Saladino Lider Musulman que Recupero Santos Sepulcros a los Cruzados






Saladino Líder Musulman que Recuperó Los Santos Sepulcros

SALADINO, EL PRÍNCIPE VICTORIOSO Salah adDin, llamado El Malik en Nasr, el Príncipe Victorioso, pasó a la Saladino Lider Musulman que Recupero Santos Sepulcros a los Cruzadoshistoria occidental con el nombre de Saladino, el más destacado, hábil y generoso de los caudillos musulmanes que combatieron contra los cruzados, y su nombre estuvo por encima de Federico Barbarroja y Ricardo Corazón de León. Kurdo de nacimiento, era un soldado para quien las leyes de la espada y de la lealtad constituían los principios básicos de su acción.

De cuerpo pequeño, enfermo de fiebres intermitentes, más que un guerrero fue al comienzo un buen vividor, que prefería el vino y los libros al combate y la política.

Llevado por las circunstancias a visir de Egipto, se convirtió luego, por golpes de audacia política y religiosa, en sultán indiscutido, temido de sus enemigos musulmanes, respetado por los cristianos, amado por sus soldados y con plena conciencia de su responsabilidad, e impuso orden y disciplina entre las huestes a su mando, sin vacilar cuando su decisión llevaba a la muerte a quienes quebrantaran sus leyes.

Los asesinos del Viejo de la Montaña, embriagados con drogas, fracasaron en dos tentativas por ultimarlo, porque consideraban que su ascenso de simple oficial a amo absoluto contrariaba la voluntad de Alah.

Una vez en el poder, abandonó el vino y los deportes, asumiendo con el fatalismo propio de su religión el nuevo destino al que había sido llamado.

Se levantaba muy temprano, hacía sus abluciones y oraba, para recibir luego a sus oficiales y ayudantes, conocer los informes de cuanto ocurría en su campo y en el de los cruzados, manteniendo franco el paso de su tienda para quien quisiera verlo. “La avaricia es propia de mercaderes, no de monarcas”, solía decir Saladino a su tesorero cuando ,le ordenaba que repartiera a dos manos las riquezas que poseía.

En menos de dos meses Saladino reconquistó la mayor parte del territorio que los cruzados habían ganado en el curso de dos o tres generaciones, ochenta y ocho años atrás, con el éxito alcanzado en la Primera Cruzada.

Después de 25 años de batallas, treguas, asaltos y un incesante ir y venir por las caldea comenzó a sentir el peso de los años y los estragos que la fiebre causaba en su organismo. Profundamente religioso, en el último año de su vida comenzó a guardar los ayunos que no pudo observar durante la prolongada campaña, debilitándose cada vez más, a pesar de las recomendaciones de su médico.

El 3 de marzo de 1193 murió El Malik en Nasr Salah adDin y un historiador musulmán llamado Baba adDin, señaló: “Quien tanto había poseído, sólo dejó al morir cuarenta y siete dirhems y una sola moneda de oro. No dejó casas, muebles, ni pueblos, ni tierras cultivadas o bienes de otra clase”.

ALGO MAS SOBRE SOLIMÁN…

Preparado desde un principio para ser jefe, el joven Solimán tuvo una educación más esmerada que sus predecesores. No aprendió solamente a empuñar el sable y a montar a caballo, como lo proscribía la tradición nómade. El programa educativo para el futuro sultán incluía conocimientos de política y diplomacia.

Corrían otros tiempos; era necesario conocer la situación de Europa y los conflictos entre los diversos reinos, para poder aprovechar mejor las divisiones en el campo del enemigo. A los diecisiete años había sido nombrado gobernador de Caifa (actualmente Haifa).

Allí debería habituarse a gobernar con el objeto de prepararse para administrar el imperio, que heredaría a los 25 años. Sultán (Soberanía, en árabe) de los otomanos (hijos o súbditos de Osmán), sería considerado también como el “Enviado de Alá sobre la Tierra, Señor de los Señores de este Mundo, Poseedor de rebaños de hombres, Jefe de los Creyentes y de los Incrédulos, Rey de Reyes, Emperador de Oriente y de Occidente, Príncipe y Señor de feliz constelación, César Majestuoso, Remate perfecto de la Victoria, Refugio de todos los Pueblos del Mundo, Sombra del Todopoderoso, Dispensador de quietud sobre la Tierra”.

Para hacerse cargo de esa pesada responsabilidad, Solimán dispone de poder absoluto, limitado sólo por la religión, la ley y la costumbre. Su principal funcionario es el gran visir, quien es asistido, a su vez, por cinco ministros. Juntos constituyen el diván (diwán) o gabinete. El ejército tiene también sus jefes, los agás, y la marina es comandada por los bajas. Se cree que las rentas del sultán eran tan fabulosas, que su fortuna duplicaba la del emperador Carlos V.

El imperio está dividido en provincias, cada una gobernada por un bey. Se recoge un impuesto sobre la renta de cada campesino súbdito, y una capitación cuyo importe varía según la religión del contribuyente. Con ese dinero, con las tasas aduaneras, los botines de guerra y otros recursos, la corte vive en medio de un fastuoso lujo y el ejército está bien alimentado y equipado.

Desde una de las alas del palacio, después de trasponer la Puerta de la Felicidad, Solimán penetra en su harén particular. Cientos de mujeres, escogidas entre las más bellas del mundo, lo esperan, custodiadas por eunucos, y se disputan entre sí el gran honor de ser la favorita del sultán. Centenares de servidores obedecían las órdenes del monarca.


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Estaba quien le cortaba las uñas, el primer peluquero, el gran maestro del guardarropa, el gran maestro del turbante, quien tenía el privilegio de rodear la cabeza real con las más finas telas, y, además de seiscientos cocineros, había también un probador-jefe y cincuenta subcatadores de comida. De ese modo, jamás veneno alguno podía llegar a la boca del sultán. Astrólogos, médicos, 2.500 jardineros, 1.000 escuderos y 6.000 funcionarios de las caballerizas completaban el cuadro de sus servidores domésticos.





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