Mitos de la Segunda Guerra Mundial Los Planes de Hitler



LOS MITOS DE LA 2° GUERRA MUNDIAL

mitos de la segunda guerra mundial

INTRODUCCION

La ineficacia de la Sociedad de Naciones, constituida en 1920, quedó bien pronto patente; ya en los primeros momentos, el Senado de EE. UU. rechazó el pacto de la Sociedad formulando al efecto varias reservas.

Tampoco la ausencia de ciertos países importantes como la U. R. S. S. (hasta 1934) aumentaba el bienestar, disminuido asimismo por la retirada de países no menos importantes como Alemania (1933), Italia (1937) y Japón (1938).

Las crisis económicas hicieron sentir su peso; en Alemania, en 1933, había 5 millones de parados. Y lo peor fue que la solución se buscó en Hitler ese mismo año, que habría de conducir a Alemania según el más furioso imperialismo belicista. Añádase a esto la formación, en 1937, del eje Roma-Berlín, alianza por la que, entre otras cláusulas, Hitler reconoció el impelió italiano en África.

Si a todo esto se suman, como colofón nada despreciable, las aspiraciones de Japón y EE. UU. al dominio en el Pacífico, se tendrá en conjunto que las naciones poderosas del mundo se hallaban en una tesitura violenta.

En 1935, Hitler anuló las restricciones impuestas por los aliados y reanudó el rearme de Alemania. Lo hizo dirigido por un grupo de hábiles estrategos, creadores de una nueva forma de guerra: la blitzkrieg (guerra relámpago). Consistía en la ruptura del frente de combate en un punto, seguida por un avance fulminante.

El éxito del ataque —precedido -por bombardeos en picada de gran precisión— se debía al empleo masivo de tanques. La artillería autopropulsada y la infantería, compuesta en parte por motociclistas, progresaban con gran rapidez, sostenidas por tropas aerotransportadas a puntos clave de la retaguardia del enemigo.

Confiado en esta superioridad, Hitler emprendió una política cada vez más audaz, aprovechando el temor de las naciones occidentales frente al comunismo, y favorecido por sus divergencias y dificultades internas y por el franco apoyo de Mussolini, con quien formó el llamado «Eje Roma-Berlín». En 1938 anexó Austria y reclamó la inmediata entrega de los Súdeles, poblaciones checoslovacas de raza germánica.



En la entrevista de Munich, el 29 de setiembre de 1938, el ministro inglés, Neville Chamberlain, y el francés, Eduardo Daladier, consintieron la cesión. Poco después, los nazis ocuparon el resto de Checoslovaquia.

Alemania, previa firma con la U. R. S. S. de un pacto de amistad y no agresión (23 de agosto de 1939), que en la práctica le habilitaba a proceder con manos libres en Polonia. Confiado que Francia e Inglaterra, no intervendrían, Hitler decide poner en marcha su guerra relámpago y atacar la frontera polaca en 1° de septiembre de 1939, dando así al movimiento de los demás países según los acuerdo en las alianzas antes contraídas….el resto del conflicto es conocido y puedes leer un resumen desde aquí.

La derrota de la Alemania nazi libró a la mayor parte de la raza humana de un terror escalofriante. Nunca se había visto que un régimen tan sistemáticamente ruin ocupara el gobierno de un país civilizado.

La prueba definitiva se descubrió en los espantosos campos de concentración liberados por los ejércitos aliados a medida que avanzaban; el trato a los prisioneros superaba todo lo imaginable en lo que se refiere a sádica brutalidad e insensible desidia.

Los presos que sufrieron hambre, tortura y explotación padecieron a veces como adversarios políticos de los nazis, otras como rehenes o trabajadores esclavizados y otras —lo que era descaradamente ilegal— por el mero hecho de ser prisioneros de guerra. Entre éstos había una categoría especial —en su mayor parte formada por gran cantidad de judíos—, destinada al exterminio.

Los nazis emprendieron un intento sistemático de aniquilar a las personas de determinados orígenes raciales. En el caso de los judíos, se refirieron sin ambages a la «solución final» del «problema» judío.

Es posible que nunca dispongamos de las cifras completas, pero parece indiscutible que murieron, como mínimo, cinco millones de judíos, fuera en los campos de exterminio mediante fusilamientos y carnicerías a lo largo y ancho de Europa oriental o por el exceso de trabajo y el hambre en los establecimientos de trabajos obligatorios.

Acabar con el sistema que hizo todo eso supuso una gran victoria. El coste fue enorme. Aunque nunca se conocerán las cifras exactas, probablemente en la guerra murieron más de 50 millones de personas.

Mucho se ha hablado sobre la mayor guerra de la historia de la humanidad y se han escritos millones de hojas tratando de describir y explicar este fenómeno bélico que arrasó con millones de personas (mas civiles que soldados) y comprometió varias decenas de países del mundo. Lógicamente cada autor con su óptica e ideología (y con su corazón según su nacionalidad), por lo que se han creado diversos mitos y que la idea es ahora explicar algunos según la visión de Walter Graziano, en su libro «Nadie vio matrix» el cual es sumamente recomendable su lectura.

LOS MITOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL



MITO: El origen de la Segunda Guerra Mundial debe buscarse en el ascenso de Hitler al poder en Alemania en 1933.

REALIDAD: El origen de la Segunda Guerra debe buscarse en el Tratado de Paz de Versalles de 1919, cuando tras la Primera Guerra se impusieron a Alemania durísimas sanciones económicas relacionadas con el pago de los costos de la guerra a Gran Bretaña, con el fin de que ese país pudiera a su vez saldar las deudas que había contraído sobre todo con la banca Morgan durante la confrontación.

Ello y la pérdida de grandes territorios por parte de Alemania y el imperio ruso merced al Tratado de Versalles generaron las condiciones objetivas para otra guerra.

MITO: el pacto de no agresión germano-ruso es una clara muestra de la falta de escrúpulos tanto de Hitler corno de Stalin.

REALIDAD: Ni Hitler ni Stalin deseaban una guerra en dos frentes. Hitler sabía que en caso de una invasión a Polonia era posible la declaración de guerra de Inglaterra y Francia.

Stalin a su vez estaba preocupado por la alta tensión existente con los japoneses que habían invadido Manchuria, y había buscado un pacto de mutua defensa con ingleses y franceses antes de firmar el acuerdo con Hitler.

La actitud dilatoria de la delegación inglesa, que ni siquiera tenía poder alguno para firmar tratados, obligó a Stalin a aceptar el acuerdo propuesto por Hitler y dejar a los ingleses con las manos vacías. Stalin sabía que en realidad los británicos deseaban una guerra entre Alemania y la Unión Soviética a causa de Polonia y que por eso nada iban a firmar con su ministro de Relaciones Exteriores, Molotov.

Hitler vio la ocasión de recuperar territorio polaco que había sido alemán sin ingresar en una guerra en dos frentes. No le faltaba lógica a los razonamientos de ninguno de los dos en aquel momento.

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