Europa De La Restauración Monárquica Mapa Político



Europa De La Restauración Monárquica – Mapa Político

LA NUEVA EUROPA
Sin aguardar el resultado de la campaña contra Napoleón, el Congreso resolvió con rapidez todas las cuestiones pendientes. El 9 de junio, las diferentes decisiones tomadas son recogidas en el «Acta final del Congreso de Viena»: una obra de vigilancia «policíaca» sobre Francia.

En la frontera norte de ésta, se crea el reino de los Países Bajos, que engloba a Holanda, a Bélgica y a Luxemburgo, en beneficio del príncipe de Orange, que se convierte en el rey Guillermo I, quedando, por tanto, resuelta esta cuestión conforme al deseo inglés, y recibiendo Inglaterra, por otra parte, como premio a sus buenos oficios, las antiguas colonias holandesas del Cabo y de Ceilán. En su frontera sur, Francia ve alzarse el reino de Cerdeña, que recobra Saboya, Niza y Piamonte, y adquiere la antigua república de Genova.

Y en su frontera del este, el reino de Prusia afirma sus bases con la posesión de la mayor parte de la orilla izquierda del Rhin y de Westfalia, de los ducados de Posen, de Thorn y de Dantzig, arrebatados a Polonia, de la Pomerania sueca y del norte de Sajonia.

La Confederación Helvética es neutralizada, bajo la garantía de Europa, a fin de levantar una barrera más a las ambiciones francesas. Austria restablece su preeminencia en Italia, mediante el reino lombardo-véneto y los ducados de Parma, de Módena y de Toscana, regidos por miembros de la familia de los Habsburgo. Recupera las provincias ilíricas y el Tirol, y arrebata Galitzia a Polonia. Rusia domina más que nunca en la Europa oriental, debido a la anexión de Finlandia, tomada a Suecia, de Besarabia, tomada a Turquía, y, sobre todo, de la mayor parte de Polonia.

De la Polonia independiente, no queda más que la minúscula república de Cracovia, que es neutralizada. En el norte, Suecia, que con Bernadotte había prestado grandes servicios a los aliados, recibe Noruega, arrebatada a Dinamarca, que había seguido fiel a Napoleón. España y Portugal vuelven a pertenecer a sus antiguas dinastías.

Un solo punto débil queda en la nueva Europa: la Confederación Alemana. Agrupa 39 estados alemanes, y Austria ejerce en ella la presidencia de la Dieta. Federal de Francfort. Pero los lazos de unión entre estos estados son poco sólidos. El deseo de unidad, explotado por Prusia, se estrella contra la política de Metternich: la diplomacia francesa puede actuar en esos estados, libres de alianzas.

Inglaterra es, en último término, la gran ganadora del desbarajuste napoleónico. Lord Castlereagh ha hecho triunfar la concepción inglesa del equilibrio entre las fuerzas de los Estados europeos, contra las pretensiones hegemónicas del zar, o el retorno de una Francia poderosa. El ministro inglés ha conseguido mejorar las posiciones de su patria en el mar: la adquisición de Malta y de las islas Jónicas, asegura, con Gibraltar, que ya estaba en poder de Inglaterra, el dominio de ésta en el Mediterráneo; mediante tratados, ha reservado la explotación comercial del nuevo mundo a los navios ingleses.

Queda por arreglar la situación de Francia. Después de Waterloo, y a pesar de la restauración de Luis XVIII, los aliados, cuyos ejércitos se despliegan de nuevo sobre Francia, abrigan la intención de hacerle pagar caro esta alarma, en nombre de la «tranquilidad de Europa». El rey de Prusia quiere nada menos que la desmembración de Francia, pero su ambicioso deseo asusta a Rusia y a Inglaterra.

A un mismo tiempo, estas dos potencias se muestran menos rigurosas con Francia, sobre todo Rusia:  de este modo, Francia no pierde territorios muy extensos, pero se ingenian por hacer sus fronteras vulnerables, arrebatándole plazas estratégicas, como Philippeville, Marienburgo, Sarrelouis, Sarrebrück, Landau; y, en el tratado de París del 20 de noviembre de 1815, le imponen una prolongada ocupa-: » de sus fronteras y una indemnización ¿e setecientos millones.



La opinión francesa siente dolorosamente este nuevo retroceso de su poderío político y la tutela de los aliados sobre su Gobiemo. Debido a ello, se desarrollará en Francia un espíritu de desquite, atizado por los mantenedores de la «leyenda napoleónica» , apasionadamente liberal y apasionadamente nacional a la vez. Y Francia, interesada sobre todo, en la revisión de un tratado tan humillante, sabrá estimular los nacionalismos cuyas aspiraciones fueron ignoradas   en   Italia.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

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