Historia de la Primeras Cooperativas en Argentina



Historia Origen Cooperativismo en Argentina

El consumo, sobre todo de productos básicos e indispensables, era para los grupos que recién llegaban al país una aspiración vital, ligada a la necesidad de alimentarse y sobrevivir en una época en la que el hambre acechaba a cada paso.

Era una aspiración ajena al sentimiento del consumismo moderno, ese deseo compulsivo de adquirir todo lo que se ofrece en el mercado. Un lujo que, en todo caso, se podían dar por ese tiempo sólo las familias acomodadas de la oligarquía, que viajaban regularmente a París hasta con sus vacas, para hacer ostentación de sus fortunas y gastar a chorros el dinero en artículos suntuarios. En las clases pobres, el consumo era otra cosa, por eso, las primeras manifestaciones del movimiento cooperativo en nuestro país correspondieron a ese rubro.

cooperativismo logo

Se sabe que en 1875, un grupo de inmigrantes franceses creó la Sociedad Cooperativa de Producción y Consumo de Buenos Aires. La auspició el sociólogo francés Adolfo Vaillant, un impulsor del cooperativismo en nuestro país y en el Uruguay. Sin embargo, no hay pruebas de que la actividad de esa entidad llegara a concretarse. Algo similar ocurrió con una cooperativa de consumo fundada en 1878 por colonos suizo-alemanes en la localidad santafesina de Esperanza.

Cuna de la colonización agrícola, esa ciudad recibió en 1856 -año que se considera como el de su fundación- a un contingente de 109 familias europeas que se ubicó en unas tierras loteadas dos años antes cerca del río Salado. De esas familias, la mayor parte eran suizas, provenientes del cantón de Valois, y alemanas. Fueron sus integrantes originales o sus descendientes los que intentaron ese proyecto.

Hubo también otros grupos menores de Francia, Bélgica y Luxemburgo. Esperanza es una de las comunidades símbolo del espíritu de fraternidad y trabajo al que cantó el poeta José Pedroni, fallecido allí mismo. Por paradójica contraposición, allí nació también uno de los mayores emblemas en el país del liberalismo económico, Alvaro Alsogaray, propulsor de aquellos duros inviernos que la memoria asocia con políticas dirigidas a dañar el bienestar popular.

La que sí operó fue la Sociedad Cooperativa de Almacenes, fundada en 1884 por David Atwell, un comerciante argentino hijo de inmigrantes británicos. El objetivo inicial fue comercializar alimentos y bebidas aunque el estatuto preveía la posibilidad de actuar en otros ramos de la industria y el comercio. La empresa mezclaba rasgos cooperativos con otros que no lo eran, un detalle bastante típico en la época. El capital se formaba por acciones que se cotizaban en la Bolsa de Comercio y el estatuto establecía que ningún socio podía tener más de 30 acciones. La dirección era democrática y el 75 por ciento de las utilidades se repartía sobre las acciones. A su vez, un porcentaje de esas utilidades se entregaba como retribución a su fundador y herederos.

Según el dirigente socialista Nicolás Repetto, esa sociedad fue de las que se podría llamar «de tipo burgués», no precisamente una cooperativa obrera. En su opinión, Atwell «quiso hacer en este país un ensayo de cooperativa de acuerdo a los sistemas que ya estaban difundidos en Inglaterra, y entonces fundó ésta, que fue principalmente de empleados. Parece que los 2 o 3 primeros años de esta sociedad fueron de una vida realmente próspera, satisfactoria, pero poco a poco esta prosperidad fue declinando, y en el año 1890, con motivo de la gran crisis económica que hubo en el país, esta cooperativa desapareció».

Por esos años, en 1885, se constituyó en la Capital Federal una cooperativa de consumo que respondió al sugestivo nombre de Les Egaux (Los iguales), promovida por una asociación de inmigrantes franceses con ideas revolucionarias que habían abandonado su país por la ola represiva que siguió a la derrota de la Comuna de París. La entidad estaba ubicada en la manzana actualmente ocupada por el Congreso Nacional y comercializaba todo tipo de artículos.

Adoptó gran parte de los principios rochdaleanos, pero su destino fue breve y precario pues, también de acuerdo con lo que dice Repetto, «sus fundadores habían introducido el crédito y para aumentar los atractivos de la cooperación, ya que no habían sido capaces de despertar un sano interés entre los socios, establecieron también un pequeño despacho de bebidas. Y ustedes ya se imaginan que un despacho de bebidas asociado al crédito debía terminar con su existencia en pocos años Y así fue en efecto: en el año 1888 esta cooperativa desapareció definitivamente».



En 1885, y en la dura Patagonia de entonces, un grupo de inmigrantes galeses fundó en la ciudad de Trelew la Compañía Mercantil de Chubut, cuya finalidad era comercializar la producción agrícola de sus asociados y proveerlos de artículos de consumo. El primer contingente importante de galeses, transportado por el mítico buque La Mimosa, desembarcó en esas tierras en 1865, dos años después de que Lew Jones y Love Parry llegaran al lugar para negociar con el gobierno de Bartolomé Mitre la instalación de colonos de su país. Atraídos por las crónicas de viaje de Fitz Roy y Darwin, soñaban con instalar ahí La Nueva Gales.

Las normas cooperativas en la nueva entidad de Trelew fueron aplicadas sólo parcialmente. Más tarde, en 1911, esa cooperativa se Transformó en sociedad anónima. A su vez, en 1887, se creó en Buenos Aires una cooperativa en la sede del Club Vorwaerts, fundado por los inmigrantes socialistas germanos llegados al país para huir de las leyes de excepción dictadas contra ellos en la Alemania de 1882. La nueva entidad inició sus operaciones como cooperativa de consumo de pan y, a pesar de extender su actividad a otros rubros, dejó de funcionar en 1896.

Un nuevo ensayo en Buenos Aires fue el de la Cooperativa Obrera de Consumo, que se fundó en 1898 por iniciativa del dirigente socialista Juan B.Justo, quien redactó al mismo tiempo sus estatutos. Estos disponían que cada socio turieran un voto, que las ventas debían ser al contado y exclusivamente a sus asociados y que de los excedentes tenían que repartirse el 60 por ciento entre los socios en función de sus consumos, el 30 por ciento para fondo de reserva y el 10 por ciento restante para repartir entre el personal. La cooperativa funcionó, hasta su cierre en 1902, en el local del Partido Socialista.

Ese mismo año, en Campana, provincia de Buenos Aires, se creó la Cooperativa Cosmopolita de Consumo, que cambió posteriormente de nombre por el de Primera Cooperativa de Consumo, Provisión de Electricidad y Servicios anexos Ltda.

Este primer ciclo de ensayos cooperativos podría decirse que se cerró en 1905 con el alumbramiento de El Hogar Obrero, creado a instancias, otra vez, de Juan B. Justo, quien fue uno de los dirigentes que más pugnó por desarrollar el cooperativismo en el país. Esa iniciativa coincidió con la resolución adoptada por el Tercer Congreso de la Unión General de Trabajadores, de tendencia socialista, que invitó a los obreros sindicalmente organizados a constituir cooperativas con el objetivo de «mejorar las condiciones de trabajo y hacer más intensa la propaganda obrera, excluir de ellas el sentimiento de estrecho espíritu de corporación y contribuir a robustecer su resistencia al capitalismo».

cooperativa el hogar obrero

Fundado el 30 de julio de ese año por 19 asociados, El Hogar Obrero operó durante los primeros ocho años como cooperativa de ahorro y crédito para la edificación de viviendas. En ese lapso se construyeron 160 casas independientes y dos pequeños barrios obreros en Ramos Mejía y Turdera, ambos en el conurbano bonaerense.

En 1912, la cooperativa adquirió un terreno en el barrio de Barracas donde construyó su primera vivienda colectiva de «departamentos confortables e higiénicos, para ser alquilados a sus socios aprecios reducidos», según los definió Repetto, e instaló en la planta baja una sección de consumo que poco a poco fue incorporando una serie de adelantos que la convirtieron en la mayor cooperativa de consumo del país.

Con el correr de los años, a los artículos de almacén se fueron incorporando menaje, mercería, zapatería, sombrerería, etc., al tiempo que se construyó un depósito para mercaderías y se comenzó el reparto domiciliario realizado -como se hacía en el Buenos Aires de entonces- con siete u ocho carros, dos automóviles y más de una docena de caballos.

Durante la década del veinte, El Hogar Obrero estableció relaciones con cooperativas mayoristas de Inglaterra, España e Italia, comenzó la operatoria de Cajas de Ahorro, y construyó tres complejos de edificios. En 1931, la cooperativa tenía más de 900 asociados, 73 empleados y alquilaba 316 viviendas.



El Hogar Obrero fue la primera entidad argentina y americana en ser aceptada como integrante de la Alianza Cooperativa Internacional, que trasladó esa adhesión a la Federación de Cooperativas de Consumo creada en 1932. Años después de la fundación de El Hogar Obrero, 173 vecinos de Bahía Blanca, la mayoría de ellos trabajadores ferroviarios, echaron las bases de la llamada Sociedad Cooperativa Obrera Limitada Molinera, Panadera y Anexos.

Lo hicieron un 31 de octubre de 1920 con el objetivo de producir pan de mejor calidad, asegurar su peso exacto y abaratar el producto, que era esencial en la mesa familiar. El 1 ° de mayo de 1922, Día de los Trabajadores, comenzó a funcionar la primera panadería y en 1932 abrió el primer almacén iniciando así lo que sería hasta hoy su actividad principal, desarrollada a través de una cadena de autoservicios.

Otro episodio significativo dentro de esta clase de experiencias fue la creación de El Despertar del Obrero, una cooperativa de autoconsumo formada en 1918 en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, con el objetivo de contribuir al beneficio económico de los hogares de trabajadores. Esta cooperativa se basó en el funcionamiento de las primeras tiendas cooperativas inauguradas en Inglaterra y al igual que las originales expendían pan, carne, leche y otros alimentos necesarios para la canasta familiar, a precios inferiores a los que cobraban los comercios. Estos productos se elaboraban en una chacra adquirida en forma comunitaria.

Los iniciadores de este proyecto fueron los obreros Juan Balsechi y Alberto Gargano, panaderos, y Eduardo Pereira, portuario. A lo largo de su existencia, que se prolongó hasta la décadadel ochenta, llegó a contar con treinta y cinco sucursales en la ciudad y más de veinte en la región.

La raíz de esa entidad estuvo en una huelga de obreros panaderos que luchaban por la reglamentación del trabajo nocturno y que culminó en el despido de más de 18 trabajadores. Con el aporte de sus indemnizaciones se unieron solidariamente para rescatar sus fuentes de trabajo en la panadería obrera, a través de su organización. De este modo, se llegó a vender un pan «obrero» a precio más bajo que en las panaderías comerciales, lo que obligó durante un largo período a bajar el precio del pan.

Fuente Consultada:
Información obtenida del libro: «50 Años de Ideas e Ideales»
Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos
Ver El Sitio Web: (www.imfc.coop)

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