Pedro de Valdivia y Diego de Almagro Conquista de Chile



Pedro de Valdivia-Diego de Almagro-Conquista de Chile

Almagro, compañero de Pizarro en la conquista del imperio inca, parte para Chile en 1535, descontento de su situación, cansado de verse relegado siempre a segundo término y tratando de encontrar su “El dorado” particular.

Pedro de ValdiviaAl frente de medio millar de españoles y siguiendo una antigua ruta incaica, bordeó el lago Titicaca y llegó hasta las comarcas septentrionales de la actual República Argentina; atravesó luego la cordillera andina, a más de cuatro mil metros de altitud, entre penalidades y fatigas increíbles.

El frío era tan intenso qué a muchos se les caían las uñas y, al descalzarse, se les quedaban los dedos de los pies arrancados y pegados a las botas. Al fin, pudo llegar al valle de Copiapó, en la costa chilena del Pacífico.

Decidió regresar al Perú y disputarle a Pizarro el más asequible y rico botín del antiguo imperio de los incas.

Aun así, a la vuelta tuvo que sufrir otra odisea a través del desierto de Atacama. En 1537 llegaron a Cuzco los supervivientes de la expedición, Almagro entre ellos. Aquel lejano sur parecía un país indómito.

Otro conquistador, Pedro de Valdivia, intentaría de nuevo la empresa. Nacido hacia 1500 en la población extremeña de Villanueva de la Serena, se distinguió por su valor militar en Flandes y en la batalla de Pavía (1525); llegó en 1535 a Tierra Firme (Venezuela), y de allí se dirigió al Perú.

Se granjeó la amistad de Francisco Pizarro, y después de ayudarle a vencer a su rival Almagro solicitó del conquistador del imperio inca la autorización de conquistar a su vez el territorio chileno.

Salió de Cuzco en enero de 1540, con centenar y medio de españoles y un millar de cargadores indios para llevar la impedimenta, provisiones, animales domésticos, herramientas y semillas. Atravesó el desierto de Atacama de norte a sur y llegó a Copiapó.

El 12 de febrero de 1541 fundaba la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo y dio a todo el territorio el nombre de Nueva Extremadura; constituyó el Cabildo o Ayuntamiento de la recién fundada capital y, en calidad de gobernador y capitán general del país, empezó una serie de fundaciones que se convirtieron con el tiempo en florecientes ciudades, entre ellas La Serena (1544), Concepción (1550), La Imperial (1551) y Valdivia (1552).

A la organización interna se añadían sus preocupaciones exteriores, a las que debía también acudir y atender. De 1547 a 1548 hubo de abandonar momentáneamente el territorio chileno y pasar al Perú, donde derrotó a Gonzalo Pizarro, que se había sublevado con un grupo de partidarios. Y luego, hacer frente a los indomables indígenas araucanos, que vivían en la cuenca del río Bio-Bío y hostilizaban las comarcas entre Concepción y Valdivia.



En 1553, cuando el infatigable conquistador creía asegurada la tranquilidad de la colonia, estalló una terrible sublevación de araucanos que se levantaron en masa y atacaron los fortines españoles, dirigidos por un bravo guerrero indígena, Caupolicán.

Acudió Valdivia en socorro de las fortalezas amenazadas con una reducida columna de cuarenta jinetes; cayeron sobre él millares de indios y trató con denuedo de defenderse, pero dirigía esta vez a los araucanos el joven Lautaro, antiguo servidor de Valdivia, que se fingió cristiano, se dedicó al espionaje y se pasó después al bando indígena: conocedor de la táctica militar castellana, desarrollo un estudiado y habilísimo plan de ataque y derroté a los españoles.

Lautaro fue derrotado más tarde (1557) por los españoles y, vencido y muerto también Caupolicán, el Arauco fue sometido por los españoles.

LA MUERTE DE VALDIVIA: El cráneo seccionado de Pedro de Valdivia, gobernador de Chile, convertido en vaso para la chicha, era el más preciado trofeo que en sus fiestas mostraban los araucanos. El infortunado conquistador había sido herido en batalla y luego apresado.

Primero le echaron tierra mezclada con polvo de oro en la boca y lo baquetearon como a un arcabuz, para que se hartara de aquello que con tanta inmisericordia buscaban los llegados desde allende los mares. Luego se lo fueron comiendo de a bocados, minuciosamente, manteniéndolo vivo durante tres días.

No es de extrañar que Rodrigo Quiroga, gobernador de Chile después de Valdivia, al caer enfermo durante una de sus campañas contra los araucanos, rogaba “que en algún arroyo de los que por allí había le hiciese enterrar, apartando el agua, y volviéndola a echar después por encima del cuerpo, porque los indios no le pudiesen hallar, ni le llevasen”.

Su postrer precaución es explicada por Aguado de los Musos: “(…) porque esta malvada gente es tan caníbal, o a lo menos lo era en este tiempo, que por comer de un español cavaban todo un campo donde presumieran estaba enterrado, sólo por haberles dado a la imaginación que comiendo ellos carne de españoles habían de ser valientes y animosos guerreros

Fuente Consultada: Historia Universal de Carl Grimberg – Pacho O´Donnell

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