Período Preincaico Civilizaciones Chavin, Paraca y Mochica



PERÍODO PREINCAICO
Civilizaciones Chavin, Paraca y Mochina

La civilización de los incas de Perú fue precedida por la sucesión de otras culturas menos conocidas. Ya, hacia el año 1200 antes de Jesucristo, la civilización de Chavin de Huántar florecía en el norte del país. Ésta fue seguida por la de los paracas y por los mochicas y los nazcas. Después los indios tiahuanaco fundaron su imperio; le siguió la civilización chimu. Hacia el 1300 Perú entró en decadencia; el camino quedaba libre para la llegada de un pueblo dinámico: los incas.

Varias civilizaciones habían ya florecido y desaparecido en el macizo andino de Perú antes de que los incas hubiesen fundado su poderoso imperio en el siglo XIV. Estos incas, adoradores del Sol, fueron poderosos dominadores, si bien menos crueles que otros pueblos indios. En cuestiones de organización fueron verdaderos maestros. En el campo de las artes dejaron pocas cosas originales; eran más técnicos que artistas creadores

Así como la civilización de los aztecas, en México, había sido la heredera de otras culturas que la precedieran, también la civilización incaica fue en Perú el resultado de importantes culturas que por desgracia han permanecido poco conocidas hasta nuestros días. El estudio de estas civilizaciones es, en efecto, muy difícil e incluso en algún caso imposible, por el hecho de que estos pueblos desconocían la escritura. Como consecuencia de ello no se ha podido establecer para esta época de la historia de Perú una cronología unánimemente admitida.

Los historiadores mantienen sobre este punto opiniones muy diversas. La primera cultura importante que se desarrolló en Perú ha sido denominada de Chavin de Huántar, por las ruinas descubiertas en el norte, cerca del curso superior del Marañón (Amazonas).

La civilización Chavin se supone que existió en Perú entre 1200 y 400 antes de Jesucristo, aunque ciertos historiadores la sitúan en época más tardía. Sin embargo, difícilmente puede afirmarse que esta civilización se extendiese por todo Perú de modo uniforme. Sin duda la accidentada configuración del país influiría decisivamente en la localización de los centros adonde aquélla podía llegar.

No obstante, ciertas analogías se encuentran en esta época en gran parte del país, especialmente en el aspecto religioso. El cóndor y el jaguar eran adorados en varias zonas como las más importantes divinidades.

El centro principal de este período cultural es, como hemos dicho, Chavin de Huántar. Aquí, los arqueólogos han descubierto las ruinas de un templo que desde el punto de vista arquitectónico sobrepasa con creces en belleza a los monumentos pertenecientes a períodos más recientes. Sus muros y columnas están decorados con notables bajorrelieves, y se encontraron también esculturas. Se supone que Chavin fue un importante centro de peregrinación, y allí afluían numerosos fieles procedentes incluso de lejanas comarcas.

Otro centro de esta misma época es Cupinisque. Los habitantes de esta zona tenían gran habilidad para la fabricación de cántaros con forma humana. Más tarde su técnica fue recogida y mejorada por otras tribus indias de Perú.

Cuando hacia el año 400 antes de Jesucristo cayó en decadencia la cultura de Chavin, se extendió de modo progresivo otra civilización denominada cultura paraca, del nombre de una desértica península situada en la costa sur de Perú. Aquí se encuentran importantes vestigios de este período, que se prolonga aproximadamente hasta el año 400 después de Jesucristo. Por los numerosos objetos que se han hallado, se puede deducir que los hombres de la cultura paraca se preocupaban bastante del destino de los muertos. Se han encontrado más de trescientas momias colocadas en cuclillas.

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Arte Preincaico

Debido al clima extremadamente seco de la península, las momias y los objetos colocados junto a ellas en las tumbas han quedado bien conservados. Algunas de las momias estaban cubiertas con mantos cuyos brillantes colores se conservan en la actualidad. Estas telas están con frecuencia ornamentadas con representaciones de animales: felinos, cóndores, peces, etc.

Los arqueólogos han descubierto tumbas ricas conteniendo mucho oro al lado de otras más pobres. Se ha conjeturado que las diferencias de clase entre los indios paracas no eran muy pronunciadas. Ciertos especialistas estiman además que las poblaciones indias de los períodos ulteriores no han conseguido alcanzar técnicas de fabricación de tejidos tan perfeccionadas. Después que la civilización paraca fuera igualmente desapareciendo, surgieron en primer plano otros dos centros: Nazca, al sur, y Moche, en la costa norte.

Los incas deben mucho a los indios mochicas (de Moche). Éstos habían llevado el cultivo de la tierra a un alto grado de perfección, lo que permitió adquirir, al principio de nuestra era, grandes riquezas y considerable influencia. Dominaban los estuarios de los ríos a lo largo de la costa norte, fertilizaban las comarcas desérticas irrigándolas y trazaron caminos. En el norte de Perú edificaron pirámides en honor del Sol y de la Luna.

Ver La Cultura Mochica

Los mochicas eran, sin embargo, especialmente expertos en trabajos de alfarería: sus cántaros están ricamente adornados de retratos, de animales estilizados, de motivos decorativos. Se han encontrado centenares de estas vasijas en varias necrópolis. Éstas, aparte de mostrar una clara habilidad técnica, expresan también el alto desarrollo del sentido artístico de los hombres que los fabricaron. Pintaban en ellas escenas de la vida cotidiana: caza, labores agrícolas, batallas, de gran utilidad para los estudios históricos.

La civilización nazca ha dejado igualmente importantes objetos de alfarería que muestran gran diversidad de técnicas y de formas. No debe sorprender que los expertos en historia precolombina de Perú comparen en ocasiones la civilización de los nazcas y mochicas a la cultura clásica.

Alrededor del año 1000 de nuestra era aparece un nuevo centro de cultura denominado Tiahuanaco, situado en una árida meseta al sur del lago Titicaca, donde actualmente está situado el Estado de Bolivia. En este lugar escasamente poblado en la actualidad se desarrolló una civilización que se extendió a la mayor parte de Perú.

Los indios de Tiahuanaco asimilaron parcialmente las aportaciones de las culturas precedentes. En ocasiones, el paso de la antigua a la nueva civilización se hizo de manera progresiva, sin violencias. Éste fue el caso de la cultura nazca. En otros casos, sin embargo, tuvieron que recurrir a la fuerza para someter a otros pueblos, como sucedió con los mochicas.

Características de esta civilización son las copas alargadas que se han hallado en diversos lugares. Esta cultura alcanzó su apogeo en la fabricación de tejidos. Los indios de Tiahuanaco tejían las telas maravillosamente y fabricaban tapices de plumas multicolores de gran belleza.



Se supone que Tiahuanaco fue más bien un centro religioso que residencial. Se han encontrado los vestigios de edificios monumentales de los que algunos no habían sido terminados. El más conocido de ellos es la Puerta del Sol, edificado por medio de inmensos y pesados bloques de piedra. En esta época la escultura estaba exclusivamente subordinada a la arquitectura. En este periodo nació un importante arte: la joyería.

Cuando desapareció la civilización de Tiahuanaco, alrededor de 1300, Perú entró en decadencia. Solamente existía un centro, el de Chimu en el norte, donde se ha encontrado cerámica y tejidos en gran abundancia. También en esta cultura la joyería tuvo importante desarrollo. No obstante, en esta época la originalidad y la ingeniosidad apenas son frecuentes. Lo que hizo, como máximo, la cultura de Chimu fue perfeccionar el legado que los indios de Tiahuanaco y de Moche le habían dejado.

El camino quedaba libre para la llegada de un pueblo dinámico que aprovecharía las circunstancias para imponer su dominación sobre un vasto territorio. Este pueblo, el último en edificar una importante civilización en Perú, fue el de los incas.

HISTORIA DE LOS INCAS:

Cuando, en los alrededores del año 1300, la floreciente cultura de Tiahuanaco tocaba a su fin, comienza una era de decadencia. Sin embargo, esta última fue de corta duración, porque los incas desarrollaron entonces una brillante civilización que se extendió por todo el país y que ejerció su influencia incluso en vastos territorios situados más allá de los límites peruanos.

Nada se sabe con certeza de los orígenes del potente imperio incaico. Probablemente los primeros incas fueron montañeses que vivían en las altas tierras peruanas en algún lugar al sur de donde más tarde establecerían su capital, Cuzco.

La fundación de este imperio se atribuye a Manco-Capac que habría vivido entre los años 1000 y 1200. La leyenda cuenta que Manco andaba errante con su pueblo por la cadena andina. En un momento determinado su cetro desapareció en un lugar concreto, en las fértiles tierras aluviales; Manco-Capac interpretó que esto era una indicación para que él y su gente se instalasen en ese lugar, en el valle de Cuzco.

Aun ahora, después de tantos siglos, sigue siendo particularmente venerado por varias tribus indias. Cuzco fue la cuna del más poderoso imperio que haya conocido, en esa época, el continente americano.

El territorio sometido por los incas se extendía longitudinalmente desde el Ecuador, al norte, hasta Chile y la Argentina, al sur. La superficie de este Estado era de aproximadamente 611.450 km² lo que significa que era tan grande como Bélgica, Francia, Suiza e Italia juntas. Es tanto más destacable y desconcertante el que los incas hayan podido constituir un Estado tan extenso si se tiene en cuenta que fue establecido en la región más montañosa del mundo.

Este gran Estado indio fue regido por soberanos que se designaban con el apelativo de Inca. Sin embargo, muy pronto este calificativo fue dado también a los principales dirigentes, a los sacerdotes y, finalmente, al mismo pueblo.

La política de conquista de los incas, que les llevaría a crear un Estado tan poderoso, fue una mezcla de diplomacia y de fuerza. Se admite que su táctica era la de intentar en un principio persuadir y no recurrir a la violencia más que en casos desesperados. Además, los incas parecían convencidos también de que era preferible adoptar una política de convivencia con los vencidos antes que exterminarlos despiadadamente.



Por una parte, hacían todos los esfuerzos para que los pueblos sometidos conservasen en la medida de lo posible sus propias costumbres. Por ejemplo, existían unas ordenanzas que obligaban a los habitantes de ciertas regiones a llevar su propio peinado y sus vestidos originales.

De otra parte, las migraciones obligatorias fueron organizadas en el imperio incaico cuando las autoridades estimaban que era de utilidad el cambio de residencia de determinadas poblaciones. Además, estas migraciones forzadas se adaptaban estrechamente a la concepción de gobernar que los incas profesaban.

Este sistema de gobierno podría ser calificado de socialismo aristocrático: el poder estaba en manos de una minoría de dirigentes, que ejercían un riguroso control sobre los asuntos de Estado y velaban sobre todo para que existiese la mayor igualdad posible entre los elementos de la población.

Los incas parece que no conocieron la esclavitud. El Estado inca era un Estado institucionalizado, edificado sobre una legislación muy desarrollada. La propiedad privada era probablemente desconocida para este pueblo. Cada familia recibía una cantidad determinada de tierra de labor, proporcional a las necesidades que tenía para asegurar su subsistencia.

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El Estado organizaba también la enseñanza, así como una especie de asistencia pública: señalaba los grupos dentro de la comunidad que debían ayudar a los ancianos y enfermos que no estaban en condiciones de asegurar el rendimiento de las tierras que se les habían otorgado. Este fuerte estatismo   comportaba   inevitable mente la existencia de gran número de inspectores encargados de asegurar el cumplimiento de las leyes.

A veces, al imperio de los incas se le denomina también Imperio del Sol. En efecto, el sol era la suprema divinidad de los incas, y el disco solar, su símbolo. El emperador era la personificación de esta divinidad y, como tal, venerado por su pueblo.

El común de los mortales no era admitido en los templos, los cuales estaban reservados a los verdaderos incas, es decir, a las clases dirigentes. Esto hace pensar en el antiguo Egipto, con el cual hay todavía más puntos de comparación, como el hecho de que los incas difuntos eran momificados.

La principal actividad en el imperio incaico era la agricultura. Esto puede parecer extraño debido a que el lugar donde estaban establecidos es muy montañoso; sin embargo, los incas eran maestros en el arte de hacer terrazas, con lo que compensaban los inconvenientes que representa el relieve para los trabajos de la tierra; también poseían muchos conocimientos sobre irrigación y abonado de sus campos, en los que cultivaban preferentemente maíz y patatas.

A pesar del relieve accidentado, la red de caminos estaba relativamente desarrollada; sin duda, éstos eran más bien primitivos, pero como los incas desconocían la rueda no utilizaban vehículos.

Tampoco empleaban animales de montura; no tenían caballos; únicamente las llamas, las acémilas de los Andes, transportaban pequeñas cargas. Por consiguiente, los caminos estaban destinados a los peatones; eran, naturalmente, más estrechos que los europeos, y estaban concebidos para asegurar el paso, como máximo, a las sillas de mano.

En la montaña los puentes permitían salvar los desniveles. Evidentemente, los incas eran más bien unos organizadores que innovadores.

En el dominio cultural siguieron sobre todo la línea de sus antecesores. En su arquitectura, por ejemplo, se impone más su técnica que su sentido artístico; usaban, para la construcción, enormes y pesados bloques de piedra tan perfectamente unidos que no era posible meter el filo de un cuchillo entre ellos. Para los edificios de Machu-Picchu, situado a gran altura, fueron utilizados bloques de 4 x 1,5 x 0,8. Uno se pregunta cómo este pueblo, sin’ conocer la rueda, conseguía transportar tales cargas en un país tan montañoso.

Los incas desconocían la escritura; para retener las cosas importantes recurrían a un manojo de cordones en los que hacían nudos; éstos tenían significados determinados. Un conjunto de estos cordones recibía el nombre de

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