Ideas Educativas de Mitre La educacion en la Organizacion Nacional



Ideas Educativas de Mitre
LA EDUCACIÓN EN LA PRIMERA ETAPA DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL

En el período que sigue a la caída de Rosas se va afianzando cada vez más en el espíritu colectivo la idea de la instrucción pública como un deber y una necesidad ineludible del Estado. En la educación de las masas, decían los hombres más representativos de la época, radica el progreso futuro de la República. La escuela es el órgano forjador de la nacionalidad, el factor fundamental para la reorganización del país.

Tal era la idea inspiradora de la obra educacional que antecedió a la verdadera acción unificada, llevada recién a término en la presidencia de Sarmiento. Entre 1853 y 1860 se dictaron las constituciones provinciales, que siguiendo las huellas del vencedor de Caseros, fueron estableciendo los principios de la instrucción popular. «La salvación de la patria se exteriorizaba en un hecho: abrir escuelas, educar, instruir. No hubo autoridad provincial ni central que no consagrara este principio en sus mensajes leídos ante las nacientes legislaturas. Y cuando llegó la ‘hora de la cimentación de las instituciones, la impulsión dada hizo entrar la administración escolar en un cauce que preparaba los rumbos normales y definitivos».

La Constitución de 1853 dejó librada a las provincias la organización de la enseñanza. De manera que todo el movimiento educacional posterior a Caseros y anterior a 1870, si bien generalizado a todo el país, no fue sino el producto de la obra aislada y exclusiva de las provincias, sin que obedeciera a la intervención directa del gobierno de la Confederación primero, o de la Nación después. Faltó, en consecuencia, un criterio orgánico que unificara la enseñanza. No obstante, en estos primeros años de la organización nacional, dos centros irradiaron su influencia renovadora hacia

la República: Buenos Aires, bajo el impulso extraordinario de Sarmiento, y Entre Ríos, sede del gobierno del General Urquiza, donde la acción oficial difundió notablemente la instrucción pública.

El gobierno de Mitre encaró el problema educacional del país en toda su complejidad, aunque vio obstaculizada su acción por la gravedad de la situación política y las dificultades económicas. Empero, la administración de Mitre hizo sentir regularmente el apoyo efectivo de la Nación subvencionando la instrucción pública en las provincias, y marcó el punto de partida de la organización de la enseñanza secundaria en toda la República con la creación del Colegio nacional.

La preocupación pedagógica de la época se tradujo en una intensa difusión de obras europeas. La pedagogía francesa y la española influyeron especialmente, mediante los libros o la acción personal de los hombres que llegaron al país y se dedicaron a la enseñanza. En 1855 el Canónigo Piñero publicó un libro titulado Principios de Educación.

Se inició además el período de una didáctica sistematizada. Aparecieron las primeras revistas que revelan interés por el mejoramiento de la faz didáctica de la escuela primaria: Anales de la Educación Común, El Auxiliar Nemónico de las Escuelas y La Escuela Primaria.

El Gobernador Saavedra creó en Buenos Aires, con la fundación de la Escuela Normal de 1865, el primer centro de ensayo de sistematización didáctica. Esta institución, que tuvo como Director a Marcos Sastre y como vice a Enrique de Santa Olalla, no prosperó, siendo suprimida seis años después de su creación.

La concepción educacional de Mitre. La presidencia del General Mitre, inaugurada el 12 de octubre de 1862, se caracteriza por el vigoroso impulso dado a la enseñanza pública, no obstante las dificultades de todo orden que sobrevinieron como consecuencia de las dolorosas convulsiones internas y de la guerra del Paraguay. Es una época crítica, de inestabilidad y formación, en la que se inicia la ardua obra de pacificación del país y de adaptación a las nuevas formas constitucionales. El problema esencial que Mitre se plantea es el de consolidar la unión nacional, el de fortalecer en la juventud argentina la fe en un común destino, que superando los viejos antagonismos, afianzase la conciencia de la nacionalidad. Advierte, en consecuencia, junto al deber ineludible de todo estado democrático de propagar la educación elemental para extirpar el mal de la incultura, «mole de ignorancia -decía que sube y nos arrastra», la necesidad de difundir la enseñanza secundaria a fin de preparar las futuras clases dirigentes, ilustrándolas y capacitándolas para las múltiples funciones de la vida social.

En el discurso que pronunció en 1870 ante el Senado de la Nación, oponiéndose a un proyecto de becas universitarias, para proponer, en cambio, que se destinaran los recursos disponibles a fomentar la enseñanza común, están expuestos los principios que orientaron la acción educativa durante su presidencia. Argumentaba Mitre que la sociedad debe a los miembros que la componen aquellos servicios indispensables que son de interés general, y entre los cuales la educación ocupa el primer lugar.



De ahí, que considerara necesaria y legítima la intervención estatal en la educación, con el objeto de propagarla sistemáticamente. La difícil situación económica por la que atravesaba el país, requería que se destinaran los escasos recursos a satisfacer las necesidades más urgentes y apremiantes. No es propio de un pueblo democrático, alegaba Mitre, beneficiar con sus recursos a la enseñanza superior impartida a unos pocos, en detrimento de la educación común que interesa al mayor número de habitantes.

Es necesario «que la inteligencia gobierne, que el pueblo se eduque para gobernarse mejor, para que la razón pública se forme, para que el gobierno sea la imagen y semejanza de la inteligencia, y esto sólo se consigue elevando el nivel intelectual y moral de los más instruidos y educando al mayor número posible de ignorantes para que la barbarie no nos venza». Por eso, al lado de las escuelas primarias era preciso crear colegios nacionales que habilitaran al individuo para la vida social.

«Si dada nuestra desproporción alarmante entre el saber y la ignorancia, no echásemos anualmente a la circulación en cada provincia una cantidad de hombres completamente educados para la vida pública, el nivel intelectual descendería rápidamente, y no tendríamos ciudadanos aptos para gobernar, legislar, juzgar, ni enseñar, y hasta la aspiración hacia lo mejor se perdería, porque desaparecerían de las cabezas de las columnas populares esos directores inteligentes, que con mayor caudal de luces las guían en su camino y procuran mejorar su suerte, animados por la pasión consciente del bien.»

La instrucción secundaria y la creación del Colegio Nacional.

El vasto movimiento de desarrollo de la instrucción secundaria, que Mitre realiza con el objeto de lograr la consolidación y el arraigo de las nuevas instituciones políticas, se inicia con la fundación del Colegio Nacional de Buenos Aires.

Antes de llevar a cabo las reformas necesarias para sistematizar y uniformar la enseñanza secundaria en todos los establecimientos dependientes de la Nación, el Poder Ejecutivo comisionó al doctor Eusebio Bedoya y a Domingo Vico para que presentaran, respectivamente, una información detallada sobre la enseñanza en el Colegio de Montserrat y en el de Concepción del Uruguay. Eran éstos los dos únicos institutos de enseñanza secundaria entonces existentes en el país, además del Colegio Seminario y de Ciencias Morales de Buenos Aires. Una vez estudiados los informes de los comisionados, el Poder Ejecutivo resolvió, por decreto del 14 de marzo de 1863, la creación del Colegio Nacional de Buenos Aires, que había de servir de guía para los que se fundaran en el futuro.

El citado decreto disponía que «sobre la base del Colegio Seminario y de Ciencias Morales y con el nombre de Colegio Nacional se establecerá una casa de educación científica preparatoria, en la que se cursarán las letras y humanidades, las ciencias morales y las ciencias físicas y exactas». La importancia excepcional de la creación del Colegio Nacional deriva del sentido cultural y político que Mitre asignó a la enseñanza secundaria.

En los considerando s del decreto ya citado, del 14 de marzo de 1863, el Poder Ejecutivo deja claramente establecidos los fines del Colegio Nacional, expresando que «uno de los deberes del gobierno nacional es fomentar la educación secundaria, dándole aplicaciones útiles y variadas, a fin de proporcionar mayores facilidades a la juventud de las provincias que se dedica a las carreras científicas y literarias … «.

El Colegio Nacional tenía como objeto habilitar al hombre para las múltiples exigencias de la vida social, elevando el nivel intelectual y moral del pueblo y formando ciudadanos aptos para gobernar y ejercer sus derechos. Era la institución educacional costeada por la Nación para todos los jóvenes argentinos y no simplemente un establecimiento destinado a ilustrar una determinada clase social. Era, pues, a la vez que institución preparatoria para los estudios superiores, un medio para lograr la solidaridad total de la Nación. Era el colegio que forja la conciencia nacional.

Fuente Consultada: Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.



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