Liga Árabe Contra el Estado de Israel Derechos Legales



Liga Árabe Contra el Estado de Israel

La cuenta de los días…

Uno de los poderosos argumentos presentados por los árabes era que las Naciones Unidas no tenían derecho legal para crear un nuevo Estado. Pero el Reino Unido, por la autoridad que le confería su mandato, había establecido el reino de Transjordania en 1921, dejando la dirección del mismo en las firmes manos del emir Abdullah, hijo del jerife Hussein, de La Meca, quien había cooperado Con Lawrence de Arabia en el levantamiento de los árabes contra Turquía y el Imperio Otomano. El derecho británico para hacerlo no había sido discutido.

En realidad, las Naciones Unidas estaban haciendo lo mismo ahora. Pero todos sabían que una cosa es aprobar una proposición y otra ponerla en ejecución. Los judíos estaban muy descontentos con lo que la Asamblea General les había concedido, ya que originalmente esperaban que se les diera toda la zona de la que Transjordania era ahora parte y se quejaban de que sólo estaban recibiendo la mitad de lo que quedaba.

Declararon que su “reconocimiento como Estado, la libre inmigración y una extensión determinada constituían un mínimo irreducible”, que habían aceptado, pero más allá del cual no irían. Como se aproximaba la fecha de la retirada y en vista del continuo y marcado desacuerdo, los Estados Unidos propusieron que se estableciera un fideicomiso temporal que sirviera de puente para el gobierno provisional, pero su proposición fue Furiosamente rechazada. El portavoz de los judíos la llamó “una repulsiva reversión de posiciones, una fatal capitulación”.

Anunció que el 14 de mayo comenzaría a funcionar un gobierno provisional judío, “en cooperación con los representantes de las Naciones Unidas en Palestina …““ Haremos cuanto podamos”, dijo, “para reducir al mínimo el caos creado por el presente gobierno y conservaremos, hasta donde lleguen nuestras fuerzas, los servicios públicos desatendidos por él…”

El gobierno judío esta la, además, dispuesto a cooperar con los Estados árabes vecinos y a celebrar tratados con ellos “para reforzar la paz en el mundo y adelantar el desarrollo de todos los países del Cercano Oriente”. Era una declaración atrevida hecha por un pueblo valeroso, frente a una oposición que era igualmente denodada.

Pudo haber manera de hacer el anuncio en lenguaje menos áspero, al referirse a un país que había sufrido mucho en su esfuerzo por hacer justicia a todos; pudo haberse expresado en tono más conciliatorio de aquellos que inevitablemente habrían de ser sus vecinos, pero el lado contrario tampoco tuvo ninguna moderación al replicar.

El representante de Egipto llamó a Warren Austin “el portavoz norteamericano de la Agencia judía en Palestina”. Pasó marzo y llegó abril. Habla una desesperada necesidad de apresurarse, pero al mismo tiempo una gran necesidad de deliberar cuidadosamente.

El Comité para Palestina enviaba informes cada vez más apremiantes, diciendo que la única manera de hacer ejecutar la decisión de división era usando una poderosa fuerza militar. No obstante, en el Consejo de Seguridad se afirmaba más y más la creencia de que el arreglo pacífico sería la solución y de que no era imposible.

Tal vez no se dijeron palabras más sabias que las del apacible comentario del doctor Tsiang, de China: “Quisiera que los árabes pudieran ver el acierto político que sería conceder un Estado independiente a los judíos».



Sólo quedaban dos meses, luego uno y se llevaba con ansiedad la cuenta de los días, a medida que iban transcurriendo, quedaban quince más, después diez, luego ocho. En cada una de las fronteras de la zona judía se encontraban desplegados sendos ejércitos de los cinco Estados vecinos: Egipto Irak, Transjordania, Siria y Líbano.

Todos los miembros de la Liga Árabe estaban acordes en decir que ayudarían a sus parientes palestinos, que huían de las ciudades judías a millares. Los judíos han insistido, y con justicia, según parece, en que esos fugitivos abandonaban sus hogares debido a las falsas alarmas provenientes de sus vecinos árabes, de que, como la guerra era inevitable, no tendrían merced a manos de los judíos.

El Consejo de Seguridad trataba desesperadamente de concertar una tregua, y la Comisión para Palestina envió un mensaje el 12 de mayo, diciendo que los árabes estaban de acuerdo, pero que los judíos no habían contestad. No es muy de dudarse que después de sus encuentros en el pasado. y ante las amenazas árabes para el futuro, no confiaran en las promesas de los adversarios.

Fuente Consultada: Historia Universal Carl Grimberg

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