los medicamentos ha generado descontento en los laboratorios europeos, sobre todo, suizos.

El proyecto de ley ingresará al Parlamento en los primeros días de enero de 1964, pero ya la Unión Industrial Argentina ha hecho conocer su crítica al “excesivo intervencionismo estatal”. La Ley de Abastecimientos es también concebida por este sector empresarial como una amenaza al libre mercado. La política anunciada por el gobierno nacional -nacionalizaciones, aumentos salariales y control de precios de productos de primera necesidad- dista de ser una música grata a muchos oídos empresariales.

La situación se complejiza aún más si se tiene en cuenta que los sindicatos desconfían de la voluntad del Gobierno para hacer realidad la ley del salario mínimo, vital y móvil. Sus dirigentes temen, además, que la reglamentación de la ley de asociaciones profesionales aprobada en la época de Frondizi limite sus atribuciones, sobre todo en lo relativo al manejo de las obras sociales. (El Bicentenario Fasc. N° 8 período 1950-1969 a cargo de César Tcach, Historiador )

Fuentes Consultadas:
Argentina Siglo XX Luis Alberto Romero
La Argentina Historia del País y de su Gente María Saenz Quesada
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy

 

 




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