Declaracion de Balfour Partición de Palestina Estado de Israel



La Declaración Balfour y sus consecuencias:

Las estipulaciones del mandato de la Liga de las Naciones, finalmente establecido en 1922, habían reconocido la que llegó a llamarse Declaración Balfour, en la que el gobierno británico había anunciado a la Federación Sionista, el 2 de noviembre de 1917, que “el gobierno de Su Majestad ve con agrado el establecimiento de un hogar nacional en Palestina, para el pueblo judío… entendiéndose claramente que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina”.

En consecuencia, se abrió el acceso a Palestina a los inmigrantes judíos que llegaban de toda Europa. Los árabes protestaron inmediatamente, declarando que la ilimitada inmigración judía prontamente los empujaría fuera de su legitimo territorio, que sobrepasaría todos sus linderos propios y absorbería política y económicamente todo el Medio Oriente.

Tenemos un ilustrativo relato de esos tiempos en las Memorias de Sir Ronald Storrs,que fue nombrado gobernador militar de Jerusalén poco después de que esa ciudad fue quitada a los alemanes en la Primera Guerra Mundial. El vio prontamente que el cumplimiento de la Declaración Balfour bien podía acarrear graves resultados. Ha comentado en esas memorias el hecho de que la extensión del territorio en cuestión era pequeña, que los residentes árabes, en su generación, no contribuían mucho al bienestar de la sociedad en general y que en cambio los jud íos, constructores y progresistas, prometían ser una clase muy diferente de ciudadanos. “Sin embargo”, observó, “el problema de re-
conciliar sus derechos y querellas.., es capaz de convertirse en una obsesión, la que rara vez va acompañada de la templanza, la sobriedad y la justicia”.

Pero los esfuerzos hechos para resolver un problema, que ya en aquellos años de la posguerra, de 1918 y 1919, era desesperado, le parecían innecesariamente inadecuados; “no puede imputarse el monopolio del error a ninguna de las tres partes interesadas: los judíos, los árabes yios británicos”. Añadió mucho después con sobria comprensión, “como tenedores de todos los recursos de la civilización moderna, les correspondía marcar un paso que los nativos de Palestina pudieran seguir…”. El resultado acumulativo de sus combinados fracasos en Londres y Palestina fue una explosión tan tremenda que la mayor potencia del mundo, como se consideraba entonces a la Gran Bretaña, después de veinte años de intentos y experiencias, necesitó, en pleno tiempo de paz, un cuerpo de ejército dotado de toda clase de armas, para controlar “la población civil liberada”. Todo esto de que escribió Sir Ronald es historia antigua ahora, ya que lo hizo antes de Hitler. Pero ya se había lanzado en Palestina el terrible grito“echemos a los judíos al mar”.

Árabes y judíos: Desde la Primera Guerra Mundial, Inglaterra se había esforzado en cultivar la amistad de los árabes, con objeto de proporcionarse acceso a la fabulosa riqueza petrolífera del Cercano Oriente.

Aunque rivales, tanto las compañías explotadoras británicas como las norteamericanas se sentían unidas y solidarias ante el temor de que la Unión Soviética se adueñase de tan decisivo resorte de poder, favoreciendo a los nacionalistas árabes. Los países islámicos aprovecharon las guerras y disensiones entre las grandes potencias mundiales, sea para rechazar su independencia o para afirmar sus posiciones económicas o estratégicas, y aunque era difícil lograr una unión entre todas ellas, no faltaron los intentos para conseguirlas.

En 1945, al terminar la Segunda Guerra Mundial, se fundaba en El Cairo la Liga Arabe, integrada por Egipto, Siria, Líbano, Arabia Saudita, Transjordania, Irak y el Yemen.

Cabe señalar que, durante la contienda, Líbano y Siria habían logrado emanciparse de la tutela francesa, reconociendo el gobierno de París la plena soberanía de ambos países en 1944 y 1946, respectivamente. Incapaz de solucionar su promesa de crear el “Hogar Nacional” judío, formulada desde los tiempos de la Primera Guerra Mundial, a satisfacción de árabes y judíos, Inglaterra sometió la cuestión a las Naciones Unidas, cuya Asamblea General trató de zafarse también de tan espinoso asunto, por el riesgo que entrañaba.

El problema fue transferido a una comisión de encuesta que,. en noviembre de 1947, formuló unas recomendaciones que no lograron. calmar los ánimos enardecidos de ambas partes. La ONU había previsto la partición del territorio de Palestina en un estado judío y otro árabe, quedando internacionalizada la ciudad de Jerusalén.



LA PARTICIÓN DEL ESTADO:

El 29 de noviembre de 1947, luego de un exhaustivo debate, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la partición de Palestina sobre la base de un informe preparado por una Comisión Ad-Hoc. Esta resolución que a continuación se transcribe, estaba inserta en el contexto de un completo programa de desarrollo integrado para la zona.

181 (II) Futuro Gobierno de Palestina

  1. A) La Asamblea General
    Habiéndose reunido en período extraordinario de sesiones, a instancias de la Potencia mandataria, para constituir una Comisión Especial y darle instrucciones al efecto de preparar el examen por la Asamblea, en su segundo periodo ordinario de sesiones, de la cuestión del futuro gobierno de Palestina:

Habiéndose constituido una Comisión Especial y dado instrucciones a la misma para que investigue todas las cuestiones y asuntos pertinentes al problema de Palestina, y para que formule propuestas para la solución del problema; y

Habiéndose recibido y examinado el informe de la Comisión Especial (documento A/364) que contiene cierto número de recomendaciones unánimes y un plan de partición con unión económica aprobado por la mayoría de la Comisión Especial;

Considera que la actual situación de Palestina es susceptible de menoscabar el bienestar general y las relaciones amistosas entre las naciones;

Toma nota de la declaración hecha por la Potencia Mandataria de que proyecta llevar a cabo la evacuación de Palestina para el 1° de agosto de 1948;

Recomienda al Reino Unido, como Potencia Mandataria de Palestina, y a todos los demás Miembros de las Naciones Unidas, la aprobación y aplicación, respecto del futuro gobierno de Palestina, del Plan de Partición con Unión Económica expuesto más adelante;

Pide:

a) Que el Consejo de Seguridad adopte las medidas necesarias previstas en el Plan para la ejecución del mismo:



  1. b) Que el Consejo de Seguridad determine, en caso de que las cinunstancias lo exijan durante el período de transición, si la situación de Palestina constituye una amenaza contra la paz. Si decide que existe tal amenaza con objeto de preservar la paz y la seguridad internacional, el Consejo de Seguridad habrá de com­pletar la autorización dada por la Asamblea General adoptando medidascon arreglos a los Artículos 39 y 41 de la Carta, destinados a facultar a la Comisión de las Naciones Unidas, prevista esta resolución, para que ejerza en Palestina las funciones que le están asignadas por la presente resolución;
  2. c)  Que el Consejo de Seguridad considere como amena­za a la paz, quebrantamiento de la paz o acto de agresión, con arreglo al Artículo 39 de la Carta, toda tentativa encaminada a alterar por la fuerza al arreglo previsto por la presente resolución;
  3. d) Que el Consejo de Administración Fiduciaria sea informado de las responsabilidades que le incumben en virtud de este Plan; invita a todos los habitantes de Palestina a adoptar cuantas medidas sean necesarias por su parte para poner en práctica este Plan; exhorta a todos los Gobiernos y a todos los pueblos a que se abstengan de toda acción que pueda dificultar o dilatar la ejecución de estas recomendaciones; y Autoriza al Secretario General a reembolsar los gastos de viaje y subsistencias de los miembros de la comisión mencionada más adelante en el párrafo 1, sección B, parte 1, sobre la base ‘y la forma que juzgue más apropiadas a las circunstancias, y a proporcionar a la Comisión el personal necesario para ayudarla a desempeñar las funciones asignadas a la Comisión por la Asamblea General.
  4. B) La Asamblea General

Autoriza al Secretario General a consignar con cargo al Fondo de Operaciones, una cantidad de hasta 2.000.000 de dólares (EE.UU.), para los fines expuestos en el último párrafo de la resolución sobre el futuro Gobierno de Palestina.

128a sesión plenaria:

29 de noviembre de 1947: En su ciento vigésima octava sesión plenaria, celebrada el 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General en conformidad con los términos de la resolución arriba expresada, eligió a los siguientes miembros para integrar la Comisión de las Naciones Unidas para Palestina:Bolivia, Checoslovaquia, Dinamarca, Panamá y Filipinas.

Un panarabismo frustrado: La propuesta de la ONU no satisfizo a nadie, pero logró unir en un interés común a todos los países árabes. Desde el primer momento, Egipto trató de ponerse al frente de esta comunidad de pueblos islámicos, un tanto heterogénea, por otra parte, con objeto de dirigir el viejo sueño del panarabismo. Con todo, la situación política interna de Egipto en aquellos años no era demasiado sólida.

En octubre de 1951. Egipto denunció unilateralmente el Tratado anglo-egipcio de 1936; luego exigió la inmediata y total evacuación del país por los británicos. Hasta julio de se sucedieron los motines, las huelgas y los sabotajes, así como los cambios en el gobierno. El 23 de julio del mismo año, un golpe de Estado militar, con una junta presidida por el general Naguib, provocó la abdicación y la huida del rey Faruk, y en junio de 1953 era proclamada la República y anulada la antigua Constitución. Medio año después se iniciaba la segunda fase de la revolución y el general Naguib era sustituido en sus funciones por Gamel Abdel Nasser, eminencia gris de la conjura, que quiso hacer representar a su país un papel de primer orden en el Cercano Oriente.

El credo de unidad árabe sostenido por Nasser queda manifiesto meridianamente en el siguiente apunte de su puño y letra: “Pero las luchas con que tuve que enfrentarme después del 23 de julio me cogieron por sorpresa. Los jefes habían realizado su misión. Acabaron con las fuerzas de la opresión, destronaron al déspota y quedaron a la espera de la Marcha Sagrada hacia el Gran Objetivo. Sin embargo, tuvieron que esperar demasiado tiempo.

Llegaron las masas. ¡Pero fue diferente, eran los hechos en relación con los sueños! Llegaron las masas. Y lo hicieron batiéndose en grupos divididos. Se paró la Marcha Sagrada y el recuerdo de aquellos días está lleno de sombras y de maldad.

Fue entonces cuando me di cuenta, con dolor en mi corazón, de que no había acabado la misión de la vanguardia, sino que en realidad no hacía más que empezar.

Necesitábamos disciplina, pero sólo encontré anarquía.

Necesitábamos unidad, pero sólo encontré desunión.

Necesitábamos trabajar, pero sólo encontré indolencia y pereza.

Esa es la razón de nuestro slogan revolucionario: “Disciplina, Unidad y Trabajo”.

Pero no estábamos preparados. Solicitamos la colaboración de los dirigentes de la opinión y de los hombres con experiencia y los resultados no correspondieron a nuestras esperanzas.

Si por aquellos días me hubieran preguntado cuál era mi deseo más ferviente, hubiera contestado, sin dudarlo ni un instante:

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—    Oír a un egipcio, que dice una palabra amable a otro egipcio.

—    Ver a un egipcio que no se dedica a ridiculizar la opinión de otro egipcio.

—    Sentir que un egipcio ha abierto su corazón al perdón. al olvido y al amor de otro egipcio”

¡Qué fácil es hablar a los instintos de la gente, pero qué difícil llegar hasta sus mentes! Todos los instintos son iguales; en cambio las mentes están sujetas a la diversidad y a la disparidad. Los políticos egipcios, en el pasado, fueron lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de ello. Les gustaba dirigir sus palabras a los instintos, pero dejaban que sus mentes erraran por el desierto.

Nosotros podíamos haber hecho igual. Podríamos encender al pueblo con grandes palabras, con brillantes esce­nas imaginarias y que les llevaran a realizar hechos caóticos, que no exijan ninguna preparación, ningún plan.

Pero nada existe detrás de esos gritos.

Sin embargo, ésa no fue la misión para la que nos escogió el Destino.

El sueño del panarabismo no dejaba de ser el objeto permanente de la política egipcia. En 1958, Siria se fusiona­ba con Egipto constituyendo ambos países la llamada República Árabe Unida, denominación que evidenciaba la finalidad perseguida; y aunque esta unión duró escasamente tres años, Egipto conservé oficialmente el nombre de RAU para que sirviera de núcleo catalizador en el futuro. Pese a sus derrotas y fracasos, Nasser no cejó en sus intentos de lograr su idea panarabista. aspirando a dirigir el mundo Árabe y procurando federarse las naciones vecinas o políticamente afines.

Israel, un Estado-problema El 14 de mayo, mientras continuaba el debate en la segunda sesión especial de la Asamblea General, cayó como un rayo una noticia: El Consejo Nacional Judío había proclamado la formación del Estado de Israel, con lo que entró de un salto en la historia contemporánea y en la opinión pública un nombre que no había sido usado frecuentemente en más de dos mil años.

La primera tarea del nuevo gobierno era reunir sus fuerzas y luchar por su vida. El nuevo Estado fue reconocido desde luego por el presidente Truman y casi inmediatamente después por la URSS. Se había roto la barricada y los ejércitos hostiles penetraban al territorio de Israel por todos lados. El Ministro de Relaciones Exteriores de Egipto envió un telegrama a las Naciones Unidas, diciendo que ya que el mandato había terminado, las fuerzas armadas egipcias habían entrado en Palestina para establecer la seguridad y el orden.

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La Legión Árabe, que era el ejército de Transjordania, había entrado en Jerusalén y las fuerzas sirias y libanesas habían invadido las fronteras septentrionales de Israel. El ejército judío contaba con numerosos soldados oficiales que habían combatido bajo la bandera británica en la Segunda Guerra Mundial, pero el gobierno israelí no tenía experiencia en conducir una guerra efectiva. Tenia en cambio la firme unidad de todo su pueblo que lo respaldaba.

Pero cuando se llegó a la realidad de los hechos, sus adversarios estaban también en desventaja. La Legión Árabe era una fuerza verdaderamente efectiva,  adiestrada, armada y dotada de oficiales por los británicos, para que el reino de Transjordania pudiera defenderse de las incursiones con que las tribus nómadas beduinas amenazaban sus fronteras meridionales.

Pero en cuanto a lo demás, su superioridad numérica no los ponía en ventaja porque no tenían práctica para pelear aliados con otros ejércitos. Debido a ciertas diferencias entre ellos no había estrategia establecida ni común acuerdo acerca de las líneas de avance y la simultaneidad de los ataques.

Después de los primeros encuentros, en los que se dieron cuenta de los sorprendentemente bien adiestrados que estaban sus adversarios, hubo entre los jefes árabes cierto cambio de cálculos y de expectaciones.

Se había convenido en que la Legión Árabe fuera a atacar Jerusalén y a ocupa  cuanto sus tropas pudieran abarcar del Estado Árabe de Palestina. Sin embargo. debido a Falta de apoyo, esta maniobra no se llevó a cabo completamente. Aquel día en que termino el mandato, en que nació el Estado de Israel, toda Palestina cayó en un furioso caos, la Asamblea General había decidido, y había hecho bien al decidirlo, que un solo mediador con gran autoridad sería mejor que la Comisión, cuya función original había sido investigar aconsejaron la política que debía seguirse. El hombre que escogieron fue el conde Folke Bernadotte, de Suecia.

Fuente Consultada: Historia Universal Carl Grimberg

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