Primeros Diarios del Mundo Historia y origen de la Prensa Escrita



Primeros Diarios del Mundo
Historia y origen de la Prensa Escrita

ORIGEN E HISTORIA DEL PERIODISMO: Existe consenso de que la prensa es, en esta época, un complemento de los tres tradicionales poderes de gobierno. Y en tal sentido se la denomina cuarto poder.

A partir de esta aproximación definidora, se la presenta, indistinta y simultáneamente como: a) órgano expositor de la opinión pública, de expresión y defensa de lo que piensa, quiere o siente esa difusa opinión pública; b) como esclarecedora, educadora y forjadora de la opinión pública.

En los clásicos planteos sobre el cuarto poder y la opinión pública, se elude algo esencial y que hace al fondo de esta relación: la prensa constituye una de las representaciones más genuinas de intereses sociales o sectoriales determinados.

De manera que no puede hablarse de periodismo en general, pues cada órgano informativo (periódicos, radio, televisión) traduce siempre sus conveniencias específicas.

Y esto ocurre no solamente a través de sus columnas de opinión, de sus editoriales, sino también por y dentro de la misma información, presunta y pregonadamente objetiva.

Inclusive con la publicidad, ese recurso ya insustituible de la prensa occidental, aportado por el siglo XX, que permite ediciones o difusiones a menor costo y que se ha constituido en una rama de la información que los lectores reclaman por costumbre.

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Orígenes
Se supone que los publicados en Roma, en tiempos del Imperio y por mandato de Julio César, constituyen el prototipo remoto del periódico moderno.

Una orden imperial disponía la publicación de las sesiones del Senado —»Acta Senati'»— y las comunicaciones de las Asambleas Populares —»Diurna Populi Romani»— así como otros acontecimientos de la vida romana.

Claro que aquellos remotos antecesores de los modernos tabloids tenían forma de cartel y estaban escritos en tablas enceradas que luego se exponían al pueblo. Los habitantes de otras ciudades, a su vez, se enteraban de los acontecimientos por medio de las copias que lograban escribas especializados, que las remitían a diferentes regiones del vasto imperio.



Con posterioridad, la información siguió difundiéndose con los moldes de Julio César, sólo que de manera más masiva y en la confección y propalación de noticias participaron mercaderes, frailes, mensajeros, etc.

Con los años, un papel preponderante fue cumplido por las nuevas universidades, donde no sólo se daban noticias, sino que también se las interpretaba. Los centros comerciales se convirtieron en verdaderas bolsas de información.

La invención de los tipos móviles por Gutenberg, en el siglo XIV, fue, sin duda, un aporte revolucionario al periodismo.

Con el siglo XVI emergen las primeras agencias, esto es, una suerte de oficinas permanentes donde se recopila la información y ‘luego se vende; claro que lo esencial de la tarea de estas agencias giraba en derredor del eje comercial: entrada y salida de barcos, precios de las mercaderías, seguridad en las vías de comunicación (si los caminos estaban libres del acecho bandolero), etc.

La relevancia de los escribientes de noticias está demostrada con la creación de una corporación de «scritori d’ avvisi» veneciana.

Tiempo después, una entidad similar aparecío en Roma, donde, por comunicar hechos que eran del agrado del Papa, se emitieron bulas condenatorias año 1572.

Paralelamente, en Francia e Inglaterra brotan las «hojas volantes», que exponen la vida urbana, rumores, crónicas de la vida en la sucesos variados («Nouveles á la main», en París y el «News Letter» en Londres). Tales boletines son la vanguardia que posibilita una nueva profesión: la de recoger, redactar, eleg editar noticias.

Claro que para los primeros periodistas profesionales, las cosas no siempre pintaban bien. Los gobiernos respectivos y también los Estados Pontificios eran adversarios de estas hojas y en los siglos XVI y XVII se promulgaron sistemáticamente edictos contra los realizados pero, naturalmente, las hojas continuaron en boga.

Es en esta etapa cuando aparecen las primeras oficinas especializadas en la caza de información y nace la profesión de reportero. Uno de los primeros nombres del periódico es de gaceta.

Sobre la génesis del término hay distintas versiones. Algunos historiadores vinculan el término a la gazzeta, moneda de cobre empleada en la República de Venecia; las hojas volantes que reunía la oficina noticiosa veneciana eran multiplicadas por los escribientes y se vendían al precio de una gazzetta cada ejemplar.



Esta explicación no parece muy verosímil, pues debe considerarse que los procedimientos de reproducción de las hojas volantes con los primitivos métodos de! momento, no permitirían tiradas capaces de mantener precios tan módicos.

Es más, se sabe que en Francia, hasta 1836, los periódicos se publicaban en bajas tiradas y su precio era muy elevado. En el año mencionado, Emile de Girardin, mediante la inserción de anuncios comerciales y sociales, encontró la manera de disminuir de 80 a 40 francos el pago por la suscripción de «La Presse», periódico por él editado.

Otro origen etimológico de gaceta puede ser, también, el del primer periódico galo, «Gazzette», editado en 1631 por Théophraste Renaudot, historiador, médico y amigo de Luis XIII. Esta hoja sobrevivió trescientos años, y luego, con el título de «Gazzette de France», perduró hasta 1914.

Muchos consideran que la patria de la prensa moderna es Amberes, ciudad belga donde en 1605 el archiduque Alberto concedió al impresor Abraham Verhoeven el derecho de imprimir y grabar en madera o metal «todas las noticias sobre victorias o conquistas de ciudades».

Mas Verhoeven no utilizó este derecho para realizar publicaciones periódicas, al igual que el tipógrafo vienes Hans Zingriner no se había valido del permiso análogo concedido por las autoridades, que! le dejaban «anunciar todas las novedades referentes a la ciudad».

Al parecer, esto le permite al profesor germano Heinrich Meier afirmar, en su «Historia de la Humanidad», que el primer periódico y el primer libro se imprimieron en Alemania.

Otros estudios, aseguran que la primera edición regular de un periódico fue la germana «Avtj-Relation oder Zeitung» (1609) y le siguieron «Niewe Tydingen» en Amberes (1616), «Kuranti» en Rusia 1621); luego el periódico británico ‘The Weekly News from Italy, Germany, etc.», fundado en Londres en 1622 por Nicholas Burn y Thomas Archer; ia ya mencionada «Gazzette» (1631); el periódico italiano de Florencia (1636); el sueco «Ordinarie Post Tidente» (1643, en Estocolmo). El primer diario norteamericano fue el «Boston Newsletter (1704) y en España, el «Diario Noticioso, curioso, erudito, comercial, público y económico’ (1758).

Aunque la mayoría de las publicaciones aparecidas en el siglo XVII eran semanales, su venta dependía del estado de las comunicaciones postales y de los plazos de salida. 1660 es el año de la aparición del primer diario, el «Leipziger Zeitung»; en 1702, en Inglaterra surge el «Daily Courant»; en 1703, en Rusia, el «Vedomosti», y en 1772, en Francia, el «Journal de Paris».

Las tiradas de estos diarios eran insignificantes pues dependían de técnicas tipográficas elementales; el famoso «Times» londinense se imprimía en un taller de mano que rendía unos 400 ejemplares por hora hasta que en 1814 comenzaron a emplearse máquinas que daban hasta 1.100 copias horarias.

También limitaban las tiradas las dificultades de correo, las prohibiciones gubernamentales y la censura. Por ejemplo, en Inglaterra, de 1712 a 1855, para impedir la propagación periodística entre la población, cada ejemplar se sometía a un impuesto especial.



A la editorial «La Gazzette», en Francia, se le concedió el derecho de la publicidad, pero, por lo visto, hubo intentos de acabar con este monopolio y en 1673 se logró cierto éxito, ya que comenzó a ver la luz el «Mercure Galant»; durante la Revolución burguesa de 1789 se fundaron 350 periódicos. Con las transformaciones sociales de los siglos XVIII y XIX, los nacientes periódicos, fiel expresión de la nueva clase triunfante, obtuvieron inmensa difusión.

El nuevo sector social en ascenso aprovechó este estratégico medio en su lucha contra la monarquía feudal y aristocrática y su servil aparato estatal; y éstos, al apreciar la afluencia política del periodismo sobre la opinión pública, trataron, inútilmente, de impedir su propagación.

Pero esta etapa ya corresponde a los tiempos modernos y el constante aporte tecnológico hará su obra.

Contenidos
Un diario o periódico implica ideas, argumentos, pruebas, contraposiciones, estudios, análisis de os acontecimientos, de los hechos o fenómenos, perspectivas de su desarrollo. Pero no solamente eso.

En el periodismo, la información ocupa un lugar sumamente importante; «s más, sería inconcebible un periódico sin noticias.

Y esto es el resultado de la apremiante necesidad que experimentó la sociedad humana de saber qué pasa.

Por ello puede afirmarse que es imposible cultivar el periodismo sin difundir noticias sobre los sucesos, problemas del mundo, ideas, etc.; y la información se convierte en el factor esencial y determinante de toda la prensa. Sin embargo, sería erróneo suponer que el objetivo del periodismo sea únicamente propagar información, como ordinariamente se intenta hacer creer.

Para ello basta con abrir cualquier periódico comercia!, en e! cual se encontrará el Sector, no sólo con noticias e informaciones, sino con juicios y comentarios sobre éstas, artículos, ensayos, etc.

Por otra parte, algunos teóricos intentan disfrazar !a tendencia propagandística de la prensa, que por !o general es portavoz del grupo o de uno de !os grupos sociales dominantes, y no de toda la sociedad. Vistas así las cosas, se comprende que los contenidos del diario difícilmente puedan ser exactos, objetivos e imparciales.

El conocido periodista australiano Alberí Mander narra en- «La prensa, enemigo de !a sociedad» (Sidney, 1945) cómo e! conservador Stanley Baldwin, primer ministro británico, perdió un día el equilibrio y la ecuanimidad durante la depresión de 1931 y decidió decir toda la verdad sobre un grupo de influyentes diarios; «Daily Express», «Daily Mail», «Evening News», «Evening Standard», «Sunday Express» y «Sunday Qispatch».

Entonces declaró: «Los periódicos dirigidos por lord Rotherme y lord Beaverbrook son un simple instrumento de propaganda en interés de políticas que cambian constantemente de acuerdo con los anhelos, deseos personales, predilección, amistad o enemistad entre dos personas.

¿Cuáles son los procedimientos? El silencio, la exposición falsa, la inexactitud y la tergiversación de los hechos.»

Mander cita también las palabras de lord Bryce: «Los periódicos se convirtieron en una de las armas más eficaces, con cuya ayuda el poder del capital, puede influir en la política».

En un trabajo del británico Denis Thompson, se lee: «El periódico moderno es un ingenioso invento que sirve para privarnos de una auténtica información y comprensión de los acontecimientos».

Y para demostrar que la afirmación precedente no es una diatriba ni una «figura literaria», abordemos el siguiente testimonio que no solamente tiene validez para el caso inglés. Pertenece al influyente «The Observer», de Londres, que al resumir la actividad del Instituto Internacional de Prensa, con sede en Zurich, expresa: «Es doloroso saber que más de la mitad de los lectores de Inglaterra (1965) no sabe qué partido se encuentra en el poder en los Estados Unidos y que la mayor parte de los lectores norteamericanos ignora quién es el ministro de relaciones exteriores del Reino Unido».

Y agrega: «Ya alarma más la opinión casi unánime de redactores y corresponsales quienes aseguran que la información sobre la vida de sus respectivos países, trasmitida por sus colegas extranjeros, está tergiversada, induce a equívocos y hasta es excéntrica en lo que respecta a América Latina o Asia.

«¿Qué hacer? No es fácil responder a este interrogante. Sin embargo, considerando que nuestro mundo se ha estrechado y que sus zonas viven hoy en mutua interdependencia y que la opinión pública pretende adquirir una determinada influencia en la esfera de la política exterior, es necesario comprobar que la situación actual provoca seria alarma y no se la puede ignorar.»

No está de más recordar que «The Observer» es uno de los rotativos mundiales considerado más serios y formales, preferido por una minoría selecta de público intelectual.

Lakes, ex ministro de gobierno de los Estados Unidos, memora la siguiente manifestación de presidente Franklin D. Roosevelt: «Un artículo en un periódico que contenga un 20 por ciento de patrañas o desaciertos, es todavía decente. Pero en la mayoría de los casos, lo no veraz sobrepasa el 80 por ciento.»

ORÍGENES DE LA PRENSA LATINOAMERICANA

Los orígenes de la Prensa Latinoamericana se remontan a la época colonial; de España surgieron los modelos iniciales, aunque su contenido, desde el principio, entró en colisión con las ideas de la Corona.

La Administración metropolitana debió restringir la difusión de aquellas primitivas hojas informativas y muchas ediciones soportaron extensas esperas hasta llegar al público, pues la censura era estricta.

Los primeros periódicos fueron: La Gazeta de México y Noticias de la Nueva España, editado el 1° de enero de 1722; Gazeta de Guatemala (1729); Gazeta de Lima (1743); Gazeta de la Habana (1764) y El papel periódico de la ciudad de Santa Fe de Bogotá (1791)

A estas gacetas siguieron otros periódicos, en distintos puntos del continente, que rompían lanzas por reformas económicas favorables a un mayor desarrollo de las colonias, precursoras, a su vez, de las que serían voceros de las influencias revolucionarias europeas y órganos de los criollos que combatían por la Independencia.

A partir de allí, el proceso de avance de !a prensa es común al esbozado en otras páginas de este trabajo, pues la trascendencia política y la tendencia social no se diferenciaba de la de otros Estados capitalistas.

En todo el continente, en 1970, se publicaron 930 diarios con un tiraje global de 18.000.000 de ejemplares, a razón de 10 ejemplares cada 100 habitantes, aproximadamente.

El Brasil editaba más rotativos que el resto: 261 con 4.400.000 de copias; México la mayor cantidad de ejemplares: 4.700.000 correspondientes a 200 diarios. Uruguay con 30 diarios y 1.000.000 de ejemplares había alcanzado el más alto nivel de difusión a razón de 28 cada 100 habitantes.

La Argentina roza una tirada de 1.900.000 con 230 títulos. Son dignas de atención la prensa de Cuba y Chile, por las características que han debido adoptar a partir fe los procesos trasformadores que se operan en esos países.

Para Cuba, la revolución creó, m los primeros momentos, una compleja situación, pues la mayoría de los editores se plegaron a la contrarrevolución v emigraron a EE.UU.

Actualmente (1980) se publican 11 diarios con una tirada de un millón de copias. Con el gobierno de la Unidad Popular, en Chile, se produce un fenómeno inédito en la Historia: un equipo socialista en el poder, mantiene una situación ideológica deficitaria en lo que se considera el principal medio propagandístico y esclarecedor.

Por ello, la vieja prensa —El Mercurio, La Prensa, La Tercera, etc.— conserva todo su potencial de penetración y «al mismo tiempo, su estructura comercial-industrial frente al renovado esfuerzo de los diarios populares «Puro Chile», «El Siglo», «La Nación» y el difundido «Clarín». El camino revolucionario dentro de cauces constitucionales, determina estas singulares pautas de paciencia frente a la prensa reaccionaria.

Fuente Consultada:
Texto Basado en Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe -Wikipedia-Encarta
Transformaciones, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX – Tomo N° 4 –  Los Estudiantes
Centro Editor de América Latina

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