Primeros Humanos en América Poblamiento y Migración de América



PRIMEROS HUMANOS EN AMÉRICA
Poblamiento y Migración

Hasta no hace mucho tiempo, los arqueólogos consideraban que el hombre americano tenía una antigüedad de unos 12.000 años. Sin embargo, nuevos estudios han revelado una antigüedad mayor aún, dé unos 40.000 años. Por cierto que hasta hoy, el origen del hombre americano es uno de los «agujeros negros» de la arqueología, e incluso ya algunos investigadores colocan el techo un poco más atrás en el tiempo, sosteniendo que el ingreso de los primeros hombres al continente americano se produjo en una franja de tiempo que va desde los 65.000 a los 40.000 a. C.

En líneas generales, los investigadores coinciden en que entre esos milenios se produjo una migración desde el Asia en dirección al Nuevo Mundo, trasladándose a través de un puente natural formado durante la última glaciación en lo que hoy conocemos como el estrecho de Behring.

Explicación del Traslado del Hombre:
La Edad de Hielo:
La última Edad de Hielo concluyó hace unos 13.000 años y señaló el fin del Pleistoceno, que había durado dos millones de años. Este periodo estuvo marcado por cambios extremos de temperatura en todo el planeta, incluidas varias eras glaciares. Las temperaturas descendieron hasta tal punto que glaciares y casquetes de hielo cubrieron gran parte de Europa, Asia y Norteamérica.

Fue en este periodo cuando el hombre empezó a evolucionar a mayor velocidad, quizá como respuesta a las arduas condiciones de vida: su capacidad para adaptarse le aportó ventajas sobre especies menos inteligentes. El Homo sapiens fue la especie que mejor supo afrontar la rigurosidad de la vida durante el Pleistoceno y, si bien permaneció confinado en las zonas más cálidas durante las grandes heladas,  empezó a migrar a otras regiones cuando el hielo fue retrocediendo.

A causa de la existencia de casquetes glaciares en el norte de Europa y América, el nivel del mar descendió y quedaron a la vista cordilleras terrestres que unían la mayoría de los continentes. Estas enlazaban el nordeste de Asia con América, Japón e Indonesia, y Gran Bretaña con Europa, y ofrecían rutas de migración vitales para los hombres y los animales. El continente australiano permaneció separado de Asia por aproximadamente 70 Km. de aguas profundas, de lo cual se deduce que los humanos que viajaron a Australia en torno al 60000 a. C. debieron hacerlo en bote, ya que no existen pruebas de una migración animal simultánea. Los mamíferos asiáticos, como por ejemplo, monos y tigres, no se dan en Australia, donde en cambio sí encontramos marsupiales.

Al parecer, dicha traslación humana se debió a cambios climáticos que convirtieron a vastas zonas de Asia en desiertos áridos. Fue así que los animales iniciaron el lento camino hacia el este en busca de buenos pastos; obviamente, los hombres fueron tras ellos. Los estudios confirman otra gran migración entre el 15.000 y 12.500 a.C., como así también otras posteriores, quizá de menor magnitud que aquélla. Así se fue produciendo el lento desplazamiento hacia el sur, desde Alaska, de incontable cantidad de i hombres, todos ellos cazadores y recolectores, quienes poseían una cultura y técnicas similares a las de los euroasiáticos del período paleolítico. Sus instrumentos más antiguos orillan los 40.000 a. C., siendo estos lascas, raspadores y choppers.

Migración a América
Con el inicio del deshielo hace unos 13.000 años, las llanuras gélidas del estrecho de Bering ofrecieron un puente natural hacia Alaska, el cual, junto con el pasillo de hielo canadiense, permitió a los humanos emigrar a este continente, hasta entonces deshabitado. Los primeros humanos que llegaron a América fueron pueblos mongoles procedentes de Siberia, preparados para hacer frente a una vida en las duras condiciones del norte de América.

La falta de vegetación les obligaba a depender de la pesca, pero fueron descendiendo paulatinamente hacia el sur, atraídos por el clima más favorable y la mayor abundancia de alimentos. Los glaciares no habían llegado al centro y el sur del continente, por lo que en las fértiles praderas y llanuras abundaba la caza mayor: bisontes, mamuts, osos bezudos, bueyes almizcleros y alces. En poco tiempo , la mayoría de estos animales desaparecieron, ya sea por la caza del hombre o por condiciones climáticas.

Asimismo, las sucesivas oleadas que penetraron por el estrecho de Behring parecen haber seguido tres rumbos: uno, la costa norte de Alaska y Canadá; otro, los campos ubicados al oriente de las montañas Rocosas; y un  tercero siguió la costa del océano Pacífico. Fue así que unos fueron  «empujando» a otros hasta desplazarse a la América del sur, inclusive de la isla grande de Tierra del Fuego.



En la América del norte se han hallado restos arqueológicos de gran importancia, como las culturas de Sandia, Clovis y Folsom, fechadas entre el 15.000 y el 7.000 a. C.. Pero nuevos descubrimientos producidos en los años finales de la década del ’80 y los primeros de la del ’90, mostraron fechas más tempranas aún, como en Bluefish Caves (Valle de Yukón, 22.800 a.C.), Old Crow Basin (a 65 Km. al sur de Bluefish, 38.000 a. C.), Meadowcroft (al este del lago Eire, 17.600 a.C.) y Orogrande (Nuevo México, 36.000 a. C.).

En la América del sur las cifras en años son algo menores y demostrarían el lento desplazamiento de norte a sur. Por ejemplo, el yacimiento arqueológico de Taima-taima, Venezuela, cuya antigüedad fue fechada por el método de carbono 14 en 11.000 a.C.. En Chile, también se han encontrado restos de parecida antigüedad, como los de Monte Verde, caverna Fell y el abrigo de Palli Aike.

En lo que respecta al actual territorio argentino, las fechas mencionadas para el sur de Chile corresponderían también para nuestra Patagonia (Los Toldos, 10.600 a.C.).

En el caso de Tierra del Fuego, la cultura más antigua no superaría los 6.000 a. C. Para el noroeste, la más antigua estaría ubicada en la provincia de Catamarca, denominada Ampajango, con una probable datación de 12.000 a. C.. En las Sierras Centrales de Córdoba y San Luis se clasificaron antiguas culturas reunidas bajo el nombre común de Ayampitín. La cueva de Intihuasi, San Luis, reveló que sus restos humanos rondarían los 6.000 a. C..

En la puna argentina se ha localizado otra cultura, conocida como la del Saladillo, llegada allí hacia el 4.000 a.C.. Finalmente, podemos agregar que algunos arqueólogos suponen que gran parte del noreste, Misiones y sus zonas próximas, habrían tenido unos primeros poblamientos entre los 8.000 y 10.000 a. C.

Fuente Consultada: Aborígenes de Argentina – Adrián Piccolo

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