La Urbanizacion del neolitico Historia de los Asentamientos Humanos



La Urbanización del Neolítico
Historia de los Asentamientos Humanos

La creación de la ciudad es uno de los hitos que cabría utilizar como separación entre la humanidad primitiva y la moderna. Resulta curioso examinar el fenómeno ahora, cuando lo que nació hace siete u ocho mil años llega a ahogarnos y anuncia su crisis en plazo breve. Acaso diez mil años bastarán para abarcar el crecimiento, auge y decadencia de las urbes.

Entre el 4000 y el 3000 a. de C., importantes desarrollos técnicos comenzaron a transformar las ciudades neolíticas. Al principio, los asentamientos neolíticos eran apenas algo más que villas. Pero, conforme sus habitantes dominaban el arte del cultivo, poco a poco comenzaron a dar origen a sociedades humanas más complejas.

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En la medida en que la riqueza aumentaba, esas sociedades principiaban a desarrollar ejércitos y a construir ciudades amuralladas. Al inicio de la Edad de Bronce, las concentraciones de cada vez más personas alrededor de los valles ribereños de Mesopotamia y Egipto estaban dando origen a un nuevo modelo de vida humana.

Hoy empezamos a conocer las primeras habitaciones humanas: inicialmente (protourbanismo) era lugares protegidos por toscos muros de piedra en las cuevas ocupadas ya en el paleolítico superior y medio, grupos de chozas en la estepa loésica, en lo que fueron los primeros campamentos, de época magdaleniense, encontrados desde Francia a Rusia.

En la fértil media luna es donde brotó el verdadero urbanismo. No es el caso discutir cuál de las ruinas urbanas que conocemos es la más antigua: si las ciudades de la meseta de Anatolia y sus vertientes, como Chatal Hüyük, o la serie sucesiva que Braidwood señaló en el nordeste del Iraq (Karim Shahir, Palegawra y Jarmo), o la ciudad de Jericó. Con ésta o con las de Anatolia nos remontamos al VII milenio a. de J.C. Las excavaciones que han dado a conocer las primeras ciudades han sido uno de los más importantes frutos de la arqueología en los últimos decenios.

Si nos situamos en la región del Jordán, en Palestina, en la base de la colina Tell es Sultán, donde estuvo asentada la vieja ciudad de Jericó. Lo mismo ocurre en Nahal Oren, en el monte Carmelo, y en Beidha, cerca de Petra. En estos tres yacimientos, el nivel inferior A cuenta con fuertes defensas con muros y foso, con habitaciones circulares en forma de colmena formadas con ladrillos carenados.

En el nivel B hay habitaciones rectangulares con muros revestidos de barro y pasillos con habitaciones a ambos lados. Si en el nivel A hallamos nidos de cráneos que recuerdan los de Ofnet Baviera). En el B los cráneos se recubren, modelando los los ojos. En este segundo nivel aparece el cultivo de la cebada y la cría de las cabras para alimento, en tal proporción que hace pensar en una posible domesticación; todo ello en el séptimo milenio a. de J.C., en una fase precerámica, con numerosas muestras de culto y de plástica.

En 1963-64 se excavó un lugar cerca de Diarbekir y apareció un nivel precerámico con posible cultivo del trigo y domesticación. Lo que sorprende, en un ambiente que según la datación del carbono 14 se remonta a unos 7.000 años a. de J.C., es la presencia de una sólida base de piedras en los muros de ladrillo y de un enlosado. No menos sorprendente es la presencia de agujas y una cuenta de cobre trabajado con martillo. Al mismo grupo pertenecerían los poblados de Hacilar y de Suberde, con cultivo de trigo y de cebada en el primero de ellos, más o menos sincrónico con Jericó B, ya aue se fecha a mediados del séptimo milenio.

Pero a todos esos primeros centros urbanos supera en interés el de Chatal Hüyük, en el llano de Konya, en la parte meridional de Anatolia, excavado por James Mellaart. Se trata de un poblado de gran extensión (unos 130.000 m2), formado por habitaciones rectangulares con hogar central, adosadas unas a otras, salvo en los casos en que se disponen unos patios o espacios libres entre ellas.

Los muros eran de ladrillos secados al sol; los tejados planos tenían aberturas, por las que se entraba al interior gracias a una escala de madera. Bancos junto a los muros servían como lugar de enterramiento, probablemente secundario, de los familiares. Muchas de las casas presentan las paredes decoradas con relieves o pinturas. Estas últimas ofrecen curiosos paralelos con las levantinas españolas, cuya cronología no difiere gran cosa de la de estas primeras ciudades. Es seguro que experimentaron frecuentes reconstrucciones.

Chatal Hüyük se remonta a una fecha media de aproximadamente 5.750 a. de J.C. Posee cerámica desde su comienzo, manteniéndose la fabricación de recipientes de madera o de cestería. Aunque el utillaje es básicamente neolítico (sílex y obsidiana), se encuentran pequeñas piezas de ornamento de cobré’ y plomo. La agricultura conocía varias especies de trigo además de la cebada. Cabras y ovejas acompañaban como animales domésticos al perro. El pulimento de la piedra se pone de manifiesto en las hachas, mientras la técnica del hueso produce multitud de útiles, como las cucharas, y el arte del tejido progresa claramente junto al uso de pieles. Sin duda, había ya artesanos especializados.

Es decir, en fechas que hace unos años hubieran parecido excesivamente elevadas, encontramos sociedades directamente salidas del estadio mesolítico, directo sucesor del paleolítico superior, que han progresado enormemente en el camino del urbanismo y se hallan organizando ya una vida social y religiosa intensa.

Podríamos completar lo dicho con secuencias parecidas en el Iraq septentrional con nombres como Jarmo, Hassuna, Tell Halaf, y tras esta fase entramos en la ocupación de la Baja Mesopotamia, cuando la ciudad ha adquirido toda su importancia política, que guardará durante muchos milenios, a través de las fases de El Ubaid, Uruk y Jemdet-Nasr, hasta las clásicas ciudades sumerias. Podríamos también destacar las ciudades asirías primitivas y las que van descubriéndose en el Irán, que acabarán por unir ese mundo asiático occidental con las grandes ciudades, muy posteriores, del valle del Indo, en las que vemos logros que calificaríamos de modernos en aspectos tan importantes como el agua.

La entrada en Europa de los portadores de la “revolución neolítica” es muy anterior a lo que se había creído. Aún no hace muchos años no poseíamos otro medio de establecer un puente entre Asia Menor, los Balcanes y el Egeo que las nueve ciudades (hoy las contaríamos de otro modo y aparecerían bastantes más) de Troya.

Gracias a la datación del carbono 14 sabemos que el neolítico había cruzado el Egeo alrededor del 6000 a. de J.C. Sesklo y Argissa en Tesalia, Nea Nikomedeia en la región occidental de Macedonia, nos muestran poblados con casas de madera recubierta de barro, cerámica plástica con representaciones femeninas, abundante industria ósea, ganadería que incluye los bóvidos, sepulturas en fosa, etcétera.



Desde estos centros urbanos, los primeros que conoció Europa, en un camino que debió costar unos dos mil años, ese elemento renovador que fue la ciudad se extendió al extremo occidental del Viejo Mundo.

Ver Una Imagen de la Vida Sedentaria en el Neolítico





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