El Equilibrio de Poderes Concepto, Objetivos e Importancia



El Equilibrio de Poderes: Concepto, Objetivos e Importancia

A principios del siglo XVIII empieza a manifestarse en Europa el descrédito del despotismo. La tendencia general, en lo que a organización política de las sociedades se refiere, apunta a las monarquías de autoridad limitada o a la república lisa y llana.

montesuieuEn el año 1748, la aparición del El espíritu de las leyes, obra fundamental de Montesquieu, sienta las bases de una determinada forma de organización del gobierno del Estado: la separación de poderes.

Montesquieu no es absolutamente original en cuanto a la exposición de esa doctrina, pues recoge opiniones anteriores, de Aristóteles y Locke entre otros, pero les da forma definitiva. Para él, el despotismo es comparable «al silencio de una población que acaba de ser ocupada por el enemigo«. Orden, sí. Pero también en los cementerios reina un orden estricto.

Frente a la dictadura: la agitación política, la división de la sociedad en partidos, intensa vida pública.

Frente a la hegemonía de un órgano de gobierno sobre los otros, la prepotencia y los desbordes de poder: un sistema constituido por diversos centros, a cargo de agentes diferentes y con esferas propias de acción, que posibiliten independencia en las decisiones. El Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial, asegurando garantías de libertad para cada ciudadano. Después de todo, el mayor logro de un gobierno es hacer que ningún ciudadano tenga miedo de otro.

El principio del equilibrio

Parece ser una constante: todo hombre investido de autoridad tiende a abusar de ella. La concertación de poder bordea siempre la extralimitación. La Constitución de cada Estado democrático es la que debe prever esos abusos e instrumentar las soluciones. Que el poder sirva de muro de contención al propio poder: tal es el principio del equilibrio de poderes. Que el poder sea manejado por manos diferentes. Y que a todo poder del Estado se le anteponga otro poder.

Un verdadero sistema de frenos de contrapesos, una verdadera balanza de autoridades. De esa forma, los diferentes centros de fuerza no se convertirán en instrumentos de opresión.

Esta teoría del equilibrio de poderes es el complemento indispensable de la otra, la que instituye la separación de poderes. Si el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial se mantuvieran dentro de la estructura del Estado como tres potencias independientes, aisladas y sin relaciones recíprocas, se suprimiría el contrapeso de prerrogativas y las mutuas limitaciones y, a la larga, uno. el más fuerte, se impondría a los demás. Para evitarlo, son necesarias las injerencias parciales de un poder en otro, y la coordinación de las influencias de los diferentes centros de poder. Esa medida es lo que preservará el equilibrio.

Es cierto, esa constante búsqueda de equidad, complica el engranaje del Estado. Los gobiernos más simple-son los despóticos, donde una sola mane hace y deshace, firma y ejecuta, castiga y acaricia. Pero también es cierto que la primera obligación de un pueblo libre es conservar la libertad.

La voluntad popular

En 1810, desde la «Gaceta», escribía Mariano Moreno: «Equilíbrense los poderes y se obtendrá la pureza de la administración». Porque los poderes son independientes, soberanos en la esfera de sus atribuciones, con fuerza suficiente para decidir sin apelación sobre la materia a cada uno de ellos confiada. Pero, combinando, esas diferentes independencias, se asegura la colaboración y la acción armónica dentro de un mismo engranaje.



No basta con eso, sin embargo. A esa coordinación entre los diferentes poderes del gobierno debe agregarse otra: la concordancia entre el accionar de los dirigentes y la opinión de la colectividad. Este es un elemento fundamental. El gobierno debe pulsar la misma cuerda que los gobernados.

Interpretar sus sentimientos y sus opiniones, jamás acallarlos. En eso consiste dar satisfacción a las verdaderas necesidades del país, promesa que aparece en todas las plataformas electorales y que a fuerza de repetida empieza ya a sonar vacía para muchos. El desacuerdo entre los diferentes poderes puede paralizar la acción del gobierno.

En cambio el desacuerdo entre gobierno y pueblo puede desquiciar un país. La armonía entre los poderes no puede lograrse mediante las acciones artificiosas de coaliciones más o menos hábiles. La armonía entre gobierno y pueblo, tampoco: sólo la voluntad nacional, la opinión pública, deben tener la última palabra.

La Constitución Nacional:

Para asegurar un verdadero equilibrio de poderes, es necesario primero delimitar con claridad cuáles son las funciones de gobierno y luego atribuir cada una de ellas a diferentes centros de poder. Es necesario preocuparse por la independencia funcional de cada uno de ellos y, al mismo tiempo, establecer una red de contralores recíprocos por medio de la participación prudente de cada uno en la actividad de los demás.

Hay que crear los resortes adecuados que permitan solucionar los conflictos entre los diferentes poderes, cada vez que ellos surjan. La observancia de estas reglas es la que permite el funcionamiento de un gobierno eficiente, armónico y que garantiza la libertad popular.

Nuestra Constitución establece, con claridad, las diferentes atribuciones inherentes a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. En primer lugar, las que corresponden específicamente a cada uno de los departamentos gubernativos: administrar, elaborar las leyes y aplicar la justicia, respectivamente. Luego, las que se asignan teniendo en cuenta, más que nada, las características del poder político en que se depositan: una guerra, por ejemplo, compromete de tal modo la seguridad y el destino de un pueblo que, para declararla, se impone una de las consultas más amplias a la comunidad y por eso ambas Cámaras deben autorizar la iniciación de las hostilidades.

Finalmente, las que sirven para coordinar la acción de los poderes, haciendo participar a cada uno de las acciones propias de los demás, como forma de colaboración y de contralor. A través de ellas se manifesta la puesta en funcionamiento del principio del equilibrio de poderes. De esta forma, el Poder Ejecutivo se vincula con el Poder Legislativo cuando presenta proyectos de ley a las Cámaras o les impone su veto suspensivo. Y con el Poder Judicial cuando indulta o conmuta penas.

El Poder Legislativo se vincula con el Ejecutivo, cuando el Senado da su acuerdo al presidente para declarar el estado de sitió en caso de ataque exterior o para nombrar jueces, diplomáticos y miembros superiores de las fuerzas armadas. Y con el Poder Judicial, cuando enjuicia políticamente al presidente, vice, ministros y jueces de la Corte Suprema, acusados por la Cámara de Diputados.

Por último, el Poder Judicial se relaciona íntimamente con los otros dos, desde el momento en que puede declarar la inconstitucionalidad de las leyes y decretos expedidos por el Congreso y el Ejecutivo. Por eso se denomina al Poder Judicial «Guardián de la Constitución«: a través suyo es que se protegen los derechos y garantías individuales contra abusos y extraliirritaciones. En definitiva, un verdadero (y delicado) equilibrio que los autoritarismos se sienten, con frecuencia, temados de destrozar.

Igualdades y preeminencias

La igualdad estricta de los diferentes poderes es casi imposible en la práctica. La mayor importancia de ciertas funciones tenderá a torcer el fiel de la balanza en un sentido o en otro. En caso de desavenencias, alguno de los tres poderes debe poseer la capacidad de decidir, aunque quizá lo más indicado en esos momentos fuera la consulta popular.



En tren de optar por alguna preeminencia, ella debe corresponder al Legislativo, quien más directamente representa la voluntad de la Nación. Confecciona el ordenamiento legislativo a plena luz, con la intervención de todo el país, que aplaude o critica a viva voz. Sus miembros están sujetos auna estricta responsabilidad política y públicamente deben rendir cuenta de sus actos. Se dan, en su seno, permanentes y fructíferos choques de ideas y eso lo convierte en el organismo fundamental de la democracia. «Porque quien a otro pudiere dar leyes, le será obligadamente superior«, decía J. Locke.

Formación Política Para La Democracia Tomo III – El Equilibrio de Poderes – Editorial Sanchez Teruelo S.A.

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