El Capitalismo Americano en America Latina Influencia Economica EE.UU.



El Capitalismo Americano en America Latina

Estados Unidos y el surgimiento de los conglomerados multinacionales.
Hasta 1900 Gran Bretaña ocupa la posición hegemónica sobre el continente, basada en los mecanismos ya referidos, reforzados por e! control de los circuitos bancarios y financieros. Pero en las primeras décadas del siglo se fortalece en el escenario latinoamericano un adversario que ya tenía amplio desarrollo en Centroamérica y en el Caribe: los Estados Unidos. Con la finalización de la primera guerra mundial, la posición de los países inversores sufre transformaciones.

El predominio inglés comienza a decaer y los Estados Unidos se convierten en acreedores de vencedores y vencidos. A partir del período comprendido entre las dos guerras mundiales, los Estados Unidos se convirtieron en la principal fuente de capitales para el resto de América. En los años de la depresión, y durante la segunda guerra mundial, la corriente de capitales se interrumpe hasta que, luego de 1943, los capitales norteamericanos han abarcado la mayoría de las actividades económicas de América Latina.

Los Estados Unidos  desembolsaron más del 70 % de los préstamos netos para desarrollo concedidos a los países latinoamericanos, y es el país de origen de casi el 80 % de las inversiones directas (incluidas las reinversiones de beneficios) durante el período/Í951 – 62. De acuerdo con los datos de la CEPAL (Comisión Económica Para América Latina de las Naciones Unidas), el total de la corriente neta de capital a largo plazo desde los Estados Unidos hacia América Latina, entre 1951 y 1963, asciende a 10.840 millones de dólares, correspondiendo 6.936 millones a capitales privados (64 %) y 3.904 a capital público (36 %).

Cabe que nos preguntemos si lo único que ha variado en la segunda postguerra es el desplazamiento de Inglaterra por los Estados Unidos como potencia inversionista hegemónica o si también estamos en presencia de una nueva etapa en el «desarrollo del subdesarrollo». Antes mencionamos una etapa «neoimperialista»; corresponde ahora que expliquemos cuáles son las transformaciones ocurridas en los centros hegemónicos, fundamentalmente en Estados Unidos.

La concentración económica en los Estados Unidos
Es un hecho usualmente destacado que el grado de concentración del poder económico ha experimentado un notorio incremento en la economía norteamericana de las últimas décadas: para la totalidad de las corporaciones observamos que la participación de las 200 primeras en el total de los bienes corporativos ha aumentado drásticamente: del 49 % en 1950 al 55 % en 1962. Una parte sustancial de este aumento es atribuible a la creciente proporción de fusiones y adquisiciones realizadas en los últimos años: las primeras 200 corporaciones compraron 1.900 compañías en el período 1950-1962. Al mismo tiempo, es de notar que las cinco corporaciones más grandes poseen el 13 % de los bienes corporativos en el renglón de las manufacturas. Estas cinco corporaciones participan en el 20 % de las ganancias netas.

El surgimiento de los conglomerados económicos es la característica predominante de la actual evolución de la economía estadounidense. Estas empresas, de gigantescas dimensiones, se caracterizan por el hecho de que a través de fusiones o adquisiciones han diversificado su producción de bienes y servicios en múltiples actividades no relacionadas. Por ejemplo, la Minnesotta Mining produce, además de la cinta Scotch, otros 2.000 productos diferentes, que abarcan desde rollos y cámaras fotográficas, pasando por ácido sulfúrico hasta aisladores eléctricos, además de controlar la Mutual Broadcasting System.

La Textron era al principio una empresa textil; actualmente su renglón más importante es el de helicópteros, elaborando también alimentos para pollos, embarcaciones de fibra de vidrio, calefactores portátiles, prensas para papel de aluminio, maquinaria óptica, aceite de lino, autos eléctricos para golf, etc.

Este nuevo fenómeno debe ser atribuido a dos razones: 1) la búsqueda de nuevas formas de inversión más retributivas, que se observa muy especialmente en las corporaciones mayores; 2) la necesidad de las corporaciones gigantes de protegerse de los efectos de los ciclos comerciales o de una excesiva dependencia de los gastos gubernamentales.

Celso Furtado, por su parte, señala que la inversión en múltiples sectores con un mínimo de relación posibilita la reducción de los riesgos que implica la inversión y, constatando que las empresas que se han expandido por la vía de la conglomeración poseían gran disponibilidad de dinero, afirma que ese potencial financiero es el elemento fundamental para la participación exitosa en un nuevo mercado.5 Es importante tener en cuenta que el conglomerado económico no es sólo una diversificación de la producción (como la empresa citada más arriba, que produce 2.000 clases de artículos), sino también una diversificación geográfica: actúa en muchos países al mismo tiempo.

Señalamos este segundo aspecto pues le posibilita la obtención de más bajos costos de producción por unidad merced al control del mercado mundial o de grandes regiones. La tendencia a la dispersión de las empresas manufactureras en diferentes espacios geográficos se acentúa a partir de la segunda postguerra, ya convertidos los Estados Unidos en centro organizador y administrador del sistema capitalista mundial.



Esa tendencia se ha acentuado tanto en la actualidad que es posible afirmar, siguiendo a Theotonko dos Santos: «El sector de las grandes empresas norteamericanas ligado a la inversión en el exterior… se constituye en el elemento integral de esas empresas, disponiendo de alta participación en el total de sus inversiones y ganancias». En resumen, el desarrollo del capitalismo afianza las empresas gigantescas (en especial las norteamericanas), que encuentran estrechos los límites de sus economías nacionales, y son dichas empresas las que internacionalizan la economía capitalista. En esta etapa, lógicamente, coincide con la norteamericanización del sistema.

mapa de america latina

La política de las corporaciones
Cada corporación aspira a lograr su independencia financiera mediante la creación interna de fondos de los que pueda disponer libremente la dirección. Además puede, como parte de su política, obtener préstamos, directa o indirectamente, de instituciones financieras, aunque están en condiciones usualmente de evitar la dependencia del control financiero, tan común en los grandes negocios de hace cincuenta años.

Lo que señalan los autores de «El Capital Monopolista» es la singular transformación ocurrida en la unidad de la economía capitalista: la empresa. Para ellos, en la etapa inicial del capitalismo monopólico las grandes corporaciones tienen a los banqueros como figuras rectoras, en el momento en que más acuciante era la necesidad de capitales dado el inmenso volumen de capital original necesario para acometer empresas de alto nivel tecnológico. Más tarde, cuando las corporaciones recogen una rica cosecha de utilidades derivadas del monopolio, se encontraron cada vez más capaces de autofinanciarse. De tal manera, las grandes corporaciones fueron tornándose cada vez más independientes, tanto de los banqueros como de los accionistas fuertes.

En esta situación, los cálculos internos y externos son efectuados con absoluta independencia de cualquier control ajeno a la corporación misma, y es precisamente esa capacidad de autofinanciamiento la que posibilita crecer aún más gracias a la absorción y fusión con otras empresas.

De todo lo expuesto surgen dos series de cuestiones vinculadas con la nueva forma asumida por el capitalismo monopólico y su relación con los países subdesarrollados. Por un lado, dado que la penetración económica se realiza a través de conglomerados multinacionales, la ubicación y el papel que se le asigne a una subsidiaria en cualquiera de nuestros países no va a depender de las necesidades locales sino de los planes de la metrópoli, puesto que la racionalidad del sistema creado por la casa matriz se establece en el nivel del conjunto de la corporación y no de una de sus partes. Esa planificación en aras de una mayor rentabilidad determinará que la planta instalada produzca unos productos y no otros, que permanezca o sea levantada e instalada en el país que otorgue mayores posibilidades.

Por otra parte, las corporaciones multinacionales tienden a reproducir en los países dominados la estructuración interna que prevalece en los centros hegemónicos: el control monopólico de los distintos mercados por las corporaciones gigantes autofinanciadas.

Si se quiere entender el comportamiento de la empresa extranjera hay que tener en cuenta que, si bien actúa en el marco del país donde se localiza, es parte de un cuerpo cuya cabeza, la casa matriz, está situada en el exterior: La fuerte expansión de las subsidiarias y filiales de las matrices externas, sobre todo norteamericanas, se efectúa con la misma lógica que guía a la expansión en el centro hegemónico: se basa en la política de amplia retención de utilidades y captación del ahorro interno nativo, que, al reforzar el autofinanciamiento, permite nuevas y más eficaces conglomeraciones.

Estamos en este momento bordeando directamente el tema de las «desnacionalizaciones». Antes de entrar en él, deseamos completar el panorama de las tendencias internas de los centros hegemónicos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX Tomo 1



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