Historia Antigua de España Primeros Habitantes y Colonizacion



Historia Antigua de España- Primeros Habitantes, Colonizaciones e Invasiones

SITUACIÓN GEOGRÁFICA: España forma un conjunto geográfico natural, es una península al suroeste de Europa, separada de ella por la barrera pirenaica y bañada por los mares Mediterráneo, Atlántico y Cantábrico en el resto de su contorno.

Desde tiempo relativamente moderno en Geología, el estrecho de Gibraltar la separa de África.

Una alta meseta desciende del lado del Cantábrico y del Mediterráneo, y se hace más suave en dirección al Atlántico.

Una cordillera de macizos aislados (la ibérica), orientada en general de noroeste a sureste, sirve de arranque a cordilleras que se dirigen de este a oeste y que forman los grandes valles del Duero, Tajo, Guadiana y Guadalquivir, compartimientos y divisiones naturales, como lo son también la zona litoral mediterránea y la cantábrica.

Estas divisiones naturales, que traen consigo condiciones climatológicas de suelo y de vida diferentes, explican en gran parte la estructura regionalista española.

PRIMEROS HABITANTES DE ESPAÑA

Después de las razas prehistóricas, de que parece haber quedado como vestigio la turania o éuskara, con su idioma propio, vinieron a España los iberos, procedentes de Asia, de razo aria o indo europea, y de los que la Península tomó el nombre de Iberia, nombre que también quedó en el río Ebro.

Luego vinieron los celtas, arios también, y que se establecieron en la zona cantábrica y gallega, siendo en ésta donde mejor se conserva su tipo.

COLONIZACIONES FENICIA Y GRIEGA

Los fenicios, continuando la serie de colonias que habían establecido en el norte de África, llegaron a España en el siglo XI antes de Jesucristo. Se establecieron en el litoral del mediodí; y levante de la Península.

Su colonia principal es Gadir (Cádiz); Hispalis (Sevilla), Malaca (Málaga) y Corduba (Córdoba) son también establecimientos suyos. Aunque arribaron con fines mercantiles en España, aprovecharon a nuestro país y difundieron los elementos de su civilización.

Los restos fenicios más interesantes que se han descubierto en España son los hallados en 1887 en Cádiz, y figuran en el Museo arqueológico de dicha ciudad (un sepulcro antropoide, varias alhajas, etc.).



Los griegos vinieron a España más tarde (se afirma que en el siglo VII (a.C), y fundaron establecimientos en las costas de Cataluña y Valencia, Emporion (Ampurias). Rodas (Rosas), Artemisium o Dianum (Denia) y Zante (Sagunto) son los más famosos.

Piteas, en el siglo V, recorrió la costa española. No hay vestigios arquitectónicos, pero sí escultóricos y, sobre todo, de cerámica (Sagunto).

mapa de españa antigua

LOS CARTAGINESES EN ESPAÑA

Vinieron estos hijos de Fenicia en el siglo VI antes de Jesucristo para ayudar a los de Cádiz, atacados por los naturales. Dominaron pronto a las colonias fenicias y siguieron extendiendo sus conqusitas bajo el mando de una familia de generales, los Barcas.

Fueron dueños del territorio de la Península hasta el Duero y el Ebro, salvo las colonias griegas del litoral. Su principal establecimiento fue Cártago nova (Cartagena).

Su dominación en España fue efectiva y de explotación de los recursos del país y de los hombres para agregarlos a sus ejércitos.

El año 219 antes de Jesucristo, Aníbal pone sitio a Sagunto, ciudad aliada de Roma, y la destruye después de una resistencia famosa.

El año 210, y después de los sucesos de la segunda guerra púnica, el general romano Publio Cornelio Escipión inaugura la dominación latina en España con la toma de Cartagena, que va seguida de la de otras ciudades y territorios, hasta lograr la completa sumisión o expulsión de los cartagineses que había en españa.

los fenicios en roma antigua

CONQUISTA ROMANA

Desde Escipión hasta Augusto, los romanos lucharon en España para lograr la sumisión de los naturales. La resistencia de éstos se personificó primeramente en los legendarios Indivil y Mandonio, y sigue, porque Roma enviaba para gobernar a España pretores rapaces y sanguinarios, con contadas excepciones, como la de Sempronio Graco.

El héroe de este período fue Viriato, pastor lusitano, que derrotó al pretor Vetilio, sorprendió e hizo firmar al cónsul Serviliano un Tratado de paz, humillante para Roma.

El pretor Cepión acabó con Viriato, sobornando a tres de sus compañeros, que le dieron muerte cuando dormía. «La muerte de Viriato, dice Valerio Máximo, fue obra de doble alevosía: una la de sus amigos, porque éstos le mataron con sus propias manos; y otra, la del cónsul Quinto Servilio Cepión, porque, habiendo sido el autor de ella, compró con infamia la victoria que no tenía merecida».



Numancia, capital de los pelendones; a una legua de Soria, dio auxilio a algunos de los soldados de Viriato, y por tal motivo mereció de Roma la declaración de guerra.

Luchó catorce años, y los romanos necesitaron de la dirección de un general famoso, Escipión Emiliano, y de obras de ataque muy considerables para apoderarse de sus ruinas; las de Numancia y de los campamentos romanos han sido objeto de excavaciones y estudios que continúan, y que hacen de ellas la estación arqueológica más importante de la comarca celtíbera.

ROMANIZACIÓN DE ESPAÑA

La guerra de conquista de los romanos en España siguió largo tiempo, y durante ellas ocurrió el episodio de Sertorio, general del partido de Mario que, buscando en Iberia un punto de apoyo para luchar contra Sila, trató de organizar un Estado independiente, calcado sobre la constitución romana. Sertorio fue asesinado por Perpenna (setenta y dos años antes de Jesucristo).

La completa conquista de España se realizó en tiempo de Augusto, venciendo la insurrección de los cántabros; la fecha de este hecho se señala en la Era hispánica (treinta y ocho años antes de Jesucristo).

Entonces se produjo la romanización de España, que llegó a ser la más completa que se conoció en los países colonizados por Roma, fuera de Italia. La influencia romana fue desde luego vencedora en el sur de la Península (Bética) y de Portugal.

En el este tardó más, pero el centro y norte de la Península, sobre todos ios distritos rurales y apartados, conservaron durante mucho tiempo su cultura y organización propias.

Esta cultura podemos aprenderla en la Geografía de Estrabón, autor griego coetáneo, que visitó nuestra España. Los Iberos y celtas constituían tribus distintas, que sólo se confederaban por necesidades de momento.

Los galaicos, astures, cántabros y vascones formaban confederaciones de esta clase en el norte; los cerretanos e indlgetes, en Cataluña; los edetanos en Valencia; los contéstanos, en Alicante y Murcia; los turdetanos, al sur de Extremadura y occidente de Andalucía; los túrdalus, en casi toda Andalucía; los lusitanos, en Portugal; los vacceos, en el norte de Castilla la Vieja; los vetones, entre el Duero y el Guadiana; los carpetanos, en el centro de España, y los oretanos, en la región de Ciudad Real.

La familia, la gens con su patriarca como jefe, sus clientes y esclavos, y la tribu o reunión de varias gentes, gobernada por un reyezuelo o príncipe, eran los escalones de la organización de aquellos pueblos, que celebraban Asambleas para la resolución de los asuntos comunes.

Cada gens tenía sus dioses particulares, probablemente los antepasados, pero había divinidades de carácter más general; como la Luna. Se hacían sacrificios humanos y se conocía el arte augural.



Los turdetanos y túrdulos eran los más adelantados entre los españoles de entonces, y desde ellos el atraso iba siendo mayor, hasta terminar en los habitantes del norte y noroeste.

Los romanos dividieron a España en citerior y ulterior, del lado norte y sur del Ebro, respectivamente.

Augusto hizo nueva división de la Península en Tarraconense, Bética y Lusitania, y más tarde se añadió a estas denominaciones las de Cartaginenses, Baleárica y Galaica, con la Mauritania Tingitana, que también formaba la parte de la Hispania. Gobernaban en nombre de Roma los pretores, jefes militares y civiles.

Para lo religioso había Concilios o Colegios sacerdotales, y para la administración de justicia Convenios jurídicos.

Las ciudades erar estipendiarías, inmunes o federadas, según sus títulos con relación a la metrópoli. Constituían municipios organizados como Roma.
España fue próspera durante la dominación romana. La cifra de su población alcanzó a cuarenta millones.

El comercio marítimo, por Cádiz, Málaga y Cartagena, y el interior, por las numerosas y bien mantenidas vías que cruzaban ia Península, alcanzaban cifras extraordinarias.

Hay numerosas pruebas del adelanto artístico e intelectual de esa época.

INVASIONES BARBARAS

Los vándalos, suevos y alanos invadieron España el año 409 a.C, estableciéndose los vándalos en Andalucía y los suevos en Galicia.

Los visigodos aparecieron en 414 a.C. luchando contra los otros invasores de España en calidad de auxiliares de los romanos, carácter que tenía Ataúlfo, considerado el primero de los reyes godos, casado con Gala Placidia, hermana del emperador Honorio, Ataúlfo sólo pudo apoderarse en la Península de la Gotalaunia (Cataluña).

Walia, de su dinastía, obtuvo de Honorio la cesión de la Aquitania (en la Galia). Los vándalos abandonaron España y pasaron a África reinando Teodorico, que extendió su dominio en la Galia hasta el Loire y el Ródano. Teodorico murió en la batalla de los Campos Cataláunicos.

Reinando Eurico fue el fin del Imperio romano. En su tiempo se promulgó el Código que lleva su nombre, y que no es sino la consignación por escrito de las costumbres legales germánicas.

Alarico es contemporáneo de Clodoveo en Francia, y luchando con él vio reducidos sus territorios en las Galias a la Septimania (Narbona, Carcasona, Lodére, Béziers, Nimes, Magalone y Ayde), y murió en la batalla de Poitiers.

De su tiempo es el Código de Alarico, Breviario del Aniano o Lex Romana visigothorum, que había de regir para el pueblo hispano-latino sometido.

En el año 549 a.C. los griegos de Bizancio, que se habían apoderado de la Mauritania, destronan a Agila en provecho de Atanagildo, y se establecen en el litoral del Mediterráneo, iniciando una sensible influencia en España.

El año 572 a.C. empieza el reinado de Leovigildo, Realiza la unidad de España destruyendo el reino de los suevos, que había persistido en Galia. Su hijo Hermenegildo, educado como católico, se rebeló contra él, fue muerto estando prisionero en Tarragona y consi-

derado mártir y santo. Leovigildo es el primero de los reyes godos que usa los atributos de la monarquía y acuña moneda con su efigie.

Recaredo, segundo hijo de Leovigildo, realiza la unión religiosa de España abjurando el arrianismo en ceremonia solemne que se celebró en la iglesia de Santa Leocadia de Toledo. Iguala en derechos a godos e hispano-latinos.

WAMBA

Según lo dispuesto en el Concilio octavo de Toledo, al morir Recesvinto en la aldea de Gérticos (de la provincia de Valladolid, hoy se llama Bamba por este hecho), fue elegido en el mismo lugar un noble godo llamado Wamba.

Por su resistencia a aceptar la corona dio lugar a leyendas que hacen su nombre inolvidable entre la lista de los reyes godos.

Legendarias son también las circunstancias con que termina su reinado. Dícese que un cortesano, llamado Ervigio, administró al rey un narcótico y que, ya aletargado, anunció la muerte del rey, le cortó la cabellera y le vistió mortaja de penitente. Al despertar Wamba se encontró incapacitado para reinar.

En tiempos de Egica (687 a.C.) se promulgó el Fuero Juzgo, código general que es base de toda la legislación española de la Edad Media.

Witiza su sucesor, es monarca muy discutido, pues mientras unos le tratan de tirano sensual, otros juzgan mentirosas las tradiciones que se le atribuyen y que son invención de la teocracia, que probablemente combatiría Witiza.

Le destronó D. Rodrigo, último rey de los godos. Su reinado lleno de leyendas, fue muy greve. Los hijos de Witiza, auxiliados por el obispo don Opas, metropolitano de Sevilla, y con el auxilio del conde D. Julián, gobernador de Ceuta, hicieron venir a España a los moros.

Refieren que Hércules edificó en Toledo una casa muy fuerte, con puertas de hierro y ordenó que ningún rey de los que después vinieren osase abrirla, antes al contrario, pusiera al subir al trono, nuevo candado a la puerta.

Porque, predecía, que cuando la puerta de esa torre se abriese, vendrían a España gentes de África que la tomarían para destruirla.

Hicieron así todos los reyes, pero D. Rodrigo, cuando se le invitó a poner el candado, manifestó su resolución de entrar. Rotas las cerraduras, penetró y vio que el edificio era de una pieza y que tenía cuatro galerías, una blanca como la nieve, otra muy negra, verde como el limón la tercera y roja la cuarta.

En el fondo de un arca que allí había hallóse una tela y en ella pintados moros armados y a caballo con un letrero que decía: «Cuando este paño fuere extendido y aparecieren estas figuras, hombres que andan así armados tomarán y ganarán a España y serán de ella señores».

Se dice también que existía entonces la costumbre, entre las personas de alta alcurnia, de enviar sus hijos a educar a la Corte del Rey. Entre las doncellas que así estaban en la del rey D. Rodrigo, figuraba Florinda, hija de Bolyán (Julián), gobernador de Tánger y Ceuta.

El rey abusó de ella estando embriagado y la recluyó para ocultar lo sucedido. El conde, al conocer lo ocurrido, fue a recogerla, la llevó a África y entró en tratos con Muza, gobernador árabe de aquellos países, para la invasión de España.

El gobernador musulmán de África, Muza, envió a España a su lugarteniente Tarik para reconocer sus costas, y luego a un ejército invasor al mando de Tarif.

A su encuentro, llamado por el gobernador de Andalucía, fue D. Rodrigo, dándose la batalla del Guadalete (711 a.C.) en la que pereció D. Rodrigo, y dio fin el reino visigodo.

Los hispano-latinos no opusieron resistencia a los nuevos invasores, lo cual prueba que no se había logrado su fusión con los godos, y que éstos no eran bien mirados. Los judíos a quienes los monarcas visigodos perseguían con frecuencia, fueron decididos auxiliares de los musulmanes en la irrupción, llegando a entregarles ciudades como Toledo.

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