Caso de los Esposos Rosenberg Historia de la Ejecución Por Espionaje



CASO DE LOS ESPOSOS ROSENBERG
Historia de su Ejecución Por Espionaje

Dentro de la variada gama de causas que ventilan los tribunales de todas las latitudes para cumplir con su misión de instruir justicia, tal vez ninguna revista caracteres tan apasionantes como los casos de espionajes mayor y de alta traición. Ello porque en esta clase de procesos, más allá de la suerte individual de los acusados, están comprometidos el destino de una nación, de una causa, o de una guerra; en suma, los grandes intereses que mueven y dividen a los pueblos. En su conjunto, estos juicios representan, ni más ni menos, un panorama y una síntesis de las complejas peripecias del acontecer mundial. Aisladamente, cada uno constituye en sí un trozo de momento histórico crucial.

EL CONTROVERTIDO CASO DE LOS ESPOSOS ROSENBERG

Pero con la detención y condena de Harry Gold el affaire de «los robos atómicos» estaba aún lejos de terminar. Faltaba su capítulo más dramático. Gold mencionó en sus declaraciones que en 1945 había recibido de manos de David Greenglass, un técnico militar de Los Álamos, el esquema de una «lente implosiva», una de las piezas claves de la bomba. Arrestado Greenglass, a su vez decidió hablar claro: «He sido reclutado —afirmó— por mi hermana Ethel y mi cuñado Julias Rosenberg. Ambos dirigen una organización soviética encargada de obtener informes atómicos».

Así se inició el célebre caso del matrimonio Rosenberg. Los Rosenberg fueron detenidos el 17 de julio de 1950. Un amigo de la pareja, Morton Sobell, un experto en radar acusado de haberles facilitado un croquis ultrasecreto, huyó a México, donde según declaró después fue literalmente «secuestrado por un contando del F.B.I.».

Desde hacía tres semanas la guerra causaba estragos en Corea y los norteamericanos temían verse comprometidos de un momento a otro en un conflicto mundial. Así fue como en este clima, la angustia, la fiebre y la cólera colectiva que vivía el pueblo norteamericano iban a cristalizar en torno a los Rosenberg. (foto: Ethel y Julius Rosenberg)

A la reflexión de «Si Stalin no hubiese dispuesto de la bomba» se añadió con naturalidad la de «Si los Rosenberg no nos hubieran traicionado»…. en el ánimo de muchos personeros del Gobierno norteamericano.

En un clima de histerismo próximo al delirio, la pareja fue juzgada. El gran jurado federal reunido para examinar la causa inició sus labores el 6 de marzo de 1951, en la Corte de Nueva York. Julius y Elhel Rosenberg, Morton Sobell y David Greenglass fueron acusados de violar la ley federal con fines de espionaje.

El último de ellos se declaró culpable, y los tres primeros negaron su culpabilidad. Tras un dramático proceso, el magistrado Irving Robert Kaufman dictó sentencia el 5 de abril de 1951. Sobell fue condenado a 30 años de cárcel, Greeaglass a 15 y el matrimonio Rosenberg a la pena de muerte.

Antes de que la pareja fuera ejecutada en la silla eléctrica de Sing-Sing, el 19 de junio de 1953, el caso fue sometido a una de las más prolijas revisiones de toda la historia procesal norteamericana. La Corte de Distrito de los EE. UU. lo examinó 16 veces, a raíz de sucesivas apelaciones, solicitudes de remisión y demandas de clemencia al Presidente de la nación. Dieciséis años más tarde, en 1969, el caso Rosemberg continua apasionando a los historiadores habiéndose hecho varias comprobaciones a través de la perspectiva que otorga el tiempo.

Lo que queda en pie es que los Rosenberg, al parecer, pagaron por los otros inculpados. Condenado a 14 años de reclusión, el sabio Klaus Fuch fue liberado a los cinco años, prosiguiendo actualmente su brillante carrera científica en Alemania Oriental. Harry Gold, su contacto, deudor de 30 años, sólo cumplió 15.

Greenglass, por su parte, quien hizo recaer toda la responsabilidad sobre su cuñado y su hermana, salió del atolladero con un veredicto de 15 años, de los cuales purgó apenas un tercio. Y por su parte, Morton Sobell, el compañero de los Rosenberg, acaba de salir en libertad a principios de 1969, habiendo cumplido un poco más de la mitad de su pena.



Muchos juristas norteamericanos estiman que a la hora actual no se condenaría a muerte a los Rosenberg. Que la sentencia estuvo influida por el momento histórico que vivía los EE. UU. en los días del proceso.

En marzo de 1951 la guerra de Corea alcanzaba su punto culminante: Mac Arthur proyectaba invadir China y utilizar la bomba atómica. Asimismo, en el presente se piensa que los Roseriberg, aunque creían ayudar a la URSS con sus actividades de espionaje, todo aquello no tendría prácticamente ningún sentido desde el punto de vista científico.

Trataríase de un trabajo de aficionado, ridículo por ingenuo y absolutamente inofensivo. Los defensores de esta última tesis van aún más lejos y estiman que los rusos no tenían ninguna necesidad de los Rosenberg para convertir a su país en una potencia nuclear, ya que el físico soviético Kurtchakov al parecer conocía los .principios fundamentales de la bomba con anterioridad a los norteamericanos, como lo admite la revista «Time». Otros historiadores juzgan incluso totalmente inocentes a los Rosenberg, fundándose en la fragilidad de los testimonios que causaron la pérdida de los acusados.

Entre ellos figura Alain Decaux, quien les había dedicado una obra de teatro, representada a tablero vuelto este último tiempo en París, titulada: «Los Rosenberg no deben morir«. Por último, el testimonio de un antiguo militante del Partido Comunista norteamericano, Irwin Edelman, asegura que otro elemento capital intervino en perjuicio de los Rosenberg.

Este sería que los comunistas no deseaban verlos declarados inocentes, o condenados a una simple pena de prisión. Deseaban que se les ejecutase. Y entre bastidores habrían hecho cuanto estaba en su poder por conseguirlo, orientando incluso ciertos testimonios.

La razón era —según Edelman— que necesitaban imperiosamente mártires inmolados en aras de la guerra fría. El hecho es que, a dieciséis años de la ejecución de los Rosenberg, el caso sigue apasionando y sin haberse esclarecido del todo, y acaso nunca se conozca la exacta verdad de lo que ocurrió.

Del Dr. Harold C. Urey, científico nuclear, ganador del Premio Nobel, en una carta al New York Times:

«Después de haber leído los testimonios del caso de los Rosenberg, entiendo que no puedo acallar mis dudas sobre el veredicto y deseo citar los siguientes puntos:

«1) El testimonio de Max Elitch es de valor dudoso. Dice que él y Julius conversaron sobre espionaje pero que no transmitieron ninguna información durante cinco años. Esto no me parece probable.

«2) No se estableció de modo seguro que Sobell y Rosenberg hayan conspirado juntos.



«3) No s.e establecen las conexiones con otras personas fuera de Ruth y David Greenglass. La señorita Bentley fué incapaz de reconocer la voz telefónica que dijo: «Hable Julius» como la voz de Julius Rosenberg. Si ese «Julius» no era él en este caso, probablemente tampoco fuera cuando Harry Gold dijo: «Vengo de parte de Julius» al encontrarse con Greenglass en Nuevo Méjico. Del testimonio de Gold surge que no conocía en absoluto a Rosenberg. Me parece increíble que el nombre de un conspirador de primera importancia se utilizara en tales frases de identificación.

«4) No se establece ningún contacto entre Rosenberg y Anatoli A. Yakovlev.

«5) La acusación del Gobierno se apoya en el testimonio de Ruth y David Greenglass. El se ha confesado culpable pero no ha sido sentenciado y espera clemencia. Ella nunca ha sido acusada y juzgada, y parece, evidentemente, como premio a su testimonio. Existía una enemistad familiar entre los Greenglass y los Rosenberg debido a una diferencia de orden comercial. El testimonio de los Rosenberg contradice absolutamente el de los Greenglass.

«Encuentro que el testimonio de los Rosenberg es más digno de crédito que el de los Greenglass, aun cuando me doy cuenta de que no he tenido la ventaja de los jueces de escuchar y ver los testigos. ¿Es costumbre pagar a los espías con relojes pulsera y mesas? A Greenglass y a Fuchs se les pagó al contado. Los Rosenberg parecen haber sido pobres como ratas y la declaración de que Julius gastaba 50 ó 75 dólares por noche en los night clubs me parece muy dudosa. Si hubiera hecho ésto, habría aparecido como evidente e inexplicablemente rico ante todos sus socios.

«Sin embargo, aun cuando el veredicto sea correcto, me asombra que el mismo crimen reciba tan desigual castigo. Tratándose exactamente de la misma conspiración. Ruth Greenglass nunca fue enjuiciada, aun cuando admitió su culpabilidad al prestar testimonio; a David Greenglass lo condenaron a quince años de prisión; Morton Sobell y Harry Gold fueron condenados a treinta y a Ethel y Julius Rosenberg se los sentencia a muerte.

«Sólo estos dos últimos subieron al estrado de los testigos y sostuvieron su inocencia. Si la, pena capital se aplicara en el futuro al espionaje, me gustaría verla aplicada en casos donde la prueba se apoye en la declaración de testigos que no pueden sacar beneficio de su testimonio.

«Estamos comprometidos en una guerra fría con el tiránico gobierno de la Unión Soviética. Queremos ganar la aprobación y la lealtad de la gente del mundo entero. ¿No resultaría embarazoso que después de ejecutar a los Rosenberg se pudiera demostrar que los Estados Unidos habían ejecutado a dos personas inocentes y dejado en completa libertad a un culpable? Y recordad que en algún lugar, hay un representante de la Unión Soviética que conoce los hechos».

«Insisto en que se debe reconsiderar cuidadosamente esta sentencia».

Fuente Consultada:
Hechos Históricos Revista Nro.21 – Wikipedia – Secretos y Misterios de la Historia – Revista Muy Interesante



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