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Animales Peligrosos y Venenosos: Medusas e Insectos  

animales peligrosos

1-Cocodrilos y Tiburones

2-Animales Venenosos

3-Medusas

4-Vívoras o Serpientes

5-Aves Rapaces

6-Simios

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TRADICI0NALMENTE serpientes, sapos, cárabes y búhos, murciélagos y arañas han sido temidos por ciertos pueblos. En la actualidad se han superado muchos prejuicios y supersticiones.

Grandes mamíferos. Si existe algún animal que haya sembrado el terror durante siglos, es sin duda el lobo. Este temor al lobo, que aparece en numerosos refranes y obras literarias, carece de fundamento. Aunque es cierto que el lobo ataca a los animales domésticos, es falso, sin embargo, que se enfrente con el hombre.

Resultaría muy difícil encontrar, a lo largo de la historia, más de uno o dos casos en que los lobos hayan atacado realmente a los hombres; en los pocos casos que se conocen se trataba de individuos borrachos que se habían quedado dormidos en medio del campo. Los pastores saben que dar algunos bastonazos contra la maleza basta para alejar a un lobo.

Sin embargo, las viejas crónicas se encuentran llenas de crímenes atribuidos al lobo. Los autores de estos crímenes eran, sin embargo, humanos. En Francia, entre 1764 y 1767, se produjeron una serie de asesinatos (el lamoso caso de la bestia de Gévaudan) atribuidos en principio a los lobos y que más tarde se comprobó que eran obra de sádicos que utilizaban, además, perros adiestrados.

El lobo huye del hombre, en vez de atacarlo; es ésta una ley que casi nunca presenta excepciones. Y que también sirve para las grandes fieras tropicales: león, tigre, leopardo, etc. Los raros casos de tigres comedores de hombres son consecuencia de una disfunción en estos animales que los vuelve incapaces de capturar a sus presas habituales: uno de estos tigres, por ejemplo, tenía una espina de puercoespín clavada en la pata.

A veces, la vida moderna crea situaciones nuevas entre hombre y animales, situaciones que pueden ser peligrosas.

En América del Norte, los osos polares y los grizzlys, atraídos por los depósitos de basuras, se acercan a los lugares habitados: hombres y osos se encuentran a veces cara a cara, lo que puede traer graves consecuencias.

El confinamiento de los animales en zoológicos y circos, al establecer un contacto excesivamente estrecho entre hombres y fieras, puede ser el origen de accidentes graves, mortales en ocasiones. Incluso animales domésticos, como toros y perros grandes, no son siempre inofensivos. La responsabilidad del hombre, que no siempre educa bien a los grandes perros guardianes, es evidente.



En África, un animal como el búfalo ha llegado a cargar contra los hombres hasta herirlos de muerte, aunque en estos casos se trataba de cazadores que le habían herido. Lo mismo ha sucedido con elefantes.

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Cocodrilos y tiburones.

La ferocidad del cocodrilo ha sido a menudo explotada en las historias de aventuras y en los cómics.

Únicamente las grandes especies —el cocodrilo del Nilo y el cocodrilo marino— son realmente peligrosas. En el Sureste asiático, los cocodrilos marinos pueden ocasionalmente provocar una mortandad; pero esto, si se produce, es después de un naufragio, cuando decenas de personas se agitan nerviosas en el agua, esto es, en circunstancias excepcionales.

Algunas especies de tiburones han adquirido fama de devoradores de hombres. Si bien los dos tiburones de mayor tamaño, el tiburón ballena y el peregrino, no son más que inofensivos comedores de plancton, el tiburón tigre y, sobre todo, el tiburón blanco pueden realmente ser peligrosos.

Tercero entre los tiburones por su talla (puede alcanzar 10 m), el tiburón blanco, también llamado «gran blanco” o “muerte blanca”, es muy capaz de devorar a un hombre. Los accidentes se producen de vez en cuando, por ejemplo en las costas de Australia donde es bastante abundante, aunque, a veces, incluso llega a penetrar en el Mediterráneo.

Dos tipos de estímulos atraen a los escualos hacia sus víctimas: las vibraciones del agua y el olor, sobre todo de la sangre. Un pescador submarino no debe mantener nunca en sus manos un pez sanguinolento. Contrariamente a lo que se cree, el tiburón no se da la vuelta para atacar.

Existen diversos ingenios para protegerse de los tiburones: jaulas antitiburones, repulsivos (acetato de cobre), barreras antitiburones o incluso delfines amaestrados.

El peligro que representan los tiburones, los cocodrilos y las grandes serpientes, resulta un riesgo estadísticamente bajísimo. Los animales venenosos constituyen un peligro notablemente más alto.

Ver: Muerte de las Abejas Al Picar y Uso de Venenos Como Defensa



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Animales venenosos.

Resulta ilustrativo constatar que existen especies venenosas en la mayoría de los grupos zoológicos. Existen erizos de mar venenosos, así como pulpos y ciertos gasterópodos como los conos. Todo el mundo sabe que muchos insectos (abejas, avispas, hormigas), arácnidos (arañas, escorpiones) y miriápodos (escolopendras) también lo son.

animal gilaEntre los peces destacan por su veneno las rayas, como la pastinaca o el pez araña (hay que evitar pisar su aleta dorsal, que a veces sobresale de la arena donde el animal esté enterrado).

Los anfibios pueden segregar veneno, pero carecen de órganos especializados para inoculado. Entre los reptiles, además de numerosas serpientes, existen lagartos venenosos como el gila (imagen) de los desiertos norteamericanos.

Muy pocos mamíferos son venenosos: tan sólo algunas musarañas y el ornitorrinco, que posee una espina venenosa. Hay que destacar la inexistencia de especies venenosas entre las aves.

Algunas especies venenosas pueden representar un cierto peligro en nuestras regiones. Himenópteros. Poseen a menudo un aguijón enferma de sierra, ligado a una glándula venenosa: Cuando el insecto pica, el aguijón penetra en su víctima, siendo extraído a continuación: el veneno surge entre las dos láminas barbuladas que constituyen el aguijón.

A veces, el insecto no puede extraer el aguijón del cuerpo de su víctima y abandona con él una parte de su abdomen. En este caso está condenado a muerte. El avispón puede resultar peligroso: la picadura de esta especie de avispa grande puede ser peligrosa para los niños.

Sin embargo, son las picaduras múltiples las que pueden entrañar un verdadero peligro, en caso de un ataque masivo de avispas o abejas y, en particular, si sus picaduras se localizan en la boca (situación, por otra parte, excepcional). La hinchazón que provocan puede llegar a impedir la respiración. Los individuos alérgicos corren un mayor riesgo.

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Medusas.

Tanto en las playas como en el mar es preferible evitar el contacto con las medusas. Estas, como todos los cnidarios, son urticantes, un poco al modo de las ortigas. Poseen unas minúsculas células provistas de una glándula venenosa que encierra, además, un filamento en espiral.



La célula presenta, en la cara exterior, un pequeño cilio: cuando este entra en contacto con un animal—o un hombre— se produce la evaginación del filamento y la consiguiente inoculación del veneno. Como se disparan a la vez numerosos filamentos, la sensación de dolor puede ser muy fuerte. El individuo afectado sufre una intensa picazón y puede llegar a perder el conocimiento, si no se acuesta en el suelo de inmediato.

Estos últimos años, se han observado importantes invasiones de medusas en las costas atlánticas y mediterráneas de Europa. Se trata de acalefos y aurelias. En Grecia, ocasionalmente, las medusas se concentran en tal cantidad que llegan incluso a bloquear los motores de las embarcaciones.

Las causas de estas espectaculares explosiones demográficas parecen complejas.

Los peces que se alimentan de medusas son cada vez más raros. La abundancia de plancton y la temperatura del agua también juegan un papel importante, así como las corrientes que dirigen las medusas hacia el litoral. Estas invasiones se producen, generalmente, en verano.

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Víboras.

Cuando se habla de animales venenosos, casi siempre se piensa en serpientes.

El riesgo resulta importante, sobre todo en los países tropicales, donde las especies venenosas (cobras, crótalos, mambos, víboras, etc.) son numerosas, y donde los habitantes andan, a menudo, descalzos. Se calcula en 30 000 el número de personas que anualmente mueren por mordedura de serpiente.

Algunas serpientes poseen unos dientes llamados colmillos venenosos; por el conducto que los recorre puede circular el veneno. Este veneno es producido por una glándula salival modificada y transformada en una glándula venenosa.

La mayoría de las culebras no poseen colmillos venenosos.

Además, su veneno se encuentra muy diluido en la saliva. La culebra de Montpellier posee, sin embargo, colmillos venenosos conectados con una glándula funcional, pero colocados hacia el fondo de la boca, por lo que difícilmente pueden resultar peligrosos para el hombre.

Por el contrario, las víboras disponen de colmillos venenosos situados en la parte delantera de la boca. Estos colmillos, atravesados por un conducto, se encuentran replegados hacia atrás cuando la boca está cerrada, aunque se levantan en el momento de la picadura. Las glándulas venenosas, al ser comprimidas por un músculo, expulsan el veneno como si se tratase de una jeringa.

Este veneno está compuesto en un 90 % de proteínas, a las que se añaden iones de zinc, cobre y magnesio.

La acción del veneno da lugar a la formación de trombos sanguíneos y, en consecuencia hipotensión y edemas.

Entre las diversas víboras destacan: la víbora común, que se encuentra desde el nivel del mar hasta los 3.000 m. de altitud y vive en el SO de Europa; la víbora delataste, que vive en pedregales y zonas de poca vegetación en la península Ibérica y el NO de África (montes del Atlas); la víbora pelíade, del centro y N de Asia y Europa; la víbora de cuerno, que vive en bosques, chaparrales, etc., del O de Asia y SE de Europa; la víbora de Orsini, que se encuentra entre los 1.000 y los 2.500 m. de altitud en Asia central y centro y E de Europa; la víbora cornuda, que frecuenta zonas áridas y arenosas del N de África y Oriente medio; la víbora de Gabón, propia de las zonas de matorrales de África, y la víbora nariguda, que se caracteriza por sus apéndices nasales y vive en América Central.

Según las estadísticas, el 43 % de las picaduras de víboras se sitúan, en el caso del hombre adulto, en los pies o en la parte inferior de las piernas. En los niños este porcentaje sube hasta el 71 %. Manos y antebrazos son afectados en el 51 % de los adultos y sólo en un 28 % de los niños.

La picadura, en el primer momento, sólo provoca un poco de dolor, aunque éste aparezca con mayor intensidad más tarde. El edema, en cambio, aparece en seguida, acompañado de problemas digestivos, neurológicos, cardiovasculares, etc.

La gravedad de la picadura es muy variable. Contrariamente a lo que se podría creer, sólo el 10 % de las picaduras de víbora son graves. Los casos mortales todavía resultan más raros (quizás el 1 %). Las víctimas que corren un mayor riesgo son las de poco peso y, en especial, los niños.

El peligro potencial que representan las víboras no es motivo que justifique la destrucción sistemática de que son objeto, ya que afecta de rebote a las demás especies de serpientes.

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Aves.

De cuando en cuando, la prensa recoge la noticia de que una persona ha sido picoteada por un grupo de aves. En este senado la película de Alfred Hitchcock Los pájaros ha lo fluido mucho en la imaginación popular. La realidad, sin embargo, resulta mucho menos espectacular. Las rapaces que a veces atacan a alguien son casi siempre ejemplares escapados de zoológicos o de casas particulares y que habían sido adiestrados para la cetrería.

Estas aves, acostumbradas a la presencia humana, “marcadas” por ella, se acercan espontáneamente al hombre. Lo hacen, sin embargo, sin cuidado y tienen tendencia, por ejemplo, a colocarse sobre la cabeza o los hombros de los paseantes.

Estos, impresionados por el pico y las garras, piensan que se trata de un ataque.

En los demás casos, el ave no hace más que defender su nido o su territorio.

Las especies de talla media o grande no dudan en “amenazar” a un perro o aun ser humano que atraviese su territorio. En la mayoría de los casos, el ave se lanza en picado en dirección al intruso, y luego, en el último momento, desvía su trayectoria.

Con ciertas especies las cosas van un poco más lejos.

Este es el caso del págalo (pariente de las gaviotas, con el plumaje pardo y que nidifico en las regiones nórdicas, como Islandia, por ejemplo), que es célebre por sus costumbres piratas: acosa a las otras aves marinas, hasta obligarlas a soltar el pescado que han capturado y que el págalo atrapa, después, al vuelo. Los págalos no dudan en atacar al hombre que penetra en su territorio de nidificación. Literalmente, lo “abofetean” con sus alas.

Una creencia secular que se ha mantenido casi hasta nuestros días sostenía que las águilas eran capaces de raptar a los niños. Los pocos casos citados no resisten una investigación seria. Una rapaz del tamaño del águila real podría llevarse por los aires, como máximo, a un bebé de 7 Kg. y a condición de aprovechar una fuerte corriente de aire ascendente.

De hecho, todos los rumores que surgen de vez en cuando y que ponen en entredicho a rapaces, lobos, linces y gatos salvajes no son más que la expresión interesada de una animadversión hacia la existencia de vida salvaje. La ignorancia conduce al miedo, el miedo al odio y el odio a la destrucción.

Resulta fácil comprender que tal estado de ánimo dificulte las medidas de protección de la naturaleza y las reintroducciones de especies desaparecidas.

Es necesario constatar, por otro lado, que la tradición cultural de muchos países europeos ha fomentado el miedo a la naturaleza, a excepción, tal vez, de la cultura británica, más proclive a la protección de la launa salvaje. Por fortuna, las ideas proteccionistas son cada vez más frecuentes en Europa.

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Simios.

Los exploradores y cazadores europeos del siglo pasado presentaron al gorila como un mono terrible, capaz de matar a un elefante o… de raptar a las mujeres. Esta imagen ha llegado hasta nosotros de la mano del cine, la novela y la publicidad de los circos. De hecho, el gorila es un primate pacífico que sólo en muy raras ocasiones resulta peligroso, como, por ejemplo, si se amenaza a sus casas.

La imagen clásica del gorila profiriendo gritos espantosos y golpeándose el pecho, por muy impresionante que sea, está destinada sólo a intimidar.

Conviene recordar, sin embargo, que los primates superiores (gorila, chimpancé y orangután) están dotados de una fuerza considerable: un chimpancé, por ejemplo, es capaz de derribar aun hombre cogiéndolo por la mano. Además, estos monos poseen unas mandíbulas muy desarrolladas.

Relativamente frecuentes y graves resultan los accidentes provocados por chimpancés en zoológicos y circos. Hay que ser prudente con estos animales, ya que no son animales de compañía, y menos en estado adulto. Razón demás para respetar las convenciones internacionales que los protegen.

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