Cuidado de la Naturaleza y del Medio Ambiente



Cuidar la Naturaleza Para Proteger el Medio Ambiente

“Entre el capital y el trabajo, la ecología es neutral”: Se podrá decir cualquier cosa de Al Capone, pero él era un caballero: el bueno de Al siempre enviaba flores a los velorios de sus victimas. Las empresas gigantes de la industria química, la industria petrolera y la industria automovilística han pagado buena parte de los gastos de la Eco-92, la conferencia internacional que en Río de Janeiro se ocupó de la agonía del planeta. Y esa conferencia, llamada Cumbre de la Tierra, no condenó a las empresas trasnacionales que producen contaminación y viven de ella, y ni siquiera pronunció una palabra contra la ilimitada libertad de comercio que hace posible la venta de veneno.

Como señaló, en aquellos días, el comentarista André Carothers, “en el programa de acción finalmente aprobado, la principal referencia a las compañías trasnacionales entra dentro de la categoría de grupos cuyo papel en los procesos decisorios internacionales debe reforzarse, de manera que los gigantes de la industria figuran junto a los niños, las mujeres y los grupos indígenas’.

En el gran baile de máscaras del fin del milenio, hasta la industria química se viste de verde. La angustia ecológica perturba el sueño de los mayores laboratorios del mundo, que para ayudar a la naturaleza están inventando nuevos cultivos bíotecnológicos. Pero estos desvelos científicos de los grandes laboratorios no se proponen encontrar plantas más resistentes, que puedan enfrentar las plagas sin ayuda química, sino que buscan nuevas plantas capaces de resistir los plaguicidas y herbicidas que esos mismos laboratorios producen.

De las diez empresas productoras de semillas más grandes del mundo, seis fabrican pesticidas (Sandoz, Ciba-Geigy, Dekalb, Pfeizer, Upjohn, Shell, lCD. La industria química no tiene tendencias masoquistas.

En cambio, las tendencias homicidas y mundicidas de los grandes laboratorios no sólo se manifiestan en los países del sur del mundo —adonde envían, bautizados con otros nombres, los productos que el norte prohíbe— sino también en sus países de origen. En su edición del 21 de marzo de 1994, la revista Newsweek informó que en el último medio siglo el esperma masculino se ha reducido a la mitad en los Estados Unidos, al mismo tiempo que se ha multiplicado espectacularmente el cáncer de mama y el de testículo.

Según las fuentes científicas consultadas por la revista, los datos disponibles indican que la intoxicación química de la tierra y el agua tiene la responsabilidad principal en estos desastres, y esa intoxicación proviene, en gran medida, de ciertos abonos y pesticidas industriales.

¿Lo que es bueno para las grandes empresas es bueno para la humanidad? La reconquista de este mundo usurpado, la recuperación del planeta o lo que nos quede de él, implica la denuncia de la impunidad del dinero y la negación de la mentirosa identidad entre la libertad del dinero y la libertad humana.

La ecología neutral, que más bien se parece a la jardinería, se hace cómplice de la injusticia de un mundo donde la comida sana, el agua limpia, el aire puro y el silencio no son derechos de todos sino privilegios de los pocos que pueden pagarlos.

Han sido pobres todos los muchos muertos del cólera en América Latina, ahora que volvió aquella peste de los tiempos viejos: las aguas y los alimentos contaminados por los desechos industriales y los venenos químicos han matado gente como moscas. ¿Será que Dios cree, como los sacerdotes del mercado, que la pobreza es el castigo que la ineficiencia merece? Toda esa gente que había cometido el delito de ser pobre, ¿fue sacrificada por el cólera o por un sistema que pudre lo que toca, y que en plena euforia de la libertad del mercado desmantela los controles estatales y desampara la salud pública?

Chico Mendes, obrero del caucho, cayó asesinado a fines de 1988, en la Amazonia brasileña, por creer lo que creía: que la militancia ecológica no puede divorciarse de la lucha social. Chico creía que la floresta amazónica no será salvada mientras no se haga la reforma agraria en Brasil. Sin reforma agraria, los campesinos expulsados por eljatifundio seguirán siendo puntas de lanza de la expansión del propio latifundio selva adentro, un ejército de colonos muertos de hambre que arrasan bosques y exterminan indios por cuenta del puñado de empresarios que acaparan la tierra conquistada y por conquistar.

Cinco años después del crimen de Chico Mendes, los obispos brasileños denunciaron que más de cien trabajadores rurales mueren asesinados, cada año, en la lucha por la tierra, y calcularon que cuatro millones de campesinos sin trabajo se encaminaban a las ciudades desde las plantaciones del interior.

Adaptando las cifras a cada país, esa declaración de los obispos retrata a toda América Latina. Las grandes ciudades latinoamericanas, hinchadas a reventar por la incesante invasión de los exiliados del campo, son una catástrofe ecológica: una catástrofe que no se puede entender ni cambiar dentro de los límites de una ecología sorda ante el clamor social y ciega ante el compromiso político.

Nuestros hormigueros urbanos seguirán siendo infiernos de la ecología aunque se pongan en práctica los proyectos surrealistas que deliran ante las consecuencias por impotencia ante las causas: en Santiago de Chile proponen volar un cerro con dinamita, para que los vientos puedan limpiar el aire; en Ciudad de México se proyectan ventiladores del tamaño de rascacielos…

Fuente Consultada: Uselo y Tírelo de Eduardo Galeano

ecoretos para un planeta feliz

Naturaleza y sociedad:
Primeras reflexiones sobre  este tema: la crisis del medio ¿acaso no es también una crisis de la sociedad?



El interrogante planteado nos instala, en realidad, en el viejo debate respecto de las relaciones del hombre con la naturaleza. A partir de este eje podemos poner a foco una explicitación más profunda de las causas fundamentales del deterioro del ambiente humano. Sabido es que el hombre a lo largo de la historia ha venido transformando, dominando o sirviéndose de la naturaleza para asegurar su supervivencia. Esa acción la ha ejercido a través del trabajo, y con el transcurso de los siglos fue también perfeccionando los instrumentos de trabajo hasta convertirlos en la moderna tecnología.

Precisamente, el trabajo diferencia al hombre de los animales. Aun así, sabemos que los animales modifican la naturaleza, que en ella, como afirma Engels, nada ocurre en forma aislada. Pero cuando éstos destrozan la vegetación o cualquier otro factor de su entorno lo hacen involuntariamente. En cambio, el hombre transforma, procesa la naturaleza en forma intencionada mediante el trabajo. ¿Por qué, entonces, gran parte de la humanidad vive como si las riquezas naturales fuesen insuficientes para todos, sumidas en la miseria y entregadas a un trabajo alienado?

Una respuesta poco convincente es la que dan los científicos que afirman que las materias primas no alcanzarán en un futuro no muy lejano, que en la tierra los recursos se van empobreciendo debido al exceso de población. Es más viable, en cambio concentrar la atención en los distintos modos que a través de la historia el hombre ha ido realizando el proceso de transformación de las riquezas naturales en alimentos, vestidos, etc. esenciales para su existencia. En torno al trabajo, pues, se ha organizado el ser humano socialmente.

Su lugar en la sociedad va a estar determinado por su lugar en la actividad productiva. Se establecen así lo que se conoce como relaciones de producción. Federico Engels en su clásico libro “El origen de la familia, la propiedad y el Estado”, explica que en la comunidad primitiva la organización de la producción estaba basada en la labor común y en la armonía de las relaciones; todos eran propietarios de los medios de producción y de lo producido. Dado el nivel desarrollado de los instrumentos y técnicas de producción, lo obtenido mediante el trabajo alcanzaba para subsistir y no arrojaba excedentes.

Posteriormente (esquemáticamente expresado), a lo largo de varios siglos, se perfeccionan los instrumentos de trabajo, se accede al uso de algunos metales y en razón del rendimiento del trabajo aparecen excedentes de medios de existencia. Sin embargo no todos van a disfrutar de esos excedentes. Así surge la primera forma de propiedad privada y la sociedad dividida en clases.) Por un lado el sector dominante, propietario de los medio de producción que vive a expensas del trabajo de los demás. Por el otro, los que trabajan para la obtención de los medios necesarios para su subsistencia y para producir medios de vida para los propietarios de los medios de producción. Es así como a la explotación de la naturaleza se une la explotación del hombre por el hombre.

La lucha entre esas dos clases determinadas por el lugar que ocupan en el sistema de producción ha sido y es el motor de la historia. A lo largo de la misma, distintas formas de propiedad de los medios de producción corresponden a distintos modos de producción. Necesariamente en forma esquemática podemos decir que antes de llegar al sistema de producción capitalista de nuestros días, la sociedad humana ha transitado desde la comunidad primitiva por el modo de producción esclavista y feudal.

Pero en este largo y dialéctico tránsito a través de los siglos estos modos de producción “han buscado siempre el efecto útil del trabajo en su forma más directa e inmediata”, sin prever ni importarle en lo más mínimo las consecuencias remotas del mismo. Y esos efectos existen; porque si e! hombre puede servirse de la naturaleza, “después de una de esas victorias —como explica Engels— la naturaleza toma su venganza. Bien es verdad que las primeras consecuencias de estas victorias son las previstas por nosotros, pero en segundo y tercer lugar aparecen unas consecuencias muy distintas, totalmente imprevistas y que a menudo anulan a las primeras.

Los hombres que en Mesopotamia, Grecia, Asia Menor y otras regiones talaban los bosques para obtener tierra de labor, ni siquiera podían imaginarse que, al eliminar con los bosques los centros de acumulación y reserva de humedad, estaban sentando las bases de la actual aridez de esas tierras”.

Pues bien, de todo esto se desprende que el hombre ha venido desde el comienzo de la vida alterando el equilibrio ecológico, y que sus consecuencias como un boomerang recaen sobre sí mismo. Porque, además, el hombre es parte de la naturaleza y no un ser ajeno a ella, ni tampoco antítesis de la misma como lo entiende el dualismo idealista.

Al respecto, dice Engels: “Así a cada paso, los hechos nos recuerdan que nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado, que es el dominio de alguien situado fuera de la naturaleza, sino que nosotros, por nuestra carne, nuestra sangre, nos encontramos en su seno, y todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes. . .”

Ahora bien, si la experiencia de miles de años y el desarrollo de las ciencias naturales permiten prever las consecuencias naturales provocadas por la producción, esto es más una expresión de deseos que una realidad. Porque como se ha visto, todos los modos de producción han perseguido un efecto útil inmediato del trabajo.

En el modo de producción capitalista esta trayectoria se continúa y perfecciona con los progresos de la ciencia y la tecnología. También por primera vez en este modo los productores son separados de los medios de producción; ya no sólo no son propietarios de los mismos sino que tampoco poseen su uso.

Para poder subsistir deben vender su fuerza de trabajo. El hombre pasa a ser por primera vez en la historia una mercancía más. Los propietarios de los medios de producción, le pagan un salario, que tiene el valor necesario para mantener la fuerza de trabajo en condiciones aptas de seguir produciendo y reproducirse. Pero como lo que necesita para ello es de menor valor que lo que produce, existe un excedente que se apropian los dueños de los medios de producción.

La acumulación de plusvalía, dicho a grandes rasgos explica cómo una clase explota y domina a otra Refiriéndose al período capitalista de libre competencia, señala Engels: “Cuando un industrial o un comerciante vende la mercancía producida o comprada por él y obtiene la ganancia habitual, se da por satisfecho y no le interesa lo más mínimo lo que pueda ocurrir después con esa mercancía y su comprador. Igual ocurre con las consecuencias naturales de esas mismas acciones.

Cuando en Cuba los plantadores españoles quemaban los bosques en las laderas de las montañas para obtener con la ceniza un abono que sólo les alcanzaba para fertilizar una generación de cafetos de alto rendimiento, poco les importaba que las lluvias torrenciales de los trópicos barriesen la capa vegetal del suelo, privada de la protección de los árboles, y no dejasen tras de sí más que rocas desnudas.

Con el actual modo de producción, y por lo que respecta tanto a las consecuencias naturales como a las consecuencias sociales de los actos realizados por los hombres, lo que interesa preferentemente son sólo los primeros resultados, lo más palpable”. Interés primordial por lo tanto de la ciencia, la tecnología y la producción industrial dentro del sistema capitalista.

Observemos, por ejemplo, el uso de la energía nuclear. Evidentemente, como descubrimiento científico es un aporte positivo, pero lo que plantea serias dudas son las consecuencias conocidas y posibles de su utilización en el marco de la sociedad capitalista.

El científico John W. Gofman, colaborador en el proyecto Manhattan que tuvo como resultado la fabricación de la bomba atómica, señala que “la industria nuclear es una industria muy peligrosa. . . los que hoy toman decisiones en la materia comprometen el destino. de la humanidad entera y eso por varios milenios. . . La tasa de radioactividad tolerada según las normas existentes en los EE.UU. puede provocar, cada año, la aparición de 32.000 casos de cánceres suplementarios y de 150.000 a 1.500.000 de muertes suplementarias”. Las afirmaciones de Gofman fueron el resultado de sus investigaciones realizadas para la Comisión de Energía Atómica (CEA) de Estados Unidos.

A raíz de la misma se convirtió, junto con otros científicos, en uno de los principales enemigos de la industria nuclear norteamericana. Gofman hace hincapié en la aparente seguridad de las centrales nucleares y afirma que aun si hubiese una posibilidad sobre diez mil de que una de éstas sufriese un accidente grave por año, ya sería un riesgo inaceptable”. Sus descubrimientos —confiesa el científico— se vieron facilitados por el ataque que recibió de las compañías de electricidad General Electric, Westinghouse y de todos los industriales de la energía nuclear, cuando publicaron sus estudios sobre el uso de explosiones nucleares para abrir puertos canales, arrasar montañas y desviar ríos.

“Nos preocupaba también —dice J. G.— la carrera del armamento nuclear que cada vez aumentaba más. Pero la producción de electricidad utilizando reactores nucleares nos parecía totalmente razonable. Sin embargo, como todos los ataques venían del sector de la electricidad nuclear, empezamos a estudiar todo lo dicho y publicado en la materia. Nos dimos cuenta que la industria nuclear era el más gigantesco fraude y que la humanidad entera era su víctima”.

Para el estudioso norteamericano, sería menos riesgoso ponerse a investigar la posibilidad de utilizar una energía limpia, no contaminante como sería la solar. .Sin embargo, observa que la decisión “no puede ser tomada porque las inversiones de la energía nuclear son enormes y los grupos de presión no la quieren perder”. No es casual tampoco que J. Gofman se formule sobre el problema la siguiente reflexión: “Los gobiernos y las grandes compañías industriales van a enfrentarse cada vez más con problemas de ecología y podrán resolverlos cada vez menos en las estructuras políticas clásicas.

En ese sentido la ecología es una ciencia subversiva”.8 Si retomamos la pregunta que nos hacíamos sobre la relación entre la crisis de la naturaleza y la crisis de la sociedad, es factible observar que ambas son expresión histórica de un sistema de producción basado en la explotación de una clase por otra y en donde la ciencia, la tecnología sirven para perpetuar ese sistema.

Tomás Maldonado es muy claro en este aspecto. “El escándalo de la sociedad —afirma— culmina hoy en el escándalo de la naturaleza. El cuadro se completa ahora, y sólo ahora, estamos en condiciones de decir que sociedad y naturaleza pertenecen al mismo horizonte problemático. No existen, como se creía antaño dos contabilidades; por un lado, las cuentas con la sociedad y, por el otro, las cuentas con la naturaleza. . .

Obviamente, hay que tener en cuenta también los factores históricos, es decir, los vínculos condicionantes y determinantes de la sociedad. El feroz saqueo de la naturaleza llevado a cabo durante los dos últimos siglos seria incomprensible sin un examen minucioso de las modalidades operativas de tales factores históricos. En la práctica, esto significa que el interrogante sobre el escándalo de la sociedad debe preceder al interrogante sobre el escándalo de la naturaleza”.

(ver: huella ecológica)

Fuente Consultada:
Úselo y Tírelo de Eduardo Galeano
Transformaciones N°98 La Contaminación Ambiental
Centro Editor de América Latina





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