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Historia de la Farmacologia-Primeros Medicamentos Plantas Utilizadas

Historia de la Farmacologia-Los Primeros Medicamentos Plantas Utilizadas

Fármaco es un producto químico empleado en el tratamiento o prevención de enfermedades. La farmacología es la ciencia que estudia la acción y distribución de los fármacos en el cuerpo humano.

Los fármacos han sido utilizados desde la prehistoria; la primera relación de fármacos con instrucciones para su elaboración, o farmacopea, apareció en Nuremberg (Alemania) en 1546.

Los fármacos pueden elaborarse a partir de plantas, minerales, animales, o mediante síntesis.

Muchos medicamentos tradicionales se extraían de las plantas, como la aspirina, la digitalis, el cornezuelo de centeno, el opio, la quinina o la reserpina.

Entre los productos minerales que se utilizan como medicamentos están el ácido bórico, la sal de epsom y el yodo.

Los primeros balbuceos de la farmacología corrieron parejos con los inicios de la ciencia médica.

La preparación y dosificación de los fármacos era tradicional-mente competencia del profesional en medicina, el cual se servía muchas veces para ello de los conocimientos populares sobre la acción curativa de determinadas sustancias, generalmente de origen vegetal.

El paso hacia la sistematización de este «catálogo» de medicamentos (farmacopea) naturales, de su procedencia, modo de preparación del remedio y dosificaciones, sería un logro de la medicina egipcia —la primera de la que se conservan textos documentados—, pero proseguiría después con la helénica (Hipócrates, sobre todo) y alcanzaría su máxima expresión, ya en el siglo I, en la obra de Pedanio Dioscórides, médico griego alistado en el ejército romano en tiempos del emperador Nerón.

En su De Materia Medica, Dioscórides llegó a recopilar descripciones de cerca de seiscientas plantas con propiedades curativas, algunas inéditas hasta entonces y otras conocidas ya y empleadas en los diferentes países del Imperio romano por los que viajó.

La obra, traducida a otros idiomas, estuvo vigente durante siglos dentro del saber farmacológico, ya que ejerció un influjo decisivo en la botánica médica islámica y en la europea hasta bien entrado el siglo XVIII.



El médico griego Pedanio Dioscórides (h. 40-h. 90) sirvió en los ejércitos romanos y tuvo oportunidad de estudiar la vida de las plantas en amplias zonas del mundo mediterráneo.

Le interesaban sobre todo sus aplicaciones medicinales, y en su libro De materia medica describió casi seiscientas plantas y casi un millar de drogas.

Fue el primer trabajo importante de farmacología (de las palabras griegas que significan «estudio de las drogas»).

La aplicación médica directa de las sustancias vegetales fue práctica corriente hasta comienzos del siglo XIX, aunque bien es verdad que ya en «colaboración» con algunos minerales incorporados a las farmacopeas como resultado de la concepción química del tratamiento medicamentoso, una innovación de la medicina general introducida en el siglo XVI por el médico suizo Theophrastus Bombast von Hohenheim (1493-1541), más conocido por su sobrenombre de Paracelso. (Ver: Paracelso)

En realidad, la doctrina paracelsista, contrapuesta en el terreno de la farmacología a la tradicional hasta entonces, supuso el punto de partida remoto de los fármacos modernos, aun cuando su implantación definitiva no llegaría a materializarse hasta que la ciencia química alcanzó un grado de perfección suficiente como para estudiar las estructuras moleculares de las sustancias, y fue capaz de idear procesos para sintetizarlas en los laboratorios.

Mientras tanto, y a caballo del descubrimiento de América y de la exploración sistemática de todos los continentes, el volumen de nuevas sustancias vegetales y minerales con acción farmacológica conocida (opio, emetina, quinina, estricnina, curare, entre otras) se había incrementado extraordinariamente.

Los franceses Pierre Joseph Pelletier y Joseph Bienaimé Caveniou extraen por primera vez la quinina del árbol de la quina.

La quinina es el más fuerte de los cuatro alcaloides que se encuentran en los árboles del género Cinchona, de la familia de las Rubiáceas.

La corteza de la quina se venía usando en Europa desde principios del siglo XVII para curar la malaria.

Las primeras plantaciones de árbol de la quina las hicieron los holandeses en Java en 1852 o 1865. Los holandeses pagaron una pequeña cantidad por sacar de contrabando una libra de semillas de cinchona de Bolivia. En pocos años consiguieron grandes plantaciones y permitieron que los europeos pudieran colonizar el trópico.

A partir del siglo XIX el desarrollo de los fármacos persiguió el doble objetivo, interdependiente en sus experiencias y logros, de descubrir y aislar los principios químicos activos de las sustancias naturales y explorar, paralelamente, su mecanismo de acción en el organismo humano.



Hitos de este proceso combinado serían la determinación de los principios activos más importantes del opio (narceína, morfina, codeína, papaverina) y las investigaciones experimentales de Rudolf Buchheim (1820-1879) y de su discípulo Oswald Schmiedeberg (1838-1921).

Después, los químicos, preocupados por asegurar al máximo la acción de los remedios naturales y paliar muchos de sus efectos secundarios.

Lograrían obtener sustancias no presentes de forma espontánea en la naturaleza, dando origen así a la denominada quimioterapia sintética, base de la industria actual de los fármacos.

Los primeros de estos preparados químicos farmacológicos, como el ácido sa’licílico (sintetizado en 1894 y empleado como antirreumático) o el acetilsalicílico o aspirina (sintetizado en 1893 y empleado a partir de 1899), buscaban regular trastornos orgánicos funcionales.

En una segunda fase, el imparable desarrollo de los fármacos buscó obtener sustancias capaces de destruir los gérmenes de las enfermedades sin dañar al individuo.

Aspirina, compuesto químico sintético, ácido acetilsalicílico. Se elabora a partir del ácido salicílico obtenido de la corteza del sauce, utilizada, entre otros, por los antiguos griegos y los pueblos indígenas americanos para combatir la fiebre y el dolor.

Paul Ehrlich (1854-1915), con sus investigaciones sobre la acción terapéutica de los derivados del arsénico en colaboración con el microbiólogo Sahachiro Hata y el químico Bertheim (juntos lograron sintetizar un preparado —el salvarsán en 1909.

Bacteriólogo Paul Ehrlich (1854-1915)

Después, en 1914, el neosalvarsán— para la terapéutica de la sífilis), la aportación de Gerhard Domagk (1895-1964) con la introducción de las sulfamidas en terapéutica, y los trabajos de Howard W. Florey (1898-1968) y Ernst B. Chain (1906) para transformar en medicamento utilizable la acción bacteriostática del hongo penicilínico descubierto por Alexander Fleming (1881-1955), sentaron las bases definitivas de la moderna quimioterapia, en la que los fármacos son productos fabricados industrialmente conforme a las pautas que marcan los laboratorios químicos.

La industria de los fármacos es actualmente uno de los sectores más activos de la industria química. Vemos el aspecto de un laboratorio de esterilización en una factoría de antibióticos.

La morfina fue identificada por primera vez por el farmacéutico alemán de Hanóver Friedrich Wilhelm Adam Setürner.

Setürner descubrió que lo que se aislaba era por primera vez un alcaloide, y así lo hizo constar en sus publicaciones de 1806, quedando para la historia como el primero en descubrirla, pero los cristales de morfina habían sido aislados anteriormente por los franceses Charles Derosne en 1803 y Armand Séguin en 1804.

El Opio es un narcótico que procede de la desecación del jugo de las cápsulas verdes de la amapola del opio. Se cultiva en Turquia y la India. La morfina, que durante mucho tiempo ha sido utilizado como el analgésico más importante en la práctica médica, aunque en la actualidad se dispone de sustitutos sintéticos como la petidina.

Este último la llamó morphium en honor de Morfeo, dios griego del sueño.



Bernard Courtois describió sus propiedades soporíferas y calmantes cinco años después.

Hasta 1995, sin embargo, no será aceptada por primera vez en Francia como remedio contra el dolor producido por el cáncer, el sida u otras enfermedades.

LA MEDICINA CIENTÍFICA

La gran revolución en los remedios en materia terapéutica ha sido la descripción del mecanismo de acción de los distintos medicamentos en el organismo, a partir del siglo XIX, cuando comenzaron a aplicarse los progresos de la microbiología a la investigación médica.

En primer lugar, se descubrieron y aislaron los principios químicos activos de los medicamentos naturales y, en un segundo estadio, se pasó a la quimioterapia sintética, es decir, la producción de sustancias químicas no existentes en la naturaleza de forma espontánea, pero muy provechosos en la lucha contra los agentes patógenos que producen la enfermedad.

Así se han conseguido sustancias como el ácido acetilsalicílico, o aspirina (1899), las sulfamidas (1935) —muy eficaces contra las infecciones— y la penicilina (1940), con lo que se abrió el camino de los antibióticos, las mejores armas contra las enfermedades infecciosas.

Además, se pusieron a punto distintas vacunas, que han permitido un gran desarrollo en la medicina preventiva.

Pero no sólo han sido espectaculares los avances en el campo de la química, sino que los principios de la física han servido para la exploración del organismo y para la curación del enfermo.

Entre los instrumentos diagnósticos, contamos con los Rayos X (1895) —que abrieron además el camino de la radioterapia—,los electrocardiógrafos, los isótopos radioactivos para los tumores, las tomografías torácicas, los scanners, que realizan la tomografías axiales computerizadas, y las ecografías.

Además, contamos con los métodos «quirúrgicos» del cateterismo, o sonda introducida por los vasos sanguíneos, y la endoscopia.

A todo ello debemos añadir los avances en la cirugía y en la asistencia de las funciones vitales, que encontramos en todas las unidades de cuidados intensivos.

Con ello se ha conseguido mejorar notablemente la asistencia sanitaria.

LAS VACUNAS: Una vacuna es un preparado que contiene una dosis de la misma enfermedad que se quiere combatir.

Se dice que los chinos hicieron algo parecido en torno a 200 a.C. con la viruela, aspirando las pústulas que producía esta enfermedad reducidas a polvo.

En 1718, la escritora inglesa Lady Mary Wortley Montagu, esposa del embajador británico en Constantinopla, que sufrió los acosos de la viruela y había perdido a su hermano por esta causa, descubrió que los turcos se la inoculaban para combatirla, e hizo lo mismo con su hijo, pero encontró numerosos prejuicios contra esta práctica en su país y abandonó la idea.

En Europa no quisieron hacerle caso por considerar esta práctica una barbaridad.

Sin embargo, ochenta años después, el médico inglés Edward Jenner realiza la primera inoculación de una vacuna contra la viruela.

Edward Jenner (1749-1823), médico británico que descubrió la vacuna contra la viruela y allanó el terreno para la aparición de la inmunología.La vacuna suele consistir en dosis muy pequeñas del propio agente (forma inactiva o atenuada) que origina la enfermedad, por lo que provoca la creación de anticuerpos que permanecen en el organismo y lo protegen en el caso de futuros contagios.

Jenner, que llevaba trabajando en los gérmenes de la viruela desde 1771, descubrió que quienes habían sufrido una variante de la enfermedad conocida como viruela vacuna, especialmente las ordeñadoras de vacas, que estaban en contacto con ellas, no sufrían la enfermedad.

El 14 de mayo de 1796 extrajo pus de una pústula de la ordeñadora Sarah Nelmes y se la inoculó a James Phipps, de 8 años.

El niño sufrió una leve acometida de la enfermedad que se curó sin problemas, y cuando se le inoculó la viruela el 1 de julio, ya no le afectó.

Este descubrimiento se extendió rápidamente por toda Europa con tanto éxito que Napoleón hizo vacunar a su ejército en 1805. (VER: Historia de la Vacuna)

Fuentes Consultadas:
El Estallido Cientifico Trevor I. Williams Editorial Aguilar
Historia de los Invetos Tomo I Editorial Salvat
Historia y Cronologia de los Inventos y Descubrimientos de Isaac Asimov Editorial Ariel




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