Ivan el Grande Unificacion de Moscovia Historia del Kremlin de Moscu



Ivan el Grande Unificación de Moscovia
Historia del Kremlin de Moscu

Ivan el Grande Inificacion de Moscovia Historia del Kremlin de MoscuIván el Grande amplió su estado de Moscovia (nombre con el que la historiografía occidental designa al gran ducado de Moscú) hasta crear un reino que abarcaba gran parte del norte de Rusia y con el cual pudo desafiar por fin a la Horda de Oro mongola.    

Iván el Grande Iván III Vasilevich gobernó como gran príncipe de Moscú entre 1462 y 1505 y pasó a la posteridad como Iván el Grande. Consolidó la obra de sus antepasados reforzando la posición de Moscovia, uniendo los principados hasta entonces autónomos de Rusia y zafándose del yugo de los mongoles. Fue el primer príncipe de Moscú que pudo proclamarse soberano de toda Rusia.

En un principio compartió el poder con su padre, Basilio II, durante los últimos años de vida de este. Al sucederlo, Iván se fijó la meta de unificar Rusia, pero abordó su labor con prudencia. La primera república rusa que llamó su atención fue Novgorod, pero esta, consciente del poder creciente de Moscovia, se había aliado con Polonia. Esgrimiendo tal alianza como pretexto para lanzar una guerra, Iván invadió Novgorod en 1470, derrotó al principado y cortó sus lazos con Polonia.

Tras años de represión, la república de Novgorod finalmente aceptó a Iván como su regente autocrático en 1477. Con el tiempo, otros principados fueron cayendo en manos de Iván, ya fuera mediante conquistas o por medios diplomáticos. Así, en 1485, con la absorción de Tver, Rusia se había convertido en una única nación bajo el control de un solo líder. Iván el Grande fue el primer regente autocrático que Rusia conoció. Se consideraba heredero del imperio recién abatido de Constantinopla, ya que la Iglesia ortodoxa rusa, como la bizantina, era ajena a Roma.

Su matrimonio con Sofía Palaeologina, sobrina del último emperador hi7an tino, también influyó en Iván, a quien impresionaban el fasto y las tradiciones imperiales. Tal matrimonio le hizo merecedor del emblema del águila de dos cabezas que anteriormente había pertenecido a los bizantinos. Iván se consideraba de una casta superior a la del resto de la aristocracia rusa y subyugó a los boyardos (nobles) a su soberanía, lo cual generó un amplio resentimiento. A su muerte, Iván fue sucedido por su hijo, Basilio III.

Constantinopla cayó bajo el poder de los turcos en 1453 y más tarde la Iglesia ortodoxa rusa consideró a Moscú la ‘tercera Roma’, sucesora de Constantinopla y centro de la Cristiandad ortodoxa. El águila de dos cabezas, símbolo de Bizancio, fue incorporada a las armas moscovitas y permaneció como el emblema de la Santa Rusia. El factor más importante en la investidura de Moscú como ciudad sacra se debió al matrimonio celebrado entre el gran duque Iván III el Grande y Sofía Paleólogo, nieta del último emperador de Bizancio. El gran duque empezó a considerarse zar (del ruso tsar, que a su vez deriva del latín Caesar, ‘césar’) de un régimen autocrático, más que como cabeza de la nobleza. Incorporó a Moscovia (nombre con el que la historiografía occidental designa al gran ducado de Moscú) los estados de Nóvgorod en 1478 y Tver en 1485.

El declive del poder mongol El otro gran logro de Iván el Grande fue rechazar el caciquismo de los mongoles, o tártaros. Los mongoles habían invadido el estado medieval Rus de Kiev en 1223, en su avance hacia Europa del Este a través de Asia. Un contingente del ejército mongol había permanecido en la zona del río Volga. Se trataba de la llamada Horda de Oro. Aunque esta región era básicamente un estado mongol, entre su población había turcos, tártaros, uzbecos y otros pueblos del Asia Central.

La Horda de Oro tenía la misión primordial de recaudar impuestos entre los príncipes rusos, quienes, convertidos ahora en vasallos de señores feudales, debían pagar tributos regulares a sus caciques. Pero dos sucesos debilitaron a la Horda de Oro. Uno de ellos fue la Peste Negra de 1346-1347, que causó estragos en sus filas.

El otro fueron las luchas internas entre los herederos al kanato. Durante la década de 1440, la Horda de Oro se sumió en una guerra civil que dio lugar a la aparición de cinco kanatos distintos. Aquellos cinco estados separados eran mucho más débiles que el estado ruso de Moscovia, el cual había empezado a florecer pese al control tártaro. En 1476, Iván III se negó a pagar más impuestos al kanato de la Gran Horda, el más importante surgido de la división de la Horda de Oro. En un principio, el kan estaba más preocupado por las luchas militares que tenían lugar en Crimea, pero al final decidió castigar a Iván. Así, en 1480 movilizó a su ejército para invadir Moscú.

Los moscovitas exigieron a Iván que emprendiera medidas para derrotar a los mongoles, y el príncipe se preparó para conducir a su ejército a la lucha contra el kan. Las tropas rivales se encontraron a orillas del ríoUgra, pero la batalla no dio comienzo de inmediato, pues ambos ejércitos aguardaban la llegada de refuerzos. Los de Iván llegaron, pero no así los del kanato y, tras varias semanas de pulso en medio del gélido invierno, las tropas del kan se batieron en retirada. Aquel fue el primero de una serie de desastres que desembocaría en la desintegración de la Horda de Oro. Varios meses después, el kan fue asesinado por un rival y el poder mongol sufrió un nuevo varapalo. Los actos de Iván libraron a los rusos de pagar impuestos y les valieron por fin la independencia.

El Kremlin La fortaleza del Kremlin se alzaba en la colina de Borovitsky, en Moscú, desde el siglo IX. Sin embargo, durante su reinado, Iván III mandó rediseñar el complejo y reconstruirlo para demostrar el poder y la superioridad de los moscovitas, convertidos en el centro de una nueva Rusia unificada. Iván III mandó venir a constructores y arquitectos de Italia para diseñar los palacios y las catedrales de su «nuevo» Kremlin, pero estos, en acuerdo a su ubicación, optaron por construir edificios de estilo ruso, no italiano. La ciudadela había ido ampliándose durante el reinado de los predecesores de Iván y en 1368 se habían levantado murallas almenadas de piedra blanca alrededor del emplazamiento triangular de 27,5 hectáreas.

En la década de 1470, Iván III mandó construir la catedral de la Asunción, que acogería la sede de la Iglesia ortodoxa rusa y las futuras coronaciones, asambleas y ceremonias de Estado. Encargó el diseño de la catedral al arquitecto italiano «Aristóteles» Fioravanti, quien viajó por toda Rusia para imbuirse de la esencia del diseño eclesiástico propio del país.

Cuando cuatro años después concluyó su obra, Iván el Grande estaba tan complacido con el resultado que ordenó encarcelar a Fioravanti para impedirle que abandonara Rusia, y el arquitecto murió en cautividad. Fue en la escalinata de la catedral de la Asunción donde Iván el Grande rasgó el fuero que vinculaba a los príncipes rusos con la Horda de Oro. El regente encargó también erigir la catedral del Arcángel San Miguel, el lugar donde reposarían los restos de los gobernantes rusos durante muchos años, y la catedral de la Anunciación, con su cúpula dorada.

La residencia de Iván III se estableció en el palacio de Terem. Además, el soberano mandó construir la Cámara Facetada para celebrar las audiencias de la Corte en una magnífica sala del trono, así como para entretener a sus súbditos con impresionantes fiestas y celebraciones. Los emperadores y las emperatrices que lo sucederían al trono irían añadiendo nuevos edificios al complejo, entre ellos el enorme campanario dorado dedicado a Iván el Grande.

PARA SABER MAS SOBRE IVÁN III…

Gran estadista, Iván III, llamado asimismo Iván el Grande, gobernó con mano firme y contribuyó en gran manera al engrandecimiento de su reino. Sabiendo que Constantinopla había caído en manos de los turcos y que el imperio romano de Occidente había sucumbido siglos antes a las invasiones de los bárbaros, Iván III concibió la idea de hacer de Moscovia la heredera de esos dos imperios. Moscú sería en cierto modo una «tercera» Roma.

La boda de Iván III con Sofía Paleóloga puede considerarse como el primer paso en la realización de ese plan. Sofía era, en efecto, sobrina del último emperador bizantino, Constantino XI, que murió con las armas en la mano en la toma de su capital. Al mismo tiempo pretendía ser el protector de todos los cristianos ortodoxos. Adoptó el ceremonial de la corte de Constantinopla y se hizo llamar «zar», título derivado del latino «cesar» (emperador).

El ambicioso príncipe de Moscú, que por otro lado sólo era el mayor propietario de tierras de su país, estaba en camino de convertirse en el soberano todopoderoso del gran imperio ruso. Sus vasallos, aunque poderosos también y ocupando destacados puestos, no podían negar su autoridad. La vida en la corte revestía un lujo inimaginable.

Político de aguda intuición antes que genial hombre de armas, no por ello tuvo menos éxito al intentar extender las fronteras de su imperio, y él mismo se hizo llamar bien pronto «emperador de todas las Rusias».

En el momento de ampliar su territorio, Iván III tomó la precaución de buscar aliados en el extranjero, y uno de los más importantes fue Maximiliano I de Austria. Propuso a éste que se anexionara Hungría mientras él ponía los ojos en Lituania, pero el emperador de Austria rechazó el plan.

Entonces Iván III se volvió hacia Rusia meridional, tratando de sacar provecho de la falta de unidad de los tártaros y de extender y consolidar sus conquistas. Incluso llegó a firmar un acuerdo con el kan de Crimea, que le permitió liberar a Rusia de todo rastro de dominación mongola. El kan de Sarai intentó alzarse contra las maquinaciones de Iván. Pero el gran príncipe no se inquietó por ello.

Rusia creció también en dirección al Báltico, e Iván tomó la poderosa Novgorod, y volvió a Moscú con una caravana de carros cargados con un rico botín en oro, plata y piedras preciosas. La mayor parte de aquel tesoro sirvió para decorar el Kremlin, ciudad fortificada que se construyó de 1485 a 1495 bajo la dirección de arquitectos italianos (los «Frezine»). Estaba separada del resto de Moscú por gruesas murallas.

Los zares se establecieron en el Kremlin, y embellecieron los edificios existentes o mandaron construir otros nuevos.
La instauración de un régimen absolutista no se logró sin engendrar reacciones; entre otras, la de los boyardos o nobles, que veían de este modo restringirse su poder.

Fuente Consultada:
ATLAS DE HISTORIA DEL MUNDO
ENCICLOPEDIA JUVENIL AZETA TOMO III IVAIII E IVAN IV

La Historia del Mundo en Imágenes


Entradas Relacionadas Al Tema


------------- 000 -----------

imagen-index

------------- 000 -----------