El Petiso Orejudo Cayetano Godino Historia Primer Asesino Serial



El Petiso, Orejudo, Cayetano Godino
Historia Primer Asesino Serial Argentino

Sobre la leyenda de Cayetano Santos Godino, el «Petiso Orejudo», matador de niños y piromaniaco, se han escrito libros, obras de teatro, filmado películas y hasta pintado cuadros. Pero pocos como el periodista Juan José de Soiza Reilly pudieron definir en pocas palabras lo que significaron los cuatro crímenes. El siguiente es un extracto de una nota que Reilly publicó en 1933 en la revista Caras y Caretas:

«En 1912, Buenos Aires se estremeció de espanto. Las madres escondían a sus hijos, gritando
– ¡Un monstruo!

En efecto. Había aparecido un monstruo que robaba niños. Elegía como los ogros de los cuerpos fantásticos, los niños más hermosos y más tiernos de cuatro a seis años. Para atraérselos utilizar: en vez de la varita mágica de los encantadores, algunos caramelos. Los pobres inocentes, sugestionados por la golosina, iban detrás de aquel imán con los brazos tendidos.

El bárbaro se los llevaba a rincones obscuros. Allí los mataba, lentamente, para darse el gusto de ver cómo morían. Era un marqués de Sade. Utilizaba, a falta de colmillos de antropófago, un enorme clavo de hierro».

Fue descubierto y condenado a perpetua en la Cárcel de Ushuaia, allí fue salvajemente golpeado por los reclusos al descubrir que él les había matado su gato de mascota, abocándolo como hacia con sus víctimas.

EL CASO DEL PRIMER ASESINO SERIAL ARGENTINO: CAYETANO SANTOS GODINO:
«El Petiso orejudo»
Ajeno tal vez a esos avalares periodísticos, un joven de 16 años, paciente de una enfermedad que lo movía a mortificar y matar niños, provocaba una ardua polémica en el Buenos Aires de 1914.

Cayetano Godino Por ese entonces, Cayetano Santos Godino —tal el nombre del enfermo, más conocido por su alias El petiso orejudo—, era alojado en el Hospicio de las Mercedes, pabellón de alienados delincuentes, por disposición del juez.

El fallo, que se había basado en un cuádruple informe médico declarando a Godino «insuficiente mental«, provocó acaloradas polémicas. Es que alojado en el Hospicio de las Mercedes El petiso orejudo casi prolongó su necesitad de matar intentando acogotar a varios enfermos.

Y esa probabilidad siempre estaría latente en ese instituto que además de no contar con adecuada vigilancia penitenciaria, no estaba preparado para alojar a un preso como Godino.

(Recién el 28 de abril de 1969, por insólito que parezca, se dio solución eficaz a la falta de un establecimiento médico donde se pudiera alojar a un alienado criminal bajo la vigilancia de médicos y personal de seguridad dependientes de un organismo penitenciario.



Este hecho se produjo ese día con la cesión por parte de la Secretaría de Salud Pública a Institutos Penales de la Nación de las salas Lucio Meléndez y Chiaruggi.)

Claro que por aquel entonces, el fallo declarándolo enfermo asustó a la sociedad dominada por la angustia de una posible evasión de Godino. Hasta la prensa solicitó entonces que a despecho de la enfermedad se lo alojara en una prisión segura.

La Cámara en segunda instancia, optó por esta salida.

Por las características especiales que revestía la personalidad de Godino —evidentemente un caso límite—, vale la pena bucear en ella siguiendo algunas alternativas de su proceso. Un excepcional reportaje que la desnuda, por ejemplo, publicado por el diario La patria degli italiani que interrogó a Godino en el Hospicio de las Mercedes, después de la condena del juez, lo definía así:

«—Has dormido bien tranquilo, al parecer.
«—Ahora duermo bien.
«—¿Pero después de haber estrangulado a aquel niño?
«—¡Ah,..!, la primera noche, no más, me pasa así.. . después. .. nada…
«—¿Y qué cosas sentías la noche del delito?
«—Nada… el muchachito me seguía embromando y le decía al padre: «¡Papá, ha sido él, agárralo, ha sido él que me ha matado!…»
«—Dime; ¿tu padre se embriagaba?
«—Ahora hace un tiempo que no toma, pero antes siempre estaba borracho y le pegaba a mi madre.
«—¿Tu madre viene a visitarte?
«—No señor, tiene vergüenza.
«—¿Cuántos delitos has cometido?
«—Once, tres muertos y ocho lastimados.
» Y después de otras consideraciones familiares el reportaje proseguía:
«—¿Qué sensaciones sientes cuando estrangulas?
«—No sé.. . me gusta. A más, me da todo un temblor por el cuerpo que me sacude… siento ganas de morder. Al chico ese lo agarré con los dientes aquí, cerca de la boca y lo sacudía como hacen los perros con los gatos. .. luego me da mucha sed. La boca, la garganta se me secan, me arden como si tuviera fiebre…
» Y añadía más adelante el periodista: «Confesó el desgraciado que después de cada delito de sangre, sentía violentas sensaciones eróticas».

Tras lo cual proseguía con el escalofriante interrogatorio:
«—¿Y por qué incendiabas las casas? «—Para ver trabajar a los bomberos. Siempre corría a ver los incendios y les daba una mano a los bomberos. Es lindo cuando caen en el fuego.
«—¿Y robar? «—He probado, no me gusta. Ha sido un compañero mío que me ha enseñado, pero no me gusta».

Francamente, es un ser que nos hace estremecer y al mismo tiempo nos da la más profunda piedad. Pero lo más característico en él es el desequilibrio de las facultades mentales, es la manera de apreciar las cosas. Por ejemplo: respecto al padre de su última víctima, al oírlo, él teme la venganza del desdichado padre, no por el hecho de haber asesinado ál niño, sino porque lo ha engañado.

«—Estoy contento de estar preso. No saldría sino acompañado por un vigilante. Ya todo el mundo me conoce. Y además, el padre del muchacho… ¡si me caza, me mata! ¡Cómo lo he engañado!… Es que cuando me preguntó por su hijo le dije que no lo había visto y que lo buscara en la comisaría. «

Confiesa con verdadera fruición que se divertía en matar los caballos y en probar la sensación del hierro que se hunde y se retuerce en las carnes y el recuerdo de estos espectáculos lo excita y entonces el mentón y el labio inferior se largan y los dientes se cierran, la nariz se ensancha como si aspirase el olor característico de la matanza.

Y en medio de este desastre moral, un solo y débil sentimiento de afectividad hacia la madre, de temor hacia el bastón y los cachetazos del hermano mayor, quien, epiléptico como él, parece no mezquinar medidas enérgicas contra el precoz delincuente.



«—¿Volverías a cometer otros delitos?
«—No señor. Le doy demasiados disgustos a mi madre que hasta tiene vergüenza de mí.
«Pero después de estas declaraciones que hacían vislumbrar una reacción de arrepentimiento, sucede una carcajada que nos hace estremecer cuando el comisario Pereyra le muestra la fotografía de la pieza y del cadáver del menor Laurora. Verla y recordar con lujo de detalles la escena del asesinato que le hacían re vivir aquellos instantes fue todo.

«Es inexacto que Godino sea un invertido más —se afirmaba a continuación en la crónica—; nunca ha tenido contactos normales ni anormales. Únicamente su degeneración es motivada por el alcohol y otros vicios que le debilitan cada vez más su sistema nervioso. Es un epiléptico incurable que sería digno de ser conservado en un manicomio criminal a perpetuidad, por ser peligrosísimo.

«El manicomio criminal será pronto una necesidad tan imperiosa aquí donde el alcohol produce grandes estragos, dadas las especiales cualidades del ambiente —acotaba La patria degli italiani, reclamando ese insti tuto. Para después continuar:

«—Quiero hacerte una última pregunta. ¿Has llorado alguna vez?
«—Sí señor, pero de rabia… lloraba de rabia cuando se me escapaba alguna volada.
«—Pero, ¿por algún otro motivo?
«—Nunca.
«—Pero, ¿no te han inculcado algún principio religioso?
«—Como no, si soy bautizado.
«—¿Y no te han dicho que puedes ser castigado aun así?
«—No sé; pero aquí me han dicho que soy enfermo, que me van a someter a un tratamiento… entonces, ¿qué culpa tengo yo si no puedo sujetarme?»

¿Prisión o tratamiento médico? Eran los interrogantes que abría la sociedad para juzgar el caso Godino o El petiso orejudo, un maniático enfermo que asoló a las familias porteñas allá por 1908.

Los padres de los menores Miguel Depaoli, Jesualdo Giordano (un niño de 3 años de edad hallado muerto junto a los hornos de una industria, atado con un piolín que tomaba manos y pies), Julio Botte (niño de un año y 10 meses de edad al que Godino quemó los párpados con un cigarrillo), Arturo Laurora, Severino González Caló (sumergido en una pileta de lavar caballos), Benita Vainicoff, Ana Ñera, Carmen Gittone y Catalina Naulener, probablemente en medio de sus tragedias estarían más allá de la polémica que entonces monopolizaba a Buenos Aires.

Por fin, en noviembre de 1915 los partidarios de que Godino —calificado de imbécil e irresponsable de sus actos por los informes médicos de los doctores Negri y Lucero, Cabred y Esteves—, fuese a dar a una penitenciaría, se salieron con la suya.

Amparado en la inseguridad del Hospicio de las Mercedes y reclamando una anhelada paz social, el agente fiscal al elevar entonces su dictamen a la cámara ponía en descubierto la falencia del sistema carcelario: «.. .el peligro de que se escape es siempre mayor en un sanatorio que en el presidio.

Hay más: los ilustrados peritos señores Cabred y Esteves insinúan que si no existe un establecimiento adecuado para recluir a este monstruo humano, el Estado debe crearlo. ¿Qué se hará, pues, mientras no se cree tal establecimiento?

Probablemente, retener al sujeto en el pabellón de idiotas del Hospicio de las Mercedes. tiempo sin que volvamos a tener no ticias del ya tristemente célebre Cayetano Santos Godino. Si no estrangula a sus compañeros del sanatorio, ya procurará fugarse».



Poco después, la Cámara seguía el consejo del fiscal fundando su voto. Una parte de los considerandos rezaba: «Esta es la solución práctica que corresponde adoptar por hoy con sujetos de la naturaleza de Godino —aludía a tratamiento carcelario—, procesado que ha mejorado ostensiblemente desde el punto de vista psíquico, durante el tiempo de este proceso, como lo aseveran los peritos».

El reconocimiento en el fallo de las bondades del tratamiento dispensado a Godino en el nosocomio —mientras duró el proceso, o sea mientras estuvo internado en el Hospicio de las Mercedes— reabrió la polémica.

Pero ya era tarde. Godino, en mérito a su minoría de edad, se había salvado de la pena de muerte que fijaban las leyes penales, pero no de la de penitenciaría por tiempo indeterminado a cumplir desde el 12 de noviembre de 1915.

La falta de un establecimiento apropiado, condenaba a un retardado mental —tal vez recuperable— a terminar sus días en una fría celda del Sur, incomunicado. Murió en Ushuaia, poco antes que Perón, en 1947, decretara la extinción de ese instituto en mérito a las condiciones inhumanas de vida que allí se daban.

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CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
POR LILA CAIMARI Historiadora
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

Con 16 años, el delincuente se confesó responsable de tres homicidios y ocho lesiones a niños de su barrio. Intentan determinar si es imputable.

Interrogatorios policiales y estudios criminológicos han terminado por aclarar la extraordinaria trayectoria del menor Cayetano Santos Godino (alias «el Petiso Orejudo»), que en los últimos meses concitó tanta atención de la prensa porteña.

Con escasos 16 años en el momento de su arresto (y una apariencia de juventud aún mayor), este hijo de una modesta familia de inmigrantes se ha confesado responsable de once crímenes (tres homicidios y ocho lesiones), todos cometidos contra niños de su barrio. También admite ser responsable de varios incendios.

Lejos de mostrar remordimiento, Godino sorprende relatando con detalle sus métodos y exhibiendo incluso cierto orgullo de autor. En conversación exclusiva con nuestro enviado a la cárcel donde se encuentra bajo custodia, aclara que nunca le gustó el hurto y que prefiere mantenerse aislado de los «vulgares» rateros: «Yo no trato con esa gente, son todos ladrones», aclara a este cronista.

Gracias al acceso a información confidencial de este diario, nuestros ávidos lectores han podido ver las fotos del acusado y leer los informes periciales de Godino firmados por los doctores Cabred, Estévez y Coll, entre otros eminentes especialistas en el crimen.

Su misión es decidir si el joven delincuente está loco (y por eso debería ser enviado a un pabellón de alienados) o si es responsable de sus actos (y debe pasar el resto de sus días en una prisión). ¿Loco moral? ¿Psicópata? ¿Degenerado hereditario? ¿Idiota congénito? Psiquiatras, juristas y criminólogos se debaten para dar con un diagnóstico firme.

Mientras tanto, mediciones craneanas, rarezas faciales, datos de herencia biológica y anécdotas de infancia se apilan en el legajo del menor-homicida. Cualquiera sea el resultado de estos debates, y en razón de su corta edad, es probable que Godino sea internado en el hospicio Lucio Meléndez de la ciudad de Buenos Aires, y se salve por elmomento de ser enviado al temible presidio de Ushuaia.

Cuando cumpla la mayoría, su caso será reabierto, acaso para considerar un destino en el fin del mundo. Como siempre, los mantendremos al tanto de las primicias sobre el más precoz criminal de la historia argentina.

Fuente Consultada:
Cáceles Historia Popular Tomo 19 Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo
Revista Muy Interesante Especial N°8 Año 4 Crímenes y Criminales de la Historia
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

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