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Los Cataros y los Gnosticos

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LOS CATAROS: En El Código Da Vinci se menciona repetidamente el hecho de que, en el pasado, la Iglesia cristiana sofocó y aplastó violentamente las llamadas sectas y movimientos heréticos. Una de esas sectas, la de los cátaros, jugó un papel fundamental y crucial en las teorías contenidas en El enigma sagrado, el libro que se utilizó como base para la historia contenida en El Código Da Vinci.

Los cátaros formaban una secta cristiana, también conocida como albigenses, que gozó de popularidad durante los siglos XII y XIII en la región francesa del Languedoc y en el norte de Italia. Eran una ramificación de otra secta herética anterior, llamados bogomilos o bogomiles de los Balcanes, existente desde mediados del siglo x. En 1179, en el Tercer Concilio Laterano, el Papa denunció públicamente a la iglesia cátara. El nombre «cátaro» se cree que proviene de la palabra griega katharó, que significa «puro» o «purificado», o de la voz alemana ketter, que significa «herético».

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Aunque la Iglesia católica juzgaba herejes a los cátaros, estos se consideraban cristianos verdaderos y se referían a sí mismos como «cristianos» u «hombres buenos». El bastión principal de los cátaros estaba en el Languedoc, hoy una parte de Francia, pero, en aquel entonces, un rico Estado independiente.

La mayor parte de la nobleza del Languedoc era o bien cátara o simpatizante de la fe cátara. Como pacifistas que eran, no suponían una amenaza para los señores feudales, y su propósito de llevar una vida sencilla, pura y pacífica atrajo a muchos hacia su fe.

Desgraciadamente, los cátaros tuvieron problemas con la Iglesia católica porque se negaron a aceptar la autoridad del Papa; creían que la cruz era un símbolo maligno de la tortura y la muerte y no les gustaba el comercio de reliquias religiosas, negocio muy lucrativo para la Iglesia en aquellos tiempos. Esta incluso envió al Languedoc misioneros —incluido San Bernardo de Claraval (ver entrada sobre 43 tantos miles de personas estuvieron dispuestas a sacrificar sus vidas por sus creencias. En lugar del Juicio Final de las almas —un concepto que los cátaros no aceptaban – , creían que el mundo físico dejaría de existir cuando todas las almas fueran liberadas de él.

Además de en el dualismo, los cátaros creían en la salvación personal e, incluso, se animaba a la gente común a leer la Biblia, especialmente el Evangelio de San Juan del Nuevo Testamento, ya que las ideas expresadas en él influyeron en la formación de las creencias de los cátaros. El único texto cátaro sagrado que conocemos es el Libro de Juan, que es lo mismo que el Evangelio de San Juan, pero con el añadido de las revelaciones dualistas. La Iglesia cátara estaba organizada en diócesis con obispos, diáconos y perfecti. Los oficios religiosos eran informales y se hacían al aire libre, en cuevas o en casas.

En 1209 el papa Inocencio III convocó una cruzada contra los cátaros, que, conocida como la Cruzada Albigense en alusión a la ciudad cátara de Albi, fue especialmente sangrienta y cruel, y acabó con miles de vidas, tanto de cátaros como de cristianos. En ese momento, los cátaros empezaron a fortificar muchos castillos-fortaleza, tales como el de Montségur, en el sur de Francia, que había sido utilizado originalmente como un lugar de meditación.

Sin embargo, tras la cruzada, Montségur se convirtió en un refugio. En 1243 Montségur fue sitiado, aunque lo áspero y montañoso del terreno se lo puso difícil a los cruzados. Los cátaros, finalmente, se rindieron el 2 de marzo de 1244, tras un asedio de diez meses, durante el cual, se cuenta, muchos soldados se convirtieron y se unieron a las filas de los cátaros.

Entre las condiciones de la rendición, se les dio quince días para prepararse para su destino. La noche anterior a la que debían entregarse, cuatro cátaros escaparon por la ladera más escarpada de la montaña y se llevaron consigo el tesoro cátaro.

Nunca se ha sabido en qué consistía este tesoro, y ello ha sido objeto de debate en innumerables libros. Se ha especulado que el tesoro era el Santo Grial, la legendaria «cabeza hablante» de los Templarios, también conocida como Baphomet, importantes objetos rituales cátaros, escrituras sagradas, o bien, tal como sugieren Picknett y Prince en La revelación templaria, el tesoro podría haber consistido en los cuatro cátaros en sí mismos. El día de la rendición, los 205 cátaros que resistían dentro de Montségur fueron conducidos cantando colina abajo, donde fueron quemados en la hoguera en los campos del llano inferior.

La Cruzada Albigense continuó durante once años más, hasta 1255. Desde entonces en adelante, se dejó en manos de la Inquisición erradicar de la zona el catarismo, que todavía existía en pequeños focos en los Pirineos. La información de esta época proviene sobre todo del pequeño pueblo de Montaillou, de las declaraciones de los aldeanos interrogados por la Inquisición. Hacia 1320, la mayoría de los líderes cátaros habían sido quemados por herejes, y el catarismo jamás fue capaz de recuperarse.

Basado en el libro: Diccionario del Código Da Vinci de Iker Jimenez





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