Principios de la Doctrina Social de la Iglesia Sus Enseñanzas



PRINCIPIOS DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Y SUS ENSEÑANZAS

Doctrina es una palabra que viene del latín y que significa enseñar. Es el conjunto coherente de ideas destinadas a ser transmitidas para enseñar. A través de su Doctrina Social, la Iglesia Católica transmite sus ideas y orientaciones y participa de los problemas del mundo. En documentos llamados Encíclicas, los pontífices siempre han procurado orientar al mundo sobre el pensamiento de la Iglesia.

La Doctrina Social de la Iglesia es la única que al estudiar la sociedad no olvida que cada persona tiene un alma que salvar; es decir, reconoce derechos y deberes humanos y deberes y derechos divinos, basados en las enseñanzas del Evangelio e interpretados por la Iglesia.

La difusión de la Doctrina Social de la Iglesia es hoy más necesaria que nunca por la proliferación alarmante de errores. Daremos a continuación algunos principios básicos sobre problemas actuales expuestos en diversos documentos sociales de la Iglesia. Los mismos pueden ser utilizados por el alumno para la realización de trabajos prácticos de síntesis, interpretación y diálogos en clase.

LOS 10 PRINCIPIOS FUNDACIONALES DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

 1-El principio de la Dignidad de la Persona Humana.

2-El principio del Respeto por la Vida Humana.

3-El Principio de Asociación.

4-El Principio de Participación.

5-El Principio de la Protección Preferencial de los Pobres y Vulnerables.

6-El principio de solidaridad.



7-El Principio de Administración.

8-El Principio de Subsidiaridad.

9-El Principio de la Igualdad Humana.

10-El Principio del Bien Común.

“La Doctrina Social Cristiana es una parte integrante de la concepción cristiana de la vida. Nos apremia exhortar a que por medio de cursos ordinarios y en forma sistemática se !a introduzca en los programas de apostolado de los seglares y se la difunda con los medios modernos de expresión. “

Estas palabras de Juan XXIII en la Mater et Magistra han cobrado acuciante actualidad y presiden esta segunda edición del Manual de la Doctrina Social de la Iglesia. Como ha señalado el Documento de Puebla, “para el necesario discernimiento y juicio crítico sobre las ideologías, los cristianos deben apoyarse en el rico y complejo patrimonio que la Evangelii Nuntiandi denomina Doctrina Social o Enseñanza Social de la Iglesia”.

En las palabras de Juan Pablo II, la Doctrina Social “nace a la luz de la Palabra de Dios y del Magisterio auténtico de la presencia de los cristianos en el seno de las situaciones cambiantes del mundo, en contacto con los desafíos que de ellas provienen. Tal doctrina comporta por lo tanto principios de reflexión, pero también normas de juicio y directrices de acción. Hay que poner especial cuidado en la formación de una conciencia social en todos los niveles y en todos los sectores”

Concepto y Principios de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) Monseñor Guerry define a la doctrina social de la Iglesia de la siguiente forma: “Conjunto sistemático de verdades, valores y normas que el Magisterio vivo de la Iglesia, —fundado en el derecho natural y en la Revelación— aplica a los problemas sociales de cada época, a fin de ayudar —según la propia manera de la Iglesia— a los pueblos y gobernantes a construir una sociedad más humana, más conforme a los planes de Dios sobre el mundo.”

En estos casos no se pone en juego la infalibilidad, pero el Magisterio goza de una asistencia especial del Espíritu Santo que dificulta el error. Es lo que se llama el Magisterio Pastoral de la Jerarquía; en razón de este Magisterio, quien o quienes lo encarnan pueden dar orientaciones a los cristianos para ayudarlos a diagnosticar, ante las nuevas circunstancias históricas, el camino seguro para alcanzar a Dios. Este Magisterio Pastoral obliga a un asentimiento reverencial a todos aquellos que desean sinceramente la realización del Reino de Dios.

Qué no es y qué es la doctrina social de la Iglesia

De acuerdo con lo mencionado se sigue que la DSI no es un conjunto de normas invariables e inmutables. Todo lo contrario, tiene también un carácter evolutivo en su aplicación, de acuerdo con las circunstancias del momento y del lugar, y es la respuesta doctrinal, valorativa, a concretos problemas humanos. “Atenta a los signos de los tiempos, interpretados a la luz del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia, toda la comunidad cristiana es llamada a hacerse responsable de las opciones concretas y de su efectiva actuación para responder a las interpelaciones que las cambiantes circunstancias le presentan. Esta enseñanza social tiene, pues, un carácter dinámico y en su elaboración y aplicación los laicos han de ser no pasivos ejecutores, sino activos colaboradores de los Pastores, a quienes aportan su experiencia cristiana, su competencia profesional y científica”.



No se trata de una síntesis de laboratorio, sino la respuesta encarnada e inspirada en los valores permanentes del cristianismo al polifacético problema social contemporáneo. Tampoco es una ciencia social, una filosofía social, ni una política social, lo que nos indica que ningún partido político, por más cristiano que se denomine, puede identificarse con la DSI.

La DSI no es un punto intermedio entre el liberalismo y el socialismo, como si la Iglesia hubiera tomado lo mejor de cada uno para combinarlos en una tercera posición híbrida. La DSI trasciende estos sistemas, porque sus antecedentes histórico-doctrinales son anteriores: su punto de partida es totalmente original: la dignidad de la persona humana, “sujeto, fundamento y fin de la sociedad”. Los valores que coordinan sus elementos, el amor y la justicia, difieren fundamentalmente del liberalismo y del marxismo históricamente vividos. “La Iglesia quiere mantenerse libre frente a los opuestos sistemas para optar sólo por el hombre. Cualesquiera sean las miserias o sufrimientos que aflijan al hombre, no será a través de la violencia, de los juegos de poder, de los sistemas políticos, sino mediante la verdad sobre el hombre como la humanidad encontrará su camino hacia un futuro mejor” (Juan Pablo II, Disc. inaug. III, 3, AAS LXXI p. 199).

Objetivo de la Doctrina Social de la Iglesia:

Por último, en ía DSI no se encuentran detalladamente formuladas las soluciones concretas de nuestros complejos problemas económicos y sociales. No es el objetivo de la DSI. Lo es de la prudencia política de los gobernantes con la participación leal y responsable de los ciudadanos. El magisterio pontificio y conciliar aplica la luz de los principios evangélicos a la cambiante realidad de las comunidades humanas; interpreta, con el auxilio del Espíritu de Dios, los “signos de los tiempos” e indica proféticamente las máximas necesidades de los hombres, hacia dónde camina el mundo y cuáles son las grandes rutas por las que hay que buscar una paz fundamentada en la justicia. A este nivel, que no es puramente teórico, ni técnico, ni político en el sentido inmediato de la palabra, sino de elevada responsabilidad pastoral, se sitúan las lúcidas enseñanzas de la Iglesia, que tanto necesita tener en cuenta hoy la sociedad.

“El objeto primario de esta enseñanza social es la dignidad personal del hombre, imagen de Dios, y la tutela de sus derechos inalienables. La Iglesia ha ido explicitando sus enseñanzas en los diversos campos de la existencia, lo social, lo económico, lo político, lo cultural, según las necesidades. Por tanto, la finalidad de esta doctrina de la Iglesia —que aporta su visión propia del hombre y la humanidad (PP 13)— es siempre la promoción y liberación integral de la persona humana, en su dimensión terrena y trascendente, contribuyendo así a la construcción del Reino último y definitivo, sin confundir sin embargo progreso terrestre y crecimiento del Reino de Cristo” (Doc. de Puebla 475).

Qué se entiende por problema social y fundamento de la intervención de la Iglesia
El problema social

Tres elementos fundamentales constituyen lo que vulgarmente se denomina “problema social”: 1) existencia real de un mal social; 2) toma de conciencia de dicho problema como un mal social: se experimenta vitalmente la injusticia de la situación que se sufre; por ejemplo en la época que existía la esclavitud, no había conciencia de ese mal social; 3) esfuerzo de la sociedad, o al menos del grupo que toma conciencia del problema, para resolver la situación por considerar que es justo y posible.

Intervención de la Iglesia

Frecuentemente los textos pontificios subrayan el derecho —e incluso el deber— que tiene el Magisterio para intervenir (RN 12; QA 11 y 41; MM 4, 16, 28, 42; PT 161; PP 1 y 2; etc.) ante la presencia de éstos problemas. La Iglesia es “Cristo continuado y comunicado” en la célebre y expresiva frase de Bossuet. Cristo no vino a salvar almas sino hombres y a hombres concretos, tal cual viven en la realidad existencial de cada época. Pues bien, si la Iglesia continúa la misión de Cristo, no puede desentenderse de aquellas realidades concretas (—económicas, políticas, sociales—) que estorban y a veces impiden la captación del mensaje salvador.

El cristianismo no es un conjunto dé ritos o de gestos, más o menos comprensibles, que se realizan “angélicamente” en el interior de los muros del templo o en la quietud idílica del hogar. En el cristianismo no hay dos vidas separadas: la religiosa y la terrena. MM 2, dice: “La doctrina de Cristo une, en efecto, la tierra con el cielo, ya que considera al hombre completo, alma y cuerpo, inteligencia y voluntad, y le ordena elevar su mente desde las condiciones transitorias de esta vida terrena hasta las alturas de la vida eterna, donde un día ha de gozar de felicidad y de paz imperecederas”. Y en los Doc. de Puebla 306, leemos: “Por su parte, la Iglesia tiene el derecho y el deber de anunciar a todos los pueblos la visión cristiana déla persona humana, pues sabe que la necesita para iluminar la propia identidad y el sentido de la vida y porque profesa que todo atropello a la dignidad del hombre es atropello al mismo Dios, de quien es imagen.”

La Iglesia: “Madre y Maestra” Su misión: ser guía

La Iglesia ha recibido, además, la misión de Madre y Maestra de los hombres: es decir engendrarlos a la vida divina y educarlos para que a través de la vida de cada día puedan alcanzar la consumación de su vida cristiana. León XIII llega a afirmar: “Pero sin dudar un momento afirmamos que serán vanos todos los esfuerzos de los hombres si se prescinde de la Iglesia”.

En una audiencia a la Asociación de la Prensa Extranjera, el Papa Pablo VI se refirió a las relaciones de la Iglesia con los Estados y se recordó que, para algunos, la Iglesia debería limitarse a anunciar el Evangelio sin interferir en el sector temporal, mientras para otros debería poner todo el peso de su autoridad moral en la batalla por la justicia y en la lucha contra toda injusta opresión.

La posición exacta ha sido fijada por el Papa en su reciente documento sobre la evangelización (Evangelii Nuntiandi) donde expresa que la Iglesia no admite el circunscribir su misión al sólo terreno religioso, desinteresándose de los problemas temporales del hombre; sino que reafirma la primacía de su vocación espiritual, rechaza la sustitución del anuncio del Reino por la proclamación de la liberación humana y proclama también que su contribución a la liberación no sería completa si descuidara la salvación en Jesucristo. “Si el mensaje de la iglesia se limitara a iniciativas de orden político o social perdería su significación más profunda, no tendría ninguna originalidad y se prestaría a ser acaparado y manipulado por los sistemas ideológicos y los partidos políticos. No tendría autoridad para anunciar, de parte de Dios, la liberación.”

A la luz de estas referencias está claro cuál es la posición de la Iglesia en materia pastoral y, al mismo tiempo, reafirma el criterio de que su colaboración con los gobiernos es permanente, en la medida en que se busque en el elevado nivel de los principios, no de las soluciones prácticas inmediatas. “La Iglesia no puede abandonar al hombre, cuya suerte, es decir, la elección, la llamada, el nacimiento y la muerte, la salvación o la perdición están tan estrecha e indisolublemente unidos a Cristo. Y se trata precisamente de cada hombre de este planeta, en esta tierra que el Creador entregó al primer hombre, diciendo al hombre y a la mujer: Henchid la tierra; sometedla; todo hombre, en su irrepetible realidad del ser y del obrar, del entendimiento y de la voluntad, dé la conciencia y del corazón” (Juan Pablo II, RH 14).

El hombre nuevo: la conversión

Es la transformación del hombre, la búsqueda del hombre nuevo, lo que la Iglesia procura y cada uno debe lograrlo a través de un total cambio interior, una conversión radical, una transformación profunda de la mente y del corazón, al margen de las ideologías, las corrientes políticas, las soluciones prácticas sugeridas por cualquier gobierno en particular.

Imperativo a la acción. Responsabilidad de los laicos

Tremendas desigualdades
Dos características importantes ponen su impronta en los tiempos en que vivimos: la rapidez con que se suceden los cambios al tenor del avance tecnológico y las contradicciones cada vez más palpables de la sociedad moderna, v.g. el hombre pone sus pies en la luna y hay lugares en la tierra donde aún el arado es tirado por bueyes; más de 400 mil millones de dólares gastados el año pasado por las naciones en armamentos mientras más de las dos terceras partes de la población del mundo está sumida en el hambre, la enfermedad y el analfabetismo, etcétera.

Tomar conciencia y acción inmediata
Es pues imperativo, hoy más que nunca, que los cristianos tomemos conciencia y nos dispongamos a la acción inmediata, pertinaz, sin desfallecimientos, a fin de que todos los actos socio-económicos humanos estén informados de la DSI, como una contribución para una sociedad más justa. En los documentos de Medellín leemos: “No basta por cierto reflexionar, lograr mayor clarividencia y hablar; es menester obrar. No ha dejado de ser esta la hora de la palabra pero se ha tornado, con dramática urgencia, la hora de la acción…” Y en OA 48: “Por ello dirigimos nuevamente a todos los cristianos, de manera apremiante, un llamado a la acción…”

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Función de la jerarquía y misión de los laicos
“… En nuestra encíclica sobre el desarrollo de los pueblos insistíamos para que todos se pusieran a la obra: Los seglares deben asumir como su tarea propia la renovación del orden temporal; si la función de la jerarquía es la de enseñar e interpretar auténticamente los principios morales que hay que seguir en este campo, pertenece a ellos, mediante sus iniciativas y sin esperar pasivamente consignas y directrices, penetrar del espíritu cristiano la mentalidad y costumbres, las leyes y las estructuras de su comunidad de vida…”

Examen de conciencia de la responsabilidad de cada uno
“… Que cada cual se examine para ver lo que ha hecho hasta aquí y lo que debe hacer todavía. No basta recordar principios generales, manifestar propósitos, condenar las injusticias graves, proferir denuncias con cierta audacia profética; todo ello no tendrá peso real si no va acompañado en cada hombre por una toma de conciencia más viva de su propia responsabilidad y de una acción más efectiva. Resulta demasiado fácil echar sobre los demás la responsabilidad de las presentes injusticias si al mismo tiempo no nos damos cuenta de que todos somos también responsables, y que por tanto la conversión personal es la primera exigencia…” “… Se ha esforzado (la Iglesia en América Latina) por llamar a una continua conversión individual y social.

Pide a todos los cristianos que colaboren en el cambio de las estructuras injustas; comuniquen valores cristianos a la cultura global en que viven y, conscientes de los adelantos obtenidos, cobren ánimo para seguir contribuyendo a perfeccionarlos” (Doc; de Puebla 16). “A partir de la persona llamada a la comunión con Dios y con los hombres, el Evangelio debe penetrar en su corazón, en sus experiencias y modelos de vida, en su cultura y ambientes, para hacer una nueva humanidad con hombres nuevos y encaminar a todos hacia una nueva manera de ser, de juzgar, de vivir y de convivir. Todo esto es un servicio que nos urge” (Doc. de Puebla 350).

Hay que darse prisa
P.P. 29 dice: “Hay que darse prisa. Muchos hombres sufren y aumenta la distancia qué separa el progreso de los unos del estancamiento y aún retroceso de los otros”.

Y más adelante: “Vosotros todos los que habéis oído la llamada de los pueblos que sufren, vosotros los que trabajáis para darles una respuesta, vosotros sois los apóstoles del desarrollo auténtico y verdadero, que no consiste en la riqueza egoísta y deseada por sí misma, sino en la economía al servicio del hombre, en el pan de cada día distribuido a todos, como fuente de fraternidad y signo de la Providencia.”

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SINTESIS:

SOBRE LA AUTORIDAD: “Ninguna sociedad puede subsistir sin una autoridad. Sigúese de ahí ser necesaria a toda sociedad de hombres una autoridad que la dirija: autoridad que, como la misma sociedad, surge y emana de la naturaleza, y por lo tanto del mismo Dios, que es su autor.” (León XIII – Enc. “Inmortale Dei”)

SOBRE LA ARMONÍA ENTRE LAS CLASES SOCIALES: “En la sociedad civil una es, e igual, la condición de las clases altas y la de las ínfimas. Porque son los proletarios con el mismo derecho que los ricos y por su naturaleza ciudadanos, es decir, partes verdaderas y vivas de que mediante las familias se compone el cuerpo social. “Mas, aunque todos los ciudadanos, sin excepción ninguna, deban contribuir algo a la suma de los bienes comunes, de los cuales toca espontáneamente a cada uno una parte proporcionada, sin embargo no pueden todos contribuir lo mismo y por igual. Cualesquiera que sean los cambios que se hagan en las formas de gobierno, existirán siempre en la sociedad civil esas diferencias, sin las cuales no puede ser ni concebirse sociedad alguna.” (León XIII – Enc. “Rerum Novarum”)

SOBRE EL HOMBRE: “En toda humana convivencia bien organizada y fecunda hay que colocar como fundamento el principio de que todo ser humano es persona, es decir, una naturaleza dotada de inteligencia y de voluntad libre, y que, por tanto, de esa misma naturaleza directamente nacen al mismo tiempo derechos y deberes que, al ser universales e inviolables, son absolutamente inalienables.” (Juan XXIII – Enc. “Pacem in terris”)

SOBRE EL MATRIMONIO: “El matrimonio, aun en el estado de naturaleza pura y sin ningún género de dudas — ya mucho antes de ser elevado a la dignidad de sacramento propiamente dicho—, fue instituido por Dios de tal manera que lleva en sí un lazo perpetuo e indisoluble, y es, portante, imposible que lo desate ninguna ley civil.” (Pío XI – Enc. “Casti Connubii”)

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SOBRE LA FAMILIA: “Hoy día tratan de engañar a los jóvenes convenciéndoles de las ventajas de la infidelidad. Se les hace creer que el amor y la fidelidad para toda la vida no son posibles; que el matrimonio de uno con una para toda la vida es antinatural; que la unión matrimonial es una pérdida de libertad y que las relaciones extramatrimoniales suponen un enriquecimiento de la personalidad. Todo eso son mentiras. Es más, son veneno para los corazones jóvenes. Debemos decidir qué es lo más importante para nosotros; la familia o el desenfreno sexual.” (Card. Franz Kónig, “Pastoral sobre la familia”, Viena, 1977).

SOBRE LA PROPIEDAD PRIVADA: “La propiedad privada contribuye a la expresión de la persona y le proporciona ocasión de ejercer su función responsable en la sociedad. “La propiedad privada asegura a cada cual una zona absolutamente necesaria para la autonomía personal y familiar, y debe considerarse como prolongación de la libertad humana” (Concilio Vaticano II – Const. “Gaudium et Spes”).

SOBRE EL TRABAJO: “Es deber del estado procurar que los contratos de trabajo estén regulados según la justicia y la equidad, y que en los ambientes de trabajo no sufra mengua, ni en el cuerpo ni en el espíritu, la dignidad de la persona humana.” (Juan XXIII – Enc. “Materet Magistra”).

SOBRE EL DESARROLLO ECONÓMICO: “Es necesario vigilar atentamente, y emplear medios eficaces para que las desigualdades económicas y sociales no aumenten, sino que se atenúen lo más posible. La riqueza económica de un pueblo no consiste solamente en la abundancia total de los bienes, sino también, y más aún, en la real y eficaz distribución según justicia para garantía del desenvolvimiento personal de los miembros de la sociedad, en lo que consiste el verdadero fin de la economía nacional.” (Juan XXIII -Ene¡c: “Mater et Magistra”).

SOBRE LA JUSTICIA SOCIAL: “La justicia social impone deberes, a los que ni patrones ni obreros pueden sustraerse. Es propio de la justicia social el exigir de ios individuos cuanto es necesario al bien común. Pero así como en el organismo viviente no se provee al todo sino se da a cada parte y a cada miembro cuanto necesitan para ejercer sus funciones, así tampoco se puede proveer al organismo social y al bien de toda la sociedad, si no se da a los hombres dotados de la dignidad de personas cuanto necesitan para cumplir sus funciones sociales.” (Pío XI -Enc. “Diviní Redemptoris”).

SOBRE LOS PROGRESOS CIENTÍFICOS Y TÉCNICOS: “Los progresos científicos y técnicos y el consiguiente bienestar material son bienes reales, y por lo tanto señalan un paso importante en la civilización humana. Pero ellos deben valorarse por lo que son, según su verdadera naturaleza, es decir, como bienes instrumentales o medios que se utilizan para la consecución más eficaz de un bien superior, cual es la de facilitar y promover el perfeccionamiento espiritual de los seres humanos, tanto en el orden material como en el sobrenatural.” (Juan XXIII – Enc. “Mater et Magistra”).

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