Biografia de James Joyce Escritor Irlandes de Ulises Resumen



Biografía de James Joyce, Escritor Irlandés

BIOGRAFÍA: Escritor irlandés, nacido en Dublín, el 2 de febrero de 1882. Fallecido en Zúrich, 13 de enero de 1941. Joyce fue uno de los escritores más respetados del siglo 20, cuyo libro Ulises, es a menudo considerado como una de las mejores novelas jamás escritas.

Su exploración del lenguaje y las nuevas formas literarias mostró no sólo su particular genio como escritor, sino también dio lugar a un nuevo enfoque para los novelistas, que se basó en la técnica de la corriente de la conciencia y el examen de los grandes eventos a través de las pequeñas cosas en la vida cotidiana.

Algunos críticos consideran a James Joyce como el novelista más importante del siglo XX y uno de los talentos creadores más asombrosos de todos los tiempos.

Joyce provenía de una gran familia. Él era el mayor de diez hijos de John Stanislaus Joyce y su esposa May Joyce, como su padre, sostenía que su ascendencia familiar provenía del antiguo clan irlandés de los Galway. Su padre, mientras era un cantante con talento (se decía que tenía una de las mejores voces de tenor en toda Irlanda), no podía proporcionar una estabilidad en el hogar. Le gustaba beber y su falta de atención a la economía familiar significó cierta miseria para toda la familia.

Nacido en Dublín el 2 de febrero de 1882, su educación fue la normal entre los hijos de las clases medias acomodadas de su país, o sea dentro de una rigurosa tradición católica. Cursó estudios en dos colegios de la Orden de Jesús, Clongowes Wood School y Belvedere College, y la formación jesuítica influiría poderosamente, por reacción paulatina, en su despertar al mundo y en el posterior rompimiento con las tradiciones de su tierra. Sin embargo, toda la obra literaria de Joyce giraría alrededor de su ciudad natal y de su gente, en un esfuerzo por unlversalizar la abrumadora herencia irlandesa.

La devoción católica de los años mozos arrancaba del propio hogar, donde su madre manifestaba la ortodoxia sincera de una mujer sencilla y esposa sumisa, mientras que una niñera, llamada Conway, se empecinaba en el puritanismo a ultranza, propio de un temperamento exaltado. Esta señora, a quien el pequeño James conocía por Dante (sin duda deformación de auntie, «tía»), le enseñó a leer y a escribir, además de las cuatro reglas de la aritmética; pero sobre todo le inculcó la indispensable fe en Dios, para facilitar su futura aceptación en Clongowes Wood School cuando contaba seis años de edad.

Un día en que estaba jugando con su hermano Stanislaus junto a un río, James fue atacado por un perro, lo que le acarrearía una fobia de por vida hacia estos animales. Desde temprana edad, James Joyce no sólo se mostró superior en inteligencia, sino también un don para la escritura y la pasión por la literatura. Él aprendió por sí mismo noruego para poder leer obras de Henrik Ibsen en la lengua que había sido escrita, y pasó su tiempo libre devorando Dante, Aristóteles y Tomás de Aquino.

A una temprana edad se familiarizó con el mito de Ulises, personaje que habría de inspirarle en los años de madurez el título y la dimensión simbólica de su obra más famosa. Joyce alcanzó fama internacional en 1922 con la publicación de Ulises, una novela cuya idea principal se basa en la Odisea de Homero y que abarca un periodo de 24 horas en las vidas de Leopold Bloom, un judío irlandés, y de Stephen Dedalus, y cuyo clímax se produce al encontrarse ambos personajes. El tema principal de la novela gira en torno a la búsqueda simbólica de un hijo por parte de Bloom y a la conciencia emergente de Dedalus de dedicarse a la escritura.

Debido a su inteligencia la familia lo llevó a obtener una educación. En gran parte educado por jesuitas, Joyce asistió a las escuelas de Irlanda del Clogowes Wood College y más tarde Belvedere College antes de finalmente aterrizar en el Real de la Universidad de Dublín, donde obtuvo una Licenciatura en Artes con un enfoque sobre las lenguas modernas.



En el colegio, James se reveló no sólo como un buen deportista, sino como uno de los estudiantes más aplicados. Significativamente aquellos deportes en los que sobresalía eran los de esfuerzo individual, como, por ejemplo, las carreras a pie o la natación. Toda su vida odió la brutalidad; acaso por ello no sintió ninguna inclinación por el rugby, el fútbol, la lucha y el boxeo, y sí, en cambio, le gustaba el criquet.

La identificación admirativa que James demostró hacia su padre durante bastantes años contrastaba con el creciente desprecio que su hermano Stanislaus iba acumulando hacia aquel hombre tan poco responsable ante la familia, como irrespetuoso con su esposa.

La relación de Joyce con su país de origen fue compleja y después de graduarse se fue de Irlanda a vivir una nueva vida en París, donde quería estudiar medicina. Volvió, sin embargo, no mucho después al enterarse de que su madre había enfermado. Ella murió en 1903.

Joyce se quedó en España por un corto tiempo, el tiempo suficiente para enamorarse de Nora Barnacle, una camarera de su hotel, que provenía de Galway y más tarde se convirtió en su esposa hasta el final de sus días.

Durante este tiempo, Joyce escribió su primera historia corta publicada en la revista irlandesa Homestead. La publicación recogió otras dos obras de Joyce, pero este inicio de su carrera literaria no fue suficiente económicamente para mantenerlo en España ya a finales de 1904 y Barnacle se trasladó primero a lo que hoy es la ciudad croata de Pula antes de establecerse en la ciudad portuaria italiana de Trieste.

Allí, Joyce enseña inglés y aprendió italiano, una de las 17 lenguas que podía hablar, una lista que incluye el árabe, el sánscrito y el griego. Joyce y Barnacle (los dos no se casaron formalmente treinta años después de conocerse) hicieron de su hogar las ciudades de Roma y París. Para mantener a su familia (la pareja tenía dos hijos, Giorgio y Lucía) Joyce busca trabajo como profesor.

Al mismo tiempo, sin embargo, Joyce continuó escribiendo y en 1914 publicó su primer libro, Dublineses, una colección de 15 relatos cortos. Dos años más tarde, Joyce saca un segundo libro, la novela Retrato del artista adolescente (1916), muy autobiográfica, recrea su juventud y vida familiar en la historia de su protagonista, Stephen Dedalus.

En 1915 Joyce escribió una obra teatral, Exiles, que acusaba todavía la influencia de Henrik Ibsen. Fue la única pieza escénica original cuya publicación consintió su autor. Los años siguientes corresponden a la aparición de A Portrait en forma total en Nueva York y Londres.

Al término de la primera guerra mundial los Joyce volvieron a Trieste, pero al poco tiempo decidieron trasladarse a París. Allí, James, gracias a la ayuda de algunos buenos amigos, que hicieron de amanuenses, pudo terminar Ulysses. La obra se publicó en la capital francesa en 1922, pero pasarían muchos años antes de que la censura anglosajona diese su aprobación a una edición en lengua inglesa.

Joyce alcanzó fama internacional en 1922 con la publicación de Ulises, una novela cuya idea principal se basa en la Odisea de Homero y que abarca un periodo de 24 horas en las vidas de Leopold Bloom, un judío irlandés, y de Stephen Dedalus, y cuyo clímax se produce al encontrarse ambos personajes. El tema principal de la novela gira en torno a la búsqueda simbólica de un hijo por parte de Bloom y a la conciencia emergente de Dedalus de dedicarse a la escritura.



En Ulises, Joyce lleva aún más lejos la técnica del monólogo interior, como medio extraordinario para retratar a los personajes, combinándolo con el empleo del mimetismo oral y la parodia de los estilos literarios como método narrativo global.

En 1931 James se casó con Nora Barnacle para proteger los derechos civiles de su descendencia. Al año siguiente se diagnosticó la dolencia mental de su hija Lucía como un caso de esquizofrenia, lo que obligó a intensificar la solicitud de los esposos Joyce. El propio James no era ajeno a los achaques y a la extenuación. Por si ello fuera poco, su miopía se había ido incrementando hasta convertirse en ceguera en los últimos años de su vida. Ni siquiera este formidable defecto físico le hizo desistir de su tarea. Terminó Finnegan’s Wake en 1939, en los albores de la segunda guerra mundial.

En ese mismo año  los Joyce emprendieron de nuevo la marcha a través de los Alpes, para acogerse de nuevo a la neutralidad suiza. Pero James esta vez no sería ni siquiera remoto e indiferente testigo del holocausto  humano. Una perforación ulcerosa acabó con su vida, en Zurich, el 13 de enero de 1941.

Su última novela, en la que los mundos mítico y doméstico se confunden en una atmósfera onírica y escatológica de múltiples resonancias, representaba la contestación a la última pregunta de su vulnerable y humanísimo héroe: ¿adonde vamos?. Con Finnegans wake entramos en el reino del subconsciente y dei inconsciente, en los lejanos recovecos del cerebro. Sin embargo, hasta para James Joyce resultó imposible representarse lo que pudiera haber en un Más Allá. De todos modos, este incansable mago del lenguaje abrió en el género novelesco dimensiones insospechadas para quienes creían en la novela naturalista de finales del siglo XIX.

Tras padecer una úlcera de duodeno y una peritonitis, que sumado al fracaso de su último libro, “Finnegans wake”, que lleva ese peculiar estilo suyo hasta sus últimas consecuencias: en él se entremezclan elementos hasta de 60 idiomas, vocablos insólitos e incluso formas sintácticas nuevas, comienza una recaída física, que lo llevará a su muerte en 1941.

El escritor argentino Jorge Luis Borges afirmó sobre el autor: «Es indiscutible que Joyce es uno de los primeros escritores de nuestro tiempo. Verbalmente, es quizá el primero. En el Ulises hay sentencias, hay párrafos, que no son inferiores a los más ilustres de Shakespeare o de Sir Thomas Browne.»

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