Biografia de Guillermo II de Alemania Su Reinado y La Guerra Mundial



Biografía de Guillermo II de Alemania

Guillermo II de Alemania ( Berlín, 27 de enero de 1859-Doorn, 4 de junio de 1941) fue el último emperador o káiser del Imperio alemán y el último rey de Prusia. Fue el hijo primogénito de Federico III y de la princesa del Reino Unido Victoria y gobernó entre 1888 y 1918. Nació con un grave defecto físico, una atrofia en el brazo izquierdo, defecto que complicaría su futuro como militar y que a su vez no podía concebirse que la futura cabeza de una monarquía y de un imperio, y jefe supremo de su columna vertebral, el ejército, fuera un lisiado.

Guillermo II, mostró desde el principio de su reinado, sus propósitos de convertir a Alemania en una de las potencias más fuertes del mundo. La consolidación del Imperio fue obra del príncipe de Bismarck, que durante largo tiempo desempeñó el cargo de Canciller imperial. Hombre carente de escrúpulos introdujo un nuevo estilo en la política europea.

Usando la amenaza, cuando no el chantaje internacional, especuló con la fuerza de Alemania para conseguir adquisiciones territoriales en África que aumentaran sus recursos y pujanza con la mira puesta en la consecución del Imperio mundial. Promovió la Triple Alianza, entre Alemania, Austria e Italia, lo que obligó a Francia a contrarrestarla aliándose con Rusia. Debido a divergencias con el emperador dimitió su cargo en 1890, siendo sustituido por Von Bulow, pero la política alemana ya estaba encauzada en sentido imperialista y fatalmente había de conducir a una conflagración.

De Guillermo II, que había nacido el 27 de enero de 1859, uno de sus preceptores dijo que era «el menos apto de todo el país para la carrera militar, estando sin embargo condenado a ella si no quiere renunciar a la corona».

Este defecto corporal atentaba así al rol a que estaba destinado. Por ello las consecuencias que tendría se hallan en la base de la compleja y desequilibrada personalidad del futuro Kaiser. A pesar de su defecto físico, fue tratado austeramente, como si el mismo no existiese, o como si no hubiera de suponer traba alguna para la carrera de las armas. Con ello se pretendió combatir el complejo de inferioridad que en él pudiera surgir.

guillermo II de alemania

A todo el mundo sorprendía la extraordinaria tenacidad con que el joven príncipe trataba de superar su imposibilidad física. Había aprendido a montar a caballo y a manejar las armas, a disimular la atrofia apoyando su mano izquierda en el bolsillo o en el cinturón. Y así, a los dieciocho años, pudo presentar su propio regimiento de húsares ante la admiración y el pasmo de su abuelo Guillermo I. Si bien Guillermo había conseguido superar en todo lo posible su debilidad física, las bases psicológicas para creer en una predestinación estaban dadas. Guillermo II siempre creyó ser un superhombre.

Su carácter neurótico y la inmadurez de su personalidad no pasaron inadvertidos a sus más próximos. Y ello a pesar de la aparente normalidad de su vida (a los 22 años había casado con la princesa de Holstein y a los 25 había sido ascendido a comandante).

Así, cuando en 1886 Guillermo I y Bismarck le concedieron, de común acuerdo, un empleo en el ministerio de Estado, su padre Federico III respondió que «en vista de la insuficiente madurez y experiencia de mi hijo, unidas a su tendencia al orgullo y al engreimiento, considero como muy peligroso mezclarlo ya en cuestiones de política exterior». Guillermo II hizo, no obstante, sus primeras armas en la diplomacia de la mano del veterano «canciller de hierro», a quien por esa época admiraba fervorosamente.

En 1887, y al enfermar su padre de cáncer, fue proclamado Kronprinz. La muerte de su abuelo Guillermo I y de su padre Federico II, tras un brevísimo reinado de tres meses, le llevaron al trono en junio de 1888. Bajo el nombre de Guillermo II fue proclamado rey de Prusia y emperador del II Reich alemán.



Guillermo II quiso gobernar desde el primer momento. Su enfrenta-miento con el todopoderoso «canciller de hierro» era poco menos que inevitable si su pretensión era la de participar en todos los aspectos de la política interior y exterior. Las atribuciones del canciller y el Kaiser en la Alemania de la época, aunque definidas por disposiciones complementarías, poseían una notable ambigüedad de hecho que dificultaba enormemente en la práctica el deslindamiento de las áreas de competencia propias.

Cuando en mayo de 1889 estalló una huelga de cien mil trabajadores en la cuenca del Ruhr, las diferencias de apreciación política entre el joven monarca y el canciller saltaron a la vista.

El Kaiser quería poner en práctica una política de reformas sociales para así adquirir un gran prestigio. Exigía la supresión del artículo del destierro y una suavización de la ley contra los socialistas, así como una mejora de las condiciones laborales de la clase obrera. No estaba dispuesto, por otra parte, a abrir una crisis social y constitucional en los inicios de su reinado, crisis que sobrevendría, para él, caso de aplicar lapolítica de mano dura preconizada por el anciano canciller.

 bismarck otto

Por ello publicó un decreto en el que anunciaba el proyecto de una conferencia social de las potencias, puesto que, como dijo, «al socialismo internacional hay que oponerle un acuerdo también internacional» y otro en el que proyectaba una ley que había de establecer y regular la formación de «consejos obreros» representativos.

Pero cuando en las elecciones de 1890 los socialistas doblaron sus votos, cuando, asimismo, la Federación de obreros del Rhin, apoyándose en las promesas del Kaiser, reivindicó la confiscación de las minas y su apropiación por los obreros, entonces, la lucha entre Guillermo II y Bismarck estalló con toda su dureza; ambos trataron por todos sus medios de imponer sus criterios. El Kaiser ya no podía soportar al poderoso canciller que se interponía en todas sus decisiones de gobierno y que imposibilitaba su propio personalismo en la política.

Por otra parte, sus más íntimos colaboradores —el general Waldersee, Eulenburg, Holstein— apoyaban su hostilidad hacia el canciller. La tiranía del anciano era detestada y contaba con la oposición de muchos sectores en la Alemania de la época. La fricción entre ambos se hizo más insoportable si cabe cuando se opusieron sus diferencias en materia de política exterior. Guillermo II no era partidario del sistema de alianzas que Bismarck había establecido con Austria y Rusia por la cuestión de los Balcanes.

La alianza con el zar no era apoyada por él. Y así, cuando en marzo de 1890 se recibieron informes de movimientos de tropas rusas y de su preparación para la guerra, el Kaiser encontró la justificación que buscaba para forzar la dimisión del canciller.

familia de guillermo ii de alemania

Familia de guillermo II de alemania



Tras la caída de Bismarck, Guillermo II se encontró sin obstáculo alguno para gobernar personalmente. La denominada «era guillermina» (1890-1914) se iniciaba mediante la política del neuer Kurs, política de la «buena ruta», en la que el Kaiser iba a dar paso a su autocratismo, asistido e influenciado por dos hombres, Eulenburg y Holstein, y con un nuevo canciller, Caprivi, que en muy poco iba a interponerse a sus deseos.

Su autocratismo se puso de manifiesto cuando afirmó: «Yo no reconozco más que dos partidos políticos: ¡Los que están conmigo y los que están contra mí!» Su profundo desprecio por toda forma de gobierno democrática se expresaba al tratar a los diputados del Reichstag de bueyes e ignorantes.

Guillermo II reinó en la época de auge del imperialismo europeo. Los treinta años de su reinado se inscribieron en la lucha por la hegemonía mundial que entre sí entablaron las grandes potencias europeas.Y aunque su política exterior estuvo casi siempre lastrada por la falta de iniciativa y de una política de alianzas clara y no vacilante, su lema fue: «Política mundial como misión, potencia mundial como meta, poder naval como instrumento.»

Jorge V de inglaterra y Guillermo II

 

Como Kaiser sobrevaloró en mucho las fuerzas de su imperio en el concierto de las potencias europeas. La creencia en su predestinación y en la de su reino resultaron fatales para el II Reich y para él mismo, en un momento histórico en que las principales potencias del mundo se hallaban empeñadas en una carrera para ocupar las mejores posiciones en el reparto colonial.

Con ocasión de la guerra de los boxers en China, Guillermo II afirmó rotundamente: «El Océano es indispensable para la grandeza de Alemania, pero el Océano demuestra también que, sobre él y al otro lado de él, no se puede tomar ninguna importante decisión sin contar con el Emperador alemán.»

Otro factor de decisiva importancia para el Kaiser era el prestigio. Y el prestigio podía obedecer, a veces, a reacciones desencadenadas por su orgullo herido. La política en África, que había concluido con un fracaso, había sido llevada a cabo con el propósito de aumentar el prestigio del II Reich y con la pretensión de que las conquistas en aquel continente proporcionarían a Alemania una posición de arbitro en los conflictos europeos.

En 1898 inicia un programa de construcciones navales   bajo la dirección del almirante Von Tirpitz, era un sueño acariciado desde hacía algunos años por el Kaiser. La transformación del II Reich de potencia terrestre, al igual que Rusia y Francia, en potencia marítima, podía hacer realidad, para el Kaiser, la utopía del dominio mundial. Y si bien la expansión colonial alemana en África y Asia necesitaba de una poderosa marina de guerra capaz de salvaguardar las posesiones ultramarinas, tenerla significaba igualmente poder prescindir de cualquier alianza con Inglaterra. Con una poderosa marina el Kaiser podía hasta competir con ella.

En marzo de 1905 desembarcó en Tánger para «asegurar la soberanía del Sultán». Desembarco calificado de «histórico» por los consejeros del emperador y que provocó abiertamente a Francia. Tras esta  aventura de Marruecos, que tampoco supuso ningún resultado para Alemania, y sí en cambio reforzó su aislamiento, Guillermo II decidió realizar su propia ofensiva diplomática, ateniéndose a que Rusia había salido derrotada en la guerra contra el Japón.



Llegamos a 1908, año que marcó las dos épocas de la «era guillermina». Los veintes primeros años del reinado de Guillermo II constituyeron su época brillante y esplendorosa. De 1908 a 1918 las cosas fueron bien diferentes y el Kaiser ya no fue el mismo de antes. Y es que en 1908 acontecieron los días más críticos de su reinado. Después de ellos, el proceso de disgregación interna del II Reich se aceleró; y en el exterior el aislamiento total de Alemania se agudizó más si cabe.

Después de la crisis de 1908 se volvió más reservado y más cauto. A medida que el arsenal alemán aumentaba y que el ejército se hacía más poderoso, el Kaiser aminoró el tono de sus declaraciones, abandonó igualmente los gestos marciales, así como su retórica altisonante y provocadora. Alemania estaba aislada como consecuencia de la política llevada a cabo por el Kaiser en los años anteriores, y él mismo estaba aislado dentro de Alemania. Cuando estalló la primera guerra de los Balcanes en 1912, el Kaiser no quiso intervenir en apoyo de Turquía.

Tras el asesinato de Francisco Fernando en Sarajevo, quedó muy afectado y afirmó que había que barrer a los servios «ahora o nunca». Pero en el mismo mes de julio de 1914 se embarcó como cada verano durante tres semanas.

Su autoridad en tiempos de guerra debía de ser más absoluta todavía, puesto que la lógica militar había paralizado todo vestigio de vida política. Su responsabilidad en la guerra fue grande; así por ejemplo en la batalla del Marne. Pero aprisionado por su indecisión, aterrorizado por tener que asumir las enormes responsabilidades de su cargo, fue poco a poco desplazado de todo poder real por los altos jefes militares. Todavía trató de compensar ,su ineficacia para el mando del ejército terrestre mediante la dirección de «su marina».

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No obstante cuando en agosto de 1916 Hindenburg y Ludendorff se hicieron cargo del alto estado mayor, él mismo renunció a sus poderes. Hasta el final de la guerra no habría de ser sino un objeto decorativo, sólo apto para las ceremonias oficiales y la imposición de condecoraciones.

Cuando se acercaba la firma del armisticio, la guerra ya perdida, el Kaiser inició una democratización de su régimen, tardía, y que trataba de involucrar al pueblo alemán en la responsabilidad de la guerra. Pero todo el mundo pedía ahora la caída de Guillermo II, tanto en el interior de Alemania, como en el exterior, donde Wilson, el presidente norteamericano, imponía aquélla como condición para la firma del armisticio.

Era necesario que aquel hombre que durante treinta años había estado provocando a todo el mundo, el máximo responsable de aquel régimen ahora vencido que había iniciado la guerra, desapareciese. Hasta los mismos monárquicos deseaban su dimisión. La revolución de noviembre de 1918 en Alemania acabó con sus últimas esperanzas de conservación del trono. Hindenburg le ordenó finalmente que se marchara. Y finalmente abdicó y huyó hacia Holanda.

Iniciaba así su exilio de más de veinte años en Doorn (Países Bajos), donde fallecería el 4 de junio de 1941.

Respecto a su personaliad , Guillermo II se redujo a la necesidad de conseguir una buena apariencia. Hombre inestable, inseguro, maleable —en un día llegó a cambiarse hasta doce veces de traje— necesitaba mostrar una personalidad recia y marcial que no poseía. De ahí sus poses de Atila y la retórica farfullante de sus discursos. Y provocadora. Orgulloso, resentido, extraordinariamente susceptible, Guillermo II estuvo dominado en el interior de Alemania por su pánico a la revolución, y en el exterior por su miedo y su complejo de inferioridad hacia Gran Bretaña. Sus escasas tendencias liberales fueron muy pronto ahogadas por su autocratismo. Su inteligencia y su habilidad se vieron limitadas por su carácter voluble y su propia inestabilidad.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Guillermo II de Alemania “El Último Kaiser” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

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