Flora y Fauna de los Desiertos Concepto y La Vida



Flora y Fauna de los Desiertos Concepto y La Vida

Los desiertos cálidos y secos, con una precipitación media inferior a 250 mm. anuales, ocupan más del 14 % de la superficie terrestre. Si se incluyen las estepas vecinas, con precipitaciones algo más abundantes (250-500 mm.), el total de esas zonas casi improductivas alcanza el 28 % de la superficie, o sea unos 40 millones de kilómetros cuadrados. A pesar de que el hombre no pueda cultivar esas regiones desérticas, no todas ellas son yermos completamente áridos.

La nota distintiva del desierto es no sólo la carencia habitual de agua, la sequedad del clima y del terreno, sino el déficit constante entre el agua que cae del cielo en forma de lluvia y la que vuelve a la atmósfera por eyaporación.

Un país o una comarca puede calificarse como desierto si recibe menos de 250 mm. de agua de lluvia al año, pero si esta región sufriera una pérdida por evaporación equivalente a 150 mm. anuales, no sería un desierto, porque le quedaría un remanente de 50 mm. anuales.

En general, una serie de factores, el principal de los cuales es una intensa insolación, provocan una evaporación tal, que sería preciso una cantidad de lluvia también enorme para contrarrestarla o equilibrarla. En el desierto de Nevada, en los Estados Unidos, se realizó un experimento consistente en colocar gran número de depósitos de agua enterrados en una zona totalmente desértica y comprobar qué cantidad de la misma se evaporaba en el transcurso de un año. La cantidad de lluvia en aquel lugar no llegaba a los 200 mm. anuales. Pues bien, se evaporaron más de 300 cm en un año (3 metros). ¡El auténtico desierto de Nevada ofrecía un déficit de unos 280 cm anuales de agua!

La vida tiene gran capacidad de adaptación y ha logrado resolver los problemas de la escasez de agua. Las plantas florecen en los lugares más insospechados, y basta una llovizna repentina para que una superficie desnuda y arenosa se convierta en un mosaico multicolor de flores. Lo que parece ser un desierto sin vida durante el día caluroso, se convierte, al anochecer, en un lugar lleno de vida, donde pululan pequeños animales.

UBICACIÓN DE LOS DESIERTOS Y SUS CARACTERÍSTICAS GENERALES
Los desiertos están situados en dos bandas anchas que rodean la Tierra. Los centros aproximados de estas bandas son los dos trópicos geográficos: el de Cáncer (al norte del ecuador) y el de Capricornio (al sur del ecuador). La sequedad de algunos desiertos, por ejemplo, el de Gobi, en Mongolia, se debe a su posición continental muy alejada del mar, donde los vientos que los recorren han perdido ya casi todo su contenido de humedad.

En la formación de los desiertos, tienen más importancia todavía las corrientes de agua fría de las costas de algunos continentes. El agua helada enfría el aire, lo que, a su vez, hace descender el contenido de humedad que los vientos llevarán a tierra firme.

Muchos desiertos están en el interior de los continentes, en la sombras de lluvia en las montañas. Otros en las regiones costeras desprovistas de humedad, a causa de las corrientes frías. El mayor desierto es el Sahara en el norte de Africa con 9.000.000 de Km2.

La causa de que los desiertos sean muy cálidos es que la escasez de agua en la atmósfera permite que un 90 % del calor del sol penetre hasta el suelo, y el 10 % restante es reflejado o absorbido por las nubes o la neblina.

Por el contrario, durante la noche, se pierde un 90 % del calor del suelo en la atmósfera y las temperaturas descienden rápidamente Las lluvias escasas pueden ser estado nales en algunas regiones.

El norte de África, por ejemplo, tiene un clima mediterráneo, con veranos secos e invierno suaves y húmedos. Por lo tanto, las reglo nes septentrionales del Sahara reciben la mayoría de la lluvia en invierno. Pero la lluvia de la mayor parte de los desiertos no tiene ritmo estacional y no se puede pronosticar. En algunos lugares, no llueve durante 10 años o más, hasta que un aguacero torrencial inunda el suelo duro y abrasado.



La carencia de agua puede ser debida a muchas razones. En los desiertos del Turquestán, en el Asia, la falta de agua se debe a la distancia del mar, verdaderamente notable, a la ausencia de ríos y lagos y a la extrema sequedad de los vientos que azotan aquellas planicies.

En otros lugares son las montañas y su disposición lo que origina los desiertos. El caso más claro se da en los desiertos de las Montañas Rocosas, en los Estados Unidos. Éstas se levantan y se extienden paralelas al Pacífico formando como una barrera natural. La vertiente Oeste, cara al mar, ofrece un paisaje frondoso, verde, con numerosos bosques, campos cultivados y abundancia de ríos, todo lo cual da vida a una zona poblada y rica.

En cambio, la vertiente oriental es de una desolación espantosa. Parece un paisaje lunar, como si hubiese sufrido los efectos de una devastación. Rocas desnudas, vertientes sin una sola brizna de hierba y un llano polvoriento, tapizado de guijarros y arena. La causa de este cambio total de decorado en las dos vertientes de una misma montaña estriba en la orientación del terreno. Los vientos que soplan del Pacífico, cargados de humedad, al chocar con la pared occidental, convierten su carga de vapor en agua, en lluvia, y una vez salvadas las cumbres, descienden por la vertiente oriental completamente secos.

Más notable es el caso de los Andes. A la altura de las costas ecuatorianas y peruanas, los vientos dominantes proceden del SE, es decir, del Chaco y de la Pampa. Cuando han remontado las cadenas de los Andes interiores, pierden la escasa humedad que el paso por la llanura no les había robado y aunque llegan casi secos, cuando descienden por la vertiente andina del Pacífico se hallan completamente desprovistos de agua, por lo cual las altiplanicies del Ecuador, Perú y Bolivia son desérticas.

El desierto no implica necesariamente la existencia de dunas y grandes superficies planas, arenosas, perdiéndose en el horizonte. Existen desiertos muy quebrados y montañosos, sin un grano de arena, de igual modo que algunos desiertos son extremadamente fríos en invierno o durante la noche.

En la mayoría, no llueve durante todo el año, pero en otros se desatan tormentas de una violencia extrema, pero breves. Durante las mismas llueve torrencialmente unas horas, como ocurre en la meseta del Colorado.

La gran cantidad de agua produce una erosión intensa y brutal, los ríos pequeños llegan incluso a desbordarse, pero al cabo de poco tiempo, a veces de unas horas, la tempestad se aleja y el agua es absorbida por la tierra sedienta, que tendrá necesidad de aguardar otra vez durante meses o años a que alguna nube solitaria vierta su carga sobre el árido paisaje.

La temperatura no es una norma general para calificar a una región excesivamente cálida de desértica. En aquellos desiertos situados a una altitud media o elevada, puede darse el caso de un calor insoportable durante el día, seguido de una noche extremadamente fría. En el desierto de Gobi, en el Asia, se producen oscilaciones diarias superiores a los -40°.

En California existe el llamado Valle de la Muerte, formado por un circo, a modo de artesa o cuenco rodeado de montañas, donde no se desliza ni el más pequeño soplo de aire. En cambio el Sol bate con toda su fuerza las rocas que reflejan sus rayos, y calientan de un modo tal el ambiente que es peligroso para un hombre permanecer en él durante un día de verano. Entonces el termómetro puede subir hasta 56o ó más.

Los desiertos se extienden por las regiones subtropicales. En el ecuador no existen desiertos y el más próximo a él es el Sahara, cuyo eje central se halla hacia los 23o de latitud Norte.



Al contemplar un mapa de las zonas del Globo ocupadas por desiertos se advierte que se hallan muy alejadas del mar o bien situadas en una zona donde predominan los vientos procedentes del interior del continente. Los desiertos del Turquestán responden al primer tipo, así como el de Gobi, en Asia. El Sahara, a pesar de encontrarse cerca del mar, recibe vientos del NE, pero por hallarse protegido por la cordillera del Atlas y las alturas de Ahaggar y Tibesti, aquéllos son cálidos y secos y no se beneficia de los vientos marinos.

Se calcula que la extensión total de las zonas desérticas del Globo supera el 17 % de la superficie del mismo, cifra realmente elevada habida cuenta la inutilidad del desierto respecto a la vida social y económica del hombre.

Los oasis se forman en los lugares donde el agua subterránea puede llegar a la superficie. Las dunas móviles ocupan solamente una pequeña fracción de la superficie del desierto. El resto es roca firme o arenas consolidadas.

VIDA VEGETAL o FLORA

Es lógico imaginar un desierto como un lugar desprovisto totalmente de seres vivos. Es evidente que sin agua la vida resulta imposible y el desierto se caracteriza por su gran escasez, aunque no por una falta absoluta y continua. Las posibilidades de adaptación de los animales y plantas por otra parte son grandes.

En la zona propiamente desértica del Sahara no es posible encontrar ni una sola planta, pero en los desiertos del Colorado, Nevada y Nueva México, existen arbustos y matorrales de tamaño considerable. Todos se caracterizan porque sus raíces son mucho más desarrolladas que las ramas.

Aquéllas penetran verticalmente y se extienden por el subsuelo hasta profundidades enormes, mientras otras avanzan en sentido horizontal como si estuviesen dotadas de inteligencia y se afanaran en buscar un rastro de agua entre las capas del suelo. Para evitar la evaporación del mínimo necesario para la vida, la planta convierte sus hojas en espinas leñosas 1 través de las cuales la transpiración es casi nula. Incluso pueden encontrarse arbustos revestidos de una especie de barniz protector que obra a modo de capa impermeabilizante.

Muchas plantas desérticas sobreviven a la sequía en estado de semillas protegidas por cubiertas duras. Cuando la lluvia cae ocasionalmente, las semillas germinan con rapidez. Esta resistencia se llama evasión de la sequía. Tales plantas se limitan a eludir la sequía y no tienen adaptaciones especiales, como hojas recubiertas de cera, órganos de almacenamiento de agua o raíces profundas muy penetrantes. El crecimiento es muy rápido, se producen flores y nuevas semillas. El ciclo se completa en menos de 6 semanas.

Muchos arbustos y cactos absorben agua en una gran extensión, con sus raíces someras y esparcidas. Los grandes árboles del desierto obtienen el agua mediante profundas raíces verticales.

De la misma forma, las plantas perennes florecen durante los raros períodos de lluvia, pero deben resistir al clima seco durante el resto del año. Su mecanismo de adaptación se llama resistencia a la sequía. Deben absorber y conservar toda el agua disponible, y, para conseguirlo, poseen numerosos mecanismos de adaptación.

Corte de las raíces de un árbol en el desierto

También a veces brotan flores. Así, poco después de una lluvia intensa, cosa que ocurre a veces en el desierto del Colorado, pueden verse los arbustos adornados de hermosas flores que se abren mientras reina cierta humedad en el ambiente, y que vuelven a cerrarse cuando el so) bate con sus ardientes rayos. Se trata de flores de corta vida, pero de rápida evolución. Apenas muestran sus capullos que ya se abren y no tardan en dar paso a frutos extremadamente secos.

El agua que las raíces consiguen extraer del subsuelo debe ser cuidadosamente almacenada y para ello las plantas del desierto han evolucionado engrosando el tallo y las hojas que se vuelven coriáceas, cubiertas de una fina película cerúlea. Al aumentar de volumen reducen la superficie de evaporación, con lo cual disminuyen la transpiración. Este tipo de plantas se denomina cactos y abundan en los desiertos americanos.



Los cactos de los desiertos americanos almacenan mucha agua. Cuando la humedad es abundante, los cactos la absorben rápidamente con su sistema radical superficial y extenso y la almacenan en el tallo, que se va llenando de agua a medida que ésta es absorbida. Como muchas otras plantas desérticas, los cactos carecen de hojas, lo que reduce la superficie de evaporación.

La fotosíntesis tiene lugar en las células superficiales del tallo. Las espinas producidas por el tallo del cacto defienden la planta de los ataques de animales, quienes podrían destruirla para aprovechar, así, el agua almacenada. Otras adaptaciones características de los árboles desérticos, como el mezquite (Prosopis juliflora) de América o las acacias de África, son las raíces muy profundas, que pueden penetrar hasta más de 30 metros en busca de humedad.

Mezquite

Cuando las reservas de agua están aseguradas, a veces se encuentran hasta desprovistas de protección para las pérdidas de agua. Los arbustos pequeños tienen raíces someras, esparcidas, o raíces profundas, y a veces una combinación de ambos tipos. A causa de que la competencia o rivalidad por el agua es muy fuerte, las plantas están muy separadas unas de otras. Las hojas son escasas y frecuentemente aparecen cubiertas con cera, que impiden las pérdidas excesivas de agua por evaporación.

El palo verde, un árbol de África, tiene hojas de menos de 1 mm., e incluso esos diminutos órganos tienden a caerse de las ramas en los momentos de intensa sequía. En algunas plantas desérticas, las hojas ya no son órganos fotosintéticos, sino que están modificadas para constituir órganos de defensa, del tipo de las espinas.

Cerca de un tercio de las plantas desérticas perennes almacena agua en órganos subterráneos, como raíces, rizomas, bulbos, tubérculos y nodulos. Los órganos que sobresalen de la superficie del suelo mueren en tiempo muy seco, dejando las partes subterráneas para producir nuevas flores y semillas cuando vuelven las lluvias.

VIDA ANIMAL o FAUNA
Para los animales, la vida en el desierto resulta más dura que para las plantas. Al caer la lluvia en el desierto y renovarse la vida vegetal, avivan millones de huevos y capullos de insectos, dejando en libertad escarabajos, avispas, mariposas, hormigas, saltamontes y langontas. Muchos de esos animales tienen gran importancia como polinizado-res de las flores del desierto. Su vida es corta, pero dejan una nueva reserva de huevos capaces de resistir la sequía.

Las arañas, escorpiones y ciempiés —generalmente cubiertos de una cutícula gruesa o de vellosidad espesa— son muy corrientes, y después de las lluvias se encuentran bandadas de pequeños crustáceos en los charcos temporales. Los huevos de estos últimos pueden haber pasado 20 años en el desierto, antes de avivar.

Los charcos temporales son también el habitat de distintas ranas y sapos, que se multiplican rápidamente, y cuyos adultos y jóvenes se entierran en el barro al desecarse el charco, para escapar al calor. Sus túneles están recubiertos interiormente con una mucosidad, para impedir la evaporación, y generalmente están provistos de miembros cavadores. Hay especies de lagartos, culebras y tortugas propias del desierto.

Con sus escamas evitan la pérdida de agua, y, como no están adaptadas para sobrevivir a temperaturas de más de 45° C, se ocultan en túneles durante el día o buscan la sombra. Poseen válvulas especiales en las aberturas nasales para impedir la entrada de arena.

FAUNA De los desiertos

Casi todos los mamíferos del desierto son roedores excavadores de tamaño, pequeño, que se alimentan principalmente de las semillas esparcidas por el suelo. Casi todos los desiertos tienen su «roedor» saltador especializado, que posee unas patas posteriores muy fuertes, adaptadas al salto, para desplazarse con rapidez.

En América vive la rata canguro; en África y Asia, el jerbo y la rata del desierto (Gerbillus), y en Australia, el ratón canguro marsupial (provisto de bolsa para las crías). Los anímales herbívoros, como las pequeñas especies de antílopes, no están muy extendidos, porque necesitan beber por lo menos una vez al día, y quedan confinados en las cercanías de los charcos. Las cebras del sudoeste de África pueden detectar el agua subterránea, y construyen sus propios abrevaderos excavando con las pezuñas.

El animal típico de estas regiones es el camello, uno de los seres más curiosos, porque parece expresamente diseñado para resistir el cansancio y la sed. Su sobrenombre de «navio del desierto» es adecuadísimo. Sus labios y lengua son insensibles a las espinas más duras, con lo cual su alimentación queda asegurada aun entre matorrales y arbustos.

Sus párpados y largas pestañas le protegen los ojos no sólo de la intensa luminosidad, sino del polvo que el viento levanta. Sus patas poseen la flexibilidad necesaria para avanzar en la arena, y una especie de almohadillas en el interior de sus pies que amortiguan la dureza o la temperatura del suelo que pisan.

Es sabido que su estómago puede almacenar agua hasta para 5 días, pero en caso de necesidad resiste 4 semanas sin beber. Antes de emprender la ruta de las caravanas, los camelleros obligan a sus animales a tragar a la fuerza dátiles y toda clase de alimentos, aunque luego les dan agua en abundancia y en el momento de la marcha sus jorobas están tensas y repletas.

A medida que avanzan por el desierto, y se suceden los días de privaciones, el camello gasta el líquido almacenado en su complicado estómago de rumiante y finalmente, la grasa contenida en las jorobas. Al llegar al término de su caminata, éstas se encuentran flaccidas, arrugadas y vacías.

El camello es un animal del desierto arábigo y asiático. Hace cosa de un siglo se intentó aclimatar camellos en los desiertos norteamericanos y se trasladaron algunos desde el África, pero aunque se procuró rodearles de todos los cuidados, no tardaron en extinguirse.

En el Sahara, además del camello, viven otros animales tan sobrios y resistentes como el asno moruno, la liebre, una especie de antílope llamado «adax» provisto de un saco intestinal supletorio para almacenar agua, situado en el abdomen, y varios roedores. Entre las piedras se deslizan lagartos, escarabajos, arañas y el insecto más universal que existe: la mosca. A veces resulta inexplicable encontrar una pareja de mariposas revoloteando en zonas alejadas de todo oasis.

En América del Sur el camello de los Andes es la llama, cuya paciencia es tan famosa como su largo cuello y sus ojos dulzones. Sin embargo, es un animal sumamente colérico cuando se le irrita.

En América del Norte pueblan el desierto multitud de animales como las ratas-canguros de largas patas traseras, el perrillo de las praderas, que también se aventura por el desierto, ratas, lagartos, conejos, multitud de insectos, tortugas, ardillas y, reinando sobre todos ellos, el coyote, único felino que vive en el desierto.

La mayor parte de los animales que habitan estos desolados lugares suelen llevar vida nocturna o por lo menos crepuscular. Algunos salen de sus madrigueras al despuntar el alba, cuando la temperatura es bonancible, pero en cuanto se levanta el Sol, desaparecen y el desierto muestra el esplendor grandioso de su majestuosa soledad. Luego, en el crepúsculo, el desierto se anima de nuevo.

Innumerables bandadas de insectos zumban en el aire mientras las serpientes se deslizan entre las peñas y los demás animales salen de sus refugios en busca de alimento y agua, dos cosas a veces muy difíciles de encontrar. La piel de muchos animales habitantes del desierto está especialmente dotada para resistir elevadas temperaturas, como es el caso de los reptiles, cuya epidermis es escamosa.

Para evitar que la temperatura del cuerpo se eleve demasiado, algunos animales del desierto pueden refrigerarse perdiendo agua de su propio organismo. Los mamíferos tienen glándulas sudoríparas que segregan un líquido salino por la superficie de la piel. La evaporación subsiguiente hace descender la temperatura. Los reptiles y las aves carecen de glándulas sudoríparas y sólo pueden enfriarse por medio del «jadeo». Casi todos los reptiles, anfibios y pequeños mamíferos evitan las pérdidas de agua ocultándose en madrigueras durante las horas más calurosas del día. El agua puede perderse también al eliminar los productos de desecho que contienen nitrógeno, y que proceden de la descomposición de las proteínas. Las aves y los reptiles evitan este inconveniente, excretando «ácido úrico» casi sólido. Pero la «urea» excretada por los mamíferos sale del organismo en forma de solución. La pérdida de agua se reduce al mínimo concentrando la urea de forma que ésta alcanza el 20 % del peso de la solución. Los mamíferos herbívoros no producen mucha urea, pero los carnívoros, cuya dieta se compone, en gran parte, de proteínas, necesitan un suministro constante de agua, para disolver las sustancias de desecho. Los animales del desierto pueden encontrar agua suficiente en los alimentos que consumen. Los insectos, por ejemplo, contienen de 60 a 85 % de agua. Incluso el bajo contenido de agua de las semillas (menos del 5 %) puede ser suficiente para ciertos roedores de pequeño tamaño que habitan en madrigueras. Los carnívoros, las aves y los grandes herbívoros necesitan abundante suministro de agua, y no se alejan de los lugares donde pueden obtenerlo. El camello, sin embargo, puede pasar períodos largos sin beber. Probablemente, almacena agua en los espacios intertisulares, y puede recibir un suplemento de agua «metabólica» por la combustión celular de la grasa de su joroba.

Fuente Consultada:
Revista N°104 TECNIRAMA Enciclopedia de la Ciencia y La Tecnología – La Vida en los Desiertos
DIDCATICA Enciclopedia Temática Ilustrada Tomo I Los Seres Vivos Invertebrados

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