El Macizo Alpino Características Ubicación Clima y Cultivos




El Macizo Alpino

Los Alpes, sistema montañoso de la época terciaria, forman un arco enorme que atraviesa Europa central. Constituye una verdadera línea de demarcación por lo que respecta a las aguas, el clima y asimismo entre diversos Estados y civilizaciones. El montañés ha conseguido aclimatarse a un medio poco hospitalario y su nivel de vida puede considerarse envidiable.

Los Alpes forman un inmenso arco en Europa central, que va del golfo de Génova a la llanura húngara. Este arco tiene una longitud de unos mil kilómetros y su anchura oscila entre los doscientos y los doscientos cincuenta kilómetros. La superficie total del macizo alpino es, poco más o menos, igual a la de Gran Bretaña.

Podríamos dividir los Alpes en dos partes: los Alpes centrales y los Bajos Alpes. Los Alpes centrales están constituidos por rocas cristalinas como el gneis y el granito. Los Bajos Alpes, por el contrario, tienen carácter eminentemente calcáreo.

La vasta región de plegamiento que son los Alpes apareció en la época terciaria. Las fuerzas tectónicas (es decir, los movimientos de la corteza terrestre) que dieron lugar a la formación de los Alpes empezaron a manifestarse en la época secundaria. Las capas sedimentarias que iban a formar los Alpes fueron plegadas, empujadas y, en determinados lugares, quebradas. De hecho, los Alpes nacieron del amontonamiento de capas superpuestas.

También suelen dividirse los Alpes en Alpes occidentales y Alpes orientales, separados por la cortadura del Rin, del lago de Constanza al puerto de Splügen, y por la depresión de la Maira y del lago de Como.

Los Alpes occidentales son más estrechos, más altos y menos accesibles que los Alpes orientales. La acción erosiva del agua y del hielo ha sido allí más importante. Ésta es la razón de que este sector sea el más espectacular, con el Mont-Blanc, el Valais y el Oberland bernés.

Los Alpes forman un vasto sistema montañoso en el medio de Europa, y hay que distinguirlos del relieve que les rodea. Durante mucho tiempo constituyeron una barrera infranqueable y han desempeñado un importante papel en el desarrollo de las poblaciones y en la dispersión de las corrientes de civilización.

Los Alpes son, en numerosos lugares, una verdadera línea de demarcación. En primer lugar por las aguas. Al examinar un mapa se ve claramente que esta cordillera separa varias cuencas, como las del Ródano, del Rin, del Danubio y del Po. Forman igualmente una línea de demarcación por lo que se refiere al clima, netamente diferenciado según se halle uno al norte o al sur del sistema. La diferencia es característica, y para darse cuenta de ella es suficiente recorrer la distancia que separa Basilea de Milán.

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Monte Rosa:Imponente macizo de los Alpes Peninos situado en la frontera entre Italia y Suiza, el Monte Rosa presenta numerosas elevaciones por encima de los 4.000 m de altitud, como la punta Dufour (4.634 m), la cima más elevada del grupo montañoso, coronada por vez primera en 1851 por parte de un grupo de alpinistas ingleses y guías suizas. Caracterizado por tener un paisaje alpino de incomparable belleza, en el que domina la presencia de numerosos glaciares perpetuos, el macizo del Monte Rosa alberga, en la base de sus escarpadas laderas, numerosas localidades turísticas dotadas de modernas instalaciones para acoger a quienes acuden a practicar los deportes de invierno.

En el lado norte, hasta el puerto del San Gotardo, es corriente que el cielo sea gris y las lluvias abundantes; pero apenas se ha traspuesto el puerto el cielo azul y soleado del mundo mediterráneo le da la bienvenida.

La vegetación es también muy distinta: en los flancos del norte domina el verde de los pastos y de los bosques, mientras que en el sur el color dominante es el gris y toman posesión del paisaje la landa y el matorral.

El macizo alpino separa igualmente a diversos Estados. Suiza y Austria, países montañosos por excelencia, tienen fronteras comunes con Francia, Alemania, República Checa, Eslovaquia, Italia y países de la ex Yugoslavia. Lenguas y culturas difieren igualmente: el mundo germánico se extiende al norte y la civilización latina al sur.

Los Alpes son una joya de la naturaleza. Cuando el hombre se halla en el corazón del macizo y al pie de sus picos, de varios miles de metros de altura, se siente infinitamente pequeño y literalmente aplastado por el paisaje. ¿Quién no se deja cautivar por el juego del agua de los torrentes que desciende de las alturas saltando de piedra en piedra ? ¿Y qué decir de los glaciares y los picos nevados que el sol hace relucir con brillo cegador?.

En todas partes, en la montaña, encontramos escombros que dan testimonio del incansable trabajo de zapa de las fuerzas de la naturaleza.



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El hielo tiene uno de los principales papeles en este juego, ya que es el que hace estallar las rocas. La nieve, el hielo, el agua que procede de su fusión y su propio peso hacen que los escombros lleguen progresivamente a los lugares más bajos y a los valles, en donde se acumulan.

Aunque las regiones montañosas sean inhospitalarias, el hombre ha conseguido aclimatarse a ellas e incluso conseguir un alto nivel de vida. Suiza, por ejemplo, es indiscutiblemente un país muy próspero, y sus habitantes han conseguido acostumbrarse a las fantasías y a los caprichos de la naturaleza. Construyeron, generalmente, los pueblos y las ciudades en los valles, lo que facilitaba las comunicaciones y el intercambio.

Las casas se edificaban fuera del alcance de una súbita subida de las aguas. La mayoría de los grupos urbanos están edificados en la vertiente norte de los valles a fin de aprovechar al máximo las horas de sol.

Los cultivos se hallan dispersos en los valles, aunque remontan a veces las suaves pendientes de los primeros contrafuertes de las montañas, al menos en los lugares en que el suelo no es excesivamente húmedo; en caso contrario se convierten en pastos de ese heno tan buscado.

Hasta hace poco todas estas aglomeraciones tenían un carácter rural muy pronunciado y se bastaban a sí mismas.

Desde hace varios años los medios de comunicación modernos, sin embargo, han conquistado los Alpes, con lo que la situación ha cambiado radicalmente: las regiones alpinas han conquistado el mercado mundial debido a la calidad de sus productos lácteos.

De este modo, los quesos suizos y otros productos preparados con leche, como el chocolate, disfrutan de popularidad sobradamente merecida. La viticultura y la horticultura han aumentado considerablemente, al menos en los valles soleados y en las cercanías de las ciudades, en donde tienen el mercado asegurado.

El terreno montañoso, los suelos pobres y el frío clima impiden la actividad agrícola en Suiza. La agricultura está generalmente confinada a pequeñas explotaciones familiares, como este viñedo en los Alpes. En la imagen, el sistema de cultivos en terrazas permite a los agricultores aprovechar las abruptas laderas de las montañas.

Otra nueva posibilidad económica abierta a los habitantes de las montañas es el de la industria turística, en constante expansión. También hay que señalar las centrales hidroeléctricas y un sinfín de otras industrias.

Un tanteo histórico de las regiones alpinas resulta sintomático. Ha quedado probado que los Alpes, debido a la presencia del hielo, no fueron habitados hasta que terminó el pleistoceno. Se encontraron ciertos vestigios de la presencia humana que databan de fines del paleolítico. En cambio, el neolítico vio el nacimiento de comunidades en los Alpes, principalmente en sus proximidades como los lagos de Suiza y de Baviera.

En Italia y en Francia se descubrieron restos de ciudades lacustres (construidas sobre zampas). Es  igualmente  cierto   que  estos primeros habitantes de los Alpes vivían de la pesca, aunque también cultivaban la tierra y criaban ganado. El hombre se aventuró más tarde a adentrarse en la montaña, que habría de liberar sus secretos antes del término del período prehistórico.

Es curioso comprobar que los Alpes, incluso en los tiempos más remotos, fueron el refugio de varios grupos de población. Por ello encontramos en esa región, incluso en nuestros días, un grupo germánico, otro latino e incluso, al sureste, otro eslavo, y por ello también se da el curioso fenómeno de que en un pequeño país como Suiza se hablen cuatro idiomas: alemán, francés, italiano y romanche o retorromano.

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