Causas de la Reforma de Lutero Reformadores Religiosos Consecuencias



Causas y Consecuencias de la Reforma de Lutero

Debido a muchas circunstancias, al final de la Edad Media la Iglesia había perdido gran parte de su prestigio. Algunos papas y obispos vivían como señores laicos y muchos sólo veían en sus funciones un medio para proporcionarse grandes ingresos. Su principal objetivo parecía ser reunir el dinero necesario para mantener el fasto de su corte y sus ambiciones políticas. De este modo, lo temporal predominaba sobre lo espiritual.

Algunos acumulaban varios cargos importantes para acaparar el mayor número posible de beneficios. Otros se daban al nepotismo : reservaban para sus parientes importantes puestos eclesiásticos, a fin de conservar las riendas del poder.

En aquella época en la Iglesia reinaban otros muchos abusos. El clero menor se sentía abandonado a su suerte por sus superiores. Además, como carecía de la suficiente cultura, se hallaba incapacitado para enseñar y predicar debidamente. La Iglesia estaba, por lo tanto, en plena decadencia.

El nacimiento del espíritu crítico y el desarrollo de las aspiraciones a la libertad constituyeron terreno abonado para la aparición y expansión de la Reforma del siglo XVI. Además, el arte de la imprenta, que se había perfeccionado durante el siglo XV, favoreció la rápida difusión de las ideas de reforma, veamos la historia.

la reforma religiosa de luteroLA REFORMA DE LUTERO: Lutero no se veía a sí mismo como un innovador o un hereje, pero al intervenir en la controversia de las indulgencias entró en una confrontación abierta con los jerarcas de la iglesia, que lo empujó a plantear implicaciones teológicas de la justificación por la fe sola.

En 1517, el papa león X había emitido una indulgencia especial de jubileo para financiar la construcción de la nueva Basílica de San Pedro en Roma. Johann Tetzel, travieso dominico, pregonaba las indulgencias con el lema: “Tan pronto la moneda en el cofre tintinea, el alma del purgatorio ya sale y aletea”.

A Lutero le afligió en gran medida la venta de indulgencias, seguro de que la gente estaba garantizando su condenación eterna al confiar en esos trozos de papel su salvación. En respuesta, dio a la luz sus Noventa y cinco tesis, aunque los eruditos no están seguros de si las clavó en la puerta de una iglesia en Wittenberg. como se afirma tradicionalmente, o si las envió por correo a su superior eclesiástico.

En cualquier caso, las tesis eran una elegante acusación de los abusos en la venta de indulgencias. Es dudoso que Lutero intentara romper con la iglesia por la cuestión de las indulgencias. Si el Papa hubiera aclarado como Lutero quería esta cuestión de las indulgencias seguramente la cuestión se habría solucionado y terminado la controversia.

Para la mayoría de los historiadores, la publicación de las Noventa y cinco tesis marca el principio de la Reforma. Para Lutero eran una respuesta a lo que consideraba los flagrantes abusos de la venta de indulgencias de John Tetzel.

Aunque se escribieron en latín, estas tesis fueron pronto traducidas al alemán y difundidas a todo lo ancho de Alemania. Causaron profunda impresión en los alemanes insatisfechos con las políticas eclesiásticas y financieras del papado. Martín Lutero: trozos escogidos de las noventa y cinco tesis

5. El papa no tiene el poder ni la facultad para levantar castigo alguno, más allá de los que haya impuesto a propia discreción o por derecho canónico.

20. Por ende, el papa, con su remisión plenaria de todos los castigos, no puede comprenderlos “todos” en sentido absoluto, sino sólo los impuestos por él mismo.

21. Por consiguiente, los predicadores de indulgencias están equivocados cuando dicen que un hombre está absuelto y salvado de todo castigo por las indulgencias del papa.

27. Es mera charla humana predicar que el alma sale volando del purgatorio en cuanto el dinero tintinea en la caja de la colecta.

28. Es ciertamente posible que cuando el dinero tintinea en la caja de la colecta puedan crecer la codicia y la avaricia; pero la intercesión de la iglesia depende de la sola voluntad de Dios.

50. A los cristianos debe enseñárseles que si el papa supiera de las exacciones de los predicadores de indulgencias, preferiría ver la Basílica de San Pedro reducida a cenizas que erigida con la piel, carne y huesos de su grey.



81. Esta prédica perversa de los perdones hace difícil, aun para hombres instruidos, redimir el respeto debido al papa de las calumnias o, por lo menos, de los agudos cuestionamientos del laicado.

82. Por ejemplo: “¿Por qué el papa no vacía el purgatorio por razón del más santo amor y de la suprema necesidad de las almas? Que pueda salvar innumerables almas con el sórdido dinero para construir una basílica, haría de la más justa razón la más trivial”.

86. Y otra vez: “Si la riqueza del papa es mayor que la del más craso de los Cresos de nuestro tiempo, ¿por qué no construye esta Basílica de San Pedro con su propio dinero y no con el de los pobres fieles?”

90. Suprimir estos más que conscientes cuestionamientos del laicado por la sola autoridad, en lugar de refutarlos por la razón, es exponer a la iglesia y al papa al ridículo ante sus enemigos y hacer infeliz al pueblo cristiano.

94. Se debe exhortar a los cristianos a que procuren honestamente seguir a Cristo, su cabeza, a través de castigos, de muertes y de infiernos.

95. Y que entonces tengan más confianza de entrar en los cielos merced de sus muchas tribulaciones, más que a la falsa seguridad de la paz.

A fines de la Edad Media, la autoridad de la Iglesia sufrió gran mengua a causa de los numerosos abusos que se cometían en las altas esferas eclesiásticas. Durante el siglo XVI surgieron distintos movimientos de reforma. Hombres como Lutero, Cal-vino y Zuinglio no tardaron en conquistarse numerosos adeptos. En la segunda mitad del siglo XVI, la Iglesia romana, apoyada por los jesuítas, inició la Contrarreforma y recobró parte del terreno perdido

DIFUSIÓN DE LA REFORMA: En otros países también se iniciaron movimientos de reforma. Los anabaptistas, que se extendieron sobre todo por Alemania occidental y los Países Bajos, exigían un bautismo nuevo. Como su nombre indica, preconizaban el bautismo de los adultos. Esta secta no sólo pretendía reformas religiosas, sino también sociales, entre otras la comunidad de todos los bienes. Fueron muy combatidos y perseguidos, especialmente por Carlos I.

Calvino, jurista y teólogo francés, también elaboró un plan de reforma. Con la publicación de su Institutio religionis christianae difundió su doctrina en Suiza. Hasta su muerte, en 1564, fue el pastor absoluto y autoritario de la comunidad reformada de Ginebra. Creía y enseñaba que el hombre estaba predestinado a salvarse o a condenarse: Dios escoge a los que quiere salvar. Negaba, por lo tanto, el libre albedrío del hombre en lo religioso. En Francia, sus adeptos recibieron el nombre de hugonotes. Las enseñanzas de Calvino encontraron favorable acogida en los Países Bajos.

Calvino reformador

Inglaterra también participó de la admiración general por la Reforma. Al principio, Enrique VIII intervino como defensor del catolicismo contra Lutero, lo que le valió el título de «defensor de la fe». Pero como el papa se negaba a disolver su matrimonio con Catalina de Aragón, se separó de Roma y se hizo proclamar jefe de la Iglesia de Inglaterra.

De este modo se convirtió en el fundador del anglicanismo que, durante el reinado de su hija Isabel I, experimentó un nuevo desarrollo. El anglicanismo adoptó del catolicismo ciertos elementos del ejercicio del culto, pero su enseñanza doctrinal concordaba en gran parte con el calvinismo, salvo en lo referente a la predestinación.

En la segunda mitad del siglo XVI, la Iglesia católica decidió dar la réplica; se creó la Contrarreforma. Se confirmó la doctrina católica y se revisó la organización de la Iglesia, mientras se ponían en práctica nuevos medios de acción para combatir el protestantismo.

El Concilio de Trento (1545- 1563) fue un elemento esencial de la Contrarreforma. Se promulgaron las medidas de réplica. Seguidamente, tres papas, Pío V, Gregorio XIII y Sixto V, cuidaron de que se aplicaran estas decisiones. En la lucha contra el protestantismo participaron, asimismo, nuevas órdenes religiosas, especialmente la Compañía de Jesús u orden de los jesuítas, fundada por un gentilhombre español, Ignacio de Loyola.

San Ignacio de Loyola

La orden, dotada de una organización casi militar, estaba compuesta por una selecta clase intelectual, y no tardó en cobrar gran fama en materia de pedagogía y predicación. Los jesuítas fueron los principales paladines de la Contrarreforma y su obra perduró, especialmente, en el sur de Alemania, Polonia, Francia y también en los Países Bajos meridionales.

Motivos  de adopción  de la nueva fe de Lutero. — Como sucede en todas las conmociones que agitan a la humanidad, sean cualesquiera sus  causas, no todos los que apoyaban la nueva fe eran sinceros en sus sentimientos. Muchos, muy complejos y hasta contrapuestos móviles les impulsaban a prestar su adhesión a Lutero.

No era, pues, la convicción firme de la verdad de sus concepciones teológicas ni de la justicia de la causa que el reformador propugnaba, la que los impulsaba a ser actores de aquella revolución. Había muchos rebeldes en potencia que necesitaban un caudillo para exteriorizar su disconformidad.

Otros, como se ha dicho anteriormente, veían en la realización de las nuevas prédicas un modo de eludir el pago de tributos a la Sede Romana. Algunos príncipes veían en la revolución religiosa una ocasión para despojar a la Iglesia de sus tierras y otros bienes, dentro de sus señoríos. En lo que al pueblo tocaba, era bien notoria la aversión con que los Estados germánicos consideraban la intromisión del Papado en sus asuntos nacionales, mirándola como una injerencia de gentes extranjeras.

Promovida la conflagración, bajo las enseñas de Lutero se acogieron soberanos ansiosos de apropiarse las prerrogativas del Papa, señores rapaces ávidos de participar en los saqueos de abadías y conventos, patriotas que ansiaban liberar su país de la Influencia extranjera, hombres débiles alucinados por el espejuelo de la novedad, aventureros de toda laya, apetecedores de la relajación propia de los movimientos revolucionarios, hombres ingenuos que creían extirpar las corrupciones de la Iglesia, y otros idealistas que imaginaban que con aquella revolución  iban a conseguir la implantación de la justicia y de la verdad.

 

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PARA SABER MAS…

LA IGLESIA CATÓLICA romana se sentía amenazada por la difusión del protestantismo. Su respuesta fue llevar a cabo reformas y tratar de acabar con los protestantes. Esta reacción se conoce como Contrarreforma.

CONCILIO PARA EL CAMBIO En 1545 la iglesia convocó una reunión, conocida como el Concilio de Trento, para proponer reformas en la iglesia católica. Uno de los puntos fue que los sacerdotes debían ampliar su formación, para lo que se acordó fundar seminarios (escuelas eclesiásticas). Insistieron en la obligatoriedad del voto de pobreza para monjes, sacerdotes y monjas. También publicaron una lista de libros considerados peligrosos, prohibidos para los católicos, que se llamó “índice de libros prohibidos”. Pero la conclusión principal del Concilio fue que no existiría una reconciliación con los protestantes.

LOS JESUITAS
Una de las maneras que tenían los católicos de impedir la expansión de los protestantes era divulgar su propia doctrina. En 1534 un soldado español, Ignacio de Loyola (1491-1556), herido en una batalla en 1521, orientó su vida a la espiritualidad católica y fundó la Compañía de Jesús. Su objetivo era difundir la fe católica a través de la enseñanza. Pronto estableció misiones en lugares tan lejanos como la India, China y Sudamérica. Los miembros de esta orden religiosa eran famosos por su habilidad para el debate.

CONTRA EL PROTESTANTISMO

Varios poderosos gobernantes católicos ayudaron a contener el creciente avance del protestantismo. Los reyes españoles Carlos I (1500-58) y su hijo Felipe II (1527-98) se dedicaron a ello con fervor. Utilizaron la Inquisición para castigar a los protestantes. La Inquisición torturaba a sus víctimas para obtener una confesión. Los castigos iban desde el pago de una multa a ser quemados en la hoguera. La Contrarreforma no pudo eliminar el protestantismo pero sí logró fortalecer la iglesia católica.

LUTERO COMO ESCRITOR

Desde el punto de vista literario, las obras de Lutero son la realización más importante de la literatura alemana de su siglo y aportan la creación de un instrumento expresivo que ha perdurado prácticamente hasta hoy. Ya los grandes tratados de 1520 (De la libertad cristiana y Manifiesto a la nobleza cristiana de la nación alemana) habían mostrado la energía y la eficacia que sabía dar a la prosa polémica en lengua vernácula, lo cual constituía una gran renovación, ya que este tipo de temas solían debatirse en latín; pero un planteamiento general del problema idiomático sólo se dio cuando Lutero emprendió la gigantesca tarea de traducir la Biblia en lengua vulgar.

No era la primera vez que se acometía tal empresa: desde 1466 se habían impreso catorce traducciones bíblicas en alto alemán y tres en bajo alemán; pero Lutero se proponía objetivos más ambiciosos: quería que su versión llegara al mayor número posible de personas, y para ello era imprescindible rehuir los extremismos dialectales y forjar una nueva lengua común impregnada de sabor popular. Y así, basándose en su sajón nativo y en la morfología de la lengua de la cancillería sajona, dio forma a un lenguaje “puro y claro”, como él decía, que ha sido la base del moderno alemán literario. A fines de 1521 empezaba a trabajar en el Nuevo Testamento, que se imprimiría en septiembre de 1522, y en 1534 terminaba la traducción del Antiguo Testamento.

En tan pocos años y en un país disgregado en dialectos, Lutero llevó a cabo la gran hazaña de traducir una obra de dificultades tan inmensas en una lengua popular y al mismo tiempo llena de dignidad poética, a la vez viva y correcta, tan alejada de los empobrecidos dialectos populares como de la lengua fría y artificial de la cancillería sajona. “La mujer en su casa, los niños en sus juegos, los hombres en las plazas públicas, éstos han sido mis maestros”, afirmó.

Otro importantísimo aspecto de su producción literaria es el de la hímnica eclesiástica. Los 41 himnos que compuso, a menudo con el deliberado objeto de inculcar nociones teológicas de un modo mucho más eficaz que por medio del escrito o del sermón, tuvieron una extraordinaria difusión, hasta el punto de que muchos de ellos acabaron convirtiéndose en canciones populares e incorporándose en cierto modo al patrimonio folclórico del país. Aunque en su mayoría proceden de los salmos y de los himnos latinos, Lutero les dio un carácter de expresividad muy peculiar. Recordemos, entre las piezas más características y famosas, Eiri feste Burgistunser Gott (“Nuestro Dios es nuestra fortaleza”), inspirada en el salmo 46. (Historia Universal Tomo 13 Salvat).

– La Reforma de Lutero –





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