La Inferioridad de la Mujer Frente Al Hombre Construcción Social



La Inferioridad de la Mujer Frente Al Hombre
Una Construcción Social

El joven poeta francés,Arthur Rimbaud, una vez escribió: «Cuando sea rota la infinita servidumbre de la mujer, cuando ésta viva para sí y por sí, ya que hasta ahora el hombre la ha desplazado… ¡también será poeta!.

La mujer encontrará lo desconocido. Sus mundos e ideas serán diferentes a los nuestros. Encontrará cosas extrañas, insondables, misteriosas, deliciosas: nosotros las tomaremos, las comprenderemos…»            

inferioridad de la mujer frente al hombre   

¿Las comprenderemos, realmente? ¿Aceptaremos —nosotros los hombres— una mujer que no sea el negativo del varón sino un ser auto nomo, libre, creativo? ¿Soportaremos que sea —como quiere Rimbaud— capaz de encontrar cosas «extrañas, insondables, misteriosas, deliciosas»?.

Sí, podemos y debemos formularnos todas estas preguntas.

Porque la mujer todavía debe inventarse. Lo que existe hasta ahora es una verdadera problemática de la feminidad, no definitivamente resuelta, y con una serie de implicaciones psicológicas y socioculturales.

La mujer, actualmente, sigue buscando su verdadera personalidad. La psicología femenina es difícil de comprender y de explicar —incluso para las mismas mujeres— porque sus características mezclan inextricablemente lo que podría provenir del hecho biológico de ser mujer con los condicionamientos históricos.

La búsqueda del eterno femenino parece polarizarse en una serie de antinomias esquemáticas: varón activo-mujer pasiva, varón con iniciativa-mujer que espera, varón agresivo-mujer masoquista, etc.

Y como muchas veces se ha  dicho, esto no aclara el problema, sino que lo limita y lo encierra en casilleros demasiado estrechos.

Vale recordar las palabras de Bernard Muldworf: «La inferioridad social de la mujer es un hecho, pero no es una fatalidad biológica. Es el resultado provisional de la evolución histórica, vale decir una situación particular de la mujer, social e históricamente determinada, que marca todo el conjunto de comportamientos y manifestaciones englobados en el término general de feminidad».

La confusión se acentúa porque la reacción contra la opresión masculina ha llevado a un feminismo a ultranza, según el cual la mujer no sería un complemento del varón —así como éste lo es de la mujer-sino un ser totalmente distinto, independiente y quizá superior.

Este es otro esquema limitativo, otro camino sin salida. Pero entonces, ¿dónde está el equilibrro? ¿Dónde está esa mujer que todavía debe inventarse?.

DULCE, DÓCIL, DELICADA
Sus armas son la sonrisa, el asentimiento, la fragilidad. Es dulce, dócil, delicada: la perfecta imagen de la pastora o la princesa del cuento de hadas.

No hace nada que pueda contrariar al varón. Opina sólo para estar de acuerdo. Si no lo está dice que lo está. O calla.

Del hombre lo espera todo: fuerza, apoyo material, un amor protector y con visos paternalistas. Ella, en cambio, le dará hijos y calidez hogareña. Nada más. ¿Qué otra cosa necesita el varón todopoderoso que se autoabastece económica y espiritualmente?.

No se siente esclava porque tiene coartadas estéticas: basta con ser bonita. Y coartadas familiares: basta con casarse para realizarse. Y coartadas sociales: basta con cuidar del hogar y de la familia.

Y coartadas económicas: basta con el orden doméstico, puesto que es su compañero quien mantiene y sostiene. Sí: es dulce, dócil, delicada. Y a muchos hombres les gusta así.

DURA, DOMINANTE, DECIDIDA
Sus armas son la discusión, la negativa, la fuerza. Es dura, dominante, decidida: la perfecta imagen de la valquiria o la amazona, capaz de guerrear a la par del varón, capaz incluso de vencerlo.

Hace todo lo posible para establecer su superioridad sobre el sexo masculino. Opina siempre para no estar de acuerdo. Si está de acuerdo dice que no lo está. Nunca calla.

Del hombre no espera nada, no quiere nada. Se considera autosuficiente, apta para mantenerse materialmente, para prescindir de protección e incluso de amor. Reniega de la posibilidad de tener hijos y de ser «el hada del hogar». Quiere y necesita demostrar a toda costa su dominio de sí misma y de las circunstancias vitales.



No se siente esclava porque tiene coartadas sociales: basta hablar de liberación para sentirse libre. Y coartadas personales: está capacitada intelectualmente para desempeñarse como un hombre.

Y coartadas económicas: si puede ganar dinero no tiene por qué contar con el apoyo masculino. Sí: es dura, dominante, decidida. ¿Pero a cuántos hombres les gusta así?

LOS DOS MODELOS
Estos son los dos modelos extremos de la mujer. Dos modelos que, evidentemente, no se ajustan a la realidad.

Que el primero les guste a muchos hombres, significa que todavía existe una noción del predominio del varón.

Que el segundo les guste a pocos, significa por un lado miedo masculino a ciertos cambios, y por otro error femenino en cuanto a la concepción de lo que significa ser mujer.

El primer modelo expresa claramente la alienación social de la mujer, mantenida por las costumbres y cristalizada por las instituciones, reflejos de la situación económica del sexo femenino en nuestra cultura.

El segundo expresa el deseo de romper con esa alienación social, pero entrando en otro tipo de ésta: el de la mujer que suplantaría al varón en su papel dominante, en lugar de complementarlo debidamente.

Estos dos modelos son, en realidad, dos malentendidos históricos. Ni más ni menos. Y conviene salirse de ellos si se quiere lograr una verdadera armonía, un verdadero equilibrio.

¿EL HADA 0 LA BRUJA?
El problema del status de la mujer en la sociedad actual se hace más confuso todavía porque ciertos mitos y ficciones acerca del sexo femenino tienen aún tácita vigencia.

Por una parte, aparece la imagen de la tentadora insaciable con sus secuelas menos gratas: la bruja medieval en orgías diabólicas, la mujer vampiro bebedora de sangre de hombres a quienes consumía, la prostituta depredatoria que sólo ansiaría placeres sexuales.



Por otra parte surge el hada asexuada, la madre virgen, la intocable…

¿Qué hay detrás de estos mitos aparentemente contradictorios?.

Es probable que la imagen de la bruja horrible implique la negativa masculina —y femenina— a aceptar la sexualidad real de la mujer.

Es probable que la imagen del hada se base en la observación de que mentalmente la mujer puede separar, a veces, los aspectos sexuales eróticos de los reproductivos.

Pero la mujer de verdad, esa mujer que todavía debe inventarse, no es ni bruja ni hada. Es simplemente mujer. Cosa que no resulta fácil.

¿COMO SOY? ¿COMO QUIERO SER?
Estas dos preguntas pueden abrir una puerta a toda mujer que se las formule con objetividad.

Al cómo soy deberá responder con el profundo conocimiento de sí misma. Físico y espiritual. Será menester que conozca su cuerpo y las funciones de su cuerpo, pero también que analice sus motivaciones y reacciones psicológicas. Y advertirá así que en muchos aspectos es parecida al hombre, y que en muchos otros es distinta de él.

La respuesta al cómo soy conduce a una conclusión clara: una mujer sola es un ser tan incompleto como el hombre solo. Puede, sí, ser autosuficiente en varios aspectos vitales, pero la realización total no se da sino en la complementación.

El cómo quiero ser tiene otras vertientes. Aquí ya no entra la fatalidad biológica, sino que se despliegan como un abanico todas las posibilidades de la voluntad.

¡Pero cuidado! Ese cómo quiero ser suele desvirtuarse por ciertas presiones de moda, por una concepción muchas veces equivocada de la libertad. Aquí conviene recordar las palabras de Erich Fromm en El corazón del hombre:
«La libertad no es otra cosa que la capacidad para seguir la voz de la razón, de la salud, del bienestar, de la conciencia, contra las voces de las pasiones irracionales».

Y  sería una pasión irracional entrar en absurda competencia con el hombre y querer superarlo. No hay motivo para superar algo que no es superior sino diferente.

También es irracional pretender ser diferente, es decir ser iguales al hombre, ya que aquella fatalidad biológica de la que hablábamos impone distinciones fundamentales entre los sexos.

EL ETERNO FEMENINO NO EXISTE
Y  bien: el cómo soy y el cómo quiero ser pueden resolverse en un juego sin contradicciones, en un «soy mujer y quiero ser mejor».

¿Pero mejor en qué? ¿En ese «eterno femenino» que constituye un mito de la sociedad andrógina?. En realidad, el «eterno femenino» no existe. Existen mujeres de tal ambiente, de tal país, de tal época, que tienen tales o cuales ideas, que llevan tal o cual vida.

Definir el «eterno femenino» por el destino físico de la mujer (ser madre) no es bastante. Porque la mujer puede ser madre, y en ello realiza lo más importante de su vida, pero además es un individuo, un ser humano con funciones mentales además de fisiológicas.

Y por eso mismo, creer que ser mejor es conocer y usar de las funciones fisiológicas y sexuales sin limitaciones, tampoco basta para un «ser mujer y ser mejor».

Sería ilusorio esperar el florecimiento de la mujer sólo a través de la liberación sexual, olvidando que el trabajo, la educación, la información y la instrucción la calificarían mucho más en todo sentido.

También sería ineficaz predicar que todas deben trabajar fuera del hogar, sin tener en cuenta diferencias morfológicas y psicológicas.

Y pedir libertad de trabajo y libertad sexual para ella, sin concederle un lugar en la cultura, como creadora y como consumidora, como capaz de innovar y de realizarse, es también limitar el problema.

El mundo en el cual la mujer debe inventarse le ofrece una inmensa gama de posibilidades: maternidad y trabajo, creación y cambios, realización física y espiritual, independencia y unión, derechos y obligaciones.

Solamente asumiendo todas esas, posibilidades, sin desdeñar la ayuda masculina para superar las contradicciones y dificultades que pueden presentarse, ella podrá ser como quería Rimbaud. Y así los hombres sabrán comprenderlas..

Ver: Competencia Mujer-Hombre en la Sociedad Actual

Ver: Los Derechos Sexuales y Reproductivos en Argentina

Ver: El Aborto, Consecuencias

Ver: Violaciones y Agresiones Sexuales

Ver: La Mujer en el Matrimonio

Fuente Consultada:
HOMBRE Y MUJER Para Vivir En Pareja Tomo 3 Editorial SALMO S.R.L.

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