Daguerrotipo, procedimiento, origen e Historia Santiago Daguerre



Daguerrotipo, procedimiento, origen e historia Santiago Daguerre

SANTIAGO M. DAGUERRE
Santiago Mandé Daguerre era pintor-decorador residente en París, autodidacta, veintidós años más joven que Niepce y con muy escasos conocimientos científicos. Su habilidad para el dibujo le llevó a trabajar con Degotti, decorador de la ópera, especializándose en el dibujo escenográfico.

En 1822, junto con un arquitecto, idea el espectáculo llamado Diorama, en el cual, mediante telones dibujados con la perspectiva adecuada y una buena disposición de la iluminación, se presentaban a gran tamaño escenas grandiosas, tales como el interior de una catedral, un paisaje de los Alpes, etc.

La sensación tridimensional de las imágenes pintadas en muselinas translúcidas y la iluminación efectista hicieron pronto de esos escenarios un espectáculo tan popular que le valió a su creador alcanzar en poco tiempo la celebridad. Daguerre, tipo dotado de gran fortaleza y vitalidad, hábil malabarista que a veces actuaba en sus propios espectáculos, deportista notorio, bailarín, popular entre las gentes de teatro, pintores, grabadores, etc., poseía el sentido de la publicidad y había alcanzado fama en cada uno de los mundillos artísticos y bohemios de la capital de Francia.

Como muchos paisajistas y pintores de la época, Daguerre se servía de la cámara oscura para facilitar la labor del dibujo. En cierto momento pensó en utilizarla para -mediante un procedimiento químico-, imprimir de alguna manera la imagen que la cámara le daba sobre el cristal esmerilado. Hizo tentativas de acuerdo con ideas y experiencias que recogió de terceros. No obtuvo, al parecer, ningún éxito, aunque en algunas ocasiones afirmara lo contrario.

Niepce, entretanto, había conseguido ya imágenes muy aceptables en su retiro provinciano. En el año 1826 envió, por mediación de su sobrino, una serie de estas imágenes al ingeniero óptico Chevalier, del que se servía para fabricar las cámaras que utilizaba. El óptico mostró a Daguerre la imágenes en cuestión, aconsejándole que se pusiera inmediatamente en contacto con el inventor. Pocos días más tarde, Nicephore Niepce recibía una carta de Santiago Mandé Daguerre, un desconocido para él, llena de alabanzas. Puesto a la defensiva ante la curiosidad de su comunicante, respondió al escrito en tono lacónico y prudente.

Daguerre no se dio por vencido ante esa reticencia. Volvió a sus experiencias y nuevamente se puso en contacto con Niepce, un año más tarde, solicitándole una heliografía. Esta vez, y tras informarse sobre el decorador a través de un grabador amigo de ambos, le contesta más ampliamente, aunque sin enviarle la prueba fotográfica solicitada.

Daguerre insiste y obsequia, en prueba de buena voluntad, un dibujo a Niepce. Este dibujo estaba efectuado con un «procedimiento especial» inventado por Daguerre, en el que su maestría de dibujante era mayor que el «misterio» de su invención.

A este intento de romper el hielo contesta Niepce con el envío, por fin, de una plancha de estaño grabada con su sistema heliográfico. En la carta que acompañaba dicho envío se daban más datos artísticos que técnicos; Niepce, siempre prudente, no quiso revelar a fondo detalles sobre sus procedimientos. Con ocasión de un viaje de Nicephore a Londres, al pasar por París, el grabador Lemaitre le presenta a Daguerre. Este agasaja a Niepce, le muestra su diorama y entusiasma al inventor.

Asimismo le enseña sus trabajos obtenidos con la cámara comprada a Chevalier. A la visita de tales resultados. Niepce queda muy sorprendido, hasta el punto de que confesaría a su hermano que el escenógrafo no se hallaba a tanta distancia de sus propias experiencias como él persistía en creer. La pericia de Daguerre como «vendedor» de sus habilidades era innegable. Sin embargo, realmente existía dicha distancia.

Niepce retornó de Londres muy decepcionado de la fría acogida que se le había hecho. Su hermano falleció pocos días después de su regreso, lo que contribuyó a crear en él un estado de ánimo más propicio a la comunicación! Estableció una correspondencia más asidua con Daguerre y con su amigo Lamaitre. Seguía, no obstante, reacio a compartir todos los descubrimientos que tanto sacrificio y dinero le habían costado, esforzándose en obtener una mínima compensación económica de sus hallazgos más recientes. Pensó en la conveniencia de publicar sus hallazgos, asegurándose la colaboración de una persona más dinámica, joven y decidida. Con este fin propuso a Daguerre una asociación, que el escenógrafo aceptó de inmediato.



El contrato fue firmado a finales del año 1829; en él se reconocía que la invención se debía plenamente a Nicephore Niepce, y se definía esta invención como «un nuevo procedimiento de fijar las imágenes que ofrece la naturaleza sin que sea preciso el concurso de un dibujante».
Daguerre aportaba a cambio una pretendida mejora en la cámara oscura y una promesa: perfeccionar las «heliografías».

SOCIEDAD DAGUERRE-NIEPCE
Tras la firma del contrato, ambos socios no mantuvieron un contacto personal, sino que se comunicaban por escrito los respectivos progresos. Fueron, pues cuatro años en que ambos trabajaron separadamente, hasta que la muerte de Niepce dejó solo a Daguerre, aunque provisto ya de unos conocimientos adquiridos por sí mismo y de otros que su socio aportó, perfectamente catalogados, minuciosos y precisos.

De todas formas, el paso estaba dado. Daguerre hacía las cosas con más realismo, y había ya adquirido un bagaje técnico suficiente como para pensar en dar a las realizaciones conseguidas un carácter más práctico. Estudió, sobre todo, nuevos materiales sensibles y nuevas técnicas basadas en los descubrimientos que el inventor aportó a la sociedad.

Ensayaba fórmula tras fórmula, cambiaba de droguero y de productos para despistar a los curiosos y evitar plagios e incluso adquiría productos químicos de los que no tenía necesidad en absoluto.

La escasa educación científica de Daguerre, al decir de un contemporáneo célebre -J.B.Dumas-, le libró de tomar rumbos inciertos y le obligó a ir «directamente al grano». Fue poco a poco abandonando los procedimientos de Niepce y empezó a utilizar una técnica de su antiguo socio en la que comprobó mejores resultados (empleo del yoduro de plata como sustancia sensible).

La lentitud de la impresión le hizo pensar en un «agente revelador» que aclarase la aparición de la imagen. Mediante un ensayo con el vapor de mercurio y una placa sensibilizada con yoduro de plata, observó que el metal líquido sólo se depositaba en los lugares donde había dado la luz. Encontró también que la imagen así obtenida se fijaba con un lavado de agua caliente y sal común.

Daguerre había descubierto un nuevo procedimiento fotográfico del que se sentía satisfecho, por lo que planeó presentarlo a la Academia de Ciencias Francesa.

EL DAGUERROTIPO
A medida que Daguerre se sentía más dueño de su proceso químico de laboratorio y tras la presentación a la Academia -en lo cual le ayudó un científico amigo que desconfiaba de su capacidad para afrontar los interrogatorios que en dicha institución le harían-, pensó en desligar de su invento (al que llamó daguerrotipo y daguerrotipia) el nombre de su antiguo asociado.

Niepce había dejado la sociedad como parte de la herencia a Isidoro, su hijo único, el cual estaba apartado de la actividad científica que había interesado a su padre. Daguerre lo convenció para modificar los términos del contrato establecido entre ambos inventores. Consiguió así figurar como único inventor, aprovechándose de la debilidad de Isidoro Niepce. Tal acción vino a poner un punto oscuro, una mancha, en la historia de un hombre que por ser brillante con luz propia nunca debió sentir la necesidad de apropiarse de méritos ajenos.

Con el procedimiento va totalmente atribuido a él, su reconocimiento por parte de la Academia Francesa y su habilidad comercial, Daguerre pensó en «lanzar» comercialmente el daguerrotipo. La «campaña» no tuvo éxito. Nadie se interesó en comprar el invento, que, por el contrario, sí encontró eco entre los artistas y los científicos. A Isidoro Niepce le fue ofrecida una cantidad por parte de Inglaterra, pero entretanto Daguerre intentaba venderlo al Gobierno francés, valiéndose de la protección del diputado y científico Francisco Arago.



El físico Gay-Lussac reforzó esa influencia interviniendo en favor del daguerrotipo. En 1839, el Gobierno francés adquirió el procedimeinto para cederlo libremente al mundo. Asimismo asignó una pensión vitalicia a Daguerre y al hijo de Niepce, que no había renunciado totalmente a sus derechos.

Daguerre, no obstante, lo había patentado en Inglaterra antes de que fuera divulgado por Francia. El procedimiento fue publicado en un folleto de 66 páginas titulado «Historia y descripción de los procedimientos del daguerrotipo y del diorama». La edición de esta obra fue sufragada por el Gobierno francés, y en ella se trataba de minimizar el trabajo de Niepce, ya que en Inglaterra Bauer había dado fe de que su amigo Nicephore había presentado pruebas de que el procedimiento de conseguir imágenes con la luz era totalmente posible.

Esta publicación acabó de irritar a Isidoro Niepce que -aunque demasiado tarde- se dio cuenta de su error al dejar que su herencia fuera manipulada. Publicó a su vez una contestación en la que rechazaba el nombre de daguerrotipo, aplicado a lo que él consideraba invención de su padre. A pesar de presentar pruebas irrefutables fue vencido por la sagacidad de Daguerre, el cual se alejó de la polémica y las reclamaciones de Isidoro se perdieron en medio del clamor de la popularidad que iba envolviendo al nuevo intento.

Durante muchos años, y aun hoy día, se ha considerado a Daguerre como inventor de la fotografía. No cabe duda que las leyendas hábilmente fabricadas pueden tener una vida durable… Y Daguerre vivió lo suficiente para ver al daguerrotipo tiunfante. Murió el 10 de julio de 1851, casi exactamente dieciocho años más tarde que su antiguo socio.

La historia, sin embargo, hizo justicia. Años más tarde fue reivindicado el derecho de Niepce gracias a estudios profundos de su correspondencia y de sus diarios de trabajo, en virtud de los cuales Nicephore Niepce es considerado hoy como el inventor indiscutible.

Juan Herschel, del que ya se ha hecho mención, fue otro investigador que habiendo tenido conocimiento del descubrimiento de Dague-rre resolvió por su propia cuenta, y en poco tiempo, problemas que a los demás inventores les habían llevado años. Usaba papel sensibilizado con carbonato de plata y fijado con hiposulfito, ¡casi como un fotógrafo actual!. Muchos de los términos utilizados hoy día se deben a este inventor, así como la fotografía con soporte de vidrio -la placa-y la utilización del microfilm para archivar. Su contribución al nuevo arte fue, por tanto, muy estimable:

Coincidiendo con la difusión del daguerrotipo, aparecían otros procedimientos, precursores de los actuales. Aun cuando aparecían como más prácticos, las preferencias del público seguían a favor del invento de Daguerre.

El daguerrotipo no permitía ver la imagen si no era orientándola en determinado sentido; no permitía tampoco copias ni ampliaciones y. por otra parte, resultaba costoso; pero estaba de moda.

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