Origen de los Burgos en la Edad Media Los Municipios



Origen de los Burgos en la Edad Media – Los Municipios Medievales

LA CIUDAD Y EL CAMPO EN LA EDAD MEDIA:

Desde que ocurrieron las invasiones de los piratas en el siglo IX, las antiguas ciudades no tenían casi pobladores; ni obreros, porque nadie tenía dinero para encomendarles trabajo; ni comerciantes, porque ya no era posible andar por los caminos.

Apenas quedaban los aldeanos y los criados del obispo o del conde.

Lentamente gracias a las mejores condiciones climáticas de aquella época y el consecuente mejoramiento de la salud de los habitantes,  la agricultura tomó un importante auge, y las superficies sembradas se ampliaron  enormemente.

Las roturaciones agrícolas transforman  considerablemente el paisaje. Además los bosques quedan reducidos y las comunicaciones se hacieron  más fáciles y cortas. Las abundantes cosechas generaron excedentes, lo que  motivo inicialmente el trueque con otras poblaciones y mas tarde el comercio.

Como consecuencia a fines del siglo XI el dinero comenzó a escasear menos y de nuevamente  empezó a haber un poco de comercio, con la  que reaparecieron los artesanos y los mercaderes.

Entonces las antiguas ciudades se repoblaron y muchas aldeas se hicieron ciudades. La mayor parte de las ciudades francesas fueron en su origen aldeas.

Gran parte de los  nuevos pobladores se establecieron, no en el antiguo recinto de la ciudad, que era demasiado pequeño, sino al lado, en un emplazamiento que se rodeó primeramente de una empalizada de madera, luego de una muralla de piedra.

A este recinto se aplicaba un nombre alemán, burgo. Hubo entonces, una al lado de otra, dos ciudades y a veces más, cada una con su recinto fortificado.

Nace nuevos mercados en los burgos campesinos, ferias en las grandes encrucijadas. Paralelamente el comercio suntuario se desarrolla para responder a una demanda creciente.



El renacimiento del comercio trae consigo el de las ciudades, pobladas a la sazón no solamente por clérigos, sino también por comerciantes profesionales y por artesanos.

Pero la ciudad sigue muy impregnada de campo: las casas están espaciadas, quedan muchos campos dentro de las murallas.

Los habitantes (el término «burgués» comienza a formarse) llevan exactamente la misma vida que los campesinos: siguen el ritmo de las estaciones, en casas de madera, sin comodidades.

No gastan, ignoran el lujo. Son, apenas, un poco más instruidos que los campesinos, para poder manejar los libros de cuentas.

Pero, sobre todo, los burgueses siguen sometidos a la misma autoridad que los campesinos: el señor, sobre cuyo territorio se sitúa la ciudad.

Este, a causa de sus frecuentes rapiñas, sus atropellos, los impuestos que inventa y multiplica, entorpece el comercio.

Por ello, los burgueses se agrupan en comunas para oponerle resistencia e imponerle el reconocimiento de las franquicias de la ciudad: independencia personal de todos los burgueses, restricción de los derechos consuetudinarios señoriales, supresión de las trabas al comercio.

Ciudad Medieval

El movimiento se desarrolla, sobre todo, en la Italia lombarda y en la Francia del Norte, y posteriormente en los países germánicos, más apartados de la renovación comercial.

Es muy violento, llegando hasta el motín en el año 1115, los habitantes de Laon matan a su obispo, que se negaba a reconocer sus franquicias.

En conjunto, el movimiento comunal se ve coronado por el éxito, y el nuevo estatuto jurídico de las ciudades permite la extensión del comercio.



De este modo, la expansión agrícola lleva consigo el desenvolvimiento de la economía de cambio, la creación de ciudades, la aparición de los burgueses, que trastorna la disposición de los tres órdenes.

Es un germen de disolución del régimen feudal, adaptado a una economía de subsistencia replegada sobre sí misma. Pero, antes de disolver el feudalismo, la expansión agrícola implica el enriquecimiento  de las  clases  superiores.

LOS MUNICIPIOS:

En varias ciudades del Norte, sobre todo en Picardía, donde era señor un obispo, los habitantes, para obtener la franquicia, habían empezado por hacer entre ellos una conjuración, se habían jurado defenderse mutuamente para obligar a su señor a concederles una carta. La ciudad libertada por este medio se llamaba municipio.

Cada uno de los habitantes había de jurar defender a los demás, y cuando se daba la voz de ¡Municipio! todos habían de acudir armados.

En varias ciudades el obispo prohibió a los habitantes formar un municipio, y los habitantes se sublevaron.

En Cambrai, el año 1076, los habitanes se habían armado y jurado el municipio, en tanto el obispo estaba en la corte del emperador. Volvió el obispo y aceptó lo jurado para que se le dejase entrar. Pero, cuando los habitantes hubieron dejado las armas, envió soldados que mataron a muchos en las calles y en las iglesias.

A otros mandó cortar pies y manos, sacar los ojos o marcar con hierro al rojo. Luego suprimió el municipio.

En Laon, desde el año 1106, el obispo, señor de la ciudad, era un caballero normando que pasaba la vida en la guerra y cazando.

Tenía un esclavo negro que utilizaba para atormentar a los que no le placían. En una ciudad vecina, en Noyon, el obispo había dejado formarse un municipio. Los habitantes de Laon quisieron formarlo también.

El obispo había ido a Inglaterra; los obispos y los sacerdotes que gobernaban en su ausencia, accedieron a lo pedido mediante el pago de una gruesa suma.



El obispo, a su vuelta, aceptó lo hecho mediante una nueva suma. Pero tres años más tarde (1112) hizo que a Laon fuese el rey Luis VI, y le pidió que anulase el municipio. Los habitantes ofrecieron al rey 400 libras de plata para conservarlo. El obispo prometió 700 por suprimirlo. El rey mandó pregonar por la ciudad que el municipio quedaba suprimido y se apresuró a partir.

Al día siguiente, por la mañana, los habitantes, exasperados, cerraron sus tiendas y se reunieron. Varios juraron matar al obispo.

Alguien fue a avisarle, y respondió: » ¡Yo, perecer a mano de esas gentes! «. Al día siguiente, que era la Pascua, atravesó la ciudad en procesión y oyó gritar: «¡Municipio, municipio!». Mandó venir aldeanos de los alrededores y los apostó en las torres de la iglesia y en su palacio.

Pero dos días más tarde los despidió. Se le previno que los habitantes se agitaban: «¿Qué creéis, dijo, que puedan hacer esas gentes? Si mi negro tomara de la nariz al más terrible de ellos, no se atrevería a refunfuñar. ¿No les he obligado a renunciar a lo que llamaban su municipio? «.

Pero al día siguiente, por la tarde, se oyó de pronto gritar: » ¡Municipio! «. Un fuerte grupo, armado con hachas, arcos, mazas y picas invadió la iglesia y el palacio del obispo. Los caballeros del obispo no tenían armadura, se defendieron con el escudo y fueron muertos.

El obispo se puso el traje de un criado, huyó a refugiarse a una bodega y se escondió dentro de un tonel. Los sublevados, dueños del palacio, corrían por todas partes en su busca.

Un criado del obispo, con un movimiento de cabeza les mostró la bodega. Se precipitaron en ella y buscaron por todas partes. Con ellos iba un hombre a quien el obispo por mofa había llamado Isengrin (así se apellidaba al lobo en la Edad Media).

Se detuvo delante del tonel, lo destapó y tocó al obispo con el palo que llevaba, preguntando: «¿Quién está ahí? » — El obispo respondió temblando: «Un desgraciado prisionero» — » ¡Ah! , respondió el hombre, es el señor Isengrin el que está metido en este tone!».

Se sacó al obispo por los pelos de dentro del tonel, y se le arrastró fuera y se le partió la cabeza de un hachazo, y uno, para apoderarse del anillo, le cortó el dedo con su espada.

El cadáver, desnudo, fue abandonado en un rincón. Los amotinados maltrataron también a las mujeres de los caballeros.

Se siguió una larga guerra. El rey atacó a Laon. Los habitantes se refugiaron en el castillo de un señor de los alrededores, que se dedicaba al pillaje, y el municipio fue abolido.

Se conservaron, no obstante, municipios en la mayor parte de las ciudades de Picardía y los señores crearon algunos en otras partes, por ejemplo, en Borgoña. Pero la mayor parte de las ciudades de Francia no tuvieron municipios.

EL DESARROLLO DEL COMERCIO: El desarrollo del lujo ha acrecentado el comercio e incluso la creación de centros industriales especializados: Flandes, Italia del Norte, en la industria pañera; París, en los oficios artesanos.

Los burgueses se enriquecen. Invierten sus beneficios en la tierra y tratan de integrarse en la nobleza.

En Italia, la clase superior está formada por la fusión de la nobleza y de los más ricos burgueses; todos sus miembros son, a la vez, comerciantes y terratenientes, y residen en las ciudades.

Ellos serán los artífices del gran renacimiento italiano de los siglos siguientes.

En Francia, por el contrario, la nobleza se cierra y se convierte en hereditaria. Pero se ha visto que la burguesía era lo suficientemente vigorosa para tener una expresión cultural propia. En el aspecto político, es ella quien sostiene el poder real contra la nobleza.

En toda Europa, las ciudades se desarrollan, tienen unas actividades y una mentalidad especial, distinguiéndose cada vez más claramente del campo.

Sin embargo, la economía rural se ve profundamente transformada por la circulación de la moneda.

Los campesinos venden una parte de su cosecha para alimentar a las ciudades. Los contratos de arrendamiento y aparcería reemplazan a la antigua servidumbre.

Esta evolución acentúa las divisiones sociales entre la gente del campo. Algunos campesinos hábiles se enriquecen (el tema del rústico nuevo rico invadió la literatura realista del siglo XIII), mientras que otros caen en una especie de servidumbre por deudas.

En conjunto, la economía de intercambio es favorable a la nobleza de Inglaterra y de Italia del Norte, que se entrega a la explotación directa y a los cultivos favorables a la especulación.

Pero en Francia, en España y en los países germánicos, la nobleza, cuyas dispendios en lujó y equipo militar crecen constantemente, no sabe adaptarse.

Se encuentra, pues, en desequilibrio permanente, se endeuda, vende sus tierras y se empobrece.

Casta hereditaria, no se encuentra ya sistemáticamente ligada a la carrera de las armas, puesto que algunos de sus miembros no son lo bastante ricos para ejercerla.

Por todas partes, el sistema feudal se halla minado por la economía monetaria.

Únicamente, la coyuntura económica favorable impide que la crisis estalle. Pero esta coyuntura cambia en los primeros años del  siglo XIV.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

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