Biografia de Krupp Alfred: Origen de la Dinastia del Acero Aleman



Biografia de Krupp Alfred: Historia de la Dinastia del Acero Aleman

Krupp Alfred (Essen 1812-1887), fue un industrial alemán. Cuando sólo tiene doce años de edad, toma las riendas de los negocios familiares, iniciados unos 240 años atrás.

Recorriendo el continente europeo y haciendo gala de una disciplina de hierro para conducir a sus subalternos, llega a hacer de los negocios de su familia un verdadero conglomerado industrial del acero.

Las maquinarias y equipos producidos por la casa Krupp tienen participación importante durante las dos guerras mundiales del presente siglo.

En contraste al éxito de sus negocios, Krupp no cuenta con suerte en sus relaciones personales y muere en 1887 solitario y abandonado por su esposa.

Biografia de Krupp Alfred: Historia de la Dinastia del Acero Aleman

• Historia de la Familia Krupp

La familia Krupp fue poseedora de plantas siderúrgicas y de fabricación de armamentos en la región industrial del Ruhr.

Los Krupp pusieron en Essen los cimientos de la industria metalúrgica, que será, medio siglo más tarde de su fundación, un componente de gran importancia en el levantamiento de Alemania.

El primer Krupp (Arnold, 1624), que llegó allí como comerciante de vinos el año 1587, pronto abandonó su oficio porque se convenció en seguida que era más apropiado, en sus ierras, dedicarse a la herrería que al comercio.

Sus sucesores continuaron su trabajo fabricando durante largos años los mismos articulos que producían los demás herreros del Rin septentrional: fusiles y herramientas.

Peter Friedrich Krupp (1753-1795), padre del fundador de la empresa Krupp, contaba ya con cierto capital y ciertos conocimientos, pero falleció en la mitad de su proyecto por lo que su madre Helena Amalia Ascherfeld siguió fielmente los proyectos de su hijo y adquirió tierras y a:: nuevas herrerías, la Gutehoffnungshütte y Zur guten Hoffnung, que más tarde se convertiría en el centro de una gran empresa.

Ella misma llevó la dirección de las herrerías y procuró aumentar poco a poco el potencial de los talleres y mejorar los productos y su principal objetivo era dejar en manos de su nieto el futuro de la empresa.

Su nieto Friedrich (1787-1826), hijo mayor de Peter Friedrich Krupp,al cumplir sus dieciséis años se dedicó al estudio práctico de metalurgia, esforzándose en aprender el oficio.

Trabajó durante cuatro años como cualquier obrero de las herrerías de su abuela, queriendo conocer completamente todos los procedimientos de la producción.

Lamentablemente las consecuencias políticas-económicas del país repercutieron negativamente en la empresa del joven Krupp. Sus anhelos y sus planes se vieron bajo los escombros de su fracaso, pues arruinó la empresa hasta tal punto que su abuela consideró oportuno vender la herrería de Storkrade.

Al año siguiente murió Helena Amalia Ascherfeld, y Friedrich, junto con sus dos hermanos, heredó todas las posesiones de su abuela y de su padre.

De nuevo se dedicó a trabajar en sus talleres viviendo en el futuro creado por sus ilusiones, que fue su objetivo real.

Al finalizar el año 1811, firmó un contrato con los hermanos Kechel, que aseguraban conocer perfectamente los procedimientos secretos de fundición del acero, pero resultó otro fracaso, por lo que fue obligado a buscar los créditos de sus hermanos y los demás parientes para poder continuar su trabajo.

En 1814, al terminar el tiempo de la validez del contrato con los hermanos Kechel, se separó de sus socios, y aceptó como colaborador a un tal Nicolai, que también afirmaba conocer la fórmula secreta de acero al crisol, que también terminó en otra decepción.

Desde entonces trabajó solo, acompañado únicamente de sus obreros, sus más fieles colaboradores. Y, por fin, consiguió el resultado.

Empleó hierro puro y coke bien limpio de azufre, buenos crisoles, viento fuerte y calor elevado en sus hornos.

Le quedaba otra parte de la tarea: perfeccionar el procedimiento e intentar lograr varias clases de acero aplicables para diferentes empleos.

Se relacionó con las Casas de Moneda de Prusia y los demás países alemanes y empezó a fabricar los troqueles y matrices necesarios para acuñación de monedas. Sus clientes estaban contentos con la calidad de su acero dulce.

Friedrich Krupp creyó llegado el momento de ampliar la empresa. Edificó en Scheewinkel una fábrica provista de instalaciones más apropiadas para grandes fabricantes que las heredadas de su abuela.

Pero nunca consiguió aprovechar su capacidad. Dedicándose quizá demasiado a las obras del nuevo edificio, abandonó a sus clientes.

Los pedidos fueron escasos y pequeños para poner en movimiento todo el potencial de sus fábricas. Friedrich Krupp sufrió de nuevo una angustiosa crisis económica, de la cual no pudo salir desembarazado porque todos los que le ayudaban hasta entonces, se negaban a concederle más crédito. Muchas veces no disponía ni del dinero indispensable para pagar los jornales de sus obreros.

Decidió incorporar a su hijo en la industria por lo que lo instruyó lo mejor que pudo a su hijo Alfred (1812-1887) (imagen arriba) sobre las manipulaciones en el horno de cementación y en las forjas.

Friedrich Krupp falleció el 8 de octubre de 1826.

El joven sucesor Friedrich Krupp evidenciaba en cada paso la influencia y la escuela de su padre, del cual aprendió el oficio y heredó el afán hacia el trabajo en la industria siderúrgica.

La herencia de su padre no consistía en la fuerza económica ni en grandes instalaciones industriales, sino en la existencia de una base sólida comprendida en los resultados de investigación, sobre la cual Alfred Krupp pudo levantar la enorme empresa de Essen y convertirse en el más grande hombre de su linaje.

En 1847, Alfred Krupp envió a Berlín el primer cañón con tubo de acero fundido. Este hecho fue el principio de su relativamente rápida conquista del poder en la industria siderúrgica de Alemania.

Prusia aumentó sus pedidos y facilitó a Krupp invertir un considerable capital en su fábrica.

Así, en 1851, la empresa pudo, en la Exposición de Londres, presentar con éxito un bloque de acero de dos toneladas y un cañón de mayor peso y calibre que los anteriores.

En las siguientes exposiciones, de Munich (1854) y de París (1855), Krupp fue ya conocido y provisto de todas clases de garantía en favor de sus productos.

Varios países europeos, y, en primer lugar Prusia, menudearon los pedidos de material de artillería, lo que exigió de la empresa la urgente ampliación de los talleres, la adecuada construcción de nuevas maquinarias y un mayor número de obreros.

Por la elogiada calidad de su acero, recibió muchísimas expresiones de reconocimiento por parte de los Gobiernos extranjeros y varios títulos honoríficos de Prusia.

Cuidó con interés particular no sólo el bienestar material de sus obreros, sino también el cultural y espiritual.

En 1860, empezó a edificar viviendas para sus empleados en los alrededores de Essen, en Schederhof y Kronenberg para asegurar dignidad, desarrollo y ánimo a todos sus colaboradores.

Fundó varias escuelas, bibliotecas, salas de recreo, etc., para que los trabajadores tuvieran posibilidad de descansar de su dura tarea diaria y para que sus hijos recibieran la educación elemental completa y sana.

También organizó una Caja de socorro y de retiro al servicio de los obreros enfermos, accidentados o retirados por vejez.

Esta Caja de retiro pagaba el sueldo íntegro como pensión a aquellos empleados de la empresa Krupp, que dejaran de trabajar después de treinta y cinco años de servicio.

La enorme cantidad de recursos dedicados a la fabricación de armas, no le impidió hacerse célebre también por la fabricación de muchos objetos destinados a fines pacíficos.

Antes de la crisis que la empresa sufrió en 1867, la fábrica Krupp producía anualmente miles de toneladas de acero al crisol, elaborado principalmente a base del «proceso Bessemer», que Alfred introdujo en el continente (1862) al volver de una exposición de Londres.

Gran porcentaje de esta producción suponía la fabricación de barras de hierro para construcción, placas de calderas para barcos, carriles, ejes y muelles para los ferrocarriles, etc.

Al cumplir setenta años, Alfred Krupp se retiró a su villa Hügel, situada en la orilla del Rin, dejando la dirección de la empresa a su hijo Friedrich Alfred (1854-1902).

Friedrich Alfred Krupp dirigía conjuntamente todo el negocio: aumentó aún más la producción, fabricando planchas para el blindaje de buques (1890); amplió la actividad de la empresa adquiriendo los talleres «Grusenwerk» de Magdeburgo (1893) y edificando grandes establecimientos metalúrgicos en Reinhausen, cerca de Duisburg (1896).

Fundó un instituto de experimentos químico-físicos para investigaciones científicas en el campo de la metalurgia y continuó con verdadero celo la política social de su padre en pro de sus cuarenta y tres mil obreros, levantando hospitales, comedores, escuelas y poblados enteros, como por ejemplo Alfredshof, Friedrichhof y Altenhof.

El poder del capital de Krupp fue tan grande, que ningún movimiento económico de importancia en su patria pudo ser llevado a cabo sin contar con este industrial de Essen.

Al morir prácticamente, casi todas las acciones fueron heredadas por su única hija Berta (1886-1957), quien en 1906, contrajo matrimonio con el diplomático alemán Dr. Gustavo von Bohlen und Halbach (1870-1950), al cual el Kaiser —en esta ocasión— concedió el derecho de llevar el nombre de la familia de su mujer: Krupp

En 1914 estalló la primera guerra mundial, y las fábricas Krupp obtuvieron casi el monopolio sobre la fabricación de armas para el creciente ejército alemán.

Más de ciento sesenta mil obreros trabajaban en la industria de Essen, pero únicamente un treinta y dos por ciento de la capacidad total de la empresa fue destinado y empleado en fines de guerra.

cañon gran berta de la industria alemana krupp
El cañon «Gran Berta» de la industria alemana Krupp

Se crearon nuevos tipos de armas entre los cuales se menciona siempre el célebre cañón de largo tiro, que llevó el nombre de Berta Krupp , cuando los alemanes bombardearon a París.

Después del armisticio de 1918, la empresa sufrió las penosas consecuencias de la guerra y de la derrota de Alemania y se vio obligada a disminuir el personal, a renunciar por completo a la fabricación de armas y a pagar a Francia la multa de cien millones de marco.

La empresa se dedicó a la producción de máquinas agrícolas, instalaciones industriales, muelles de ferrocarriles, etc., y alcanzó y superó la prosperidad de las primeras dos décadas de este siglo.

En 1929, Krupp von Bohlen und Halbach adquirió altos hornos en Engers, cerca de Sayn (Mülhofberhütte) y varias minas de carbón y hierro en toda Alemania y aun en el extranjero.

Se dedicó también a perfeccionar la obra social de sus antecesores con una extraordinaria sensibilidad de la justicia social y de la caridad.

Por aquel entonces Krupp tenía edificadas viviendas para veinte mil familias y varios centros para obras benéficas.

El capital de la empresa fue elevado en el transcurso de diez años (1939) a ciento sesenta millones de marcos.

El nuevo rearme de la Alemania hitleriana y la segunda guerra mundial han hecho repetir, de forma mucho más trágica, las consecuencias de la conflagración de 1914-1918, pero como fue su genética la empresa Krupp se levantó rápidamente y contribuyó enormemente en la creación del «milagro económico» de la Alemania occidental de nuestro tiempo.

La familia Krupp, hoy día es una de la más rica de Alemania, puede con orgullo demostrar el valor de su firme voluntad, durante toda su historia, de su incansable constancia en el trabajo y de su plena conciencia sobre la necesidad de proteger con obras los derechos de los obreros.

Fuente Consultada:
Diccionario NAUTA de Biografias Ediciones NAUTA S.A.
Forjadores del Mundo Contemporáneo Tomo I Entrada: Alfred Krupp – Editorial Planeta
Grandes Biografias Editorial ASURI

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Enlace Externo:• Los primeros cañones Krupp


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