Conferencia de Yalta:Los Acuerdos con los Aliados

Conferencia de Yalta con las Potencia Aliadas
Acuerdos Para El Reparto del Mundo

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA:

La Unión Soviética, el único país socialista en aquel tiempo, no parecía demasiado temible.

Muchos, incluido el propio Churchill, suponían que sería fácilmente derrotada por el Tercer Reich.

¿Acaso no lo había sido Francia, "infinitamente más adelantada"?.

Pero según se pensaba, la prolongación de la resistencia soviética sería tiempo ganado para las "democracias occidentales" y tiempo perdido para Hitler.

Un Hitler al que a la postre habría que agradecer que eliminara al comunismo —al socialismo— de la faz de la tierra. Así suele ser de miope a veces la visión de los gobernantes.

Cuando, después de las batallas de Midway, en el Pacífico; de El Alamein, en África; y de Stalingrado, en Rusia, el Eje se batió en retirada y la Unión Soviética se reveló como una potencia de primer orden, capaz de desbaratar a la más imponente máquina de guerra conocida hasta entonces, hubo que pensar en dar forma al mundo de la posguerra, a ese mundo prometido en la Carta del Atlántico.

Se pensaba todavía en función de los "Tres Grandes". ¿Francia?.

No contaba, a pesar de las actitudes que asumía el "intratable" general de Gaulle, quien tascaba todavía el freno de la subordinación.

Roosevelt no lo miraba con simpatía. Veía en él una personificación del Imperio Francés, como veía en Churchill la del Imperio Británico.

Churchill, Roosevelt y Stalin durante la Conferencia de Yalta, en febrero de 1945.
Conferencia de Yalta:Acuerdos con los Aliados y Reparto del Mundo

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En la Conferencia de Yalta, celebrada del 4 al 11 de febrero de 1945, los “Tres Grandes” de izquierda a derecha, (el dirigente británico Churchill, el presidente americano Franklin D. Roosevelt y el líder soviético Stalin) decidieron el reparto del territorio europeo al final de la Segunda Guerra Mundial.

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En cambio, había que contar mucho con la Unión Soviética.

En que forma arrolladora avanzaban sus ejércitos! Con alarma de muchos.

Entre ellos, el primer ministro británico, que mascaba furiosamente su eterno cigarro.

Hubo reuniones previas de Roosevelt y Churchill. En Casablanca, con de Gaulle y su rival Giraud.

En El Cairo, con Chiang Kai-shek, en lucha desde hacía tiempo con el Japón... y, más todavía, con los hombres de Mao Tse-tung. Y, finalmente, los "Tres Grandes" —Roosevelt, Churchill y Stalin— se reunieron primero en Teherán —noviembre de 1943— y luego en Yalta —febrero de 1945—, mientras las fuerzas todavía aliadas avanzaban en todos los frentes y el Eje agonizaba.

La designación de Yalta, en la Crimea recién liberada, como sede de esta última conferencia fue un reconocimiento de lo mucho que en adelante iba a pesar Moscú en el mundo.

Quedó así preparado el terreno para la conferencia de los "Tres Grandes" en Postdam, el "Versalles prusiano" caro a Federico el Grande, en las proximidades del recién conquistado y totalmente devastado Berlín.

También allí los soviéticos actuaron como "dueños de casa".

Pusieron buena cara en la euforia del triunfo, a pesar de que había ya muchos recelos en el ambiente, de que se habían registrado ya los primeros síntomas de la "guerra fría".

El Tercer Reich se había hundido y las "democracias occidentales" tenían delante, no a Hitler, sino a aquel mariscal Stalin que, al frente de un enorme país en armas, había lanzado poderosos ejércitos hacia el Oeste y liberado del yugo nazi, no solamente su propio territorio, sino también todo un rosario de naciones de la Europa oriental.

Y ya no estaba Roosevelt para buscar un sincero entendimiento con Stalin.

Roosevelt, muy minado por la enfermedad y por el agotador ajetreo de los años de guerra, habla fallecido poco después de Yalta.

Lo había reemplazado automáticamente su compañero en el "binomio presidencial", Harry Truman, un hombre de visión mucho más estrecha, ya muy atento a los clamores de prevención que se elevaban en Estados Unidos.

Y el mismo Churchill, derrotado en las primeras elecciones generales celebradas en Gran Bretaña después de la guerra, tuvo que ceder el puesto en plena conferencia a su rival, el laborista Clement Attle.

El esforzado campeón del Imperio Británico se libró así de más de una pataleta.

Porque en Postdam —julio y agosto de 1945— no se hizo más que concretar y detallar lo que ya se había convenido en líneas generales en Teherán y con mucha más precisión en Yalta.

De todos modos, causa asombro leer ahora las catorce seciones del comunicado que se emitió después de la conferencia de Potsdam.

La mayoría de sus estipulaciones no se cumplieron, se tratara de la reorganización de Alemania o de la condena del régimen franquista, del "afianzamiento de una paz justa y duradera" o de las reparaciones de guerra.

Y aquellas que fueron cumplidas debieron su buena suerte más a la fuerza de las circunstancias que al concierto de las voluntades de quienes habían librado una lucha común contra la regresión fascista.

En realidad, había ya una nueva alineación en bandos.

Eran los bandos de la "guerra fría". ¿Postdam?.

Se citaría este nombre únicamente cuando conviniera.

En lo demás, evocaría un simple papel mojado.

¿De quién fue la culpa?

Fue en Postdam también donde Stalin confirmó su promesa de que, a los tres meses de terminada la guerra en Europa, la Unión Soviética declararía la guerra al Japón y atacaría a los ejércitos japoneses en Manchuria, a fin de acelerar la rendición del ya acorralado Tokio.

Y fue también en Postdam donde Truman habló a Stalin, en términos muy vagos y herméticos, de la existencia de una "nueva arma" que en caso necesario se utilizaría.

Stalin no pareció darse cuenta del significado de estas palabras.

Eran el anuncio de los terribles holocaustos de Hiroshima y Nagasaki.

Muchos han visto en ellos los comienzos de la "guerra fría".

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LA CONFERENCIA DE YALTA:

En la estación balnearia de Yalta (Crimea) tuvo lugar entre el 4 y 11 de febrero de 1945, la conferencia en la cumbre entre los jefes de estado de Estados Unidos, Gran Bretaña y Unión Soviética para definir las zonas de influencia de cada potencia en el mundo una vez acabada la guerra.

En la ocasión, el presidente Roosevelt consiguió que Stalin declarara la guerra a Japón, que apoyara la creación de la Organización de las Naciones Unidas y la partición de Corea y que Churchill, quien se negó a devolver Hong Kong a China, que aceptara una zona francesa en la Alemania ocupada.

Por su parte, Stalin obtuvo de los líderes occidentales la aprobación de la línea Curzon como frontera soviético-polaca y la línea Oder-Neisse como frontera occidental polaco-alemana, el reconocimiento de sus derechos sobre Manchuria y la formación de regímenes pro- soviéticos en los países centroeuropeos con la promesa de instaurar gobiernos democráticos.

En la Conferencia se trató, asimismo, de los términos de la destrucción del poderío militar alemán, la prohibición de su industria bélica, el juicio a los criminales de guerra y la desnazificación del país.

Según los planes aliados, Alemania sería dividida en tres zonas de ocupación (que serían cuatro tras la incorporación de Francia).

Por último, se decidió la creación de una organización internacional para el mantenimiento de la paz y la seguridad (ONU), con derecho de veto de las grandes potencias.

En este encuentro entre los jefes de los principales países aliados se trataron temas tan importantes como la ocupación de Alemania y la reorganización de los territorios liberados.

• PARA SABER MAS...

Luego de las Conferencia de Yalta...

Las decisiones tomadas en Yalta ponen fin al sistema de la política unilateral de las alianzas restrictivas.

Nos proponemos sustituirlo por un organismo universal del que todos los estados pacíficos puedan, con el tiempo, llegar a ser miembros.

Nosotros no sabemos tomar medidas a medias. ¡Si no aceptamos nuestra responsabilidad en el terreno, de la cooperación internacional, entonces deberemos asumir la responsabilidad de otro conflicto mundial en el que nuestra civilización correría el riesgo de zozobrar!”.

Roosvelt, ni siquiera pudo presenciar el final del conflicto bélico, murió el 12 de abril, sin poder presenciar el final de la segunda guerra mundial.

El 6 y el 9 de agosto, Estados Unidos bombardeó las ciudades de Hiroshima y Nagasaky , dejando como saldo más de 250.000 mil personas muertas en cada ciudad. De esta manera Estados Unidos se ubicó como la indiscutible potencia hegemónica mundial, con la posibilidad latente ante cualquier conflicto de utilizar su poderío bélico.

Inmediatamente, Rusia respondió mediante un discurso de su Ministro de Relaciones Exteriores (Molotov), diciendo que si Estados Unidos mantenía el secreto de la bomba atómica, y se convertía en la única potencia atómica, surgiría un desequilibrio de poder a favor de Estados Unidos y, ese desequilibrio, impediría la cooperación universal que los norteamericanos decían defender.

Solo si se rompía el secreto, la paz sería posible, decía Molotov.

Harry Truman y Clemment Attle, sucesor de Franklin Roosvelt, el primero y sucesor de Wiston Churchill, el segundo, respondieron negativamente a la propuesta de Molotov.

A partir de 1949, la rivalidad nuclear se hizo cada vez más fuerte con el descubrimiento por parte de la Unión Soviética, de la bomba atómica. Este hecho estremeció a la opinión pública mundial durante las siguientes décadas.

El distanciamiento entre las dos grandes potencias venía desde un tiempo atrás. Ya en 1946, Wiston Churchill denunció que Stalin había tendido un “telón de hierro” desde el Báltico hasta Trieste, en el Adrático, que separaba al continente, dando origen a la famosa “cortina de hierro”.

La llamada “doctrina Truman” (presidente de Estado Unidos), que consistía en apoyar a los pueblos libres que se resistían al sometimiento ejercido por minorías armadas, en realidad, utilizada para apoyar a todos los países que luchaban contra los soviéticos, también siguió separando a los bloques y haciendo más tensas las relaciones.

En 1947, la Unión Soviética reconoció que el mundo estaba dividido en dos bloques y acusó a los Estado Unidos y a sus aliados de planear una nueva guerra imperialista con los fines claros de destruir el socialismo y el sistema comunista.

De esta manera quedó conformado un sistema internacional bipolar , en el cual una parte del mundo quedó bajo la dirección de los Estado Unidos y la otra, de la Unión Soviética.

Esta división, con distintos grados de intensidad y de conflictos se mantuvo hasta la caída del Muro de Berlín, en 1989.

Ahora bien, esta hegemonía mundial alcanzada por los bloques estadounidenses y soviético, no sólo se debe explicar desde lo político, lo cual se haría como resultado y producto de la resolución de la segunda guerra mundial y sus posiciones de países vencedores.

La aparición de Estados Unidos y Rusia, más tarde convertida en la Unión Soviética, como potencias mundiales y la decreciente importancia de los países europeos occidentales (sobre todo Francia e Inglaterra), ya había comenzado hacia fines del siglo XIX y comienzo del XX.

Los países europeos venían perdiendo su primacía política, militar y sobre todo económica desde un tiempo atrás y la segunda guerra solo lograba profundizar lo que ya era un hecho. Debido a esto, en los años posteriores a la guerra se hizo imperiosa la necesidad de propiciar la “unión” entre los países europeos para recuperar su poderío.

Para ello, se buscó construir un mercado único, con el fin de posibilitar una mayor producción, mejorar su nivel competitivo y a su vez crear empleos.

En 1951, estos objetivos comenzaron a cobrar forma con la creación de la “Comunidad Económica del Carbón y del Acero” (CECA), conformada por Alemania, Francia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos (hoy Holanda).

Por primera vez en la historia de Europa, se unían estos países con el objetivo de crear un mercado único para el carbón y para el acero y así facilitar el intercambio entre los mismos disminuyendo precios de costos y de transporte para poder competir en el mercado internacional.

Este fue el puntapié inicial de lo que hoy conocemos como Comunidad Económica Europea.

El continente Asiático, fue luego de la segunda guerra, otro escenario donde las transformaciones se precipitaron de una forma inevitable.

En este continente, el fin de la supremacía de los imperios coloniales (Imperio Inglés y Francés) dejaron a los Estados Unidos y a la Unión Soviética amplios territorios por los cuales competir.

Para Latinoamérica, la situación de posguerra no tardó en generar distintos tipos de acuerdos y pactos. En 1948, se creó la Organización de Estado Americanos (OEA).

Debido a la acelerada internacionalización de la vida y la economía (lo que hoy llamaríamos “globalización”), generó una serie de acuerdos internacionales que caracterizó al “mundo de posguerra”. Estos acuerdos, de mayor o menor alcance, intentaron adecuarse y acompañar los cambios ocurridos en este período de tiempo.

El “mundo de posguerra”, rápidamente entró en una era de bienestar impulsada por el crecimiento económico de las industrias, que se habían reconvertido, pasando de la industria bélica a la industria de bienes de consumo.

Esta mejora en la producción hizo que se incrementaran las posibilidades de conseguir trabajo y en consecuencia se comenzó a mejorar el nivel de vida en los países occidentales y también en el bloque soviético.

Este período de tiempo es conocido como “los años dorados”.

La supremacía de Estados Unidos, si bien ya se venía comprobando desde un tiempo atrás, en el “mundo de posguerra” fue evidente su poderío como potencia militar, industrial y económica.

Los nuevos acuerdos para organizar un sistema de cooperación monetaria internacional aseguraron todavía más la hegemonía estadounidense.

En este “nuevo orden económico mundial”, el dólar norteamericano se ubicó en un papel fundamental.

La tarea ha realizar ahora, era evitar nuevos craks (caídas, crisis, rupturas) financieras como la ocurrida en 1929, que hiciera peligrar el sistema capitalista en su conjunto.

Una de las medidas para estos fines, fue la de tratar de impedir las trabas en los intercambios comerciales internacionales y tratar de evitar la supuesta “abusiva” intervención del Estado en la economía.

Estos propósitos sólo serían posibles en la medida en que el sistema económico de postguerra estimulara el intercambio comercial.

Para ello, se buscó facilitar la libre circulación de productos y capitales sobre la base de un tipo de cambio estable con la creación de dos Instituciones económicas que fueron creadas para tal caso: El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) .

El primero, tenía como función principal reducir el desequilibro en la balanza de pagos en los países miembros, mientras que el segundo, financiaría a los países periféricos con créditos, proyectos y ayuda técnica.

Luego de la segunda guerra, hacia 1946, los capitales norteamericanos necesitaban acentuar sus inversiones.

En Wall Street (centro de las finanzas estadounidenses) los bancos más importantes (Banca Morgan, Roquefeller, Mellon, etc.) habían tenido un superávit de 17 mil millones de dólares en un solo año.

Algo tenían que hacer con esas fortunas.

Una de las opciones, era evadir impuestos internos y colocarlas en los mercados exteriores.

En junio de 1947, el secretario de estado del presidente Truman, el general George Marshall puso en marcha el luego llamado “plan Marshall” (ver plan Marshall), en el cual se dirigía el superávit bancario de Estados Unidos hacia Europa en forma de préstamos, que debían ser invertidos en compra de productos norteamericanos.

De esta manera, mediante diversos convenios, se aseguraba que los mismos préstamos volvieran a Estados Unidos.

La Unión Soviética, si quería competir por el liderazgo mundial con Estados Unidos, en ningún momento podía avalar y seguir los planes norteamericanos.

Luego del triunfo del ejército rojo sobre Alemania, Stalin había construido un fuerte liderazgo sobre toda la Europa Oriental.

En pocos años (de 1945 a 1947), los Estados Unidos y la Unión Soviética habían pasado de la cooperación a la división y al conflicto.

Luego de la guerra, los soviético denunciaron la “teoría del cerco capitalista”.

Esto consistía en rodear y aislar a la Unión Soviética, hasta alcanzar su debilitamiento y desaparición.

Éste, sería un complot en el cual todos los países occidentales, bajo el liderazgo estadounidense, formarían parte.

Según los soviéticos, ese “cerco”, era consecuencia del carácter agresivo del capitalismo occidental, el que nunca aceptaría la convivencia con un sistema distinto.

Los países de Europa Central (Hungría, Rumania, Bulgaria, Checoslovaquia y Polonia) se incorporaron a la órbita soviética.

Yugoslavia y la Alemania del Oeste hicieron lo mismo. (Yugoslavia, conducida por el Mariscal Tito se diferenció al distanciarse de Stalin, y buscar una posición intermedia entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que más tarde se conocería como la “tercera posición”).

Esta conformación de un verdadero “bloque” de países comunistas, resultó la primera respuesta para defenderse de la agresión del sistema capitalista.

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