Famosos Falsificadores de la Historia:De Dinero, Arte y Documentos
CASOS FAMOSOS DE ESTAFAS EN LA HISTORIA: LADRONES Y FALSIFICADORES
FALSIFICAR POR FRANCIA
Un contemporáneo cercano de Simonides demostró ser aún más audaz. Un francés llamado Denis Vrain-Lucas (1818-1888) era hijo de un campesino de Cháteaudun.

Lucas se fue a París después de haber trabajado durante algún tiempo en la oficina de un abogado.
Un comerciante de manuscritos raros le contrató y Lucas pronto aprendió a ser un copista de primera clase.
Cuando murió el comerciante, Lucas adquirió parte de sus existencias y descubrió que podía vender copias falsas tan fácilmente como las originales.
En esta época se acababa de designar a un nuevo bibliotecario para la Academia Francesa: Michel Chasles (1793-1880). Científico distinguido, deseaba reunir la colección de la biblioteca.
El destino haría que un colega le pusiera en contacto con Lucas en 1861.
Lucas, viendo una oportunidad, le contó la historia de que él había encontrado unos papeles que pertenecían a un antiguo descendiente de un conde del siglo XVIII, que se había visto obligado a venderlos.
En 1867 Chasles informó que tenía cartas escritas por el matemático francés Blaise Pascal (1623-1662) dirigidas a un científico amigo, Robert Boyle (1627-1691). miembro destacado de la Royal Society de Londres.
Al parecer demostraban que Pascal había descubierto las leyes de la gravedad unos 30 años antes de la publicación de Isaac Newton en 1687.
Algunos miembros de la Academia quedaron encantados ante la idea de que un francés se hubiera adelantado una generación en el descubrimiento y hubiera vencido al genio inglés.
Sin embargo, otros científicos con más experiencia señalaron que no había nada en los escritos que se conocían de Pascal que sugirieran que él comprendiera las matemáticas complejas.
En Inglaterra, por supuesto, la afirmación se negó con fuerza.
Finalmente, después de descubrir numerosas anomalías en el texto de las cartas.
Chasles confesó que él siempre había sospechado que eran falsificaciones.
Lucas fue ajuicio en febrero de 1870. en París, acusado de vender 27.320 documentos históricos falsos.
Resultó ser que, entusiasmado por su éxito, Lucas había producido una gran cantidad de escritos que eran, evidentemente, falsos.
Entre ellos había cartas de Alejandro Magno (356-323 a. C.) al filósofo Aristóteles.
Otras de Cleopatra a Julio César, y también otras de Lázaro, Carlomagno y Galileo.
Había incluso cartas de María Magdalena: «Hallarás la carta de la que te hablé, la que me envió Jesucristo unos días antes de Su Pasión».
Fascinante, a excepción de que todas estaban escritas en francés, y en papel, que no se utilizó en Europa hasta el siglo XIV.
Lucas fue condenado a dos años de prisión.
Chasles admitió que había pagado al falsificador unos 170.000 francos por los documentos, pero mantuvo que Lucas le había dicho que los originales más antiguos se habían recogido en la abadía de Tours durante el siglo VIII y posteriormente se había traducido al francés el escritor Francois Rabelais (1494-1553).
Chasles no fue acusado de engaño deliberado , y murió , respetado todavía, diez años mas.
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FALSIFICADOR DE DINERO - IMPRESIÓN ILEGAL DE BILLETES
William Brockway, nacido en 1822 y también conocido como William Spencer, se destacó por su gran de carrera como falsificador de dinero y bonos durantes 50 años.

Nacido en 1822, era un niño adoptado que tomó el apellido de sus padres adoptivos.
Después de haber estudiado química en la Universidad de Yale, Brockway estuvo familiarizado con las técnicas más avanzadas de la electrólisis, por lo que logrò copias exactas de las planchas de impresiòn.
Sus falsificaciones eran tan “reales” que enganaba repetidamente a los funcionarios del tesoro de EE.UU.
Brockway pudo sustraer una lamina de plomo de la prensa, e imprimir mas de 1000 billetes de 5 dólares para uso personal.
Siendo un hombre rico se estableciò en Filadelfia y se hizo pasar por corredor de bolsa.
Mas tarde contrajo matrimonio y en 1860 en sociedad con un grabador británico, William Smith, quien en aquellos días trabajaba de grabador de billetes de banco en Nueva York, y su habilidad, unida a una memoria perfecta, le permitía crear reproducciones perfectas.
Otro compañero de negocio que conoció mas tarde, fue James B. Doyle, un hombre con amplios intereses en ranchos y adquisición de tierras.
Formaron una sociedad, las cual mantuvieron con éxito durante 15 años.
Podían hacer circular el dinero falso a través de diversas cuentas que tenia Doyle como agente inmobiliario.
Por 1880 imprimieron bonos de 1000 dolares con papel legal que habia sido robado de la fàbrica en donde se hacìa.
Todo parecìa marchar bien hasta que la esposa de Brockway hace un comentario a su abogado contratado para tramitar el divorcio, y este a su vez, informa a su amigo y agente federal que seria interesante investigar al marido de su cliente.
No fue muy difícil relacionar rapidamente al trio societario, y cuando fue allanado el domicilio de Doyle, en Chicago, encontraron en su poder 204 bonos falsos.
Brockway también fue detenido pero hizo un trato con Drummond, le entregaría 23 juegos de planchas, un alijo de papel especial y un valor de 50.000 dólares en falsificaciones impresas a cambio de inmunidad.
Doyle fue condenado a 12 años de prisiòn.
• BROCKWAY ES CONDENADO
En 1883 Drummond encuentra en poder de Brockway bonos de líneas ferroviarias falsos.
Brockway fue condenado a cinco años en Sing Sing, de los cuales cumplió tres.
Cuando fue puesto en libertad volvió a la falsificación una vez más. pero le delataron y cumplió una pena de diez años más.
En 1905, Brockway, a los 83 años de edad, fue visto comprando papel de calco y le detuvieron para interrogarle.
Sin embargo, fue puesto en libertad al día siguiente al dictaminar el juez que era demasiado anciano para resultar sospechoso.
Murió en 1920 a la edad de 97 años, después de haber pasado la mayor parte de su vida como un hombre rico.
• INTAGLIO
Era el proceso original que se utilizaba para imprimir billetes de banco.
Una plancha de metal se graba a mano o a máquina, o también se puede transferir a ella una imagen fotográfica que después se graba en el metal.
Se cubre de tinta toda la plancha y se limpia después dejando tinta en los huecos de la imagen grabada.
Cuando se imprime, la tinta queda en relieve sobre el papel y se puede detectar; en muchos casos se puede sentir incluso al frotar los dedos sobre la superficie del papel.
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ARTHUR ALVES REIS FALSIFICADOR DE DINERO
CASO DE FALSIFICACIÓN DE BILLETES DE BANCO PORTUGUESES
Artur Virgilio Alves Reis (Lisboa, 1898 1955) fue un delincuente portugués que perpetrò uno de los mayores fraudes de la historia, contra el Banco de Portugal en 1925, a menudo llamado la crisis de Bank Note portugués.
Alves dos Reis fue un niño de una familia humilde, su padre era un empresario de pompas fúnebres con problemas financieros, que terminó siendo declarado insolvente.
Reis quería estudiar ingeniería.
Comenzó la carrera pero lo dejó en el primer año de casarse con María Luisa Jacobetti en agosto de 1916.
En 1916 decidió emigrar a Angola que, en ese momento, era una colonia portuguesa, para tratar de hacer una fortuna y escapar de las humillaciones de la familia de su esposa, debido a sus diferencias en el estatus social.

Llevò consigo un diploma que habìa falsificado y según el cual estaba capacitado en ciencias de la ingeniería, geología, geometría, física, metalurgia, matemática pura, paleografía, ingeniería eléctrica y mecánica.
Empezó como empleado público en el alcantarillado público ni en las construcciones y reparaciones.
La economía angoleña estaba entonces en una situación desesperada y el gobierno portugués no había hecho nada por ayudarles.
A la edad de 24 años Reis fue capaz de tomar el mando de la débil empresa de ferrocarril en la que trabajaba y posteriormente empezaron las transacciones fraudulentas en las acciones.
Sin embargo, detectaron su actividad y a su regreso a Lisboa en 1924, fue detenido y arrestado durante 54 días y fue liberado el 27 de agosto 1924.
Mientras estuvo allí, tramó un fantástico plan para hacer dinero.
Tan pronto como le dejaron en libertad, falsificó un documento redactado por las autoridades angoleñas dirigido a él en el que le autorizaban a emitir billetes de banco portugueses por valor de 100 millones de escudos, con un crédito imaginario de un millón de libras esterlinas.
En 1924, Reis se contacto con potenciales socios de negocios de buena fe y detalló su nuevo plan.
Entre sus cómplices y colaboradores fueron los holandeses Karel financiero Marang van IJsselveere, el alemán Adolph Hennies espía, Adriano Silva, Coutinho Moura, Roquette Manuel y José Bandeira, hermano de Antonio Bandeira, embajador de Portugal en La Haya.
A través de José Bandeira, Reis adquirió la firma de su hermano por su contrato.
Luego Reis escribió el contrato fraudulento y había un notario oficial.
También adquirió tres certificaciones para la certificación notarial de las embajadas de Gran Bretaña, Alemania y Francia.
Luego se volvió a escribir el contrato con una traducción al francés, firmas falsificadas de los funcionarios del Banco de Portugal y la colocación del notarizaciones al nuevo contrato para producir billetes grandes.
Con este contrato Reis obtuvo la cooperación de algunos empresarios holandeses.
Uno de ellos, Karel Marang, se dirigió a una empresa de impresión de valores holandesa.
Le dieron una carta de presentación para los impresores de billetes de banco portugueses Waterlow & Sons de Londres.
Armado con esta carta, Marang concertó una cita con sir William Waterlow, presidente de la empresa.
Marang dijo a sir William que la emisión de billetes debía guardarse en secreto.
Las consecuencias políticas serían graves si llegaba a saberse, y Marang le dijo que trataría directamente con el gobernador del Banco de Portugal.
Además, los billetes iban a ser duplicados de billetes ya impresos, que después se sobreimprimirían con la palabra «Angola» tan pronto como llegaran a la colonia.
Cuando sir William estuvo de acuerdo (ni siquiera informó a los otros directores), Reis falsificó dos cartas más. ostensiblemente del Banco de Portugal, dando conformidad al acuerdo.
A principios de 1925 se imprimieron 200.000 billetes de 500 escudos y se mezclaron para que los números de serie no mantuvieran una secuencia, después se llevaron a Lisboa.
Mientras tanto Reis habían creado una empresa banquera, el banco Angola & Metropole, con oficinas en Lisboa y Oporto, que él financió con los billetes duplicados.
El banco actuó tan bien, ofreciendo préstamos a bajo interés y mejores cambios de divisas que sus competidores, que en el mes de julio pidieron a Waterlow & Sons 380.000 billetes más.
Con el fin de cubrir huellas.
Reis empezó a comprar acciones del Banco de Portugal.
Sus razones eran que si él o sus cómplices se convertían en accionistas principales, sería imposible que algún oficial del banco promoviera una investigación sobre la existencia de billetes duplicados.
Sin embargo, mientras se encontraba de viaje hacia Angola, un cajero del banco de Onorto se dio cuenta de eme las transacciones de divisas no se habían registrado correctamente en el libro de contabilidad e informó sobre ello.
Una investigación exhaustiva de todos los billetes que se encontraban en el Banco de Angola descubrió finalmente dos con el mismo número de serie.
Por supuesto no había modo de saber cuál era la emisión auténtica y cuál la duplicada.
Cuando se filtró la noticia, cundió el pánico. Todos los que tenían en su poder billetes de 500 escudos querían cambiarlos desesperadamente. Cuando Reis llegó a la costa a su regreso de Angola fue detenido.
El Banco de Portugal fue obligado a llegar a un acuerdo respecto a todos los billetes de 500 escudos, y en ese momento parecía que la economía portuguesa fuera a derrumbarse.
Después de un complicado juicio en 1929, Reis fue condenado a 20 años de prisión. Pero el asunto no terminó aquí.
Al año siguiente el Banco de Portugal demandó a Waterlow & Sons de Londres.
Waterlow argumentó que el caso concernía a meros trozos de papel.
El Banco de Portugal había requisado los billetes sospechosos y emitido otros pagando únicamente los gastos de impresión.
Por otra parte, la acusación buscó daños ejemplares.
Al final el caso pasó a la Cámara de los Lores como apelación y el Banco de Portugal recibió el equivalente a 60 millones de escudos por daños y perjuicios.
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CHARLES BLACK: FALSIFICADOR DE DINERO
Charles Black: La fábrica de hacer billetes
Esta es la historia de uno de los más grandes maestros de la falsificación.

Su nombre era Charles Black y en su máximo momento de gloria se regía por una serie de principios que definían el modo en que una falsificación debía ser llevada a cabo:
“Una falsificación exitosa requiere no sólo habilidad, paciencia y una gran cantidad de capital para comprar la compleja maquinaria necesaria, sino también realizar un intenso y profundo trabajo de seguridad”.
Conocido por ser uno de los mejores falsificadores ingleses de la década del setenta, Charles Black diseñó y desarrolló un método sofisticado que le permitió lograr excelentes falsificaciones en fotolitografía, utilizando una máquina de litografía offset, un equipo para realizar copias a mano, un conjunto de cajas de numeración y una fuente de tinta magnética.
Su trabajo de falsificación de billetes fue tan bueno, que incluso en la actualidad se exhibe parte de su trabajo en el Museo de Scotland Yard.
Nacido en Inglaterra en 1928, la historia criminal de este gran estafador comienza en su casa de Kent.
En principio, Black se dedicó a la creación de un novedoso sistema de calentamiento termostático destinado a acuarios, que fue un verdadero éxito.
Fueron precisamente sus profundos conocimientos en ingeniería que lo conducirían a ingresar en el mundo criminal, realizando compra-ventas de automóviles robados, motivo por el cual debió cumplir una condena en prisión.
Durante su estadía en la cárcel Black hizo algunas amistades, principalmente con hombres que habían sido condenados por estafas y falsificación.
Así fue como conoció este gran arte que lo atraparía por completo y se convertiría en su próxima ocupación.
Una vez liberado, Black decidió dedicarse por completo a la falsificación.
Para ello, el primer paso fue cultivarse en el oficio de la impresión, para lo cual utilizó sus encantos sociales para acercarse y trabar amistad con empresarios del sector, durante una feria internacional de impresores que se realizó en Londres.
Con todo ese caudal de información, Black elaboró una lista de compras con todo lo que debía conseguir para comenzar sus primeras falsificaciones, y al mismo tiempo inició una sociedad con el propietario de un casino que le proporcionó el dinero para la adquisición de los materiales.
Fue precisamente en el jardín de su casa que construyó un pequeño galpón en el que instaló la maquinaria.
Mientras tanto, para no generar sospechas, Black le dijo a su mujer que comenzaría a producir revistas pornográficas.
A partir de allí comenzó su arduo trabajo para lograr falsificaciones realmente excelentes, ya que una de las características más sobresalientes de su personalidad era ser un total perfeccionista en todo lo que emprendía.
Con el fin de lograr establecer un negocio que pudiera expandirse rápidamente, Black se asoció con Stanley Baigue, con quien comenzaron a elaborar cheques de viajero, los cuales eran posteriormente distribuidos por el dueño del casino asociado con Black.
Aquellos cheques perfectamente falsificados sólo eran descubiertos cuando regresaban a los bancos que se suponían los habían emitido.
La falsificación de cheques lo condujo a Black a la fabricación clandestina de billetes, en principio de 20 y 50 dólares, una labor que requirió de un ingenio único.
Para lograr la falsificación perfecta en la que se incluyeran los finos filamentos rojos y azules que poseían los dólares, Black realizó una cuidadosa fotografía de un conjunto de trozos diseminados de cables eléctricos antiguos, fragmentos que habían sido depositados sobre una lámina de papel impreso en verde claro.
Luego llevaba a cabo una reducción de las imágenes capturadas con su cámara, y bañaba el papel en glicerina, secándolos posteriormente con un calentador.
De esa manera pudo llegar a lograr una falsificación casi exacta del papel para imprimir billetes estadounidenses.
Aquella falsificación casi le cuesta su libertad, cuando Black se vio implicado en la detención de uno de sus cómplices.
Lo cierto es que durante la investigación, la policía allanó su casa, pero obviaron registrar el galpón del jardín.
Para ese momento el Banco de Inglaterra anunció la emisión de una serie nueva de billetes de 5 libras esterlinas, que según las autoridades bancarias eran imposibles de falsificar.
Sin embargo, Black no se detuvo ante este desafío, y decidió llevar a cabo la falsificación de dichos billetes.
Así fue que utilizando métodos de sobreimpresión y transparencias, Black logró falsificar las nuevas libras esterlinas casi a la perfección.
Finalmente en 1972 Black fue condenado a cinco años de prisión por la falsificación de dólares estadounidenses.
Mientras tanto la policía volvió a registrar su casa, y en esta oportunidad decomisaron todos los equipos de impresión con los que trabajaba el estafador.
Una vez puesto en libertad condicional en 1973, Black intentó llevar una vida honrada, apartado del delito, para lo que se dedicó a la fabricación de instrumentos musicales.
No obstante, el crimen volvió a tentarlo, luego de visitar una nueva exposición de impresores en Londres en 1975. Allí nació su sociedad con Brian Katin.
Nuevamente en el ruedo, Black debió incorporar una nueva técnica a su método de falsificación, ya que se vio forzado a imprimir en sus billetes un sector con relieves, que logró copiar utilizando un dibujo de puntos grabado previamente en una plancha de latón, que luego era repujada en los billetes falsificados.
Pero su labor se vio complicada con la implementación de la técnica ultravioleta en los billetes, y ya en 1976 casi todos los bancos del mundo disponían de escáneres ultravioletas para examinar los billetes que pasaban por ventanilla.
Para fortuna de Black, pudo adquirir de forma ilegal una importante reserva de papel legítimo, que utilizó para imprimir los nuevos billetes.
Cuando en 1977 Black y su nuevo socio estaban a punto de realizar un negocio con un cliente de Beirut, intercambio que les permitiría ser ricos, el intermediario fue detenido y se conoció la verdad.
La policía nuevamente allanó la casa de Black, y en esta oportunidad también la se Katin, descubriendo la fábrica clandestina de los malhechores.
Luego del juicio que tuvo lugar en 1979, Black fue condenado a prisión por 21 años, mientras que su socio debió pasar tres años en la cárcel.
Finalmente, cuando en 1982 le fue otorgada la libertad condicional, decidió redimirse y tomar el camino legal.
Con su nueva esposa tailandesa fundó una agencia para hombres británicos solitarios que desean tener una novia tailandesa.
Su reflexión al respecto fue: “Podrías haber sido el mejor lanzador de cuchillos del circo, pero duermes mejor por las noches si eres uno de los payasos”.
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FAMOSOS CASOS DE ESTAFAS EN LA HISTORIA: LADRONES Y FALSIFICADORES
ERIC HEBBORN, MAESTRO FALSIFICADOR: Uno de los falsificadores de arte de más éxito en el siglo XX fue un inglés llamado Eric Hebborn (1934-1996).

Nació en el seno de una familia pobre y violenta en Londres, y tuvo una niñez desgraciada.
Después de prender fuego a su escuela en un acto de protesta frustrada, fue enviado a un reformatorio.
Allí los profesores de Hebborn reconocieron su talento de pintor y le animaron.
Finalmente le aceptaron en las Escuelas de la Real Academia, donde le otorgaron una medalla de plata y una beca de Roma para estudiar en Italia.
Cuando aún era estudiante, Hebborn trabajaba para un restaurador de cuadros llamado George Aczel.
No sólo aprendió a limpiar y retocar sino también a producir grietas en zonas pintadas nuevas para imitar el efecto que produce el paso del tiempo.
También descubrió el modo de «mejorar» las pinturas añadiendo detalles pequeños.
Añadir un globo a un paisaje que no inspira nada lo convierte en algo raro y valioso de aviación pionera.
Si se pone un gato en el primer plano de una pintura, según Hebborn, inmediatamente se hace mucho más deseable.
Sin duda Hebborn era un maestro artesano.
Su libro Manual del Falsificador de Arte (1997) proporciona amplia información sobre el modo de encontrar papel antiguo para falsificar dibujos y el modo de hacer la tinta y las herramientas para que las falsificaciones parezcan auténticas.
Describe los pigmentos que empleaban varios maestros antiguos en sus paletas y cómo imitarlos.
Detalla la clase de panel de madera o lienzo que deberían usar.
Miembro activo de la comunidad de amigos, Hebborn conoció a Sir Anthony Blunt, entonces director del Instituto Courtauld de Londres.
Posteriormente se descubrió que Blunt era un espía y le despojaron de su título.
Se sabe que autentificó al menos dos de las falsificaciones de Hebborn.
Continúan las dudas sobre si lo hizo inocentemente o fue al contrario.
No obstante otros expertos fueron engañados sin duda.
Hebborn se trasladó a Roma donde, como muchos otros falsificadores, descubrió que sus pinturas no eran bien recibidas por los críticos.
Durante los años siguientes produjo más de 1.000 dibujos que él atribuyó a una gran variedad de maestros antiguos.
También falsificó esculturas de bronce y pinturas que se habían aceptado como obras de Corot, Boldini, Augustos John y David Hockney.
Vendía sus falsificaciones a través de una pequeña galería que había abierto, y desde allí entraban a las colecciones del Museo Británico, la Biblioteca Pierpoint Morgan, la Galería Nacional de Washington e innumerables colecciones privadas.
Hebborn aumentó su riqueza y vivió bien en la comunidad de amigos de Roma.
En 1978 sucedió un contratiempo temporal en la carrera de Hebborn, cuando el respetable comerciante de Londres Colnaghi se dio cuenta de que varios dibujos que se habían vendido a la Biblioteca Pierpont Morgan y la Galería Nacional británica habían sido copiados por Hebborn.
Al ser descubierto. Hebborn anunció sin embargo que inundaría el mercado con 500 dibujos más.
Para confundir a los expertos aún más, él declaraba audazmente en su autobiografía Drawn to Trouble de 1991 que era el creador de varias obras que todavía se creía que eran auténticas. «No hay nada como una imitación», escribió Hebborn.
«Sólo expertos en imitaciones y sus etiquetas de imitación».
Fue hallado en una calle de Roma el 8 de enero de 1996 con el cráneo machacado con un instrumento sin punta, y murió tres días después.
La muerte de Hebborn era la repetición de la de Pier Pasolini, el cineasta italiano que fue asesinado a las afueras de Roma por un prostituto en 1975.
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Bernhard Berenson (1865-1959) nació en Lituania, pero creció en Boston.
Se convirtió en un reconocido experto en pinturas del Renacimiento italiano, muchas de las cuales había comprado para él mismo.
Con una reputación envidiable de «destructor de imitaciones», llegó a ser consejero del comerciante inglés Joseph Duveen (1869-1939).
Duveen alcanzó la nobleza posteriormente por haber ayudado en la construcción de galerías adicionales de la Galería Tate de Londres y del Museo Británico.
El lema de Duveen era: «Europa tiene el arte, América el dinero». Empleando la autentificación de Berenson fue capaz de vender cientos de obras de arte a Andrew Mellon, a J. P. Morgan, a los Rockefeller, al Museo de Arte Metropolitano de Nueva York y a muchas otras colecciones americanas de prestigio.
En el año 1986 el escritor Colin Simpson publicó su libro Artful Partners (Socios astutos).
A Simpson se le permitió el acceso a archivos que habían estado cerrados anteriormente, y fue capaz de demostrar que existía un acuerdo secreto entre Berenson y Duveen.

Bernrhard Berenson y Joseph Duveen
El funcionamiento era muy simple.
Después de vender una pintura aprobada por Berenson, éste recibiría una considerable comisión.
Esto le convirtió en un hombre rico.
Berenson conocía a todos los falsificadores e imitadores de Italia, donde vivió la mayor parte de su vida.
Simpson mantuvo que él autentificó varias esculturas como si fueran de Lorenzo Ghiberti (1378-1455) o de Antonio Rossellino (1427-1479), ambos artistas del Renacimiento muy bien considerados, cuando en realidad él sabía perfectamente que habían sido creadas por Giovanni Bastianini.
Simpson cita otros muchos ejemplos de obras que se «mejoraban» para incrementar su valor.
Por ejemplo, una pintura de una mujer de luto de la Edad Media, atribuida a Sebastiano Mainardi (muerto en 1513) fue «restaurada» para dejar al descubierto un chica joven con un vestido elegante.
Y un supuesto retrato de Giorgioni había llegado a Berenson de manos de su amigo el restaurador Luigi Grassi.
Ahora se han empezado a cuestionar en el mundo del arte cada una de las obras que Berenson autentificaba y Duveen vendía posteriormente.
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FALSIFICADORES DE OBRAS DE ARTE: ELMY DE HORY
ELMYR DE HORY: El arte de falsificar
Al analizar la historia de las falsificaciones en el mundo del arte, seguramente nos taparemos con el nombre de un estafador que logró alcanzar la máxima calidad en sus fraudes, y que gracias a su talento y habilidad llegó a engañar incluso a los expertos más famosos del mundo.
Hablamos de Elmyr de Hory, un verdadero artista de la falsificación.

En la actualidad se lo conoce como uno de los más grandes estafadores del mundo del arte de toda la historia, y aunque no ha podido ser documentada con exactitud la cifra de dinero que logró recaudar a través de sus ventas, la mayoría de los expertos aseguran que en toda su carrera Hory vendió falsificaciones por más de 100 millones de dólares.
El británico Sir Malcolm Campbell le visitó en su pequeña habitación alquilada y observando un dibujo al trazo que De Hory había hecho de la cabeza de una chica, le preguntó. «¿No es de Picasso?».
Él se limitó a suspirar trágicamente y aceptó venderlo de mala gana. Apenas había salido por la puerta lady Campbell cuando él ya había hecho siete dibujos similares.
El hecho anecdótico es que probablemente muchas de sus obras falsas aún se encuentren en exhibición como obras verdaderas.
Aquella apasionante historia quedó retratada para siempre en la cinta del film “F for Fake” de 1975, donde el inigualable Orson Welles se puso en la piel de Hory.
Al repasar brevemente su intensa vida, podemos comprobar que la carrera de Elmyr de Hory comenzó una tarde de 1946, cuando vendió su primer supuesto “Picasso” por una suma de 100 dólares, dinero que le sirvió para establecerse en París por un tiempo.
Allí perfeccionó su arte hasta límites inimaginables, convirtiéndose en un verdadero artista del fraude.
La próxima víctima de Hory fue uno de los dueños de una importante galería de arte de París, quien le compró tres “Picasso” por un valor de 400 dólares, dinero que Hory invirtió para viajar hasta Estocolmo, donde llevó a cabo su siguiente fraude.
Allí presentó ante las autoridades y un experto del Museo Nacional de Estocolmo una serie de cuadros de “Picasso”, cuya autenticidad fue aprobada por el especialista, produciéndose así el intercambio por un valor de 6 mil dólares.
Ese había sido su primer gran negocio internacional.
A partir de allí su timo se desplegó por los Estados Unidos y el resto del mundo, lo que hizo que la cuenta bancaria de Hory creciera de una manera formidable.
Con su gran encanto y sus suaves modales, Hory logró introducirse en los círculos de arte más prestigiosos, lo que le permitió vender sus falsificaciones a las galerías más famosas.
Sus herramientas de trabajo consistían en la utilización de papel viejo, un poco de tinta china y una pluma, los que utilizaba para copiar los originales Picasso.
Después del éxito de sus primeras estafas, sintió que había llegado el momento de expandir su catálogo, por lo que comenzó a falsificar a Matisse, Modigliani y Rendir.
Se sabe que uno de los principales proveedores de Hory era el dueño de la galería Earl Stendahl de Los Angeles, quien hizo una fortuna trabajando junto al falsificador.
No obstante, en una oportunidad su engaño fue descubierto por uno de los dueños de una galería de Beverly Hills, llamado Perls Klaus, quien le dio 24 horas para salir de la ciudad.
Así fue que durante los años posteriores Hory se mantuvo viajando de un lugar a otro, a lo largo y ancho de los Estados Unidos, sin tener mayores problemas y continuando con la venta de falsificaciones, que le reportaban significativos ingresos.
Una vez instalado definitivamente en un departamento de Nueva York, al que asistían con frecuencia personalidades conocidas y millonarios para adquirir las supuestas obras originales que vendía Hory, conoció allí a un joven llamado Fernand Legros, quien se convertiría en distribuidor del falsificador durante los próximos 20 años, dando lugar así a una alianza que terminó siendo fatal para ambos.
Para finales de la década del cincuenta, el FBI comenzó a realizar una operación para detener a Hory, por lo que debió fugarse a Europa.
Recluido en una lujosa casa en Ibiza, Hory continuó con su trabajo de falsificador desde las sombras, mientras sus dos distribuidores, Legros y los canadienses Lessard, viajaban por el mundo vendiendo su “arte”.
Legros le propuso una sociedad. Vendería las falsificaciones de De Hory, quedándose él con un 40 por ciento y dándole a Elmyr un 60 por ciento.
Pero De Hory pronto descubrió que mientras él se veía obligado a permanecer en un hotel de segunda categoría creando sus falsificaciones a un ritmo constante.
Legros y un holgazán franco canadiense llamado Real Lessard estaban viviendo en el mejor hotel de la ciudad.
Después de seis meses y luchas amargas regulares, De Hory decidió irse a Europa. Se asentó en Roma y empezó a pintar de nuevo.
Aunque el negocio iba bien, el destino quiso que la obra de Hory se topara nuevamente con Perls Klaus en 1973, cuando nuevamente se convirtió en víctima al adquirir una falsa obra creada por Hory.
Aquello dio lugar a una profunda investigación que logró dar con el paradero del falsificador, por lo que en diciembre de 1977 las autoridades locales de Ibiza decidieron entregarlo a la justicia de Francia.
Cuando Hory supo lo que sucedería, tomó la decisión de quitarse la vida horas antes de su detención.
Mientras tanto Fernand Legros fue enviado a prisión donde cumplió una condena de dos años, y finalmente murió en 1983 en la indigencia.
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Los Falsos Diarios de Hitler Historia Falsificador Kujau
Historia del Fraude
Konrad Kujau: El imitador de Hitler
En la historia del fraude y el engaño, el nombre de Konrad Kujau es sinónimo de la época nazi, por lo que habitualmente se lo conoce como el falsificador alemán, ya que fue el encargado de llevar a cabo una de las estafas más sensacionales de la historia del siglo pasado, cuando falsificó los supuestos diarios de Adolf Hitler.

Kujau se aseguró su lugar en la historia del siglo XX cuando en el año 1983 la revista alemana Stern anunció la publicación de una serie de fragmentos correspondientes a los 62 volúmenes de los diarios de Hitler.
Dicho documento supuestamente abarcaba toda la historia del Tercer Reich, desde el año 1933 cuando el Partido Nacional Socialista asumió el poder en Alemania, hasta su final en 1945.
El descubrimiento lo habría efectuado un periodista de la revista Stern, llamado Gerd Heidemann, gracias al cual la publicación tuvo la oportunidad de brindar a sus lectores una exclusiva mundial: la divulgación de los fragmentos del diario de Hitler.
No obstante, sólo transcurrieron dos semanas para que la verdad saliera a la luz y comenzara a generarse el escándalo.
Gracias a distintas pruebas científicas se llegó a la conclusión que las copias originales de los supuestos diarios de Hitler eran una falsificación, lo que puso inmediatamente en el ojo de la tormenta a los responsables de la revista Stern.
En medio de una larga investigación, apareció el nombre del sujeto que había llevado a cabo el fraude: el falsificador Konrad Kujau.
Nacido el 27 de junio 1938 en la ciudad sajona de Loebau, a 40 millas de Dresden, en lo que posteriormente se convirtió en la Alemania del Este, Konrad era hijo de un humilde zapatero, ferviente partidario nazi.
Pero lo cierto es que debido a los problemas económicos de su familia, el pequeño Konrad vivió su infancia en diversos hogares para niños, lo que poco a poco lo condujo por el camino de la delincuencia.
Con el correr de los años descubrió algunos talentos que poseía, entre los cuales comprobó que se destacaba en la plástica, por lo que decidió comenzar a pintar.
Pero lo cierto es que nada de lo que hizo fue original, ya que no tenía un estilo propio, pero se transformó en uno de los falsificadores de pinturas más famosos de la historia.
Otro de los grandes talentos de Konrad residía en la gran facilidad que poseía para imitar las firmas y la escritura manuscrita de casi cualquier persona, lo que le permitió comenzar a trabajar en el mundo de crimen elaborando documentos falsos.
Durante la década del setenta tuvo la brillante idea de combinar sus dos talentos en una sola y gran estafa: los diarios de Adolf Hitler.
Cabe destacar que Hitler había sido un pintor aficionado, y según se estima durante su vida llegó a producir más de tres mil dibujos y pinturas.
Motivado por ello, Kujau comenzó copiando el estilo de Hitler en lo que respecta al arte plástico, para luego iniciar su fraude de manuscritos y documentos.
De esta forma, Kujau logró comenzar a forjar una pequeña fortuna basada en el engaño.
Nada de aquello le hacía temer, ya que en realidad él sabía que en las falsificaciones que realizaba influía también un importante factor psicológico, porque sabía que sus clientes no hablarían con nadie de los artículos nazi que le habrían comprado, debido a que se sentían culpables por sus compras.
Tengamos en cuenta que las colecciones de objetos nazis eran mantenidas en secreto, por lo que nadie las expondría a la evaluación de expertos.
Luego de falsificar pinturas y notas, Kujau decidió que era el momento de realizar la copia de los diarios de Hitler, trabajo que inició en 1978 con la ayuda de un funcionario del partido nazi.
Inmediatamente difundida la noticia de la existencia de fragmentos pertenecientes al supuesto diario de Hitler, la revista Stern, a través de Heidemann, se puso en contacto con Kujau para adquirir los manuscritos, los cuales fueron comprados por la editorial por un valor de 2.5 millones de libras.
Rupert Murdoch, propietario de Times Newspapers, decidió empezar a publicar los diarios el 24 de abril en The Sunday Times
Cuando el fraude se dio a conocer públicamente, los responsables de la revista Stern se disculparon con la sociedad, mientras que Heidemann y Kujau fueron a juicio y posteriormente encarcelados.
Tres años más tarde, Kujau fue liberado, y decidió entonces abrir una galería de falsificaciones en Stuttgart, aunque tiempo después volvió a sentirse atraído por la delincuencia, y fue arrestado por crear falsas licencias de conducir.
Para esa época, el estafador era reconocido como una verdadera celebridad mediática, y todos querían escribir su biografía o llevar su vida al cine.
Kujau fue acusado de haber recibido un millón y medio de marcos por falsificación y fue condenado a cuatro años y seis meses de prisión.
Heidemann fue acusado de robar 1,7 millones de marcos, aunque la acusación afirmaba que la cantidad podía haber ascendido a 4,6 millones, y fue condenado a cuatro años y ocho meses.
Más de 5 millones de marcos siguen sin figurar. Grüner & Jahr estimó que la pérdida total fue de 19 millones de marcos.
Lo cierto es que probablemente su historia esté escrita en su prontuario policial, aunque también es cierto que no existen certezas al respecto, ya que se dice que Kujau tenía la capacidad de mentir permanentemente y confundir a los interrogadores policiales con historias colmadas de detalle, que luego resultaban falsas.
Su obituario asegura que el 12 de septiembre 2000 Kujau murió en Stuttgart, y si bien la noticia ha sido difundida oficialmente, lo cierto es que no sería extraño que aún continuara viviendo en algún lugar remoto, utilizando una identidad falsa, sobre todo si tenemos en cuenta que a lo largo de su vida como delincuente utilizó más de 8 alias, y se desenvolvió en al menos 10 ocupaciones diferentes.
Rupert Murdoch tuvo la última palabra sobre el asunto. La tirada de The Sunday Times había aumentado en 60.000 ejemplares. «Después de todo, estamos en el negocio del entretenimiento», dijo. «La tirada aumentó y se mantuvo arriba. No perdimos dinero.»
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HISTORIA ESTAFA: EL GIGANTE DE CARDIFF: Grandes Falsificaciones de la Historia
GIGANTES EN LA TIERRA
En la primavera de 1868, un tabaquero fanfarrón de Binghamton (Nueva York) llamado George Hull fue a visitar a su hermana a Ackley (lowa).
Una tarde oyó a un predicador de los fuegos del infierno citar el Génesis 6; 4 de la Biblia: «Y había gigantes en la tierra en esa época».
Como describió posteriormente, aquella frase mantuvo despierto a Hull casi toda la noche.
Se le estaba ocurriendo una idea brillante.
En una cantera cercana a Fort Dodge, Hull encontró un bloque de yeso macizo que medía 365 x 120 x 55 cm.
Pesaba más de 21, pero Hull logró por fin transportarla a Chicago (dejando varios vagones rotos y puentes dañados a su paso).
En el local de Edward Burghardt, cantero, el yeso se transformó en la estatua de un hombre gigante, de cabeza calva, pero por lo demás intacto.
Se distorsionó la figura como si hubiera muerto en gran agonía, y el mismo Hull posó para la cabeza.
Rayas oscuras en el yeso parecían venas humanas, y sacudiendo la estatua con agujas de acero clavadas en bloques de madera con un martillo, se formó lo que parecían poros de la piel.

A continuación Hull trató la estatua con ácido sulfúrico para envejecerla y después la transportó a la granja de un primo, William «Stubby» Newell.
La granja se encontraba a las afueras del pueblo de Cardiff. a unas 13 millas de Siracusa (Nueva York), y Newell había estado luchando una batalla perdida con ella durante algunos años.
Él y Hull, con ayuda de otros dos hombres que juraron mantener el secreto, enterraron al gigante en una sepultura poco profunda detrás del establo, la cubrieron y la dejaron allí durante casi un año.
El plan era que Newell llevaría trabajadores a su granja para cavar un pozo y les dejaría que descubrieran el «cuerpo»; pero incluso antes de hacerlo, otro hallazgo afortunado sucedió en las proximidades.
Un granjero que vivía a menos de una milla de distancia desenterró algunos huesos mientras araba.
Científicos de la Universidad de Cornell declararon que eran fósiles auténticos.
El escenario estaba preparado para la aparición del Gigante de Cardiff.
El viernes 15 de octubre de 1869 los trabajadores que estaban cavando el pozo encontraron y dejaron al descubierto la estatua. La noticia se extendió rápidamente por toda la zona.
Newell enseguida montó una tienda sobre la «sepultura» y cobraba a los curiosos una entrada de 50 centavos por ver la figura.
Después de una semana llegaban multitudes allí, desde lugares tan lejanos como la ciudad de Nueva York, y el precio de la entrada había subido a 1,0 dólar.
Newell cambió sus prendas de granjero porun chaqué y empezó a dar conferencias sobre el descubrimiento del gigante.
UNA MULTITUD EMBELESADA
«Cuando uno lo miraba», escribió el reportero de un periódico, «no podía evitar sentir que estaba en presencia de un ser grande y superior.
La multitud que se reunía a su alrededor parecía casi embelesada.
No había levedad».
Después de un mes el gigante se trasladó a Siracusa y se expuso allí.
Científicos eminentes discutían sobre si era una estatua antigua o un humano fosilizado.
El Dr. Andrew D. White, primer presidente de Cornell, tenía un fragmento analizado. Se enteró de que la figura se había hecho con yeso sencillo, pero White no hizo público su descubrimiento.
«Cuando uno lo miraba, no podía evitar sentir que estaba en presencia de un ser y superior.»
Comentario periodístico sobre el Gigante de Cardiff
REPRODUCCIÓN DE UNA REPRODUCCIÓN
Un célebre escultor de Nueva York, Erasmus Dow Palmer, no tenía dudas: «¡Fraude!», declaraba.
Su veredicto llegó a oídos del hombre del espectáculo Phineas T. Barnum, que dirigía un museo y una casa de fieras en Broadway y que decidió que una reproducción de una reproducción era justo lo que él necesitaba.
Cuando llevaron al Gigante de Cardiff de Siracusa a la ciudad de Nueva York para la temporada de compras de Navidad, ya había una réplica en el museo de Barnum.
Sin embargo, la presencia de dos gigantes a sólo dos bloques de distancia resultaron ser buen negocio para ambos.
En enero la estatua original se llevó a Boston, donde el famoso ensayista Ralph Waldo Emerson declaró que era «sorprendente, sin duda un verdadero ser humano petrificado».
No obstante, el Dr. Oliver Wendell Colmes, eminente anatomista de Boston, hizo algo que nadie más había pensado hacer.
Taladró un agujero detrás de la oreja izquierda del gigante, y no reveló más que piedra maciza y ningún rastro de cerebro fosilizado.
El gigante de Cardiff continuó viajando.
Ya no se consideraba un fósil, pero sí aún una estatua de gran antigüedad. Luego la prensa empezó a observar con más detalle su historia y siguió su rastro de regreso a Chicago.
Afrontando los hechos, George Hull se rió y admitió todo.
Con una pequeña fortuna a su disposición y animado por la credulidad del público la primera vez, Hull decidió mejorar su primer esfuerzo.
Tenía una figura esculpida hecha de una mezcla de piedra molida, arcilla, huesos, sangre y carne, que después quemó en un horno durante varias semanas.
Con la ayuda de un hombre llamado William Conant, la figura fue enterrada cerca del pueblo de Beulah, en las proximidades de Pueblo (Colorado), en 1877.
Varios meses después, Conant y su hijo «descubrieron» un pie metido en la tierra y desenterraron un cuerpo petrificado de 2,7 m de longitud.
Tenía una cabeza bastante pequeña, parecida a la un simio, y unos brazos largos poco normales.
Los periódicos pronto lo apodaron «Solid Muldoon», por un hombre fuerte famoso de esa época.
«No puede existir ninguna duda sobre la autenticidad de esta pieza», informaba el Daily Times de Denver.
«La piedra muestra los efectos del tiempo, y las circunstancias del descubrimiento son tales que descartan que sea una repetición del fraude chapucero del Gigante de Cardiff.»
Cinco meses después se revelaría lo equivocados que estaban mientras se encontraba expuesta la figura en la ciudad de Nueva York.
Un hombre a quien Hull debía dinero contó su historia al New York Tribune, y ese fue el final del «Solid Muldoon».
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Falsificador de Documentos Religiosos: LIBRO MORMÓN DE HOFFMAN MARK
Mark Hofmann: El falsificador religioso
Corría la mañana del 15 de octubre 1985.
El obispo mormón Steven F. Christensen tomó una extraña caja que alguien había depositado frente a su oficina.
Poco después estallaba la bomba que contenía en su interior, llevando inmediatamente a la muerte al religioso.
Esa misma mañana, horas más tarde, otro paquete explotaba en la ciudad de Olympus Cove, dejando sin vida a Kathleen Sheets, la esposa del obispo mormón J. Gary Sheets.
El paquete en realidad estaba dirigido a su marido, quien tiempo atrás había mantenido una sociedad con Christensen.

Al día siguiente se produjo otra explosión.
Esta vez en el interior del auto de Mark Hoffman, quien sólo resultó lesionado, perdiendo algunos de sus dedos.
Los tres episodios fueron investigados inmediatamente por las autoridades policiales, quienes descubrieron que Christensen había sido un intermediario de la Iglesia Mormona durante la compra de la “Carta de la Salamandra Blanca” y otra serie de documentos, que tenía en su poder Mark Hofmann.
Por su parte, Sheets había sido quien aportó el dinero para la transacción.
A principios de 1981, Hofmann hizo dos documentos antiguos mormones más y de nuevo fue recompensado por la iglesia con artículos valorados en más de 20.000 dólares.
Al año siguiente ofreció una declaración, escrita a lapicero en papel rayado, que era un relato firmado por Martin Harris sobre una visión que había tenido Harris en la que le habían mostrado las planchas de oro de Moroni.
Con la investigación se supo que Hofmann había efectuado importantes robos de cientos de miles de dólares a los líderes de la Iglesia Mormona, a través de la venta de documentos falsificados.
Además fue acusado de dos cargos de homicidio en primer grado, por su participación en las muertes de Christensen y la mujer de Sheets.
La historia de Mark William Hofmann se inició el 7 de diciembre de 1954, cuando llegó a este mundo en la ciudad de Salt Lake City, en Utah.
Era el segundo de tres hijos del matrimonio compuesto por William y Lucille Hofmann, y pasó parte de su infancia en Salt Lake City y en California.
De pequeño era un verdadero ejemplo de buena educación.
Incluso recibió el premio Eagle Scout, durante una misión que realizó para la Iglesia Mormona en Inglaterra.
Mientras tanto, llevó a cabo sus estudios en la Universidad de Utah.
En 1979 contrajo matrimonio con Doralee Olds, con quien tuvo cuatro hijos.
Aquel hombre que al parecer no tenía nada de extraordinario, saltó de repente a las noticias de todo el mundo, cuando a los treinta años se convirtió en uno de los criminales más notorios, complejos y exitosos de la historia.
Incluso, en la actualidad, Hofmann es considerado por los expertos forenses como el mejor falsificador que pudo ser atrapado por la justicia.
Utilizando un método químico especial para lograr el envejecimiento de la tinta, que luego aplicaba sobre el papel viejo, Hofmann comenzó a introducirse lentamente en el mundo del delito.
Para ello se especializó, entre otras cosas, en holografías mormonas.
Nadie estará seguro nunca de cuántos libros y documentos vendió Hofmann con apariencia de auténticos, pero que en realidad eran falsificaciones.
En 1997 el manuscrito de un poema de Emily Dickinson (1830-1886) desconocido hasta entonces se subastó en Sotheby's y fue adquirido por la Biblioteca Jones de la ciudad de origen del poeta, Amherst (Massachussets). Resultó ser obra de Mark Hofmann.
A lo largo de su vida, Hofmann logró con éxito engañar a centenares de expertos de todos los rincones de Estados Unidos, vendiendo manuscritos falsos a la Oficina Federal de Investigación, la Biblioteca del Congreso, la Sociedad de Anticuarios de América, y su mejor cliente: la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
De esta forma, Hofmann comenzó a hacer negocios con el obispo mormón Christensen, quien actuaba como intermediario entre el criminal y las máximas autoridades de la Iglesia.
Ninguno de los líderes de la Iglesia podía negarse a las estupendas colecciones que podía venderles Hofmann, que en su mayoría consistían en supuestos documentos que atestiguaban la historia de su credo.
Uno de estos documentos fue la llamada “Carta de la Salamandra Blanca”, que Christensen decidió comprar y luego donar a Iglesia Mormona.
Aquel documento aportó una visión revisionista de la historia, lo que inmediatamente atrajo la atención de los medios de comunicación.
Pero en determinado momento, la relación entre Christensen y Hofmann comenzó a quebrarse, precisamente por la compra de los documentos denominados McLellin, los cuales incluían un supuesto ejemplar de los caracteres del egipcio reformado.
Ante la posibilidad de una traición, Hofmann decidió comenzar a comprar productos para la fabricación casera de bombas, las cuales enviaría finalmente el 15 de octubre de 1985.
Hofmann se declaró culpable de treinta delitos graves, incluidos dos asesinatos, siendo condenado a cadena perpetua en la penitenciaría del estado de Utah.
Ante la imposibilidad de conseguir la libertad condicional, en dos oportunidades intentó suicidarse sin éxito, y aún continúa cumpliendo condena.
• EL LIBRO DEL MORMÓN:
Joseph Smith (1805-1844) era el tercer hijo de una familia de Nueva Inglaterra venida a menos que se asentó en Fayette (Nueva York).
Al cabo de unos años Smith fundó la Iglesia Mormona, también conocida como Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Basaba las enseñanzas de su iglesia en la Biblia y en el Libro del Mormón, sobre el que declaraba que un ángel se lo había entregado en septiembre de 1823.
El ángel, llamado Moróni, había mostrado a Smith varias planchas de oro grabadas con caracteres en forma de jeroglíficos, que se hallaban ocultas en una colina cercana a la granja de la familia.
Moroni había dicho, supuestamente, que las planchas llevaban enterradas allí 1.400 años.
Finalmente, el 22 de septiembre de 1827, el ángel le dio a Smith la posesión temporal de las planchas y dos piedras mágicas llamadas Urim y Thummim con las que descifrarlas.
Smith publicó el Libro del Mormón el 26 de marzo de 1830.
Contaba cómo un grupo de hebreos guiados por un profeta llamado Lehi había abandonado Israel camino de América sobre el año 600 a. C.
Allí se habían dividido en dos grupos: los seguidores del hijo de Lehi, Nephi, y los seguidores del hermano de Nephi, Laman.
A causa de su debilidad, Dios maldijo a los lamanitas con pieles oscuras y durante siglos estuvieron en guerra con los nefitas.
Finalmente los nefitas fueron vencidos en una batalla en el año 421, siendo el único superviviente Moroni, cuyo padre se llamaba Mormón y había grabado las planchas de oro.

Fuente Consultadas:
Fraudes, estafas y falsificaciones de Brian Innes
Diccionario de la Ciencia de Sanchez Ron
Lo Que Oculta la Historia de Rayner Ron Stapley
Wikipedia
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