La Alimentación de los Griegos Comidas y Alimentos






LA COMIDA EN GRECIA ANTIGUA: LEGUMBRES, CEREALES Y FRUTAS

En el acostumbrado tren de su vida, ¿que comían los griegos? La mayoría, en especial los atenienses, era conocida por su sobriedad, que explican en gran parte el clima y la escasa fertilidad del suelo. No obstante, los habitantes de la feraz Beocia tenían fama de comilones, y la gente se burlaba de su gula, como también de su índole estúpida y grosera. Pero el gusto exclusivo por la buena vida y la bebida que se les prestaba no era tal vez sino el efecto de los prejuicios de vecinos malévolos.

El régimen de los espartanos, al contrario, tenía fama de ser aún más frugal que el de los atenienses, pero quizá esta opinión se debiera a un “espejismo” opuesto. Homero  ya llamaba a los hombres “comedores de harina”. Los cereales, esencialmente el trigo y la cebada, de los que hemos dicho que los atenienses debían importar grandes cantidades, constituían la base de su alimentación. Cuando Platón, en su República, quiere trazar el cuadro de una vida sana y primitiva, escribe:

“Los hombres, para alimentarse, fabricarán sin duda, sea con cebada, sea con trigo candeal, harina, que harán tostar o que amasarán; hacen con ella bellas galletas o panes que se han de servir sobre bálago u hojas muy limpias.”

La harina de cebada amasada en forma de galleta, es la maza, alimento esencial en la vida de cada día. Según una prescripción de Solón, el pan de trigo candeal propiamente dicho (artos), en hogazas redondas, no se podía comer sino en los días de fiesta. Pero ciertamente, en la Atenas del siglo de Pericles, se encontraba todos los días pan de trigo candeal como también maza en la tienda del panadero (mientras que antes cada familia cocinaba su pan), pero la maza costaba menos cara, y casi siempre los pobres debían contentarse con ella.

comidas griega

Los griegos ya tenían estandarizado para el 400 A.C. los banquetes, comían sentados al principio pero posteriormente pasaron a reclinarse.

Todo alimento sólido que acompaña el pan en el correr de una comida se llama opson: legumbres, cebollas, aceitunas, carne, pescado, fruta y golosinas. Las legumbres eran escasas, y en la ciudad, relativamente caras, salvo las habas y las lentejas que se comían sobre todo en puré (etnos): tal era el alimento espeso y sustancial del cual Heracles, buen comilón si jamás hubo alguno, gustaba tanto, según Aristófanes. Consumíanse los ajos en gran cantidad y también el queso y las cebollas, en especial en el ejército, en el que los delicados hallaban estos alimentos monótonos y groseros. Las aceitunas abundaban en el Ática, por lo menos antes de la guerra del Peloponeso, y si se empleaban en especial para fabricar aceites, también se comían en abundancia.

La carne era cara, salvo la carne de cerdo (un lechón valía tres dracmas), y la gente menesterosa de la Ciudad no lo comía sino muy raras veces, cuando se celebraba un sacrificio, porque todas las fiestas religiosas incluían escenas de carnicería y de matadero y terminaban en comilonas. Pero, en la campana, lo terratenientes acomodados podiun comer con frecuencia aves de corral, cerdo, cabrito, carnero, sin hablar de la caza menor que se óbtenía en los campos.

La mayoría de los atenienses de la ciudad debía alimentarse con mu cha mayor frecuencia con pescado que con carne. Ya es significativo que la palabra opson, que de designaba, como hemos dicho, todo le que se come con pan, tomara poce a poco un sentido especial para aplicarse particularmente al pescado, de tal manera que la palabra que significa pescado en griego mo derno deriva de ella. Con el pan, el pescado era probablemente el alimento principal de la población urbana. Todo aumento en el precio de las sardinas y de las anchoas en el Falero inquietaba al pueblo menudo, que temía verse obligado a privarse de uno de sus platos acostumbrados y que más apreciaba. El mercado del pescado era uno de los más abastecidos y más pintorescos del Agora.

Algunas especies de pescados particularmente sabrosos y rebuscados costaban demasiado caro para poder figurar en la mesa de los pobres, por ejemplo las renombradas anguilas del lago Copáis, por cuanto los atenienses tenían predilección por el pescado de agua dulce, como también por el pescado de mar como el atún. Gustaban asimismo de los frutos del mar: mariscos y moluscos, como la sepia y los calamares, que abundaban en las costas de Eubea y que constituían tan importante recurso para los pescadores de Eretria que esta ciudad había adoptado el calamar como signo distintivo en sus monedas. Mercaderes de salazones (tarichos) vendían pescados y carnes conservados en salmuera o ahumados. La comida podía terminar con un postre (tragema): fruta fresca o seca, en especial higos, nueces y uvas, o pasteles de miel.

Las mujeres de la casa, sobre todo las mujeres esclavas, eran las que  por  lo  común  cocinaban.  Sin embargo desde el siglo V a.C. se ven aparecer cocineros y pasteleros de profesión, algunos de los cuales redactaron “Artes Culinarias”. Platón cita a “Thearion el pastelero, Mithaecos, el autor de un tratado sobre la cocina siciliana, y Sarambos, el mercader de vinos, tres eminentes conocedores de pasteles, cocina y vinos”.

La mayoría de las viandas se comían con los dedos, por cuanto se ignoraba el uso de los tenedores. Las galletas chatas de maza o de trigo candeal solían ocupar el lugar de los platos, pero se utilizaban también platos o escudillas de madera, de barro cocido o de metal, y, para comer los purés y las papillas, se empleaban cucharas bastantes parecidas a las nuestras, cuyo mango era a veces ricamente adornado. Para la carne, era necesario el empleo del cuchillo.

El plato que más gustaba a los espartanos, en sus comidas tomadas en común (sysities), es el famoso bodrio negro, suerte de guiso muy picante en el que entraban como ingredientes:   carne de cerdo,  sanare, vinagre y sal. Plutarco nos re fier’e que, para probar este celebre-plato, “un rey del Ponto compró un cocinero laconio y le dijo le sirviera el bodrio de los espartanos; lo encontró malo, lo que le atrajo esta observación del cocinero: ‘Rey, este bodrio no ha de comerse sino después de haberse bañado en el Eurotas’ “. Esta anécdota nos confirma incidentalmente que, aun en Esparta, donde la hidroterapia, como he mos dicho, no era tan bien vista, tenían la costumbre de bañarse antes de cenar.

Flaceliere, Robert:
La vida cotidiana
en el siglo de pericles.
Buenos Aires, 1967.





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