Creacion de las Escuelas Normales Normalismo Educativo



LA ESCUELA NORMAL DE PARANÁ Y LA DIFUSIÓN DEL NORMALISMO

Creación de la Escuela Normal de Paraná: El 13 de junio de 1870, el Poder Ejecutivo, en uso de la autorización conferida por la ley de 6 de octubre de 1869, dictó el decreto de creación de la Escuela Normal de Paraná, con el designio de «formar maestros competentes para las escuelas primarias».

Puede afirmarse que el normalismo argentino arranca de esta fundación. Hubo anteriormente varios proyectos y ensayos de escuelas normales, pero ninguno de ellos prosperó por mucho tiempo ni logró eficacia. Al iniciarse la administración de Sarmiento no existía más que un número muy reducido de preceptores, siendo a todas luces evidente la necesidad de formar el plantel de maestros que requería la tarea civilizadora de extender los beneficios de la educación pública a todo el país. El presidente de la República, secundado por su ministro Avellaneda, se propuso, en consecuencia, echar las bases sólidas de una institución típicamente argentina de formación del magisterio, interesando en esa creación, por todos los medios, a la opinión pública y al Congreso.

Con el objeto de infundir una orientación renovadora a nuestro sistema educacional, Sarmiento consideró necesario hacer venir especialmente a maestros extranjeros, capaces de iniciarnos en la aplicación de los métodos y procedimientos de enseñanza más convenientes. Fue así que nombró director de la escuela al profesor norteamericano Jorge A. Stearns y puso las cátedras principales en manos de educadores contratados también en los Estados Unidos, cuya labor se concretó, especialmente, a la realización práctica de una didáctica pestalozziana, esquematizada en una serie de principios y normas de enseñanza, con una estructuración rígida y mecanizada.

El profesor Stearns fue el alma de la institución. Bajo su dirección se adoptaron los planes de estudio y programas y se realizaron todos los trabajos preliminares a la fundación. El 16 de agosto de 1871 fueron iniciadas las clases.

La Escuela Normal comprendía: un curso normal, destinado aquellos futuros maestros adquiriesen, no solamente; los conocimientos apropiados a las necesidades de la educación común en el país, sino también «el arte de enseñar y las aptitudes necesarias para ejercerlas»; y una escuela modelo de aplicación, que además de impartir en seis años la instrucción primaria a manos de ambos sexos, serviría para la práctica de la enseñanza de los alumnos del curso normal. .

Los inconvenientes que sobrevinieron, como consecuencia de los acontecimientos políticos de la época, dificultaron los primeros pasos de la Escuela Normal de Paraná. En efecto, las familias de las provincias se resistieron a enviar a sus hijos a Entre Ríos, foco del movimiento de rebelión iniciado con el asesinato de Urquiza.

Por otra parte, en un principio se produjo una fuerte oposición contra .el plan de  estudios que excluía la religión católica como materia de enseñanza, hecho agravado por el predominio de profesores protestantes norteamericanos. Recién tres años más tarde se atenuó la resistencia suscitada por la cuestión religiosa con la inclusión, aunque sin carácter obligatorio, de esta asignatura, y el nombramiento en 1874 del canónigo Domingo Rosales en la cátedra de religión, moral e instrucción cívica.

No obstante sus dificultades iniciales, la Escuela Normal de Paraná se afianzó sólidamente, constituyendo el modelo y el punto de partida en la evolución de nuestro normalismo.

Fundación de otras escuelas normales. Con el mismo régimen y orientación pedagógica que la de Paraná, aunque de proyecciones más modestas, pues su curso abarcaba sólo dos años de estudios, se inauguró el 25 de mayo de 1875, en Tucumán, la segunda Escuela Normal creada para la Nación u dirección fue confiada al mismo educador que planeo la fundación de la de Paraná, Mr. Stearns.

Anteriormente, en 1874, habían sido establecidas dos escuelas normales provinciales en Buenos Aires, una para varones 



y otra para niñas, las que fueron nacionalizadas en 1880. Asimismo, en 1875, el Poder Ejecutivo sometió a las Cámaras un proyecto de ley pidiendo autorización para costear catorce escuelas normales para maestras de instrucción primaria. En octubre fue sancionada la ley, estableciendo que la Nación podría fundar una escuela para maestras en cada una de las capitales de provincia que lo solicitaran.

Los gobiernos provinciales colaboraron entusiastamente en esta obra con las autoridades nacionales. Entre Ríos fue la primera provincia que se adhirió a la iniciativa del gobierno central cediendo a la Nación la escuela de Concepción del Uruguay. ‘

Al sancionarse la ley de educación común de 1884, en todas las provincias existían ya escuelas normales nacionales. Algunas provincias contaban con escuelas normales en poblaciones Importantes, aparte de las instaladas en las ciudades capitales. También funcionaban en varias provincias, aunque en forma desventajosa frente a las de la Nación, escuelas normales provinciales, organizadas con una estructura particular según las necesidades regionales. .

En el período que se cierra en el año 1885, las escuelas normales nacionales se habían difundido por toda la República aunque sin alcanzar todavía un plan de estudios ni una organización pedagógica uniformes. Recién con la aplicación del plan de estudios de 1886 se inició la unificación del sistema de formación del magisterio en todo el país.

José María Torres y la orientación del normalismo: Bajo la dirección del distinguido maestro español José María Torres (1823-95) fue consolidada definitivamente la Escuela Normal de Paraná.

Para Torres, la profesión del magisterio requiere, además de la cultura general, una formación especial que permita al maestro el conocimiento de la naturaleza del educando y de la ciencia y arte de la educación, es decir, de los principios pedagógicos y de los métodos y prácticas de la enseñanza.

Considera que el verdadero método de enseñanza consiste en guiar al educando para que asimile los conocimientos, partiendo de las lecciones sobre hechos y objetos concretos. «El ejemplo y la práctica son más eficaces. que el precepto y a teoría». Lo importante no es trasmitir directamente los  conocimientos sino cultivar la aptitudes para adquirirlos.

Publicó varios libros: Primeros elementos de educación, El arte de enseñar; Metodología; Curso de pedagogía, etc. Torres sistematizó la pedagogía, adaptando a maestro medio las normas didácticas y los principios pestalozianos. Durante mucho tiempo, esta influencia típicamente pestalozziana mecanizada y esquematizada por Torres en los famosos «principios» constituyó la médula de nuestra pedagogía normalista.

Fuente Consultada: Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.



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