Astronomia Antigua Sistema Geocentrico: Hiparco y Tolomeo Ptolomeo





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Astronomia Antigua Sistema Geocentrico: Hiparco y Tolomeo

La astronomía en la Antigüedad: Desde hace siglos, en las escuelas se enseña que la Tierra gira sobre sí misma en 24 horas y en un año alrededor del Sol. Se considera un hecho bien establecido y loes. Pero eso no significa que sea evidente. De lo contrario Copérnico no sería considerado un gran científico ni mucho menos revolucionario.

De hecho, hasta el siglo XVI se pensó que la Tierra estaba quieta y que era el Sol el que, diaria y anualmente, giraba a su alrededor, explicando así el sucederse del día y de la noche y el cambio anual de las estaciones. Lo afirmaban los mejores científicos del momento, que eran tan inteligentes como los actuales.

Por tanto, está claro que para entender la aportación de Copérnico y sus méritos tenemos que comprender cuáles eran los problemas que se planteaban entonces y qué solución les dio. Para ello es necesario retroceder hasta los griegos y señalar algunos puntos básicos que nos ayudarán a entender el punto de partida de Copérnico. (abajo Astronomo Tolomeo)

Astronomo Tolomeo

Los grandes descubrimientos astronómicos: Hiparco

Los astrónomos helénicos y alejandrinos dieron al patrimonio de los conocimientos astronómicos el carácter de ciencia, interpretando los fenómenos celestes por medio de la geometría y la trigonometría. Se dedicaron además a la observación directa del cielo. Sobresale en este período la figura de Hiparco, el más grande astrónomo de la antigüedad.

Nacido en Nicea, en Bitinia, en la primera mitad del siglo II a. C., Hiparco trabajó en Alejandría y sobre todo en Rodas, donde implantó una especie de observatorio. A él se debe la invención de la dioptra (instrumento para la medida de ángulos) y de otros muchos medios técnicos de observación, gracias a los cuales logró estudiar la bóveda celeste con extrema precisión. Hiparco descubrió 1.206 estrellas y las clasificó en su célebre Catálogo estelar, unas tablas muy precisas de los planetas y sus movimientos. Pero su mayor gloria consiste en haber descubierto el fenómeno llamado de la presesión de los equinoccios.

Debido a la atracción de otros cuerpos celestes sobre la Tierra, el eje terrestre oscila lentamente sobre sí mismo como el eje de un trompo en movimiento. En consecuencia, las prolongaciones ideales del eje sobre los polos se mueven lentamente, apuntando sucesivamente a distintas constelaciones. De este modo, en el equinoccio de primavera, cuando los dos polos están a la misma distancia del Sol, este astro parece, de un año al otro, moverse respecto al «fondo» formado por las constelaciones lejanas.

Hiparco observó que las «latitudes» (o declinaciones) de las estrellas observadas permanecían constantes respecto a las medidas anteriores; las «longitudes» (o ascensiones rectas), en cambio, aumentaban todas en la misma magnitud. Hiparco, con notable precisión, calculó que el aumento anual de la ascensión recta de las estrellas era de 50 segundos, equivocándose poquísimo con respecto a los valores reales.

El sistema tolemaico: En el 47 a. C. la biblioteca de Alejandría se incendió, privando al mundo de preciosos documentos y tratados sobre ciencia y literatura. Este terrible suceso habría impedido conocer el progreso de la astronomía antigua de no ser porque, tres siglos después de la muerte de Hiparco, Claudio Tolomeo compendió y completó los descubrimientos de sus predecesores.

En el siglo II d.C., Claudio Tolomeo planteó un modelo del Universo con la Tierra en el centro. En el modelo, la Tierra permanece estacionaria mientras los planetas, la Luna y el Sol describen complicadas órbitas alrededor de ella. Aparentemente, a Tolomeo le preocupaba que el modelo funcionara desde el punto de vista matemático, y no tanto que describiera con precisión el movimiento planetario. Aunque posteriormente se demostró su incorrección, el modelo de Tolomeo se aceptó durante varios siglos.

Tolomeo no fue un científico genial e innovador. Sus observaciones, realizadas en Alejandría, le llevaron sólo a la formulación de una teoría personal sobre los movimientos de los cinco planetas conocidos en aquella época (Mercurio, Venus, Júpiter, Marte, Saturno). La más importante contribución de Tolomeo a la astronomía es su Almagesto (ver abajo) , precisa y completa síntesis de las teorías de sus predecesores.

En esta obra, trata su autor de geocentrismo, de nociones de geometría plana y esférica y de los movimientos del Sol y de la Luna, de los eclipses, de las estrellas fijas y de todos los demás importantes fenómenos relativos al cielo, ilustrados con las tablas de Hiparco. La explicación que dio Tolomeo de los movimientos celestes se conoce como sistema tolemaico. Según esta teoría, los cuerpos celestes completan cada día una revolución en torno a la Tierra.

En este movimiento, el Sol quedaba un poco rezagado con respecto a los demás astros, ya que cada día se movía ligeramente hacia oriente, y lo mismo sucedía con algunos planetas. Júpiter, Marte y Saturno, en cambio, se desplazaban hacia occidente. Aunque, como se ha visto, se trataba de un sistema complicado, fue empleado durante muchos siglos para interpretar y predecir los fenómenos celestes.



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ASTRONOMÍA MODERNA
Copérnico y e heliocentrismo

Durante toda la edad media, la sistematización teórica de la ciencia astronómica permaneció en el mismo punto exacto donde la había dejado Tolomeo. Con el paso del tiempo, la observación práctica del cielo se fue generalizando y aumentó el número de astrónomos y de observatorios. El sistema geocéntrico propuesto por Tolomeo ya no era satisfactorio y hacía falta una auténtica revolución de ideas que barriera la apatía y el estancamiento de largos siglos. Su artífice fue Nicolás Copérnico, quien dio un nuevo impulso a la investigación y la observación astronómicas.

La teoría de Copérnico establecía que la Tierra giraba sobre sí misma una vez al día, y que una vez al año daba una vuelta completa alrededor del Sol. Además afirmaba que la Tierra, en su movimiento rotatorio, se inclinaba sobre su eje (como un trompo). Sin embargo, aún mantenía algunos principios de la antigua cosmología, como la idea de las esferas dentro de las cuales se encontraban los planetas y la esfera exterior donde estaban inmóviles las estrellas.

Copérnico nació en Torun (Polonia) el 19 de febrero de 1473. Después de estudiar en las universidades de Cracovia, Bolonia y Ferrara, enseñó matemáticas y astronomía en Roma. Se graduó en derecho canónico y fue nombrado canónigo de Frauenburg (1505). Allí estudio apasionadamente los textos antiguos y, tras redescubrir a Heráclides y, sobre todo, a Aristarco, se convenció de la corrección de la teoría heliocéntrica. Sus ideas las expuso primero en un librillo, el Comentariolus. (Ampliar sobre Copérnico)

Geocentrismo, geostatismo y las alternativas fallidas. Aristóteles fue el más grande cosmólogo de la Antigüedad. Y Ptolomeo, que aceptó buena parte de la física aristotélica, fue el más grande astrónomo griego. Ambos, como la inmensa mayoría de los griegos cultos, postulaban una cosmología geocéntrica, es decir, con la Tierra en el centro del universo, geostática, es decir, con la Tierra inmóvil en dicho centro. El geocentrismo y el geostatismo dominaron totalmente la astronomía y la cosmología hasta el siglo XVI. Habla buenas razones para que fuera así.

Como es bien sabido, en el mundo griego se propusieron cosmologías alternativas. Por ejemplo, los atomistas afirmaban que el universo es infinito y está compuesto por infinitos átomos que se combinan de distintos modos para constituir los cuerpos que componen el universo y los objetos que vemos. En ese universo no había centro y la Tierra era un simple cuerpo más. Pero los atomistas no desarrollaron con un mínimo de detalle ni una física que explicara mínimamente los movimientos de los cuerpos celestes: los del mundo sublunar, como había hecho Aristóteles.

Tampoco elaboraron una astronomía que explicara y fuera capaz de predecir los movimientos de los cuerpos celestes, como había hecho Ptolomeo. No obstante, hubo astrónomos que sí propusieron modelos astronómico-cosmológicos alternativos.

El Almagesto es el nombre arabizado de la Sintaxis matemática de Ptolomeo, obra astronómica en la cual, como lo indica el nombre, culmina la antigua concepción de explicar los fenómenos celestes mediante hipótesis y construcciones geométricas, sin realidad física alguna.

En ese tratado Ptolomeo perfecciona, modifica y combina el mecanismo de las excéntricas y epiciclos introducido por Hiparco, explicando el movimiento de cada planeta y otros fenómenos astronómicos. En el Almagesto aparece una “tabla de cuerdas” para medir los arcos, en cuya construcción Ptolomeo utilizó teoremas geométricos propios que hoy llevan su nombre, y un catálogo de millares de estrellas distribuidas en unas 40 constelaciones.

El Tetrabiblos de Ptolomeo es un tratado de índole distinta del Almagesto. No posee el rigor matemático de éste, pues está compuesto más bien a la manera caldea —utilizando cálculos aritméticos aproximados— y se le considera el tratado teórico fundamental de la astrología, ya muy difundida en el mundo grecorromano en este período en el cual, por lo demás, existe también el desarrollo, de otra seudociencia: la alquimia, actividad más de este mundo, pues no maneja astros como la astrología, sino realiza experiencias y manipulaciones y cuyo origen debe verse en una mezcla de prácticas de tecnología química y de especulaciones filosóficas y religiosas de fondo místico, que se funden en la época alejandrina, dando lugar a los primeros escritos alquímicos.
(Fuente: El Saber en la Historia José Babini)




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