Los sintomas del hambre o apetito Porque tenemos hambre? Comemos






¿PORQUE SE COMBATE EL DOLOR CON MORFINA?

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Los signos del apetito son inconfundibles. Primero se extiende por todo el estómago una ligera sensación de vacío, que se va haciendo cada vez más dolorosa al tiempo que el intestino comienza también a producir ruidos extraños.

En los países desarrollados del mundo occidental son muchas las personas que nunca han conocido el hambre real, es decir, esa sensación que se experimenta cuando al cuerpo le falta alimento, o, si se quiere, las sustancias nutritivas necesarias para la vida (y, por ende, las fuerzas vitales).

La mayoría de las veces se la confunde con el apetito, esa leve sensación de hambre que se tiene entre las comidas regulares, producida por la caída del nivel de glucosa, o azúcar, en la sangre. En efecto, la glucosa, imprescindible para nuestro organismo, se obtiene generalmente a partir de los hidratos de carbono; éstos se desintegran en la digestión y pasan directamente a la sangre en forma de glucosa.

Como en los países desarrollados la alimentación es bastante rica en hidratos de carbono, con frecuencia se encuentra mucha más glucosa en la sangre de la que el organismo necesita realmente: después de una comida rica en hidratos de carbono, el intestino reabsorbe alrededor de 50 g de glucosa. Según muestran las investigaciones, podemos soportar tres bajadas de glucosa sanguínea seguidas sin comer, antes de que el famoso gusanillo en el estómago anuncie la presencia del hambre.

Sin embargo, no olvidemos que el mero hecho de poder estudiar la diferencia entre hambre y apetito es privilegio de los seres humanos para quienes el ayuno resulta una decisión voluntaria. Cuando decidimos ayunar, el hígado trata de procurarse glucosa por otros métodos y hacerla pasar a la sangre; por ejemplo, a partir de la grasa de los aminoácidos o de determinadas proteínas de los músculos y otros órganos.

Si el estómago permanece unos días vacío, acaba desapareciendo hasta la misma sensación de hambre. Esto tiene que ver con los productos intermedios que hacen su aparición con la supresión de la grasa corporal. Estos productos, denominados cetonas, actúan como inhibidores del apetito.

De todos modos, si la falta de alimentación es prolongada, el organismo no sólo pierde —con la desaparición de las proteínas— las defensas de que dispone normalmente, sino que inicia una fase de auto consunción cuando ya no le quedan otras reservas. En nuestras sociedades de consumo, el problema no radica en la falta de alimentación, sino, por paradójico que pueda parecer, en el exceso de la misma. El cuerpo se ve constantemente “solicitado” por un exceso de alimentos (y, lo que es peor, a menudo poco sanos), y nos olvidamos así de interpretar correctamente las señales que nos envía el organismo.

NO SE ESCUCHA UNA SEÑAL La señal que anuncia la presencia del hambre está localizada en el hipotálamo, región del cerebro intermedio que también regula otras necesidades. Los receptores corporales registran la caída del nivel de azúcar en la sangre o, en caso extremo, la falta de suficiente grasa corporal, y transmiten las correspondientes señales al cerebro intermedio. Si el estómago recibe finalmente lo que exigía con tanta urgencia, la señal contraria retorna al cerebro.

Sin embargo, mientras que la señal de hambre llega con gran rapidez (generalmente alrededor de un minuto después de disminuir el nivel de azúcar en la sangre), la que anuncia “saturación” tarda en llegar bastante más tiempo. Tan pronto como los dientes inician el proceso de la masticación, las papilas gustativas dan la señal al estómago de que el proceso de la nutrición se ha puesto en marcha. Inmediatamente después, el estómago empieza a producir ácido clorhídrico para disolver las sustancias nutritivas.

Si se tiene una dosis alimenticia suficiente el estómago señala al cerebro que ya no necesita nuevos aportes. Pero esta señal no llega al cerebro hasta 15 minutos después de empezar a comer, de manera que, en caso de una comida apresurada y una masticación insuficiente, el cuerpo puede recibir más de lo que realmente necesita.

MALOS HÁBITOS ALIMENTICIOS Incluso después de emitir el cerebro la señal de saciedad —y, por consiguiente, después de desaparecer el hambre—, a menudo seguimos comiendo como si tal cosa. Y ello ocurre porque normalmente suelen ser factores sociales o de costumbre los que aumentan o reducen el hambre, y por tanto nos impiden percibir la verdadera sensación de carencia alimenticia.

Como se sabe, las comidas con amigos nos saben mejor que las comidas en solitario. Según un estudio norteamericano las personas que comieron con un grupo de más de cinco amigos ingirieron un 7ó% más de alimentos. Asimismo, se ha comprobado que una mesa bien puesta y surtida de viandas incrementa las ganas de comer en un 28%.


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Trabajo Enviado Por Pedro J. Altamirano Esc. 11 EET-Salta-Argentina
Fuente Consultada: El Asombroso Cuerpo Humano





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