Biografía de Fleming Alexander Descubrimiento de la Penicilina



Biografía de Fleming Alexander
El Descubrimiento de la Penicilina

SU DESCUBRIMIENTO: Desde la época de Louis Pasteur, un buen número de bacteriólogos estudiaron el efecto inhibidor de ciertos microorganismos existentes en el suelo, aunque no llegaron a ninguna clase de resultados prácticos; el primer paso importante estaba reservado a nuestro hombre.

Fleming Alexander (1881-1955) descubrió en 1928 la penicilina, pero ésta no se aprovechó hasta 1939.

Fleming, entonces profesor de bacteriología en la St. Mary’s Hospital de Londres, observó que un hongo había llegado a una placa de cultivos bacterianos, donde crecían unas colonias de un coco común, y que las colonias situadas en la vecindad del hongo, que antes se habían desarrollado normalmente, mostraban ahora signos de disolución.

Fleming supo inmediatamente que dicho fenómeno no era usual, aislando el hongo en forma de cultivo puro y, a continuación, lo identificó como el Penecillium notatum.

En una nueva etapa demostró que este hongo produce un caldo de cultivo capaz de inhibir ostensiblemente el crecimiento de los organismos causantes de las enfermedades infecciosas más comunes; a esta sustancia la denominó «penecilina» y abrió uno de los capítulos más brillantes de la historia de la medicina.

En 1939  el patólogo británico de origen australiano Howard Walter Florey (1898-1968), en colaboración con un colega asimismo británico y de origen alemán, Ernst Boris Chain (1906-1979), logró aislar el verdadero agente antibacteriano del moho.

Alcanzaron su propósito con rapidez, y allanaron el camino para que se empleara la penicilina durante los tiempos oscuros que se avecinaban. Florey, Chain y Fleming compartieron el premio Nobel de medicina y fisiología en 1945.

Fleming Alexander en el laboratorio

Alexander Fleming en su laboratorio. El bacteriólogo escocés sir Alexander Fleming revolucionó el tratamiento de las infecciones bacterianas cuando descubrió la penicilina, el primer antibiótico. Aunque este fármaco fue descubierto en 1929, se tardaron más de diez años en producir penicilina a gran escala. Dado el gran número de víctimas durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de científicos fundó una red de pequeñas fábricas de penicilina para poder comercializarla en grandes volúmenes, lo que permitió salvar millones de vidas.

BIOGRAFÍA ALEXANDER FLEMING:

Nacido en la pequeña ciudad escocesa de Lochfield el 6 de agosto de 1881, Alexander Fleming era el séptimo hijo de un modesto granjero de las Lowlands, enAyshire. Desde niño había mostrado una sorprendente capacidad intelectual.



Cuando apenas había cumplido diez años pasó a la escuela de Dorvel, el pueblo vecino.

De todos modos, Fleming siempre reconoció que esta primera enseñanza le había resultado esencial, especialmente en lo que supuso de contacto con la naturaleza y de inventiva ante una total precariedad de medios materiales.

En Dorvel, aunque no fue un alumno muy destacado, mostró unas ciertas aptitudes que resultaron fundamentales en el momento de decidir si continuaría en la granja o proseguiría sus estudios.

Finalizados sus estudios primarios, se traslada, junto con sus hermanos, a Londres donde consigue su primer trabajo en una compañía naviera.

Allí Fleming reemprendió sus estudios en la Escuela Politécnica, donde dio aún más muestras de aptitud, empero, que debido a las vicisitudes familiares en un momento parecieron malograrse cuando tuvo que aceptar un trabajo como oficinista en la American Line, lugar que ocupó durante cinco años.

fleming alexander

A la edad de veinte años, Alexander recibe su parte de la herencia de su tío, John Fleming; este acontecimiento, junto con el apoyo de su hermano Tom que, al observar la falta de interés de Alexander en su trabajo, le insta a iniciar estudios de medicina, cambiaría el rumbo de su vida.

A pesar de que llevaba varios años alejado de los estudios y centrado en su trabajo en la naviera, aprueba con pasmosa facilidad el examen del London College of Preceptors y se inscribe en el St Mary’s Hospital Medical School a principios del año académico de 1901.

Alexander fue un estudiante modelo desde el primer momento; varios premios académicos jalonan su paso por la mencionada institución.

En 1902 obtiene los galardones de anatomía y fisiología. Dos años más tarde es premiado en anatomía superior, farmacología y química orgánica.



En julio de 1904 aprueba el examen intermedio de la Universidad de Londres, con sobresaliente en fisiología y farmacología.

En enero del año siguiente sopera con éxito la prueba preliminar de acceso al Colegio Real de Cirujanos.

Pero no será hasta 1906 cuando obtenga el título de medicina de la Universidad de Londres; comienza entonces a trabajar en el equipo de Almroth Wright, que dotará al hospital de un nuevo departamento: el de inoculación.

Terminados los estudios con las correspondientes prácticas, en las que Alexander Fleming logró el título de cirujano, un hecho fortuito le llevó al laboratorio de Almroth Wright, bacteriólogo ya célebre que regentaba uno de los servicios más prestigiosos del Saint Mary’s. Entre serias dudas sobre si dejaba o no la cirugía, finalmente ingresó en el año 1906; el laboratorio era muy exiguo, el dinero escaseaba y en realidad subsistía gracias a la generosidad de Almroth Wright.

Desde los primeros momentos Fleming dio pruebas de su habilidad manual para montar toda clase de técnicas de experiencia.

En el plano de las exposiciones destacó por su concisión y orden, hechos que, convenientemente valorados por Wright, pronto le labraron un primer puesto en el equipo.

Pero los conocimientos bacteriológicos iban creciendo, sobre todo tras el impulso que desataron los discípulos de Robert Koch, y el viejo laboratorio empezó a sentir la necesidad dé una ampliación adecuada y conveniente.

Durante esta etapa, Fleming publica varios artículos sobre bacteriología en las revistas Lancet y The Practitioner; por el titulado “El diagnóstico de la infección bacteriana aguda” recibe la medalla Cheadle para medicina clínica de la institución londinense.

A partir de 1909 comenzó a trabajar en los laboratorios de la fundación del Inoculation Department, Fleming empezaba a trabajar en un laboratorio dotado con todas las exigencias que la ciencia requería. Las jornadas de trabajo eran agotadoras.

Maurois, reuniendo varios testimonios, nos hace una descripción de la labor del equipo, que a pesar de su extensión creemos interesante transcribir: “Fleming adquirió muy pronto la maestría de aquel mundo nuevo, en el cual había entrado por casualidad. El trabajo sobrepasaba los límites de la resistencia humana.”

En medio de este trabajo agotador, Fleming completaba sus últimos exámenes médicos. Fue en el año 1908 que, clasificado en primer lugar, se graduó obteniendo la medalla de oro de la universidad de Londres, además de ganar el título de FRCS.

A continuación escribió una tesis «Sobre las infecciones bacterianas agudas», concursando en su propia facultad de Saint Mary’s donde también logró la medalla de oro conocida como Cheadle medd. Su fama, bien que a nivel local, empezaba a consolidarse, cuando una nueva orientación investigadora configuró lo que constituiría una de sus máximas preocupaciones.

A partir de ese momento Fleming se preocupará por la búsqueda de un solo objetivo: el medio de luchar contra las infecciones, que continuaban siendo una de las más grandes amenazas para el hombre.

Conociendo los trabajos de Ehrlich sobre el salvarsán, Fleming lo ensayó en varios pacientes, contra la opinión de Wright, que en este punto tuvo la intuición de depositar su confianza en la vacunoterapia.Pronto introdujo unas certeras modificaciones en la técnica de Wassermann para determinar el diagnóstico de la sífilis.

elogios importantes para la mujer

Fleming se alistó en el ejército en 1912. En julio de 1914 estalla la Primera Guerra Mundial; en octubre de ese mismo año, Wright y todo su equipo de bacteriólogos se incorporan al cuerpo médico del ejército.

Son destinados a Boulogne, con el objetivo de estudiar el tratamiento quirúrgico de las heridas infectadas. Durante estos años de guerra conoce a una enfermera de origen irlandés, Sarati McElroy que se convierte en su esposa en diciembre de 1915.

La experiencia del hospital de campaña, con independencia del trauma moral, hizo que Fleming, producto de una investigación profunda, publicara un trabajo —en The Lancet, número del 18 de septiembre de 1915— en el que concluía sobre la necesidad de que, en la medida de lo posible, los cirujanos extirparan los tejidos afectados de necrosis.

Tras la firma del armisticio. Alexander Fleming regresa a Londres como director adjunto del departamento de inoculación en el St Mary’s Hospital y publica, junto a A. B. Porteous, un artículo en The Lancet sobre los métodos para la transfusión de sangre.

En este centro, el más nuevo de los hospitales docentes de Londres —fundado en 1845 por el doctor Samuel Lane—, desarrollará toda su carrera profesional, a lo largo de cincuenta y un años.

Fleming Alexander en el Laborarorio

Fleming y la Penicilina: Lucha contra las infecciones en las guerras

El 25 de octubre de 1945 un telegrama de Estocolmo le anunció que le había sido concedido el Premio Nobel de Medicina, así como a Florey y a Chain.

El comité científico Nobel propuso al principio que la mitad del importe del premio fuera para Fleming y la otra mitad repartida entre sir Howard Florey y Chain.

En medio de ajetreos, honores y un trabajo que cada vez se hacía más penoso, al tener que dirigir el departamento y enfrentarse con problemas de tipo burocrático, Fleming perdió a su mujer. Fueron unos tiempos difíciles, en los que se incrementó su poca comunicatividad y aislamiento.

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Muy al final de su vida contrajo matrimonio con Amalia, una discípula griega con la que desde el primer contacto se sintió entrañablemente unido. Se esposaron a mitades de abril de 1953, y esta unión representó, sin duda alguna, como una efímera felicidad tardía en la vida de un hombre prácticamente acabado.

En enero de 1955 Fleming presentó su dimisión como principal del instituto, aunque conservando en él un laboratorio de trabajo.

El día 11 de marzo de 1955, antes de emprender la jornada, en la que tenía una comida en el Savoy y una cena en casa de Douglas Fairbanks júnior, junto con Eleanor Roosevelt, se sintió indispuesto, sudando profusamente y aquejando un dolor en la parte izquierda del pecho.

Recostado en la cama, mientras su esposa había pedido ya auxilio, inclinó su cabeza adelante, sin estridencias, como puntualiza Maurois, «en un supremo esfuerzo por pasar inadvertido, por un delicado deseo de no molestar a nadie, por una firme voluntad de negarse a cualquier prioridad, el hombre que había dado a la medicina su arma más eficaz contra la muerte murió, en el corazón de Londres, sin asistencia médica.»

Cumpliendo el deseo de ser incinerado, sus cenizas, en medio de una ceremonia imponente, fueron depositadas en la cripta de San Pablo, cerca de las tumbas gigantes de Nelson y Wellington.

El profesor Pannett, amigo y compañero de Fleming desde su común ingreso en la vida médica, pronunció el elogio fúnebre, con uno de cuyos párrafos estimamos oportuno finalizar las notas biográficas: «… Su elección de una profesión, después de un hospital; su paso a la bacteriología; su encuentro con Almroth Wright; la clase de trabajo que efectuó allí; el efecto inesperado de una lágrima; la caída imprevisible de una espora; no, todos estos acontecimientos no pueden ser debidos sólo a la suerte. Nosotros podemos ver en cada recodo el dedo de Dios mostrando la dirección que debe tomar esta carrera.»

La obra científica de Alexander Fleming, con independencia del hallazgo concreto, abrió lo que se ha llamado la «era de los antibióticos».

En efecto, comprobados sus efectos beneficiosos, la técnica norteamericana permitió obtener penicilina en cantidad suficiente para satisfacer las necesidades de las fuerzas armadas y de la población civil de los Estados Unidos y de Inglaterra.

En los años ulteriores al término de la segunda guerra mundial, la búsqueda de antibióticos —el nombre de antibiótico había sido propuesto por Waksman, en 1942— adquirió la importancia que le correspondía: en 1944 Waksman introdujo la estreptomicina, en 1947 J. Ehrlich y colaboradores la cloromicetina, al año siguiente Luggar la aureomicina, Finlay la terramicina, Waksman la neomicina, etc.

Y en la actualidad, un centenar de antibióticos aseguran la perpetuidad del primer gran paso dado por sir Alexander Fleming.

LA PENICILINA

guerra mundial y la penicilina

El desastre que supuso la Gran Guerra tuvo al menos una vertiente positiva; estimuló la investigación clínica y el desarrollo de algunos medicamentos clave, como las sulfamidas y los antibióticos.

Entre los médicos que trabajaron en un hospital de campaña estuvo el bacteriólogo escocés Alexander Fleming, que comprobó las heridas letales que provocaban las nuevas armas y la dificultad que entrañaba frenar las infecciones producidas por la metralla.

En la posguerra comenzó sus investigaciones para encontrar un antiséptico capaz de frenar el proceso infeccioso y en 1928 logró el famoso descubrimiento accidental que cambió la lucha contra las infecciones: la penicilina.

Diez años después, el bioquímico británico Ernst Boris Chain y el patólogo australiano Howard Walter Florey descubrieron la manera de purificarla y fabricarla de forma industrial.

Pero en 1939, el comienzo de la Segunda Guerra Mundial saturó los laboratorios ingleses, que se volcaron en el esfuerzo bélico, y Chain y Florey viajaron a los Estados Unidos para poner en marcha plantas industriales capaces de producir grandes cantidades del antibiótico.

Las primeras remesas llegaron a tiempo para salvar a muchos soldados que cayeron heridos en los campos de batalla.

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SE RETOMA LA INVESTIGACIÓN: Hasta 1939 no se volvieron a realizar investigaciones relevantes sobre la penicilina.

Ese año, Howard Florey y Ernst Chain, que trabajaban en la Escuela de Patología Sir William Dunn, en Oxford, decidieron emprender un estudio general de la antibiosis con el fin de descubrir los factores científicos implicados, más que la posibilidad de su aplicación médica. Por una afortunada coincidencia, uno de los ejemplos que escogieron fue la penicilina.

Ernst Chain

“Me gustaría señalar que la posibilidad de que la penicilina tuviera aplicaciones prácticas en medicina clínica ni siquiera nos había pasado por la cabeza cuando empezamos a trabajar…” ERNST CHAIN

Howard Florey

La aplicación de la penicilina fue posible gracias a la colaboración de Chain y Fiorey tras una serie de complicadas pruebas y estudios.

Éste es un aspecto olvidado injustamente, puesto que, si bien científicamente fue reconocido, popularmente todo el mérito, aunque sea comprensible, ha recaído en Fleming.

Es decir, al hallarse en posesión de una penicilina parcialmente purificada, Chain se dio prisa en aplicarla. «Florey —consigna Maurois— se encontraba en aquel momento ocupado en otra investigación, por lo que Chain se dirigió a un gran cirujano español, Josep Trueta, que trabajaba en el Instituto de Oxford con un joven colaborador inglés, John Barnes.

A petición de Chain, Barnes inyectó treinta miligramos de penicilina concentrada en la vena de un ratón. Grande fue la alegría de Chain y grande la sorpresa de Trueta, que contemplaba el experimento, al comprobar que no se producía ninguna reacción tóxica.»

En unas palabras, la ciencia adquiría ya aquella maravillosa droga con la no menos maravillosa propiedad de matar a los microbios y no a las células del cuerpo.

El experimento crucial se llevó a cabo el 25 de mayo de 1940, sobre tres ratones infectados respectivamente de estafilococos, estreptococos y clostridium septicum.

Los controles murieron uno a uno y los animales inyectados sobrevivieron; en junio de 1940 el equipo de Oxford, puesto que así se denomina a quienes lograron los resultados finales, ante la gran ofensiva alemana de Dunkerke, convencidos de la importancia del experimento, empaparon del oscuro líquido los forros de sus bolsillos para que, sólo con que uno pudiera escapar, con las esporas podría iniciar nuevos experimentos.

En el bienio comprendido entre 1940 y 1942 la figura de Fleming sufrió una especie de ocaso.

Pero en el mes de agosto de 1942 la aplicación de la penicilina en un caso desesperado, cuya curación se tildó de milagrosa, hizo que el Times publicase un editorial titulado Penicillium: «Todo el mundo —puede leerse— estará de acuerdo con The Lancet en afirmar que en razón de las posibilidades de la penicilina debería encontrarse, lo antes posible, medios para producirla en gran cantidad.»

Pero no fue hasta el año 1943 que las fábricas empezaron a producir cantidades relativamente importantes que pudieran entregarse al ejército; el viejo sueño de Fleming, iniciado en la primera gran guerra, era ya una realidad, la realidad que más vidas humanas ha salvado.

OBRA CIENTÍFICA:
Descubrimiento de la Lisozima:

Como resultado de las investigaciones científicas llevadas a cabo en los años posteriores a la guerra, Fleming descubrió un nuevo agente bacteriológico, la lisozima.

El hallazgo tuvo mucho que ver con el método de trabajo que el científico desarrollaba en su laboratorio, no demasiado ordenado, según afirmaban sus colaboradores más cercanos.

Fleming tenía la costumbre de guardar los cultivos durante dos o tres semanas en su mesa, con la intención de observar su evolución.

Así, en un porta objeto había depositado su propia mucosa nasal en el transcurso de un resfriado, constató un rasgo notable: alrededor de la mucosa no había colonias de bacterias.

A partir  de esta observación dedujo que lo que había evitado el desarrollo de los gérmenes era que  «algo», la lisozima, se había desprendido de la mucosa.

En 1921, Fleming expuso sus descubrimientos sobre esta enzima, que pasaron completamente inadvertidos, en el Club de Investigación Médica. Hay que señalar que, a pesar de su notable capacidad de investigación, era un orador muy modesto.

La falta de interés que suscitó en la comunidad científica sobre su trabajo sobre la lisozima no hizo, en modo alguno que decayera su ánimo; Fleming continuó realizando experimentos con este nuevo agente bacteriológico.

En 1922, Wright, fascinado por los experimentos de su discípulo, propone  a Fleming como miembro de la Royal Society of Medicine.

Pero, sin duda, el hecho más notable en la carrera científica de Alexander Fleming fue el descubrimiento de un nuevo agente inhibidor de la vida bacteriana, la penicilina.

Este hallazgo, realizado en 1928, cuando Alexander Fleming era titular de la cátedra de Bacteriología en la Escuela de Medicina del St Marys Hospital, inauguro una nueva era en la práctica de la medicina.

El descubrimiento estuvo precedido por los estudios que Alexander Fleming estaba realizando sobre las variaciones de color de las colonias de estafilococos, lo que parecía estar relacionado con su virulencia.

Se pensaba que estos cambios de tonalidad se producían si las colonias se incubaban durante veinticuatro horas y luego se conservaban a temperatura ambiente durante varios días.

Fleming, en colaboración con M. Pryce, estudió estas alteraciones con cultivos de estafilococos procedentes de forúnculos, abscesos e infecciones de nariz, garganta y piel.

La primera anotación sobre la penicilina en el cuaderno de laboratorio de Fleming está fechada el 30 de octubre de 1928.

El hecho que llamó la atención del científico fue una placa de cultivo de estafilococo, en la que existía una zona de colonias que habían desaparecido, alrededor de una gran mancha de hongo, lo que ponía de manifiesto la capacidad del hongo para atacar a los microorganismos patógenos comunes.

El fenómeno, que suponía, de hecho, el descubrimiento de la penicilina, pasó en aquel momento desapercibido para todo el equipo, excepto para el propio FIeming, el único consciente de la importancia del hallazgo.

Profundizó sus investigaciones en este ámbito y continuó realizando experimentos con el hongo encaminados a determinar su capacidad de destrucción de microorganismos.

Como resultado, publicó varios artículos sobre este tema; en 1929 aparecía, en la revista The Journal, el titulado «Sobre la acción bacteriana de la penicilina con especial referencia a su utilización en el aislamiento de B. lnfluenz.».

En 1931, en el transcurso de una conferencia sobre «El empleo intravenoso de los germicidas», pronunciada en la Royal Society of Medicine, Fleming anuncia su descubrimiento de que la penicilina inhibe a los organismos anaerobios que causan la gangrena gaseosa.

Fue así como Flerning sentó la base de lo que, con el tiempo constituiría una de las armas más poderosas de la humanidad  para luchar contra las enfermedades. No obstante, se trataba sólo  de un primer  paso, ya que la utilización de la penicilina no hubiera sido posible sin los trabajo de los investigadores de Oxford,  H. W. Florey y E.B. Chain.

Estos científicos llevaron a  cabo los procesos de purificación y concentración de la penicilina, con vista a poder  demostrar sus efectos terapéuticos. Sus conclusiones fueron publicadas en el artículo la “Penicilina como agente terapéutico”, apareció en 1940 en la revista The Lancet.

Las aportaciones de Florey y Chain, que junto con Fleming, fueron galardonados con el premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1945, permitieron la producción a gran escala de penicilina en Estados Unidos Bretaña.

Los poderes curativos de la penicilina radican en su facultad de impedir el normal desarrollo de una bacteria. Su acción consiste en destruir la corteza de las células. Cuando la corteza y la membrana de una célula se debilitan y revientan, la bacteria muere. ¿Cómo sucede esto?.

Las bacterias son microorganismos unicelulares, compuestos fundamentalmente de tres partes: una corteza externa protectora, una membrana interna elástica y un espeso líquido interior denominado citoplasma.

Normalmente, la corteza rígida se expande con el desarrollo de la célula. Al principio se disuelve una porción de la corteza envejecida y, en consecuencia, la membrana flexible se dilata.

Luego la corteza se restaura a partir de moléculas de mucoproteína, que desde el citoplasma y a través de la membrana son transportadas hasta la corteza de la célula mediante enzimas especiales que les sirven de vehículo.

Las enzimas se unen y acoplan a las mucoproteínas, de modo semejante a una llave y su cerradura.

Cuando la penicilina se introduce en este sistema, el proceso se distorsiona. Parte de la molécula de penicilina se asemeja a la estructura hermética de la molécula de mucoproteína.

La enzima se acopla falsamente a una porción de penicilina y la transporta hasta el lugar de la corteza de la célula dispuesto para recibir la mucoproteína.

La molécula de penicilina no encaja debidamente en su sitio y provoca una grieta en la nueva corteza. El desarrollo de la célula ejerce presiones crecientes sobre la corteza; la zona defectuosa cede y al fin se quiebra. Entonces, la membrana celular elástica se dilata hasta romperse; el citoplasma se derrama y la bacteria muere.

El Reconocimiento público de Alexander Fleming

Sir Fleming es una de las personalidades que mayores muestras de gratitud ha recibido por parte de la comunidad científica y de la sociedad en general.

En 1946, tras ser galardonado con la medalla de oro del Colegio Real de Cirujanos de Londres, de fue nombrado miembro honorario de numerosas instituciones: la Academia de Medicina ha de Buenos Aires, el Colegio de Cirujanos de Brasil, la Academia de Medicina de Turin, el Colegio de Farmacéuticos de Filadelfia y el Real Colegio de Médicos de Edimburgo.

En 1948 viajó a España, donde recibió, asimismo, diversos testimonios de reconocimiento. Fue designado miembro honorario de las reales academias de Medicina  de Madrid, Barcelona y Sevilla, de la Sociedad Española de Higiene y del Ateneo de Sevilla.

Recibió el cargo de presidente de honor de la Sociedad Médica de Hospitales de Sevilla, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio y la medalla de oro de la Real Academia de Medicina de Sevilla.

También realizó diversos viajes por Estados Unidos, Pakistán —como delegado de la UNESCO— y Cuba —donde fue nombrado miembro de la Sociedad Cubana de Clínica y del Colegio Nacional de Farmacéuticos, y distinguido con diversos título: La Gran Cruz, Orden de Honor y Mérito de la Cruz Roja Cubana, entre otros.

Alexander Fleming murió el 11 de marzo de 1955, de una trombosis coronaria; reposan en la cripta de la catedral de San Pablo, en Londres.

ALGO MÁS SOBRE EL TEMA…

Al fenómeno que produce la eliminación de una bacteria por un hongo, o a una especie de otra índole que elimina a su contendiente, lo denominamos “antibiosis”.

Hay antibiosis entre hongos y bacterias. Por eso se ha creado el término “antibiótico” para designar a la penicilina, por ejemplo. Los investigadores comprobaron que ciertos organismos elaboran sustancias perjudiciales y aun letales para otros, que fueron llamados antibióticos.

El primer antibiótico descubierto fue la piocianina, que se aisló del pus en 1860, aun antes de que se conociera la bacteria que lo produce. Desde entonces se han aislado muchos antibióticos de las bacterias y de una gran variedad de plantas, tales como los tomates y las cebollas.

A diferencia de los bacteriófagos (devoradores de bacterias), las sustancias antibióticas se emplean con gran éxito contra las bacterias patógenas. En la actualidad -las más importantes se aíslan de los hongos.

De éstos, la penicilina, que proviene de un hongo muy relacionado con los que atacan los quesos Roquefort y Camembert, es el más eficaz.

La penicilina fue descubierta por Fleming en 1929, pero sus posibilidades no fueron totalmente apreciadas hasta 1940. Existen tres formas de. penicilina, de las cuales una sola es la realmente activa contra las bacterias.

En contraste con otros muchos antibióticos, no es tóxica cuando se inyecta al hombre o a los animales.

Las bacterias expuestas a la acción de la penicilina se hinchan y no pueden dividirse, de modo que son fácilmente destruidas por los glóbulos blancos de la sangre.

No todas las bacterias son vulnerables a la penicilina, por supuesto; los antibióticos son de naturaleza química diversa: algunos son semejantes a las proteínas, otros a las grasas y algunos son sustancias químicas complicadas de otros tipos.

Un problema permanente en el campo de los antibióticos es el desarrollo de cepas de organismos resistentes a los mismos.

La constante búsqueda de nuevos antibióticos que llevan a cabo las empresas farmacéuticas nos ha permitido conservar un tratamiento ventajoso contra los gérmenes.

La penicilina se emplea con éxito en el tratamiento de la sífilis. Durante muchos años se empleaba el salvarsán o algunos de sus derivados que contienen arsénico.

El descubrimiento del salvarsán, droga suficiente para destruir la espiroqueta, fue el resultado de un largo proceso de ensayos y errores llevados a cabo por el médico alemán Ehrlich.

Actualmente, esta droga ha sido reemplazada por la penicilina en el tratamiento de la sífilis. No debe confundirse la propiedad que posee la penicilina con la de otros organismos, como los virus.

La primera es un hongo capaz de inhibir la reproducción de las bacterias, en tanto que los virus son bacteriófagos, es decir se alimentan de bacterias, a las cuales parasitan. Los virus fueron descubiertos en 1917 por el investigador francés d’Herelle, quien observó que algún agente invisible destruía sus cultivos de la disentería.

Antes de conocerse la penicilina, se trató de curar muchas enfermedades con bacteriófagos (destructores de bacterias); pero la acción de éstos es completamente diversa a la del penicillium, pues éste no destruye las bacterias, sino que inhibe su función.

Los botánicos, al clasificar la penicilina entre los hongos, la incluyen entre los ascomicetos (hongos con “saco”), que comprenden más de 35.000 especies.

Son denominados así porque sus esporas se forman en bolsas llamadas sacos. Cada saco produce de dos a ocho ascorporas. Entre los hongos ascomicetos, además del penicillium notatum (género y especie de la penicilina) se encuentran las levaduras, los hongos que aparecen  sobre los quesos, jaleas, frutas y trufas comestibles.

La penicilina es un antibiótico. Esta palabra, (pie significa “contra la vida”, no se aplica exclusivamente a la penicilina, pues corresponde a todo elemento que inhiba la formación de otros seres microscópicos.

Puestos en presencia un hongo y una bacteria, ambos han de sobrevivir en el caldo de cultivo o en el tejido animal que les sirve de alimento; pero en su lucha por la supervivencia, triunfa siempre el mejor dotado. En el caso del hongo penicillium notatum, éste inhibe la reproducción de la bacteria, y triunfante en esa lucha, la deja hinchada e indefensa a merced de los glóbulos blancos.

Estos últimos constituyen la policía de la sangre y son los encargados de devorar las bacterias, ya sea que hayan perdido sus propiedades defensivas o bien sucumban bajo el ataque de los leucocitos (leuco, significa blanco, cito, célula).

Como estos últimos son capaces de trasladarse con gran celeridad donde quiera que haya una infección y en su rápido traslado llegan a atravesar los vasos de pequeño calibre, acuden por millones y devoran sus presas emitiendo una prolongación de su protoplasma, que recibe el nombre de pseudopodio (pseudo, falso, y podio, pie).

Al envolver la bacteria con esa prolongación, la digieren merced a los jugos de su protoplasma, y al propio tiempo que eliminan elementos causantes de infecciones, depuran la sangre de los residuos orgánicos que pudieran dejar.

Todo aquel que suela consumir queso Roquefort, habrá observado la formación de hongos en la superficie.

Esa descomposición, que suele ir acompañada de una coloración verdosa y cierto olor acre, se debe a la presencia de hongos que son del mismo género que la penicilina, si bien pertenecen a otra especie.

La incidencia de la sífilis en los Estados Unidos, varía enormemente según las partes del país y los diferentes grupos de habitantes.

En una serie de autopsias tomadas al azar, se encontró una proporción del 5,5% sobre 150.0o0 cadáveres.

De los primeros dos millones de hombres reclutados durante la segunda guerra mundial, el 2,3 % de los blancos y el 27,2 % de los negros padecían de dicha enfermedad.

Comprobada tal incidencia mediante la reacción de Wasserman y la de Kant, se logró atemperar el flagelo mediante una serie de inyecciones de penicilina, que resultó eficacísima para sanear el ambiente de los ejércitos. Localizado el enfermo, practicadas las reacciones y aplicado el tratamiento de penicilina, se destacaron excelentes resultados.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Moderno – Entrada: Alexander Fleming – Editorial Planeta – Tomo III –

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