Argentina Campeon Mundial de Futbol en 1978 – Equipo Argentino 1986



Argentina Campeón Mundial de Fútbol en 1978 y Equipo Argentino de 1986

identidad nacional argentina

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ALONSO, Norberto (River Plate), Volante ARDILES, Osvaldo (Huracán), Volante BALEY, Héctor (Huracán), Arquero BERTONI, Ricardo (Independiente), Delantero FILLOL, Ubaldo (River Plate), Arquero GALLEGO, Américo (Newell’s Old Boys), Volante GALVÁN, Luis (Talleres de Córdoba),
Defensor GALVÁN, Rubén (Independiente), Volante HOUSEMAN, René (Huracán), Delantero KEMPES, Mario (Valencia de España), Delantero KILLER, Daniel (Racing Club), Defensor LARROSA, Omar (Independiente), Volante LAVOLPE, Ricardo (San Lorenzo), Arquero LUQUE, Leopoldo (River Plate),
Delantero OLGUÍN, Jorge (San Lorenzo), Defensor ORTIZ, Oscar (River Plate), Delantero OVIEDO, Miguel (Talleres de Córdoba), Defensor PAGNANINI, Rubén (Independiente), Defensor PASSARELLA, Daniel (River Plate), Defensor TARANTINI, Alberto (AFA), Defensor VALENCIA, José (Talleres de Córdoba), Volante VILLA, Julio (Racing Club), Volante
DT: MENOTTI, César Luis

HISTORIA: EL PRIMER MUNDIAL DE FUTBOL La Copa del Mundo de Fútbol, probablemente el trofeo más codiciado del deporte moderno, comenzó a disputarse con algunas dificultades en julio de 1930. El torneo se realizó en Montevideo, Uruguay, y sólo participaron seleccionados de trece naciones.

Sin embargo, para los anfitriones uruguayos, el campeonato fue un acontecimiento que dio que hablar: una multitud de 90.000 personas (muchas de ellas llegaron seis horas antes) llenó el estadio Centenario para ver cómo los campeones olímpicos de su país superaban a sus rivales argentinos 4 a 2. El gobierno uruguayo declaró un día festivo en honor a la victoria.

Dos años antes, la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) había creado el campeonato mundial para que profesionales y novatos compitieran en igualdad de condiciones en un torneo internacional.

Al principio en este campeonato sólo participaron cinco países no sudamericanos: Estados Unidos, Francia, Yugoslavia, Rumania y Bélgica. Dos mundiales más tarde, en 1938 (la competencia se realiza cada cuatro años), la lista de participantes había ascendido a 36.

El certamen, interrumpido por la Segunda Guerra Mundial, no volvió a realizarse nuevamente hasta 1950, cuando fue disputado en Brasil y volvió a ser conquistado por Uruguay que le ganó la final a los locales en el estadio de Maracaná (Río de Janeiro).

Los campeonatos actuales constan de eliminatorias que clasifican a 30 equipos, además de la nación que lo organiza y del ganador del Mundial anterior.



De los campeones morales a la gloria cierta y palpable. El fútbol argentino, cuna de grandes figuras y dueño de un bien ganado prestigio desde sus sub-campeonatos en los Juegos Olímpicos de Amsterdam en 1928 y en el Mundial de 1930. en el Uruguay, debió aguardar acaso demasiado tiempo para ver su nombre escrito en letras de oro y sentirse, finalmente, absolutamente seguro de su poderío.

En sólo ocho años obtuvo dos títulos del mundo, en principio merced a una saludable política de apoyo a los seleccionados nacionales, a partir de 1974. Con la contratación de César Luis Menotti como entrenador, ese año fue bisagra de una historia con tantos éxitos domésticos como fracasos y desilusiones en instancias decisivas.

A partir de allí, el rumbo se enderezó definitivamente hacia la cosecha fecunda de los frutos sembrados con enormes esfuerzos pero sin timón organizador, hasta ese momento. También nacería de ese nuevo ciclo que se extiende hasta el presente un eslabón más para la amplia experiencia argentina en el arte de generar opuestos irreconciliables, otro superclásico para la comidilla cotidiana: Menotti ver sus Bilardo.

De la mano del primero, el equipo nacional de fútbol se consagró campeón en el Mundial de 1978, organizado en nuestro país con condiciones institucionales irregulares y en medio de un clima político desfavorable. Sin embargo, la producción específicamente futbolística de la selección argentina fue irreprochable y desembocó en un merecido éxito, más allá de un poco consistente cuestionamiento tras la recordada goleada a Perú por 6-0, cuando se necesitaba un triunfo por cuatro goles para pasar a la final.

Con un juego preciosista y veloz, punzante y estético, fundamentado en la solidez del arquero Ubaldo Fillol, la calidad y el temperamento del capitán Daniel Passarella y la potencia goleadora de Mario Kempes (máximo artillero del torneo, con seis conquistas), el seleccionado nacional dio cuenta de Hungría (2-1) y Francia (2-1), para cerrar su actuación clasificatoria con una derrota (1-0) ante Italia, siempre en el estadio de River Píate.

Su segundo puesto en el grupo lo obligó a trasladarse a la sede rosarina, donde sumó un triunfo sobre Polonia (2-0), un empate sin goles frente a Brasil y el citado éxito sobre Perú. La cuenta necesaria para desembocar en el encuentro definitorio con Holanda, otra vez en Buenos Aires. Ocurrió el 25 de junio de 1978. La Argentina venció 3-1 en tiempo suplementario, con tantos de Kempes (2) y Daniel Bertoni, y logró así la primera gran consagración de su deporte más popular.

Con el sello de Menotti y el aporte de los baluartes mencionados más arriba, junto con Jorge Olguín, Luis Calvan, Alberto Tarantini, Osvaldo Ardiles, Américo Gallego, Leopoldo Luque, Osear Ortiz, Ornar Larrosa y Rene Houseman, todos los nombres que dijeron presente en la final.

Menotti prolongó su conducción hasta el siguiente Mundial (España de 1982), tras el cual -fracaso mediante- fue sucedido por Carlos Salvador Bilardo, ubicado en las antípodas técnicas, declarado y fervoroso cultor de un fútbol más disciplinado, más estratégico, menos plástico, aunque -como se vería cuatro años después- igualmente positivo.

El cambio motorizó la irrupción del nuevo blanco-negro nacional, con su interminable secuela de discursos en favor de uno u otro seleccionador. Una desgastante lucha de opiniones, alimentada por la opaca actuación del equipo en las eliminatorias para el Mundial de México ’86, al cual llegó con el corazón en la boca y superando enormes presiones de todos los sectores, incluido el gubernamental. En tiempos de democracia, muchos apostaron a un golpe de Estado contra el entrenador, que finalmente no se dio.

Contra esos pronósticos agoreros, la Argentina obtuvo su segunda Copa del Mundo, al compás de un inspiradísimo Diego Armando Maradona, gran estrella de la competencia y, desde ese momento, el mejor futbolista del planeta, sin exageración. Con seis triunfos y un empate, catorce goles a favor (todos de juego) y sólo cinco en contra, sin alargues ni penales, la selección nacional brilló en su máximo esplendor tras superar en la ronda preliminar a Corea del Sur y a Bulgaria, y empatar con Italia.



Siempre girando alrededor de Maradona, dejó atrás a Uruguay (1-0), Inglaterra (2-1, la mano de Dios y la obra maestra) y Bélgica (2-0), hasta llegar el choque final con Alemania, el 29 de junio. Fue victoria 3-2, trabajosa y dramática. La Argentina se adelantó en el marcador 2-0, con tantos de José Luis Brown y Jorge Valdano, pero los alemanes consiguieron igualar por intermedio de Rummenigge y Voller.

A seis minutos del final, Jorge Burruchaga desniveló el marcador y entró en la historia triunfal de nuestro fútbol, así como sus otros compañeros de esa tarde en el estadio Azteca: Nery Pumpido, José Luis Cuciuffo, Oscar Ruggeri, Julio Olarticoeehea, Ricardo Giusti, Sergio Batista, Héctor Enrique y Marcelo Trobbiani.

El segundo título viajaba a la Argentina. Junto con la explosiva confirmación de Diego y el auténtico resultado de la polémica: ; Menotti o Bilardo? Los dos.

Fuente Consultada: 100 años de vida cotidiana – El Diario Intimo de un País La Nación

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