Porque engordamos fácilmente? Predisposición a Engordar Metabolismo



¿POR QUÉ ENGORDAMOS FÁCILMENTE?

Metabolismo y Obesidad

A primera vista, la situación no parece presentar problemas: quien come más de la cuenta se carga rápidamente de peso, mientras que quien se modera en la mesa y vigila lo que come puede guardar la línea.

¿por qué engordamos?Todo el mundo las conoce; me refiero a esas personas envidiables que no saben renunciar a los postres ricos en calorías porque, a pesar de tales excesos, no añaden ni gramo de peso… Y probablemente nosotros pertenecemos al otro grupo: a esos tipos dignos de compasión que han de extremar su cuidado incluso ordenando medias raciones, porque de lo contrario lo pagan viendo cómo  dispara el fiel de la balanza.

Según la voz popular, los primeros sabrían quemar calorías, al contrario que los segundos. Dicho esto mismo de manera menos popular, tales diferencias tienen que ver con el metabolismo corporal.

Al organismo hay que suministrarle constantemente energía en forma de alimentos si queremos que funcione debidamente. El calor así producido se mide en Julios (J), aunque en lenguaje corriente todavía se sigue utilizando el término familiar de calorías (cal).

Estar delgado no es sólo una cuestión de autodisciplina. Frecuentemente lo determinan factores genéticos.

EQUILIBRIO FINAL Actualmente se distinguen dos formas de metabolismo energético. En primer término, el metabolismo basal, también denominado metabolismo de mantenimiento o de reposo, que indica la producción energía del cuerpo que, en estado de reposo y a una temperatura corporal de 37°C, es necesaria para el mantenimiento de las funciones orgánicas. Con la alimentación se debe aportar un promedio de 1.400-1.800 Kcal. (5.880-7.560 kJ) a modo de combustible. Sin embargo, este metabolismo basal tiene un nivel distinto en cada persona, en función de la edad, el sexo, el peso y otros factores personales y genéticos.

Pero, además de esta energía básica, el organismo necesita también energía para las distintas actividades corporales que realiza. Si se trata de una actividad ligera, como por ejemplo el trabajo de oficina, el denominado metabolismo laboral exige al día por término medio 2.300-2.500 Kcal. (9.660-10.500 kJ). En cambio, en situaciones que requieren grandes esfuerzos, con especial desgaste muscular, la cifra puede llegar casi duplicarse y ascender a las 3.500-4.000 Kcal. (14.700-16.800 KJ). Pero también se consume energía con la digestión o la regulación de la temperatura corporal, así como con las emociones (como sucede, por ejemplo, cuando nos dejamos llevar por la ira en medio de un ataque de rabia).

Tratar de no engordar suele representar muchos sacrificios; una dieta regular
puede no producir los resultados esperados.

EL FIEL DE LA BALANZA Se podría afirmar entonces que, en el caso ideal de un nivel de energía equilibrado (es decir, cuando la ingestión y consumo de energía son más o menos iguales), el peso corporal se mantiene fundamentalmente constante. Pero aquí entran en juego también las particularidades personales antes mencionadas.



En efecto, si se registra un superávit en el balance energético, es decir, un exceso en energía alimenticia, éste es almacenado por las células del tejido adiposo en forma de “grasa de reserva”; ésta equivale, en cierto modo, a la corteza de tocino que se guarda para los tiempos flacos, para que en caso de necesidad el cuerpo puede recurrir a sí mismo para alimentarse. Pero, a corto plazo (o largo, según se mire), una excesiva reserva de grasa conduce a un aumento de peso superfluo, si bien recientes experimentos han demostrado que un constante exceso de alimentación en distintas personas puede tener efectos muy distintos.

Cuando los quemadores de calorías no comen con moderación, su cuerpo incrementa su producción de calor y quema en poco tiempo hasta un tercio de la energía sobrante. En cambio, en los que no queman calorías el exceso de alimentación produce otros efectos: almacenan más grasa y aumentan más fácilmente de peso. Hay también otra serie de factores físicos que influyen en las oscilaciones del metabolismo basal. Así, por ejemplo, éste aumenta en caso de fiebre, de embarazo y de determinadas enfermedades, mientras que, por el contrario, el estrés producido por los cambios hormonales puede hacerlo bajar.

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