Por que bostezamos Que es el bostezo Salud Oral Cuidar los dientes



¿Por qué bostezamos? ¿Qué es el bostezo?

Cuando nuestro cerebro necesita más oxígeno nos invade el irresistible deseo de bostezar, entonces abrimos la boca lo más posible y respiramos profundamente.

Quien bosteza en público es considerado generalmente una persona de pocos modales, por lo que intentamos desesperadamente reprimir el deseo de hacerlo. Los pueblos primitivos, sin embargo, no se someten a estas obligaciones. Para ellos, estas manifestaciones del cuerpo son algo natural y hay que dejar que se expresen libremente. Este último comportamiento parece mucho más lógico, sobre todo cuando, como en el caso de los bostezos, se manifiesta nuestro órgano más importante: el cerebro indica con los bostezos una necesidad urgente de recibir oxígeno.

bostezoPRINCIPAL CONSUMIDOR DE ENERGÍA El oxígeno interviene directa o indirectamente en todos los procesos de nuestro cuerpo, sobre todo en el metabolismo energético. Sin energía nuestro cuerpo no funciona y, al igual que un fuego necesita aire y oxígeno para la combustión, también los necesita nuestro organismo para la transformación de la energía.

El cerebro es el órgano que más energía precisa. Aunque representa sólo un 2% del peso de nuestro cuerpo, participa con un 20% en el metabolismo básico, es decir, en el consumo de energía en posición de descanso.

Las neuronas de nuestro cerebro, cuyo número asciende 1 billón (un uno seguido de doce ceros) y que están conectadas entre sí a través de unos cien billones de puntos de comunicación, pueden sobrevivir sólo durante 4 minutos con una falta absoluta de oxígeno. Si mueren, no se pueden regenerar como otras células del organismo. Por tanto, no es extraño que el cerebro empiece a advertir pronto la posible carencia de oxigeno.

El bostezo es una de estas advertencias, y por su importancia no se deja reprimir con facilidad. Si a pesar de todas esas señales de advertencia el cerebro no recibe una cantidad suficiente de oxígeno, conecta un mecanismo de emergencia. El consumo de oxígeno se reduce al mínimo y la persona afectada se duerme o se desvanece. ¿Pero qué ocurre exactamente cuando bostezamos? El responsable es el bulbo raquídeo, una parte ancestral de nuestro encéfalo que controla entre otras funciones la respiración. Cuando el contenido de oxígeno en la sangre desciende por debajo de un umbral crítico, esta parte del encéfalo emite un reflejo que obliga a los músculos del diafragma a contraerse fuertemente.

La musculatura facial recibe a la vez la orden de abrir la boca todo lo posible para que se pueda inhalar el máximo volumen de aire. Esta respiración profunda disminuye a su vez la presión en la caja torácica, lo que provoca que el ventrículo derecho del corazón aspire más sangre de los vasos sanguíneos y la bombee, una vez enriquecida con oxígeno, preferentemente hacia el cerebro.

CAUSAS MÚLTIPLES Se pueden distinguir diferentes tipos de bostezos en función de su causa. En primer lugar, existen los bostezos matutinos y vespertinos. Por la mañana bostezamos porque el cerebro que se está despertando necesita más oxígeno del que le pueden ofrecer los pulmones, que aún no han entrado en plena actividad.

Por la noche, sin embargo, la curva de nuestro biorritmo se incuria hacia abajo, la respiración se vuelve menos profunda y más lenta y se absorbe menos oxígeno. Quien a pesar de todo intenta reprimir la necesidad de dormir para acabar un trabajo, una lectura o un programa televisivo obliga a su cerebro a mantenerse despierto a pesar de que éste ya se esté preparando para el sueño. Necesita entonces más oxigeno del que se le suministra y se lo procura obligándonos a bostezar ininterrumpidamente.

Estos bostezos nos indican claramente; “Venga hombre, acuéstate ya». Los bostezos que siguen a una comida demasiado copiosa tienen otra causa: el estómago trabaja a pleno rendimiento para hacer la digestión. También el hígado, el páncreas y el intestino aumentan su actividad. La digestión es, por tanto, un proceso que inicialmente necesita mucha energía de arranque para poder transformar en energía aprovechable las sustancias nutritivas contenidas en los alimentos,



Por esta razón se refuerza el riego sanguíneo de los órganos digestivos, retirando esta sangre adicional de otros puntos del organismo. El cerebro es especialmente sensible a esta leve reducción del riego sanguíneo e intenta compensar la falta de oxígeno con bostezos.
El placentero cansancio que se experimenta después de una comida copiosa es otro indicio con el cual el cerebro nos indica “Voy a desconectarme un poco; no me molestes con tareas difíciles’. UNA SIESTA AYUDA Si esta comida copiosa es la del mediodía, se añade como agravante la caída que sufre nuestro metabolismo durante la sobremesa. Quien puede se echa entonces una siestecita.

La institución de la siesta en los países meridionales no es, por tanto, una señal de indolencia o pereza, sino una reacción lógica a las necesidades de nuestro cuerpo que, en el calor del mediodía, tiene otra justificación.

LA CONFERENCIA ABURRIDA Quien en un salón con ambiente cargado tiene que soportar pacientemente una aburrida conferencia siente a veces el irresistible deseo de bostezar. Esto tiene, principalmente, poco que ver con la calidad de la  conferencia, y más con la falta de oxigeno en el ambiente. La monotonía y el aburrimiento pueden tener un efecto adormecedor, puesto que el cerebro no detecta ninguna exigencia y disminuye su actividad, pero no se bosteza, sino que la persona se adormece lentamente.

Los bostezos se producen sólo cuando el oyente intenta hacer un esfuerzo, prestar atención y mantenerse despierto. Estos bostezos se corresponden más o menos con la reacción del cuerpo cuando, a pesar de ser tarde, uno intenta permanecer despierto.

PELIGRO DE CONTAGIO Se dice que bostezar es contagioso y que incluso algún visitante del zoo experimenta la necesidad de bostezar al ver que lo hace un hipopótamo. Pero suelen ser otras personas las que nos contagian el bostezo. Se cree que esta reacción es una herencia ancestral del ser humano, que se remonta al periodo de los primeros primates, mucho antes del comienzo de la evolución humana. Estos primates vivían en grandes grupos con pautas de comportamiento social muy complejas. Entre ellas unas reacciones y comportamientos físicos con los que el individuo manifestaba su pertenencia al grupo. De hecho, tenemos en nuestro repertorio de comportamientos muchas de estas pautas ancestrales, y es posible que el bostezar por simpatía sea una de estas normas heredadas de nuestros remotos antepasados.

PREPARADO PARA PENSAR Si el cerebro reacciona ante la falta de oxígeno disminuyendo su actividad, se podría deducir lo contrario, es decir, que hay que suministrar suficiente oxigeno cuando se quiere que el cerebro rinda al máximo. Efectivamente, con aire fresco se piensa mejor que en una habitación con aire viciado. Por otra parte, se puede suministrar más oxígeno al cerebro mediante ejercicios de respiración que además producen un efecto relajante, para que el cerebro pueda concentrarse por completo en su tarea. El cerebro regula la actividad respiratoria, modificando su frecuencia y profundidad para que el nivel de dióxido de carbono en la sangre sea siempre normal.

Trabajo Enviado Por Pedro J. Altamirano Esc. 11 EET-Salta-Argentina
Fuente Consultada: El Asombroso Cuerpo Humano



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