Un Paseo Por Las Calles de San Francisco






Salgo del hotel con el solo propósito de pasear por las calles de San Francisco,  para hacerlo nada mejor que el cable car,  que aún circula con sus coches originales desde hace casi 150 años, capaz de subir las empinadas cuestas de las calles de la ciudad. Seguramente pensabas como yo, que tenía motor eléctrico. Pero el origen de su nombre se refiere al cable que circula por debajo del pavimento y mediante un gancho, hace que el coche avance.

No es un medio de transporte en sí mismo sino un atractivo turístico, donde se permiten ciertas licencias como por ejemplo viajar en el estribo, todo el mundo lo hace y se pelean por conseguir el mejor lugar.

Hacia 1906 San Francisco llegó a tener 23 líneas pero luego del gran terremoto que sufrió la ciudad sólo quedaron 8. Con el correr del tiempo dejaron de ser rentables para las empresas que explotaban el servicio y 5 de ellas se fueron convirtiendo en tranvías eléctricos y líneas de ómnibus.

En 1944 el condado y la ciudad se hacen cargo del servicio de las tres líneas restantes, para cerrarlo definitivamente en 1947. Fue gracias a la gestión de un comité de vecinos que presionaron al alcalde, y lograron que el servicio siga operando. Es así que en 1964 el sistema de cable car fue declarado Patrimonio Histórico Nacional.

Dos de las líneas que funcionan actualmente, salen desde Powel y Market

Y tienen recorridos similares. Compro un ticket que me permiten viajar en todas las líneas durante todo el día y hago paciente la cola para tomar el próximo.

Un amigo me recomendó tomar el que llega a Fisherman Wharf, el de color bordó me explicó para que no me confunda.

Lo primero que me llama la atención es cómo giran los coches al llegar a destino, esto se hace a pulmón empujando una plataforma giratoria 180 grados.

No voy a viajar en el estribo por supuesto, busco un asiento para apreciar el recorrido, recomiendo la parte trasera o la delantera del vagón, que está hecho totalmente en madera tal como era hace más de 100 años.

Luego de cruzar Union Square la plaza céntrica, comienza la empinada cuesta de la calle Powell hasta llegar al punto más alto de la ciudad.

El conductor, en realidad se le llama “grip operator”, muy gentil me recomienda que baje en la calle Lombard y luego visite la heladería y chocolatería Ghirardelli.

Obedezco y bajo en la intersección de la calle Hyde y Lombard, Es impactante la vista desde esa esquina, por un lado se divisa la isla de Alcatraz Y por el otro, una panorámica de la ciudad con el puente que lleva a Oakland cruzando la Bahía.

En ese punto la pendiente es tan pronunciada, que tuvieron que hacer la calle en Zig Zag,  ese precisamente es el atractivo de la calle Lombard.


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No sé si es mas cansador subir o bajar caminando, pero al bajar por las calles siguientes hasta llegar a la famosa chocolatería Ghirardelli, mis piernas ya no responden.

El local es impactante está enclavado en lo alto y dentro de un pequeño shopping con otros negocios, todo muy pintoresco.

Para entrar generalmente hay que hacer cola, y la atención es algo impersonal, se paga a la entrada en cajas como supermercado pero antes de consumir, así que hay que tener en claro qué vas a pedir, porque no hay tiempo para dudar si no pierdes el turno.

La sorpresa es que presentando el ticket del viaje hay un descuento de un 10%

Compré chocolates de regalo que lamentablemente nunca llegaron a destino, ya que me los fui comiendo durante el resto del viaje.

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Ya de regreso del paseo, me detuve en él Museo del  cable car, un lugar impresionante donde pude ver cómo funcionan las enormes ruedas que impulsan los cables y me enteré cómo funciona el sistema.

El último tramo lo hice en la línea que corre sobre la calle California, en unos coches bastante más grandes, hasta el final del recorrido en la calle Market.

Estaba casi 10 cuadras de donde había empezado, así que decidí tomar el famoso tranvía de la línea F. Pero eso lo cuento en la próxima nota.

Autor y colaborador del Sitio:

Silvia Bollada

 

 





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