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Biografía de Felipe Ibarra
Vida de los Caudillos Provinciales

Juan Felipe Ibarra: El gran patriota tirano

Felipe IbarraAl igual que ha sucedido con una gran cantidad de personajes claves en la historia argentina, en torno a la figura del caudillo Juan Felipe Ibarra se han generado dos leyendas que se contraponen mutuamente.

Por un lado, existen quienes sostienen que se trató de uno de los grandes patriotas de nuestro país, que en pos de lograr la unión del pueblo argentino e independizar a la sociedad de la manipulación española, entregó su existencia a la lucha, defendiendo sus ideales hasta el día de su muerte.

Otros en cambio, consideran que Ibarra ha sido uno de los más crueles tiranos que ha tenido la lucha entre federales y unitarios, tildando al caudillo de sangriento y voraz, quizás sin analizar profundamente el contexto histórico e ideológico que lo llevó a recorrer el camino andado.

Seguramente, una de las mejores formas de retratarlo es recordando un extracto del análisis que el historiador argentino Luis Alén Lascano hizo en su momento acerca de Ibarra, argumentando: “Las cosas malas de su existencia, inocultables, se traslucen en un claroscuro de luces y sombras, humanas e imperfectas.

Todos las tuvieron, y las tenemos, y ¡cómo habrían de estar exentos de vicios los caudillos de aquel momento fundacional donde con barro y muertes se creó la patria! Pero la tarea del historiador, como dice Vincen Vives, no es aplaudir ni condenar, sino comprender vitalmente el drama humano”.

Nacido el 1 de mayo de 1787 en la Villa Matará, en la provincia de Santiago del Estero, fue bautizado como Juan Felipe Ibarra Paz y Figueroa, siendo hijo del Comandante Felipe Matías Ibarra y de Doña María Antonia de Paz y Figueroa.

Criado en el seno de una familia con herencia hispánica colonial, el pequeño Juan Felipe también creció aprendiendo a amar a su patria y con una fuerte inclinación hacia el mundo militar, surgido por la figura de su padre. Al mismo tiempo tuvo la posibilidad de cultivar su intelecto, realizando sus estudios secundarios con orientación artística en el prestigioso Colegio de Monserrat, situado en la ciudad de Córdoba.

Al finalizar el año 1810, cuando Juan Felipe contaba con 23 años, decidido a seguir los pasos de su padre y forjar un destino como militar, se incorporó al Batallón de Patricios Santiagueños, y poco después fue parte del cuerpo del ejército que llevó a cabo la primera expedición al Alto Perú.

Allí participó activamente en las batallas de Huaqui, Las Piedras, Tucumán, Salta y Sipe Sipe, durante las cuales fue ascendido de rango paulatinamente, en base a su esfuerzo, determinación y coraje demostrados en el campo de batalla.



Seis años después, fue nombrado Teniente Coronel, y el General Manuel Belgrano lo designó Comandante del Fuerte de Abipones, que tenía su asentamiento en el sudeste de Santiago del Estero.

Es importante mencionar que en aquella época las actuales provincias de Santiago del estero y Catamarca eran parte de Tucumán, y toda la región, gobernada por el Coronel Bernabé Aráoz, se había sumado a la corriente federalista.

No obstante, las buenas relaciones que en principio existían entre Ibarra y Aráoz se vieron perjudicadas cuando este último como Gobernador relegó a Santiago del Estero a ocupar un rol notablemente menos preponderante que el resto de la región.

Aquello provocó que Ibarra, con el apoyo de los que buscaban la autonomía provincial, tomara la capital y derrocara a Aráoz. Poco después, precisamente el 31 de marzo de 1820, Ibarra no sólo fue ascendido a Coronel Mayor, sino que además la legislatura provincial lo designó como Gobernador de la región, apoyado por el voto de su pueblo.

Tiempo después, y luego de vencer una revuelta generada por Aráoz, finalmente éste se vio obligado a reconocer la autonomía de Santiago del Estero, para lo cual se llevó a cabo la firma de un tratado que tuvo lugar en el mes de junio de 1821.

A grandes rasgo, no es equívoco señalar que su gobierno se mantuvo sobre la base de la defensa constante de la provincia contra sus inminentes enemigos, sobre todo los indios chaqueños. Por ello, uno de los aspectos que se critican del mandato de Ibarra en la gobernación de Santiago del Estero es la falta de interés en el crecimiento de la región, en lo que respecta a la educación, el comercio, las instituciones públicas, y demás.

Durante su mandato no llevó a cabo prácticamente ninguna obra pública, en realidad llegó a fundar sólo una escuela, ya que su trabajo consistió en administrar lo que la provincia poseía, por lo que en este aspecto, en dicho período Santiago del Estero no creció, pero tampoco se vio perjudicada.

Durante su mandato brindó su apoyo al Congreso Nacional convocado por el Gobernador de Córdoba, Juan Bautista Bustos, aunque se vio en la necesidad de rechazar rotundamente la constitución que había sancionado el Congreso, debido a que la misma había sido basa sobre los principios unitarios.

No obstante, la amenaza unitaria en la región que Ibarra gobernaba se mantenía permanentemente latente. En realidad, esta era una situación que se vivía en todo el territorio nacional, y que se profundizó cuando en 1828 el gobierno nacional federal se vio interrumpido, con el derrocamiento y posterior fusilamiento de Dorrego en manos del Coronel Mayor Juan Lavalle.

Pocos días después, el General José M. Paz invadió la provincia de Córdoba y derrocó al General Bustos. En escaso tiempo se llevaron a cabo intervenciones militares en toda la región, a través de las cuales se derrocaron a los gobernadores federales que estaban en el poder, y se designaron en su lugar gobiernos unitarios.



De esta manera, la gobernación de Santiago del Estero pasaba a manos del Coronel Román Deheza, y Juan Felipe Ibarra debió huir, retirándose a la provincia de Santa Fe, desde donde se mantuvo activo en la lucha desde las sombras del exilio.

Finalmente, a través de las acciones bélicas llevadas a cabo por un grupo de santiagueños, Deheza fue expulsado de la provincia en 1831, y reemplazado por el hacendado Santiago del Palacio, mientras las batallas por el poder continuaban. Una de las más importantes se vivió el 4 de noviembre de 1831, conocida como la batalla de La Ciudadela, durante la cual los federales vencieron a los unitarios recuperando la paz por un tiempo.

Luego de aquello, precisamente en 1832, Ibarra fue nuevamente elegido Gobernador de su provincia natal, y alcanzó el grado de Brigadier. Una vez en el cargo, se convirtió en uno de los más destacados impulsores para la creación de una constitución nacional basada en el federalismo, cuya sanción se vio postergada en varias oportunidades por el entonces gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.

A pesar de ello, Ibarra mantuvo con Rosas una relación de amistad por carta durante veinte años, ya que nunca llegaron a conocerse personalmente. Es por ello, que cuando en 1840 se formó la llamada Coalición del Norte contra el gobierno de Rosas, Ibarra se negó rotundamente a participar de la misma, hecho que según muchos historiadores fue uno de los motivos por los cuales fracasó la campaña.

Para finales de la década del cuarenta, Ibarra enfermó de gota, por lo que su muerte se hizo inminente. Su vida culminó junto con su mandato como gobernador de aquella provincia que había amado y defendido a ultranza. Era el 17 de julio de 1851, día en que también comenzaban las versiones contradictorias de una leyenda.

ALGO MAS SOBRE EL TEMA: Dueño de inmenso prestigio entre la población rural, Ibarra condujo a su provincia con mano firme, a través de la agitada políticade la época, defendiendo permanentemente la causa federal. Invasiones militares, negociaciones diplomáticas y conspiraciones internas no lograron mellar la convicción, el carisma ni el poder político del caudillo, que siempre mantuvo firmemente asido el timón de la provincia.

Lo demostró en forma inequívoca en 1831, cuando con el apoyo de Rosas y Estanislao López desalojó a los unitarios, que habían forzado su renuncia al cargo de gobernador, y en 1840, cuando derrotó una invasión unitaria y retomó el poder tras una intentona en la que fue asesinado su hermano Francisco.

Afectuoso y leal con sus amigos, paternalista con el paisanaje que le brindaba npoyo, Ibarra era terrible cuando la ira o la indignación hacían aflorar los rasgos vengativos de su carácter. A los principales implicados en la muerte de su hermano les infligió torturas que les ocasionaron la muerte después de indecibles sufrimientos, y sus enemigos políticos también experimentaron en carne propia la pesada mano que aplicaba el caudillo cuando estaba en juego la supervivencia de la causa que defendía.

Todo ello sirvió para que algunos historiadores lo condenaran severamente: «bárbaro», «ignorante», «cruel» son algunos de los epítetos con que lo calificaron los autores clásicos de la historia argentina. Otros, sin embargo, han estudiado la época desde una perspectiva diferente y computan a favor de Ibarra el impecable manejo de la administración, el impulso que dio a Santiago en diversos aspectos y otras facetas positivas; recuerdan, además, que sus tan censurados excesos no diferían mucho de los que se permitían sus enemigos unitarios en el calor de las contiendas civiles que agitaron el país en ese período.

Así sujeto a la polémica, el juicio definitivo acerca de lbarra y su trayectoria no ha sido pronunciado, aunque las consecuencias de las supervivencias partidistas todavía se hacen ¡sentir, según lo demuestra, por ejemplo, un hecho que Luis C. Alen Lascano se ocupa de destacar en uno de sus documentados trabajos: a más de un siglo de su desaparición —el 15 de julio de 1851— no existe en todo Santiago del Estero una sola estatua que recuerde a quien inauguró la autonomía provincial y la sostuvo con tesón durante uno de los períodos más agitados de la vida del país.



Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

 

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