Biografía de Quintiliano Marco Favio Orador Romano Obra Literaria



Biografía de Marco Fabio Quintiliano (40-118)

Este célebre pedagogo nació en España, pero vivió desde sus primeros años en Roma, donde llegó a ser uno de los más afamados profesores de elocuencia. Después de haber enseñado esta disciplina durante veinte años, se retiró rodeado de honores, y a pedido de sus amigos escribió su famoso tratado Institutio oratoria (La educación del orador). En esta obra Quintiliano se revela como el más grande teórico de la educación romana.

Marco Favio Quintiliano

Aunque sus propósitos eran puestos en práctica entre los maestros de retórica: formar al hombre bueno y perito en el decir, su obra constituye una novedad porque pregona la importancia que merecen para el pedagogo los primeros años del niño. “Una vasija conserva siempre el olor del líquido con que la llenaron cuando era nueva”.

El proceso total de la formación del orador es complicado, pero se puede superar si se tienen presentes los factores de la educación señalados por Aristóteles: natura, ars, ejercitatio (disposiciones naturales, intención y práctica).

Las disposiciones naturales son tres: la constitución corporal, la estructura psíquica y la conducta moral. La instrucción es el recurso para cultivar las disposiciones naturales. La ejercitación es el medio de alcanzar el perfeccionamiento.

La instrucción en común es preferible a la educación particular porque promueve la emulación y la formación social del niño. Las artes liberales poseen un valor práctico, por cuanto preparan a los jóvenes para las diversas tareas de la administración pública.

En toda su obra Quintiliano busca la realidad, las posibilidades educativas, la práctica obtenida por la experiencia personal. Esto es lo que lo ha hecho perdurar a través de los tiempos. Sus escritos fueron comentados por sus contemporáneos y sirvieron de fuente de inspiración a humanistas del Renacimiento como Feltre, Lutero y los jesuítas. Sus Instituciones multiplican las ediciones en nuestros días.

Aunque la disciplina oratoria dejó de ser capital en la formación, la obra de Quintiliano nos interesa aún por el entusiasmo que demuestra hacia su profesión, la nobleza de su actividad, la dignidad humana del educando y la aspiración ideal a la virtud.

La educación del orador. — El primer libro de su tratado se dedica al cuidado del niño antes de sus estudios, preocupándose tanto de las personas a quienes se debe confiar como de los preceptos que se deben seguir para que con malos tratos o trabajos no se lastime su debilidad.

Es un deber para el maestro estudiar a sus alumnos, conocerlos y dirigirlos. Cada niño deberá ser tratado, conforme a su carácter, con bondad. El maestro se considerará padre de sus discípulos y desterrará de la escuela los castigos corporales. La emulación es un instrumento para la educación. La enseñanza en común es preferible a la individual, pero se opone a la enseñanza por el Estado.

En el libro segundo expone los primeros principios de la retórica. La gramática es la base de los estudios propios del futuro orador. La historia puede ser también de utilidad, pero la música le es particularmente necesaria, pues debe sentir su ritmo y aplicarlo prácticamente en la elocución y el discurso. “La música presenta dos especies de armonía —dice— de las cuales una se aplica a la voz y otra a los movimientos del cuerpo”.

También es partidario de la enciclos paideia, según la cual una! educación modelo debe fundarse en una cultura completa. Si bien Cada una de las ciencias que los griegos incluyeron en su enciclopedia puede estudiarse de por sí e independiente, la elocuencia, que tiene por objeto el cultivo de la más noble de las facultades humanas,, necesita de todas y a todas comprende.

Son temas del libro XII los medios para formar el orador en el aspecto intelectual y moral, la manera de tratar las causas y el estilo oratorio. Conocida suficientemente la gramática, se abordarán estudios especiales, que transforman al estudiante en orador perfecto. La retórica tendrá el puesto de preferencia, la filosofía le hará conocer la naturaleza humana, la dialéctica y la moral le suministrarán ideas que contribuirán a robustecer en su alma las virtudes cardinales de la justicia y la prudencia. El orador debe ser un hombre de bien, de lo contrario nunca será orador.

Fuente Consultada:
Historia de la Educación – Juan Carlos Zuretti – Editorial Itinerarium – Colección Escuela –





OTROS TEMAS EN ESTE SITIO



Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *